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Definiciones sobre la Educación Ambiental (EA)

In document dedicatoria (página 71-77)

2.4 Educación ambiental

2.4.1 Definiciones sobre la Educación Ambiental (EA)

concepción de ambiente. Mientras que una alumna de Fitotecnia afirmó adquirir conocimientos ambientales a través de la lectura de una revista. Las implicaciones analíticas de esta perspectiva suponen determinar el ámbito de la producción del discurso educativo, es decir, cómo se genera, quién interviene, con qué fines explícitos, dentro de qué condiciones.

En esta definición destaca el reconocimiento de valores, porque de algún modo las culturas que nos antecedieron, al menos en América Latina y el Caribe, tenían una forma de relación respetuosa con el medio natural, de manera tradicional aceptaban y aplicaban valores ambientales14. Hoy en día, como producto del estilo de vida, que se caracteriza por el individualismo, el consumismo a ultranza, buena parte de estos valores se han ido perdiendo, por ello el énfasis en rescatar los valores de tipo ambiental. Cuando se habla de aclarar conceptos en la misma definición, queda en un sentido muy vago, porque no se explícita que tipo de conceptos, y se limita a fomentar aptitudes y actitudes, lo cual resulta insuficiente, dado que hay personas que tienen ambos atributos, y sin embargo su conducta ambiental deja mucho que desear.

La meta de la EA, de acuerdo con la Organización de Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO) (1977), es educar a la población para que esté consciente y preocupada por los problemas ambientales derivados de éstos. Esto se logrará a través de la difusión del conocimiento, el cambio de actitudes, así como de las motivaciones y el compromiso de trabajo individual y colectivo, para prevenir o encontrar acciones para la población. Dependiendo de las condiciones y el contexto, este tipo de mandatos pueden generar procesos de interpelación, sobre todo en las agendas gubernamentales o en ciertos sectores de la sociedad civil, lo cual posibilita o no una modificación en las identidades de los sujetos educativos implicados.

Se plantea que la EA debe ser un componente normal de los programas de estudio (UNESCO, 1977, citado en Carrillo y González, 2003). En la meta planteada por la UNESCO, falta agregar, que el compromiso debe ser intergeneracional, que involucre a todas las sociedades del mundo, tanto a las del Norte como a las del Sur.

Hasta ahora las políticas ambientales que se impulsan desde Occidente, se reducen a medidas correctivas o se limitan a reparar los daños ambientales. Se fomenta con ello

14Aunque cabe recordar que algunas de estas culturas no siempre realizaron prácticas proambientales, ya que algunas de ellas han participado en la deforestación, para obtener terrenos de cultivo, a través del método de “rosa, tumba y quema”.

una tendencia proteccionista que sigue dando prioridad al crecimiento económico basado en una fuerte base tecnológica y científica, que impulsa la globalidad basada en la competitividad y la modernización dominada por la lógica del cálculo-beneficio.

La EA también abarca el ámbito grupal o individual, dependiendo del contexto al que se refiera, ya que se puede tomar como referencia el ambiente escolar o a toda la población de un país. Por ello se considera como un:

Proceso de concientización permanente de los individuos sobre su ambiente, a través del cual obtienen conocimientos, valores, habilidades, experiencias y la determinación que los capacita para actuar, individual y colectivamente, y resolver problemas ambientales del presente y el futuro (Carrillo y González, 2003: 2).

Esta es una definición más completa, ya que no sólo se alude a la consciencia, sino a la obtención de conocimientos, valores, e involucra una conducta que se vincula con una acción explícita, en la resolución de problemas ambientales; alude así mismo a una temporalidad, con ello se incluye a las generaciones de contemporáneos y sucesores en la solución de problemas.

La educación ambiental, sobre todo en términos oficiales, se concibe como un entrenamiento para la protección ambiental, o como instrucción que permita a los alumnos resolver los problemas ambientales, que les motive a tener un comportamiento responsable con el medio ambiente. Esta concepción de EA, es la que desafortunadamente prevalece en la mayor parte de documentos y programas ambientales oficiales, ya que sólo se vislumbra que hay que proteger el ambiente y resolver los problemas de la naturaleza a partir del cambio de estilo de vida, y hasta ahora no se cuestiona el modelo de producción económica que, desafortunadamente nos está llevando a la catástrofe ambiental de corte mundial.

Este tipo de educación conservacionista es consecuente con los principios que norman la protección del ambiente en la esfera económica, por ello no permite

cuestionar el modelo de desarrollo económico y más bien tiende a solicitar la modificación del estilo de vida y los patrones de consumo como medidas para la protección de la naturaleza (Ibarra, 1997).

La EA es un proceso educativo, integral e interdisciplinario que considera al ambiente como un todo y busca involucrar a la población en general en la identificación y resolución de problemas a través de la adquisición de conocimientos, valores, actitudes y habilidades, la toma de decisiones y la participación activa y organizada (Romero, 1997, citado por Martínez, 2000). En esta definición se habla de considerar al ambiente como un todo, habría que especificar que el “todo” incluye tanto el ámbito natural y social, ya que desafortunadamente, el modelo económico actual ha incidido en la separación de la naturaleza del ser humano, al no sentirse éste como parte integral de la misma ha terminado por deteriorarla. Esta definición queda limitada en virtud de que se busca que la EA permita la resolución de problemas, sin especificar qué tipo de problemas, y no la búsqueda de las causas de los problemas ambientales y sociales. Un rasgo que podemos destacar de esta definición es la interdisciplina, lo cual es relevante, ya que hoy en día, si se busca evitar y resolver la problemática ambiental, es necesario un abordaje desde diferentes disciplinas, tanto sociales como naturales.

