Docente de posgrado, Universidad Tecnológica Indoamérica, Ecuador.
www.uti.edu.ec
El fruto de esta crisis es la transformación digital de la educación, donde se ha evidenciado que el docente debe manejar las competencias necesarias, para desarrollar tecnología en la instrucción que permita su comprensión y explicación sobre la realidad de la comunidad educativa, donde ha experimenta numerosos métodos y técnicas de enseñanza-aprendizaje, elaborando experiencias y prácticas formativas, creadoras de conocimientos y emociones nuevas en estos ambientes virtuales; las cuales deben ser las siguientes: - Competencias en evaluación en línea; es referido a los procedimientos, herramientas y formas de evaluar los conocimientos mediante procesos descriptivos o conceptuales (exámenes, pruebas de destreza, problemas teóricos) en medios virtuales. Tiene que manejar herramientas como los formularios de google, entre otra. Competencias Comunicativas en línea, se considera la articulación, organización de la expresión y discurso como la estrategia del contexto comunicativo en videoconferencia, como habilidades comunicativas en plataformas como zoom, Microsoft teams, Google Hangouts, entre otros.
El caso de Ecuador, la educación a distancia se evidencio una simple transferencia de la modalidad presencial a la distancia, pero con poca formación, por lo cual; los mecanismos que se requieren es una decisión política a nivel gubernamental, que permita un compromiso, liderado por el Ministerio de Educación para avanzar con un Programa educativo nacional, que responda con pertinencia a las necesidades de las diferentes competencias requeridas; que se adapte a las características necesaria de las plataformas virtuales actuales; que incorpore las diversas estrategias y canales que brinda las opciones de los escenarios virtuales.
Se requiere que el trabajo de los docentes, rectores, directores, autoridades, funcionarios y de todos los profesionales de la comunidad educativa, fortalezcan competencias en proceso virtuales necesarias dentro de las nuevas transformaciones digitales del sistema educativo, que involucre políticas públicas educativas; que contribuya a la construcción de un nuevo contexto educativo que sean como pilar de la educación virtual; cuyo compromiso es de suma urgencia y necesarios en los escenarios actuales de aprendizaje que vivimos; aprovechando la riqueza del internet y de los medios de comunicación.
Se debe agregar en los procesos de los programas denominados “Quiero Ser Maestro” y “Quiero Ser Directivo”, del Ministerio de Educación, las competencias de evaluación y comunicación en línea,
donde los docentes que desean pertenecer al Magisterio Nacional, formarse en dichas competencias, que implica cambios sustantivos en los enfoques pedagógicos y didácticos, de los docentes; en general, todos los entes involucrados y protagonista del sistema educativo.
Mg. Keiber Marcano Godoy
Encargado de Área de Ciencias Naturales, Colegio Juan Luis Undurraga Aninat, Fundación Belén Educa, Chile.
http://www.beleneduca.cl/colegio_undurraga.php
Educación post crisis: ahora, ¿qué hacemos?
La situación actual ha generado tanta incertidumbre que no sabemos cómo serán las cosas cuando volvamos a la “normalidad”, principalmente en el campo educativo. Son muchas las acciones que se han llevado a cabo por parte de las instituciones educativas durante este período de cuarentena en tiempos de Covid-19, éstas aplicadas a todos los niveles de enseñanza. Como es de esperarse, algunas prácticas resultan exitosas y otras no, ya que el éxito está determinado por el nivel de acceso a recursos para su ejecución; contar con acceso internet en un computador o celular inteligente, tener acompañamiento por parte de adultos-apoderados o simplemente, tener habilidades de autonomía y autogestión para un proceso de aprendizaje a distancia.
Este nuevo escenario redefine los roles de los actores que participan en el proceso de enseñanza y aprendizaje, ajustándolos a características de la actual sociedad y direccionándolos en pro del desarrollo de las habilidades para el siglo XXI. Para los estudiantes, es necesario encontrar evidencia de autonomía, capacidad de autogestión para el cumplimiento de las tareas, buen manejo del tiempo, investigación y profundización en los contenidos, entre otros. Para los docentes, que sean capaces de diversificar sus recursos y la forma de transmitir el conocimiento, que puedan construir materiales más concretos, rediseñar objetivos de aprendizaje y lo más importante: modificar la forma evaluar.
Necesitamos que el conocimiento no se mida únicamente a través del desarrollo de pruebas, sino también con otras estrategias que permitan medir el logro de los objetivos y el aprendizaje obtenido por el estudiante.
Lo anterior sólo sería alcanzable si las políticas educativas se modificaran progresivamente para ir incluyendo un modelo de educación a distancia equilibrada con la presencial. Así en situaciones futuras donde se deba recurrir a ésta por distintos motivos, no se convierta en un caos como lo ha sido hoy, ni mucho menos, que genere una brecha significativa en el aprendizaje para aquellos que pueden contar con los recursos, frente a aquellos que no, siendo los últimos los más perjudicados. Este tipo de educación mixta nos permitirá tener experiencia y garantizar el proceso de aprendizaje sin mayores dificultades.
Estos cambios en materia de educación no deben ser responsabilidad unilateral del Estado, sino que a
través de una consulta nacional, la sociedad pueda tener un espacio para poder opinar. Ya con los resultados, es clave contar con la experiencia y opinión de los docentes, ya que son ellos desde las salas de clases, que conocen las realidades y contextos, los agentes externos e internos que puedan influir, entre otros, en el proceso de enseñanza, aprendizaje y en la generación o no de resultados realmente significativos.
Necesitamos replantearnos lo que hacemos hoy. Cuando esta crisis termine, debemos cambiar la forma de aprender, de enseñar y de evaluar ya que, sin los ajustes necesarios, sería un error continuar con una educación como la conocemos. No generar cambios en educación luego que el Covid-19 termine, es sinónimo de indiferencia, retroceso y de no haber convertido las dificultades vividas en oportunidades de mejora para una educación del futuro y ajustada a la realidad social.