1. Cuatro aproximaciones explicativas a las tendencias
1.8. Conclusiones y previsiones
Desde el punto de vista de los diferentes enfoques presentados,
¿cuál es la situación de España al final de 2002 y cuál podemos es- perar con respecto a las futuras tendencias de fecundidad?
El enfoque cíclico sugiere que las cohortes pequeñas ya han ido entrando al mercado de trabajo desde hace varios años y que las co- hortes decrecientes se aproximan a la edad de la nupcialidad defi- nitiva. Ambos factores deberían tener efectos positivos sobre la fe- cundidad. Mucho más difícil es predecir el ciclo económico y sus efectos en el comportamiento demográfico. En cualquier caso, el incremento de la demanda generada por la creación de nuevos ho- gares tiene que actuar de manera positiva sobre la actividad eco- nómica.
MAPA 1.2: Edad media a la maternidad de primer orden por comunidades autónomas.
España
(intervalos iguales)
Fuente: Elaboración de la autora a partir de datos del INE.
El enfoque de género sugiere que la igualdad de género en las oportunidades en España ha mejorado considerablemente en los úl- timos años, en especial para las nuevas cohortes de adultos, y nos re- cuerda que la participación laboral de las mujeres de 25-34 años ahora excede la media europea. En los años recientes, el incremen- to en los niveles de fecundidad ha sido mucho mayor en los lugares donde han aumentado las proporciones de ocupación femenina, como en la región de Madrid, la cual tuvo un ISF de 1,41 en 2001.
Además, la transición de los roles de género está muy avanzada y los efectos en la fecundidad deberían ser positivos.
Desde el punto de vista de la esperanza de vida, no se observan puntos de inflexión en los procesos de adaptación hacia una mayor esperanza de vida. En consecuencia, este factor restringirá en cierta medida las tendencias hacia una transición al mundo adulto más jo- ven causada por los factores mencionados arriba.
Finalmente, desde el punto de vista geopolítico, el objetivo de convergencia con los niveles europeos de prosperidad, que condu- jeron a una relativa sobreeducación de los jóvenes se han práctica- mente alcanzado. El número de jóvenes está decreciendo y su ocu- pación es actualmente más alta. Más recursos pueden dirigirse hacia la ayuda de las familias con hijos y se están creando políticas en esta dirección. Por esta razón, la fecundidad debería aumentar.
Por otro lado, considerando el aumento de la participación de los migrantes en la fuerza de trabajo, podríamos esperar una de- manda menor respecto a la reproducción de las poblaciones nati- vas, lo cual presionaría en mantener la fecundidad reducida. Pero, al mismo tiempo, los migrantes son normalmente personas jóvenes en plena edad reproductiva y su fecundidad es más alta en prome- dio, así que este factor tiende a compensar el anterior.
Usando la luz aportada por cada uno de los cuatro ángulos de nuestra perspectiva en la primera década del siglo XXI, la población española debería recuperar progresivamente y de manera consis- tente niveles de fecundidad superiores, convergiendo también en el campo demográfico con la media en los estándares europeos y de- jando atrás el puesto de menor fecundidad entre la zona de baja fe- cundidad.
Agradecimientos
Este trabajo se ha beneficiado de las ayudas a Proyectos de Investi- gación del Ministerio de Ciencia y Tecnología para los estudios so- bre «Migraciones internas, constitución familiar y Empleo: Dinámi- cas temporales y territoriales» (referencia SEJ2004-01534).
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Pau Miret Gamundi
Universidad Autónoma de Barcelona
2.1. Marco teórico y esquema interpretativo sobre juventud y emancipación
La figura de la juventud o del joven se inscribe en la concepción del curso vital como una sucesión de etapas, que se inician con la in- fancia y, recorriendo la juventud y la vida adulta, llegan a la vejez.
Así, la juventud implica abandonar determinadas pautas más pro- pias de la etapa de la infancia a favor de la adquisición de pautas más propias de la vida adulta; a saber, trabajo, familia de matrimo- nio y procreación y reconocimiento social. El punto más débil de este esquema es la presentación de la juventud como una etapa que no es ni infancia ni adultez; es decir, que no viene marcada por la absoluta dependencia de la primera, ni por la supuesta autonomía de la segunda, moviéndose en tierra de nadie, sin características de- finitorias propias. De hecho, este planteamiento es básicamente adultocrático, pues viene definido por el carácter negativo de la ju- ventud, que se mira en el espejo de los roles y estatus del adulto para comprobar qué le falta (Casal et al. 2003).
Tal vez por ello las definiciones oficiales de juventud se centran en la edad (habitualmente se delimitan entre los 15 y los 30 años), una variable más tangible, aunque en realidad el concepto de ju- ventud se determine por el proceso de acumulación de habilidades y el acceso a los espacios que dan razón de ser al mundo adulto, a saber, una vivienda independiente, un trabajo que permita la auto- nomía económica y, habitual pero no necesariamente, la constitu- ción de una familia de reproducción y la independencia de la fami- lia de procedencia (Gil 1985, 2001; Garrido y Requena 1996; Casal
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