UN NUEVO MODELO DE AJUSTE EN EL INICIO DEL SIGLO XXI
VI. CONCLUSIONES
1. La ralentización del proce- so de cambio estructural que in- dican los datos agregados de las estadísticas agrarias españolas, le- jos de responder a un estanca- miento real del mismo, esconde un cambio del modelo de ajuste.
Si durante los años anteriores las explotaciones agrarias habían op- tado claramente por una estrate- gia de crecimiento en superficie para aprovechar las economías de escala y afrontar así el deterioro de los márgenes empresariales, el cambio de siglo está mostrando unas estrategias más basadas en la intensificación productiva co-
mo vía para aumentar la dimen- sión económica (no tanto física) de las explotaciones.
Este cambio de modelo queda patente en el marcado protago- nismo de las OTEmás intensivas en las nuevas dinámicas de la agricul- tura española. Es el avance de es- tas OTE el que explica, en última instancia, algunos significativos puntos de inflexión respecto a los periodos anteriores (una disminu- ción de la superficie media de las explotaciones de mayor dimensión económica o un incremento del trabajo agrario total en los estra- tos económicos más altos).
En el otro lado del proceso, aquellas orientaciones que ha- bían protagonizado el ajuste más intenso en décadas anteriores (es- pecialmente OTE13: cereales, olea- ginosas y leguminosas), sí que muestran un cierto estancamien- to estructural (su dimensión me- dia permanece inalterada en 52,7 hectáreas entre 1997 y 2005). Sin embargo, su número continúa dis- minuyendo de forma generaliza- da. Las razones de esta dinámica pueden ser diversas (casos de ago- tamiento de las economías de es- cala de los paquetes tecnológicos existentes, reorientaciones pro- ductivas hacia otras OTEde mayor rentabilidad) y, con toda seguri- dad, presentarán notables dife- rencias regionales.
2. La segunda conclusión tie- ne que ver con la configuración de ese núcleo durode explotacio- nes. Aunque con diferencias se- gún orientaciones productivas, la dimensión productiva de la agri- cultura española tiende claramen- te a concentrarse cada vez más en ese conjunto de explotaciones de más de 16 UDE. Ese punto de in- flexión responde no sólo al no- table aumento del número de ex- plotaciones por encima de ese umbral, sino que constituye una frontera de cambios (expansión
del arrendamiento, aumento de las titularidades jurídicas) que apunta algunas pistas de cómo se está consolidando un conjunto de explotaciones responsable ya de más del 80 por 100 del margen bruto del sector.
En relación con el arrenda- miento, llama además especial- mente la atención su papel en la expansión de las orientaciones productivas más intensivas, orien- taciones que históricamente ha- bían recurrido menos a este ré- gimen de tenencia.
También en el plano laboral la dinámica de cambio está mostran- do cómo se agudizan en el perio- do reciente algunos de los sínto- mas de su reestructuración: la continuación del proceso de «des- familiarización» de la actividad agraria, la recurrencia a fórmu- las de externalización en la con- tratación del trabajo.
3. No cabe duda de que las ca- racterísticas estructurales de las ex- plotaciones agrarias tienen una enorme importancia en términos de su integración territorial, enten- dida ésta como la naturaleza y la fortaleza de los vínculos entre la actividad en dicha explotación y la economía de su entorno rural más cercano. De trasfondo se sitúa el debate sobre el papel que las po- líticas rurales han de conceder a la agricultura y a los agricultores. Sin embargo, tratar de responder a la pregunta de qué tipo de explota- ciones agrarias son las que más y mejor contribuyen al desarrollo económico de su entorno rural, sobre la base únicamente de sus características estructurales, supo- ne obviar una realidad mucho más compleja y variada. Un adecuado tratamiento de la contribución de la agricultura al desarrollo rural pa- sa por entender las diferentes re- laciones de las explotaciones con su entorno, relaciones que no pue- den ser tipificadas con base en un
CAMBIO ESTRUCTURAL EN LA AGRICULTURA ESPAÑOLA
PAPELES DE ECONOMÍA ESPAÑOLA, N.º 117, 2008. ISSN: 0210-9107. «ECONOMÍA AGROALIMENTARIA. NUEVOS ENFOQUES Y PERSPECTIVAS»
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planteamiento «dualista» de la agricultura (explotaciones que con- tribuyen y explotaciones que no), basado además en criterios estruc- turales de escasa flexibilidad.
NOTAS
(*) Este artículo se enmarca en el proyec- to de investigación «El papel de la agricultu- ra en los procesos de desarrollo y diferencia- ción de los territorios rurales españoles (RURAGRI)» (AGL2005-07827-C03-01), finan- ciado por el MEC.
