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CAPITULO 2. CONTEXTO REGIONAL Y LOCAL DE LA UNIVERSIDAD DE LA TIERRA

2.7 Grupos indígenas, historia, economía y poder

131 Dentro de los grupos indígenas que se encuentran en Chiapas reconocemos por nuestro estudio a los que se ubican en los Altos (fuente: Portal de Gobierno del Estado, 2008).

132 De la forma de supervivencia de tsotsiles se destaca el trabajo en madera, muchos de los hogares de los altos cuentan con muebles elaborados por los tsotsiles de la región, pues han ido diversificando su producción. En principio sólo hacían muebles pequeños con acabados rústicos. Su consumo estaba destinado a las familias indígenas y a un sector muy reducido de las clases bajas, alrededor de San Cristóbal, Teopisca y otras cabeceras municipales (Oxchuc, Zinacantán, Tenejapa). En el presente, la industria de la madera se ha desarrollado. Además, los acabados son mejores, utilizan tornos y ensambles de mejor calidad, barnizan los muebles y hacen entregas a los mayoristas, a muebleros tanto de Tuxtla Gutiérrez como Zinacantán.

Debido al colonialismo occidental y las prácticas de dominación hasta hoy existentes, muchos son los grupos minoritarios que viven en México, considerando esta descripción como aquella que corresponde a grupos discriminados ya sea por razones de raza, idioma, preferencias sexuales, sexo, u otras. El caso de la población indígena, pertenece a este tipo de grupos, son ellos de acuerdo a lo descrito en otros renglones viven en condiciones de pobreza, son los que menos grados de escolaridad tienen –si es que esta dato se puede tomar como un problema para su cosmovisión-, sus trabajos son mal remunerados y sufren en todo sentido la discriminación en el propio estado chiapaneco.

Sin embargo, para los agentes que actúan en la UniTierra los indígenas han logrando sobrevivir resistiendo y produciendo sus formas propias de percibir, relacionarse y observar al mundo, persistiendo y generando nuevas realidades, formas de lucha como el zapatismo. Estos agentes educativos consideran necesaria para su propia sobrevivencia la descolonización, es decir, el estudio, el análisis y crítica de los discursos universales, de las prácticas impuestas en las sociedades capitalistas y globales que hoy vivimos y que es necesario, para ellos, develar por los problemas que derivan en la sociedad mundial, que hoy vive una terrible crisis económica y política (Rodríguez, 2010).

Wallerstein (2007) nos habla de un sistema mundo que acarrea grandes contradicciones, podemos citar algunas, como por ejemplo, la distancia entre países ricos y pobres, la hambruna en que se encuentran hundidos países del

133 continente americano y africano. El desempleo, la degradación de la naturaleza por la acumulación y el consumo, (Chomsky1995, Hans 1999, Castro 1998).

Problemas que se generan por los saberes impuestos y las necesidades creadas bajo la seducción de un discurso atento a la acumulación del dinero, discursos y actos que nos llevan a la decadencia humana, dejando un alto costo ecológico que se está pagando por esta ética capitalista de consumo y monopolios; entre otras muchas dificultades que produce un sistema (modernista/imperial) fundado en la acumulación y en el desecho de lo humano. .

Situándonos en esta posición crítica-ética de revalorizar lo humano, esta segunda parte del capítulo continúa develando algunos rasgos objetivos-subjetivos que como símbolos y significantes recrean las relaciones intrasubjetivas de los agentes sociales de la UniTierra. Para mayor ilustración hemos recurrido al trabajo de González (2010), quien retoma la lucha a favor de los campesinos e indígenas chiapanecos que realizara Arturo Albores entre los años setenta- ochentas.

En algunos escritos realizados por Albores, importante personaje que ha luchado al lado de los indígenas chiapanecos, encontramos información importante en el sentido de que, además de hacer una descripción estética y muy acercada a la realidad de San Cristóbal de Las Casas que complementa la ya descrita, presenta algunos rasgos de opresión y mal trato que históricamente han vivido los indígenas de los Altos, condiciones que los han llevado a buscar alternativas de vida política, cultural y educativa como la que hoy nos importa comprender.

