PLE S )
3.1. ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE PLE
En este capítulo vamos a abordar el análisis en profundidad del concepto de PLE, su origen y desarrollo. Como veremos en este capítulo el estudio de los Entornos Personales de Aprendizaje se puede enmarcar en una línea más amplia que conecta con la ciudadanía del siglo XXI y con el estudio de las competencias, siendo la competencia digital una de ellas. A partir de ahí, pues, vamos a continuación a centrarnos en el constructo sobre el cual gira nuestra investigación: los PLE.
Pero antes de abordar la definición y su evolución, es interesante centrarnos en algunos aspectos que nos ayudarán a comprenderlo. Es necesario aludir a las TIC y a su influencia en la sociedad y en la educación. Es la Sociedad del Conocimiento la que da sentido al origen del PLE, ya que realmente con las TIC encontramos el elemento que nos conduce a investigar las posibilidades de encontrar otras estrategias y herramientas para aprender.
Cuando se habla del impacto de las TIC en el ámbito de la educación se incide en los cambios que estas pueden producir en el proceso de enseñanza y aprendizaje y cómo estas posibilitan la personalización, por parte del alumnado, de dichos procesos de aprendizaje.
Son muchos los informes internacionales que intentan explicar cuáles serán las tecnologías del futuro y en concreto qué cambios se producirán en el ámbito educativo debido a este impacto tecnológico (Informe Horizon 2020, informe UNESCO, OCDE, Banco Mundial…). En la mayoría de ellos, como el realizado por Redecker et al. (2011) desde el JRC-IPTS (Joint Research Centre, Institute for Prospective Technological Science), nos presentan un marco común dónde la personalización, la colaboración y la información pasan a ser los pilares fundamentales a la hora de organizar nuestro proceso de enseñanza–aprendizaje, además de reflejar la importancia de establecer estrategias de aprendizaje a lo largo de toda la vida (Lifelong Learning). El objetivo de este informe es el de identificar, entender y visualizar las estrategias y tendencias con respecto a los procesos de aprendizaje.
Este concepto de aprendizaje a lo largo de toda la vida también es recogido desde otros campos de estudio como la sociología. El concepto de sociedad líquida y más
71
concretamente el de la educación líquida (Bauman, 2007) nos muestra la importancia de trascender una educación entendida como un producto, dónde el conocimiento se entiende como útil para toda la vida, a una educación entendida como un proceso, dónde el aprendizaje ha de ser flexible, mutable, dinámico e incluso volátil, por lo que la educación se convierte en una acción continua de la vida (Porcheddu, 2005).
El aprendizaje a lo largo de toda la vida es una de las líneas prioritarias de investigación y desarrollo para organizaciones supranacionales como la UNESCO dentro del ámbito de la educación, la ciencia y la cultura, incidiendo además en el papel fundamental que tienen las Tecnologías de la Información y la Comunicación (UNESCO, 2005) dentro de esta línea de trabajo. Este papel fundamental de las TIC dentro del campo de la educación permanente nos brinda la posibilidad de investigar y desarrollar propuestas innovadoras que nos permitan ofrecer desde las instituciones educativas procesos de aprendizaje que devuelvan el protagonismo al alumnado, permitiendo la comunicación e interacción entre individuos, así como el seguimiento de dichos aprendizajes y potenciando la colaboración entre ellos (Tepper, 2003; Prendes, 2005; Torres, 2009).
Y en estos procesos de aprendizaje -cuyo centro es el aprendiz- hemos de considerar el papel cada vez más protagonista de las TIC, tecnologías en continuo avance y desarrollo y cuyas aplicaciones como recursos de enseñanza y aprendizaje suponen un reto continuo a nuestra imaginación.
Desde la teoría constructivista del aprendizaje según Jonassen et al. (2003), las tecnologías se convierten en un medio para alcanzar aprendizajes significativos, lo que convierte a la tecnología en una herramienta más que da soporte al alumno para desarrollar conocimiento por sí mismo, amplificando sus capacidades y convirtiendo los aprendizajes en intencionales, auténticos y cooperativos.
Desde esta teoría del aprendizaje vemos como la tecnología pasa a ser un medio de apoyo que refuerza el proceso de construcción de conocimientos significativos, por lo que la tecnología no es el eje central de ese proceso de creación de contenido, sino que es la propia experiencia en relación con la tecnología lo que facilita esa construcción de conocimiento.
Al igual que expone Cabero (2015) debemos tener claro que no es cuestión de cambiar la
72
tecnología, es necesario realizar esfuerzos por seguir pensando desde la pedagogía, seguir pensando en el cómo se deben usar las tecnologías para convertir a los alumnos en los gestores de su proceso de aprendizaje. En este sentido hay propuestas destacables (Cabero y Román, 2006; Salinas et al., 2008; Romero et al., 2009) en las que las enseñanzas activas, la participación y la colaboración son los ejes de las metodologías docentes (Prendes, 2003).