(1) Los materiales recogidos con ocasión de la elaboración por el Ministerio de Agricul- tura del Libro blanco de la agricultura y del de- sarrollo rurala lo largo de 2002 y 2003 (en particular durante las jornadas temáticas pre- vias) contienen buena parte de los debates y posicionamientos a este respecto (www.libro- blancoagricultura.es).
(2) Para Italia, BARBERIS(1993) proponía centrar el análisis (y el aporte de información por parte de los censos) en el decile eminente de la escala de explotaciones, como alternati- va a la información y el análisis dispersos so- bre la multitud de pequeñas explotaciones con escasa significación económica, e inmutables censo a censo en el caso italiano.
(3) Ley 45/2007, de 13 de diciembre.
(4) Series 1975-1997 para los países de la UE-9, y 1987-1997 para Grecia, España y Por- tugal. Quedaban excluidos Finlandia, Suecia y Austria, que ingresaron en la Unión en 1995.
(5) Los dos primeros mapas han sido uti- lizados en ARNALTE(2002: 397). Ese texto con- tiene una detallada discusión metodológica sobre los problemas de comparabilidad y aná- lisis de datos procedentes de los censos y de las encuestas (ver epígrafe 11.2.1, en especial páginas 393-396).
(6) Los aumentos en los estratos inmedia- tamente anteriores a las 16 UDEson, además de mucho menores porcentualmente, el posi- ble resultado de la evolución nominal de la Unidad de Dimensión Económica.
(7) Sólo a partir de la encuesta de Estruc- turas de 2003 se empiezan a incluir pregun- tas en el cuestionario relativas al desarrollo de estas actividades.
(8) Véase en REGIDOR(2000) una amplia re- visión y un análisis de la diferenciación entre agri- cultura «comercial» y agricultura «territorial» re- ferida a España y al conjunto de la agricultura europea. La diferenciación entre categorías de explotaciones tradicionalmente practicada por la política de estructuras, así como su lógica ac- tual, ha sido evaluada en ARNALTE(2005).
(9) Esta definición incluye criterios rela- tivos al trabajo en la explotación, al tamaño
económico de ésta, a su localización territorial y a su dedicación a la agricultura por parte del titular.
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COLABORACIONES
SECTORES II.
I. INTRODUCCIÓN
CC
ONVIENE definir antes que nada los conceptos que uti- lizaremos en esta contribu- ción, tanto «productos mediterrá- neos» como «globalización». La definición de dichas producciones puede ser muy amplia. José Ma- ria Sumpsi (1977) incluía en este grupo tanto las frutas y hortalizas y el aceite de oliva como el trigo duro, el arroz, el tabaco, el vino, el algodón, el cerdo ibérico y la re- molacha de verano. La problemá- tica de estas producciones es tan dispar que su tratamiento, inclu- so superficial, supera el ámbito de este artículo.Por «globalización», entendere- mos la apertura de los mercados propiciada no sólo por las refor- mas de las reglas internaciones del comercio a raíz de los acuerdos multilaterales (Organización Mun- dial del Comercio) o bilaterales (en particular, la política mediterránea) que analizan José María García Ál- varez-Coque, Víctor Martínez y José María Jordán. Sin cambios tec- nológicos en la logística del trans- porte, las técnicas de conservación, las autopistas de la información y la potencial apertura del merca- do no se habría transformado en presencia real en el mercado. Y vi- ceversa, sin estos cambios tecno- lógicos, el debate sobre las nuevas reglas del comercio mundial no se habría vuelto tan central.
Pero son más los elementos que enmarcan el sentido que da- mos aquí a la palabra «globaliza- ción». Incluye también la apari- ción de actores «globales», como pueden ser las multinacionales,
por un lado, las grandes cadenas de distribución, por otro, pero también Greenpeace, capaz de trastocar completamente el pri- mer mercado europeo, el alemán o INTERMON-OXFAMcomo interlo- cutor en los debates internacio- nales con capacidad de influencia mediática y política.
El papel de las políticas agra- rias, tanto nacional como comu- nitaria, ha sido diferente entre producciones: absolutamente re- levante en el caso del algodón, el tabaco y la remolacha de verano, menos en el caso de las restantes producciones mediterráneas y to- talmente secundario en el de las frutas y hortalizas.
Por todas estas razones, vamos a concentrar nuestra atención en los dos grupos de productos que son los más importantes desde el punto de vista de su contribución a la producción final agraria espa- ñola: las frutas y hortalizas y el aceite de oliva.
Ambas han protagonizado cambios estructurales considera- bles en los ya más de 20 años que median desde nuestra adhesión a las Comunidades Europeas en 1986. Tras repasar su evolución, nos detendremos en los retos con los que hoy están confrontados y los elementos de respuesta que estamos observando. Luego abor- daremos cómo se puede encarar el futuro desde el punto de vista de los auténticos protagonistas, los productores agrarios. Conclui- remos con unas referencias al pa- pel que pueden desempeñar las administraciones públicas para acompañar este proceso.