I.3 La comprensión del horizonte simbólico
1.4 La educación y su clasificación
1.4.3 Educación formal
63 escuela tradicional constituye una vía de acceso a los valores sociales impuestos, al dominio del sí mismo.
Para el logro de estos lineamientos e intencionalidades, el maestro debe estar distante a las necesidades (y del contexto sociocultural) de los alumnos; de acuerdo a Palacios 1999:22 el maestro “debe ser insensible a las gentilezas del corazón”, con esto queda clara la separación hombre-mente, cognición-sentir.
Desde la filosofía amerindia citando a Dussel (1971), hablaríamos de un ser en desequilibrio, sin correspondencia ni reciprocidad con los seres vivos que lo rodean, sin capacidad de dar-se para el beneficio colectivo, cuestiones en las que ahondaremos en el tercer capítulo.
Para concluir con este análisis de la escuela tradicional que nos lleva a la comprensión del concepto de educación formal, citaremos algunas concepciones de la escuela tradicional, que nos regala Palacios (1999:22): “La escuela prepara para la vida, dando la espalda a la vida”, “la escuela no es una prisión, es una ciudadela”; la escuela debe estar “felizmente cerrada al mundo”; “la escuela debe tamizar lo real, cribarlo, debe filtrar los ruidos, la agitación, las tentaciones del mundo exterior. La escuela debe proteger al niño de todo lo negativo que tiene la vida normal, debe ser “un universo preparado por el maestro donde la disciplina, los ejercicios precisos y metódicos permiten al niño liberarse poco a poco de su vehemencia y acceder a los modelos: esto no es posible a menos que la escuela sea un dominio particular donde las cosas no ocurran como en la vida” y desde nuestra posición crítica decimos que la escuela actual que persigue los intereses homogeneizadores del sistema mundo, (Wallersterin 2007), no reconoce otros saberes, los regionales, los locales, las filosofías y formas de mirar el mundo que tienen los distintos grupos que pueblen la orbe, no reconoce las diferencias, la diversidad, porque eso habla de existencia propia, de sentir y el corazón, la poesía, los sueños, la imaginación, el error, la risa, el amor, la vida plena, no caben en la razón del poder.
64 En el breve recorrido que hicimos respecto al surgimiento de la educación y la escuela, se citó la escuela rusa (siglo XVIII) que se distingue como una de las primeras escuelas de educación formal. En sus prácticas se introduce el método monitorial de enseñanza, en el que podrían asistir más de 300 alumnos y ser dirigidos por alumnos de apoyo al maestro, quien a su vez brindaba los modelos y contenidos de enseñanza que con actitudes de disciplina y rigidez, deberían seguir los estudiantes de apoyo. Cuenta con un calendario de estudios, planificación de temas, calendarización de evaluaciones, establecimiento de fechas límites de estudio.
Este tipo de educación formal se distingue por pertenecer al sistema educativo institucionalizado, cronológicamente graduado y jerárquicamente estructurado que abarca desde la escuela primaria hasta la universidad (Coombsy 1975) y por contar con una intención deliberada y sistemática que se concretiza en un currículum. Para la mejor comprensión de este concepto Illich (2006:260) nos habla de lo que son las “Características generales de unas nuevas instituciones educativas formales”. Para mayor claridad de este aporte, debemos ubicar al autor desde su obra sobre la sociedad desescolarizada; sus trabajos ríspidos para muchos y reconocidos por otros como develadores nos pueden ayudar a comprender la función de la educación formal.
Illich (2006:260) dice que la nueva educación formal se plantea como una alternativa a la educación formal ubicada en la escuela tradicional que ya hemos definido, por lo que propone que una nueva educación formal debería brindar a todos el acceso a recursos disponibles en cualquier momento de sus vidas, dotar a todos los que quieran compartir lo que saben, el poder de encontrar a quienes quieran aprender de ellos y dotar a cualquier persona de la posibilidad de debatir y argumentar sus ideas; esto para él debería formar parte de las garantías constitucionales. Señala también este autor que no debiera de existir para los alumnos el currículum obligatorio que discrimine la posesión de un certificado o diploma. Hace un análisis de la estructura que encierra la educación formal, como los grandes y costosos edificios, el numeroso grupo de maestros, los sindicatos, entre otros. Para él la nueva educación formal pasa los límites de la escuela y
65 debería hacer uso de la tecnología para lograr la libre expresión de todos, la libre reunión y la prensa libre para que éstas fueran universales y plenamente educativas. Propone se evite ver al saber y al conocer como “un secreto” que se debe descubrir para tener calidad de vida, secreto que sólo los maestros tienen, y evitar así mismo la idea de aprendizajes por paquete, jerarquizados, accesibles sólo a aquellos que llevan los rótulos apropiados. La nueva educación formal rompería con estas pirámides y facilitaría el acceso al aprendiz, “permitiendo mirar al interior de la sala de control”.
Interpretando a Illich (2006) comprendemos su interés por un análisis distinto de la escuela, propone observar su estructura de poder económico- político-ideológico, en el que como señala Durkheim (1998) la escuela es una institución en la que se refleja la propia vida social, en la que existe quien guía (un Estado o grupos de poder en distintas dimensiones), quien suprime los deseos a favor del orden. Por otra parte al adentrarse en la certificación de los saberes está tocando un plano muy delicado del saber universal que se mueve en una dicotomía entre los que saben y los que no, los capaces e incapaces, los cultivados y los naturales o bárbaros, los que existen y los inexistentes, aspectos que se concretizan en la escuela tradicional.
A partir de las líneas trazadas podemos conceptualizar a la educación formal como aquella que se funda en el saber dicotómico de occidente, posee un vínculo con el Estado, tiene una intencionalidad deliberada y sistemática, basada en jerarquías, normas y reglas para la administración del proceso de enseñanza, que consideran: modelos, tiempos, programas, contenidos, métodos, se ubica en la promoción de conocimientos reconocidos como universales y pone su atención en la educación de grupos a los que otorga un reconocimiento oficial si cumplen con las disposiciones establecidas en la escolarización institucionalizada por el Estado y su formación responde a los intereses del modelo económico-productivo.
Esta educación formal se observa como parte de la maquinaria que produce subjetividades, que genera objetos colonizados por el saber externo, que como narrativa se erige en el poder del saber universal que desprecia y despoja de su saber regional-local y cultural a sus allegados.
66 La educación formal responde a los modelos económicos globales, a su ideología, reproduce en sus espacios los deseos impuestos en una sociedad de competencia y consumo, de seres humanos desechables que pueden ser remplazados por otros con mayores calificaciones de calidad. Es por tanto como la sociedad que la engendra: un espacio de violencia, exclusión, clasificación y de frustración y lucha para quienes desean continuar en las redes discursivas del poder hegemónico.