Esta perspectiva nos conduce a hablar de las pedagogías apoyadas en las TIC, las llamadas
“pedagogías emergentes” (Adell y Castañeda, 2012). Dentro de estas “nuevas”
pedagogías tienen un papel fundamental las investigaciones relacionadas con los ambientes y entornos de aprendizaje, pasando a papeles más secundarios algunas de las líneas de investigación más tradicionales como el análisis de los medios audiovisuales. En este sentido se sitúa Prendes (2018) cuando analiza la Tecnología Educativa desde la investigación, la innovación y la docencia, considerando que mientras algunas líneas de investigación de la TE van desapareciendo y surgen otras, se mantiene siempre el foco de interés que supone hablar de la formación del profesorado relacionada con los medios y actualmente con las TIC.
Uno de los conceptos, desde al ámbito de la Tecnología Educativa, que en los últimos años ha cobrado especial relevancia, es el concepto de PLE. Como recoge Navas (2013) este término aparece por primera vez en el año 2001, en un artículo de Olivier y Liber (2001), con una primera cita en dicho artículo titulado “Lifelong learning: The need for portable personal learning environments and supporting interoperability standards”, aunque en su entrada de Wikipedia se alude al proyecto NIMLE (Northerm Ireland Integrated Managed Learning Environment) como origen de este término (Entorno personal de aprendizaje, s.f). Ya en el año 2004 en la Conferencia Anual de JISC3, se presentó el Proyecto PLE donde se da una definición bastante técnica de este término, alejado de concepciones más tradicionales del aprendizaje, en las que se entendía dicho proceso como la mera adquisición de información (Johnson y Liber, 2008). Para estos mismos autores la personalización tecnológica son debates pertinentes en cuanto al presente y futuro de las organizaciones educativas y su relación con los estudiantes, es decir en cuanto al futuro de la educación.
Desde que comienza a aparecer dicho término en la literatura científica los PLE son
73
tomados como espacios donde los alumnos pueden conjugar sus aprendizajes formales, no formales e informales (Casquero et al., 2008, 2010; Santos y Pedro, 2010; White y Davis, 2011; Salinas, 2009; Salinas, Marin y Escandell, 2011; Kitsantas y Dabbagh, 2011) además de estar estrechamente ligado con el concepto anteriormente mencionado de aprendizaje a lo largo de toda la vida (Olivier y Liber, 2001; Torres et al., 2008; Torres y Costa, 2013), la posibilidad de que cada persona construya su propio entorno personal de aprendizaje donde conjugar tanto aprendizajes formales como no formales hace que a lo largo de su vida pueda ir enriqueciendo y mejorando dicho entorno, ayudándole de esta forma a tener experiencias de aprendizaje con un mayor grado de personalización.
Según afirman Johnson y Liber, dentro de las discusiones en torno al concepto de PLE aparecían expertos en Tecnología Educativa que entendían que los PLE eran un nuevo enfoque para la auto gestión del proceso de aprendizaje (2008) traspasando modelos basados en las plataformas como el planteado por Wilson (2005) que describió un nuevo tipo de sistema llamado “entorno virtual de aprendizaje” (o, en inglés, Virtual Learning Environment).
En el proceso de conceptualización del PLE se han ido planteando algunas de sus fortalezas como la posibilidad de crear experiencias de aprendizaje autorregulado (Kitsantas y Dabbagh, 2011), facilitar el uso de la red y sus diferentes herramientas para propiciar experiencias de aprendizaje a lo largo de toda la vida favoreciendo el desarrollo tanto de la vida personal como profesional (Attwell y Deitmer, 2012) y con independencia de la localización geográfica (García et al., 2012). Otros autores ponen el acento en la capacidad que le otorga al aprendiz de gestionar un espacio para desarrollar sus experiencias de aprendizaje y las posibles interacciones con sus compañeros a través de las redes sociales (McGloughlin y Lee, 2010; Valjataga, Pata y Tammets, 2011; Van Harmelen, 2006).
Este concepto se apoya en varias teorías como el constructivismo social, el aprendizaje situado, la comunidad de investigación y el conectivismo, en todas ellas el foco de atención en el proceso de aprendizaje es la interacción social (Casquero et al., 2014).
González, Sánchez y Castañeda (2017) también recogen la idea de que este concepto reúne elementos de otras teorías contemporáneas como la intercreatividad, la inteligencia colectiva, las multitudes inteligentes, la sabiduría de las multitudes, la
74
arquitectura de la participación, las teorías de la autorregulación, la heutagogía y la teoría de la complejidad de la educación.