CAPÍTULO 3.- UniTierra: RAZÓN Y CORAZÓN
3.4 Las 4 ruedas del capitalismo
Entrelazado a este saber universalista que se impone y clasifica a las culturas distintas en una posición egocéntrica encontramos a la egopolítica Mignolo (2007b), cuestión que se irá enlazando con la teoría del territorio y las cuatro ruedas del capitalismo.
Al centrarse en primer momento la clasificación en el saber teológico, pasamos a una teopolítica Mignolo (2007b) en la que se define a los pueblos bárbaros como aquellos de conductas extrañas o violentas y cuyo sentido de la justicia, la razón, los modales o la generosidad era aberrante para los colonizadores, así como la carencia de una lengua desposeída de una locución literal que respondieran al latín que según Las Casas “garantiza la verdad de todo enunciado”, en Mignolo (2007b:43-44). Eso y la ausencia de estudios –desde la perspectiva de los colonizadores- por parte de los indígenas sobre poesía, retórica, lógica, historia y demás campos que constituyen la literatura escrita en latín, hacía de esos pueblos: bárbaros.
Otra característica de estos pueblos que permitió la clasificación Occidental, fue su gobierno, de acuerdo a los colonizadores este gobierno suponía carencia y debilidad de los indígenas: todo pueblo que carecía de gobierno y Estado se encontraban en estado natural. Pero la religión se antepuso a todo, se podía tener derecho, Estado, estudios, pero al ser infiel o pagano, eso hacía que se cayera en el barbarismo y en esta perspectiva, según Las Casas “no existe nación (salvo las cristianas) a la que no le falte algo o que esté exenta de fallos significativos en el
198 campo del derecho, las costumbres, el estilo de vida y la política pública” en Mignolo (2007b:44), por lo tanto todos, excepto los cristianos, eran bárbaros.
Por lo anterior, todo pueblo que no se acerque al saber colonial es catalogado como bárbaro y a lo largo de la historia esto ha pasado para todos aquellos que se opongan a los ideales de occidente: democracia, libertad y modernidad. Al igual que en la colonia, aquellos que se ponen al Estado de cosas existentes hoy se definen como enemigos potenciales al imperio o como dictadores, terroristas o narcotraficantes70, Rodríguez (2010).
De esta manera, desde el siglo XVI la única y verdadera historia de América empezó a escribirse en latín y en las lenguas imperiales europeas; todas las demás historias fueron enterradas, carentes de verdad, de autenticidad. La conquista y colonización de América fue, entre otras cosas, una colonización de saberes existentes que estaban codificados en lenguas de locución no literal, por lo que estas lenguas se volvieron obsoletas en términos epistémicos; los saberes se fueron alineando a la historia universal concebida desde la experiencia de occidente.
Al ser pueblos inferiores se tenía el derecho del despojo material y espiritual, la lucha por la explotación del territorio era una tarea obligada, considerando las características de los bárbaros y se dio la colonización del saber y la colonización del ser Mignolo (2007b:56). Al tener dos Américas la Latina y la Sajona, los nuevos criollos se nombraron americanos; los indios y negros quedaban fuera de esta clasificación, por eso los movimientos indigenistas de América del Sur históricamente han propuesto el Abya-Yala (tierra en plena madurez o tierra de sangre vital, (López, 2004) y los pueblos afroindios en Ecuador y Colombia usan el nombre de la gran co-marca (“co” de cooperación), que brinda la idea de territorio compartido por una raíz común. Esta idea de dominación espiritual y material, acompañada del desprecio, el despojo, la explotación y la represión, es histórica por la constante ocupación militar de las colonias, las rebeliones de los naturales y las expediciones coloniales que eran enviadas para someterlos en Rodríguez (2010:102-103). Está latente en este
70 Es el caso de algunos representantes de Estado, como de Cuba F. Castro, de Panamá M.A.
Noriega, de Nicaragua D. Ortega, de Venezuela H. Chávez.
199 discurso el análisis de la teoría del territorio en el que éste siempre se verá bajo el conflicto, las luchas permanentes de grupos que tienen una actitud de resistencia contra otros que buscando el despojo hacen uso de la represión, apostando por el agotamiento o la extinción de sus contrarios.
También es histórico que el capital y su búsqueda de acumulación apresurada, no espera la conversión social pacífica de las formas de vida no capitalista, por lo que usa permanentemente la violencia; una violencia que no respeta razas, tradiciones, formas de vida distintas a su ideal empecinado en la súbita expansión de mercados, a costa de devastar la naturaleza por la sobreexplotación de los recursos naturales, de la vida misma por ello se habla de él como cultura de la muerte (Rodríguez, 2010), porque la conquista, la esclavización, el robo, el asesinato, la violencia en una palabra, se convierten en motor del capital.
Las cuatro ruedas, de acuerdo con Rodríguez (2010), giran en sincronía, se coordinan y marchan bien calibradas por una imposición de saberes en el que el desprecio a la diferencia es la clave para justificar la ocupación del territorio donde habitan bárbaros, atrasados que hoy componen el tercer mundo; aunado va el despojo de territorios en el que América Latina es visto como un lugar de mano de obra regalada a la que se puede explotar sin que nadie ponga límites, donde los hombres y mujeres como objetos son reemplazables. Le apuestan de esta manera, a la naturalización de una historia de dominio, de jerarquías y clasificación que a vistas del mundo se muestran como subculturas que no logran alcanzar el desarrollo, por lo que para civilizarlos se recurre a cualquier tecnología que manipula al ser o se llega como hoy vivimos bajo la amenaza, la represión y el exterminio de todo aquel que no se refleja en el espejo de la virtud de Occidente.
La depredación, el fraude y la violencia son prácticas presentes en toda Latinoamérica, el capitalismo avanza, hoy se nombra neoliberalismo pero es política de mercado que favorece el despojo, por ello el Delegado Zero del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (Subcomandante Marcos en la Otra Campaña, citado en Rodríguez 2010) afirma que la máquina de hacer mercancías se esconde en la causa pero no en el efecto devastador que conllevan sus acciones,