RESUMEN DEL CAPITULO
CAPITULO 2: LAS NECESIDADES DE ORIENTACIÓN AL INICIO DE LA VIDA UNIVERSITARIA DE LA VIDA UNIVERSITARIA
1.2. DEBATE ACERCA DEL ACCESO A LA ENSEÑANZA UNIVERSITARIA
Existe un debate bastante generalizado acerca del modelo de ingreso a la universidad que se discute entre posturas que plantean establecer acciones de mayor selección en el acceso; o posiciones que defienden una mayor inclusión y no selectividad de los aspirantes.
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En la Conferencia Mundial celebrada en la UNESCO, en 1998, en la “Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el siglo XXI: Visión y acción”, ya se planteaba varias consideraciones acerca del acceso a la formación universitaria.
En primer lugar, se menciona el tema de la igualdad de acceso a los estudios superiores que, desde la perspectiva de la educación a lo largo de toda la vida, podía tener lugar a cualquier edad. Donde el ingreso al nivel superior se realiza en función de la capacidad, el esfuerzo y perseverancia y la determinación por parte de los aspirantes; sin discriminación alguna por la raza, el sexo, el idioma, la religión, la situación económica, cultural o social, o en incapacidades físicas.
En segundo lugar, se realiza un replanteo acerca de la equidad, donde se veía necesario fortalecer y nivelar la educación secundaria a fin de asegurar una mejor transición y adaptación a la vida universitaria.
En este sentido, como plantea Valle (2008), todas las personas que terminen satisfactoriamente el bachillerato tienen que tener la oportunidad, en igualdad de condiciones, de acceder a la universidad.
Los principios de Igualdad de Oportunidades y de Derecho a la Educación ―declarados como pilares prioritarios donde debe fundarse cualquier sistema de acceso universitario―, implica también facilitar el ingreso a la Educación Superior de algunos grupos específicos, como los pueblos indígenas, las minorías culturales y lingüísticas, de grupos desfavorecidos, de pueblos que viven en situación de ocupación y personas que sufren discapacidades; que desde sus experiencias de vida y competencias, pueden ser un aporte valioso para el desarrollo de las sociedades y naciones (UNESCO, 1998).
En términos generales, se podría decir que los modelos de acceso a la universidad asumen postulados de igualdad de oportunidades y equidad, aunque las formas y exigencias varían en función de establecer requisitos de selección o libertad de elección.
Para poder citar algunos ejemplos comparativos que contrastan con el modelo argentino, se menciona la situación de acceso a la universidad de España y de Chile. En el caso de España, el itinerario universitario se inicia a partir de la superación de una serie de requisitos institucionales que tienen que ver con el número de cupos disponibles y con la nota de acceso exigida para las diferentes ramas disciplinares de estudio. El RD 1892/2008 es el que regula el acceso a la Universidad y contempla tres vías de ingreso: a partir de la obtención del título de Bachillerato, de los títulos de Técnico Superior y Técnico Deportivo Superior, y según la edad, y la experiencia profesional. El procedimiento más significativo y de mayor relevancia, es el acceso a la Universidad desde el Bachillerato, que a partir del curso 2009-2010, quedó determinado por una nueva prueba de aptitud que pretende una mejor adecuación al Bachillerato y dar respuesta a los estudios de Grado y las ramas de conocimiento (Artes y Humanidades, Ciencias, Ciencias de la Salud, Ciencias Sociales y Jurídicas, Ingeniería y Arquitectura). Esta nueva propuesta evaluativa
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permite que los estudiantes puedan optar entre ser evaluados en una fase general y acceder a las disciplinas sin límites de plazas o por una evaluación más específica, necesaria para poder ser admitido en las enseñanzas con cupos de acceso (Lorenzo Moledo et al., 2013).
En el caso de Chile, la enseñanza universitaria se ha dirigido a segmentos reducidos de la población, provenientes, principalmente, de los estratos sociales más altos; caracterizándose en un sistema de tinte elitista (Moya, 2011). Esta situación ha llevado a que en los últimos años, se establezca en Chile un debate intenso acerca de la equidad e inclusión de estudiantes al sistema universitario tradicional (Espinoza, 2015). Según este autor, sigue existiendo una desigualdad del ingreso a la educación superior según el nivel socioeconómico del cual provienen los estudiantes; a pesar de que se ha logrado reducir, en los últimos años, la brecha educacional existente entre el grupo de estudiantes pertenecientes al nivel más alto de ingresos (quintil 1) y del grupo de ingresos familiares más bajos (quintil 5) (Cruces, García Domebch y Gasparini, 2012). Algunas propuestas, como los cupos de equidad (Moya, 2011) implementados en la Universidad de Chile, permiten inferir la intención de mejorar propuestas de ingreso de estudiante provenientes de sectores más desfavorecidos, al sistema educativo superior.