La EA también se entiende como un proceso integral, político pedagógico y social, orientado a conocer y comprender la esencia de la situación ambiental, para propiciar la participación activa, consciente y organizada de la población en la transformación de la realidad, en función de un proyecto de sociedades ambientalmente sustentables y socialmente justas (Pérez, 2000). Como proceso debe ubicarse a lo largo de toda la vida, en los ámbitos formal, informal y no formal; debe incorporar la esfera política porque conlleva al aplicar la educación ambiental, el trastocamiento de intereses de grupo y de empresas. El ámbito pedagógico es necesario porque incluye, entre otros aspectos, procesos de enseñanza-aprendizaje, donde los actores curriculares, docentes, alumnos, personal administrativo y autoridades institucionales, o actores de una sociedad, juegan un papel trascendental, en la adquisición de conocimientos, valores,

actitudes y habilidades. En el ámbito social también se manifiesta la educación ambiental, en virtud de que se promueve la participación integral de los diversos actores curriculares así como de la población en general, en la detección y solución de los problemas sociales. Como se lee se trata de una definición mucho más completa y compleja, porque entraña una concepción democratizadora y transformadora, ya que no sólo se trata de educar para conservar sino también para cambiar hacia sociedades más justas y sustentables.

Otra de las definiciones que destaca por una concepción integral, a la que me adscribo y complemento es la de Terrón (2009):

Una educación ambiental que cuestiona el modelo de desarrollo predominante, porque no nos está dando nada bueno, ni nos está llevando a nada bueno, se concibe una educación ambiental que pretende abandonar el lucro de la naturaleza, y [la del ser humano sobre el ser humano], la competencia, el individualismo, la segregación social, etc. Que busca cambiar la visión instrumental del mundo por una racionalidad distinta que pondere el desarrollo humano, la protección de la naturaleza, [y una ética que incluya] el respeto a los humanos y la vida humana, la equidad [social y de género], la honestidad, la justicia social, la solidaridad, etc. Mediante enfoques más globalizadores en el estudio de [lo real] como es una visión compleja e integral del mundo, [el compromiso intergeneracional], el entendimiento de la interdependencia [de lo natural y lo social] y la globalización de los problemas ambientales, articulando diferentes campos del conocimiento a partir de una visión compleja, histórica, interdisciplinaria, intercultural, [política] y hermenéutica, para [el desarrollo de una ciudadanía adscrita a] una cultura ambiental crítica y participativa [que permita la adopción de valores, actitudes, hábitos y conductas proambientales]

(Terrón, 2009).

De este modo la Educación ambiental implica una filosofía por la visión humanista y axiológica, una visión problematizadora de la realidad, que apunta a la justicia social y de género, e integradora no sólo del ambiente, sino además, del conocimiento y el abordaje de los problemas ecosociales.

Un elemento común que se observa en las definiciones es que la educación es un proceso, que debe ser inacabado y continuo, y debe desarrollarse a lo largo de la vida del ser humano, implementándose en todos los ámbitos de la cultura. También destaca el hecho, de que:

[…] no ha sido fortuito que la educación tradicional haya omitido la formación de una cultura ambiental entre sus propósitos, y propone que cualquier propuesta educativa debería empezar por preguntarse a qué se atribuye que haya sido así […] la búsqueda de respuestas a esta pregunta, radica el origen de una educación ambiental distinta, capaz de cuestionar las estructuras de poder vigentes (Pérez, citada en Fontecilla, 2001: 292).

Por tanto, no basta con fomentar una educación ambiental integral, que involucre los ámbitos políticos, sociales y pedagógicos, que contribuyan a la trasformación de la sociedad, sino también debe desarrollarse toda una cultura ecológica que debe iniciarse en el seno de la propia familia, y abarcar al resto de los ámbitos y sectores sociales.

Hasta ahora nos han educado para aprender y aplicar teorías, técnicas y tecnologías, y poco o nada nos han educado para hacer de nuestros espacios de vida lugares más habitables, para aprender a mejorar la calidad de vida, lo que no significa una vida de lujos y despilfarro (Castellanos, 2000).

La educación ha caminado más por la vía del éxito, entendido como el logro de grandes ingresos o posiciones de poder, que por la vía del servicio, de la colaboración, del respeto a la vida social y natural; nos protegemos pero no protegemos el futuro, se descuida el patrimonio natural y cultural. De tal modo que la educación vinculada a una

racionalidad instrumental capitalista, ha privilegiado una visión tecnocrática sobre una humanista, y la obtención de plusvalía, por encima de la calidad de vida de las mayorías.

Castellanos (2000) propone la idea de “deseducarnos” de todos los aprendizajes que nos han conducido a esta indiferencia autodestructiva como especie, des-educarnos de la manera de acercarnos a la realidad, de usar el conocimiento para entenderla mejor, para aprovechar nuestro entorno sin agotarlo.

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