En Argentina, el sistema de ingreso a la universidad es predominantemente directo y de elección abierta.
Los estudiantes que finalizan su escolaridad de nivel medio, pueden elegir estudiar cualquier disciplina profesional, sin otro requisito que la obtención del título secundario que acredita la aprobación de los estudios de nivel medio. No existe, como en varios países europeos o latinoamericanos, un sistema de evaluación que acredite la aptitud universitaria o la existencia de cupos con un rango de aprobación, para el estudio de diversas disciplinas profesionales.
La selección, luego del ingreso a las universidades argentinas, se da a partir de los resultados que los estudiantes obtienen en los primeros años de su trayectoria académica, lo cual influye en la tasa de deserción observadas en esos períodos (Catino y Juarros, 2011; Nicoletti, 2010).
Carli (2011) plantea que el debate, respecto a la situación de ingreso en la Argentina, no está finalizado;
dado que existe un consenso respecto a conservar la tradición de acceso abierto a la universidad y de ingreso irrestricto, lo cual ha quedado reafirmado en la nueva ley de educación superior y fortalece la experiencia histórica del movimiento estudiantil de rechazo a las medidas restrictivas impuestas por los gobiernos militares, quedando, además, en sintonía con cierta tendencia internacional que sostiene el derecho a la educación superior. Sin embargo, trae el dilema de atender los problemas que surgen con posterioridad al ingreso, como la alta tasa de deserción en los primeros años de los estudios y la baja graduación, lo cual pueden ser formas implícitas de selectividad a pesar de la apertura en el ingreso.
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Como bien explica la autora, el ingreso universal al sistema universitario argentino trae, como consecuencia, tener las más altas tasas brutas de escolarización; pero convierte, especialmente a la universidad pública, en un modelo de masificación sumado a la disminución en la tasa de graduación estudiantil. Las cifras de deserción cercanas al 50%,en el primer año universitario, indican la prioridad de analizar, en la agenda político-académica, la situación de desigualdad con las que ingresan los estudiantes, las acciones que deben implementarse desde el nivel medio y las responsabilidades específicas que deben asumir las instituciones universitarias durante la formación universitaria (Carli, 2011).
A modo de síntesis, se puede mencionar la descripción de Valle (2008) acerca de los modelos de acceso a la universidad:
− El sistema abierto se caracteriza por permitir que todos cuantos estén capacitados para seguir una carrera universitaria la cursen, sin restricción alguna. Este modelo respeta la libertad individual de elegir libremente los estudios superiores, pero uno de los problemas es la existencia de un número excesivo de titulados en una disciplina, respecto de las necesidades del sistema productivo.
− El sistema cerrado, considera que no todos los que están capacitados para seguir estudios universitarios pueden hacerlo y establece una selección rigurosa para fijar un número de aspirantes semejante al número de titulados requerido por el sistema productivo. Tiene como ventaja ser un sistema más ajustado y acorde a las necesidades profesionales que un país deba cubrir, pero no es un modelo que respete el derecho a la educación.
− El sistema entreabierto, busca aprovechar las ventajas de los dos anteriores (derecho a la educación sin desajuste entre titulados y necesidades sociolaborales), y en el que el límite de entrada, planteado no sólo en función del sistema productivo, se lleva a cabo especialmente en aquellos estudios en los que existe una fuerte demanda o de los que la sociedad precisa un número pequeño de titulados (Valle, 2008, pp. 129-130).
Al mismo tiempo que se comparan las políticas de acceso a la universidad, resulta necesario analizar las características que presentan los estudiantes al ingresar a la universidad; con la intención de reflexionar la necesidad, por parte del sistema universitario, de desarrollar diferentes acciones atendiendo a mejorar las condiciones de ingreso y a implementar intervenciones de acompañamiento que permita ayudar a los alumnos a superar los problemas cognitivos, actitudinales y/o aptitudinales que les impiden integrarse con posibilidades reales de éxito a la enseñanza universitaria. Siendo las intervenciones tutoriales una forma de beneficiar la adaptación del estudiante a la vida universitaria.
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Como explica Pantoja Vallejo (2009) una mayor atención al proceso de aprendizaje de los estudiantes y sus dificultades en los primeros años de estudio en la universidad, hace necesaria la intervención de orientación y ayuda; revalorizando la tarea del tutor como guía y seguimiento de los procesos de adquisición y maduración de los aprendizajes.
En vínculo con esto, en el apartado siguiente, se realiza una descripción de la situación de los estudiantes durante su proceso de transición e ingreso a los estudios de nivel superior, en vistas a analizar los programas de orientación y tutoría en la universidad.