Estos textos fueron escritos en 1982 en la cárcel de Cerro Hueco (el trabajo que se presenta es parte de una compilación que realiza su esposa C. González (2010) y se respetará como lo hizo su compiladora el estilo de escritura –en el uso de los términos como tzotzil, que ahora se escribe tsotsil, así como el lenguaje coloquial y poético-. Albores describe el camino a San Cristóbal de Las Casas, con neblina espesa, olor a vegetación a hojas salpicadas por la lluvia, atravesando curvas peligrosas, observando y respirando el aire de sordos precipicios, escondidos y distantes, así a dos horas –desde su ubicación- se encuentra una

134 comunidad Tzotzil Navenchauc, en ella se ve mujeres con sus naguas de lana negra que en sus espaldas encorvadas llevan pesados tercios de leña, las acompañan sus hijos. Se distinguen las casas de la comunidad Nachig de Zinacantecos, también indígenas Tzotziles […] a quince minutos de Nachig se muestra la ciudad de San Cristóbal de Las Casas con atractivas construcciones coloniales que datan de hace 400 años González (2010).

San Cristóbal (Chiapa la Real) -“Fundola Diego de Mazariegos, con el fin de tener sujeta toda la Provincia que con tanto trabajo la había recuperado”

González, (2010:37) se encuentra asentada en un gran valle rodeado de altas montillas, cubiertas de frondosos árboles que esconden tras de sí las comunidades indígenas de los Altos de Chiapas, (2010:32,33), que en los años cincuenta, cuando aún no existía la carretera panamericana, San Cristóbal permanecía en el aislamiento y olvido, hasta que penetró con la carretera la vida moderna.

En la entrada de la ciudad se encuentra la estatua de Fray Bartolomé de las Casas, González (ibid) cura que defendió a los indígenas hace 500 años, pero la injusticia continuó y la presenciamos con dolor profundo en esta misma ciudad. En las calles centrales las niñas Tzotziles de Chamula ofrecen muñequitas de trapo diseñadas por ellas mismas; con sus cabellos alborotados, caritas pálidas por el hambre; soportando el frío de la mañana y encogiendo sus bracitos en ausencia de otro abrigo, ofrecen mercancía casi regalada; sus mamás sentadas en el piso con sus artesanías, con sus pichis (bebés), confeccionando sus productos y ofreciéndolos a los visitantes: bolsitas, bandas, morrales y demás.

Para Albores, en González (ibid), San Cristóbal es el principal centro de distribución y consumo de los productos agrícolas del lugar, así como el de la manufactura y distribución de los productos indígenas, el lugar donde se buscan trabajadores (enganchados).

Muchas tiendas de artesanías se encuentran alrededor del mercado, la mayoría de turistas concurre al lugar; es el único mercado de la ciudad y funciona todos los días, los indígenas llegan desde temprano a ofrecer sus mercancías;

adentro del mercado venden los ladinos, afuera los indígenas “¿por qué esa

135 discriminación?”, -se pregunta el escritor- González (2010:33), muestran en sus puestos en el suelo: camotillo, repollo, acelgas, rábanos, naranjas, guineos y demás frutas y verduras. Algunas mujeres indígenas venden la lana de sus borregos que ellas mismas crían y trasquilan. Las mujeres de Amatenango venden sus vistosas ollas de barro, coloreadas al calor del gran fuego que ponen en sus patios o en la calle. Otros indígenas con sus gallinas bajo del brazo, uno con calzón corto y de avanzada edad con indumentaria indígena, muestran su mercancía apresurados, otros con sus costales de frijol o de maíz hacen trato con los compradores en los regateos.

Albores describe: “mujeres con medidas de café, revendedores ladinos, aparecen vendedores y compradores” González, (2010:33); se venden muebles de madera, como camas, mesillas, bateas, guitarras; algunos indígenas los más privilegiados traen sus bestias de carga trasladando su mercancía para la venta, la mayoría las cargan en sus espaldas; ofrecen carbón las mujeres, hombres y niños, otros ofrecen leña. “Los gruesos Chujs (especie de jorongos) de color blanco de lana pura, distinguen la presencia de los chamulas en la ciudad, son cientos de ellos que acuden a un mercado que vive sólo por los indígenas” (ibid).

En la terminal de autobuses “Mazariegos” gran cantidad de indígenas

“enganchados” esperan su turno para el camión que los trasladará a tierra caliente para trabajar en las fincas cafetaleras, “varios de ellos llevan a sus familias (mano de obra femenina e infantil, por ello abaratada), con sus machetes al hombro, sus morrales y bolsas en donde llevan su alimento y preparan el pozol para calmar el hambre” (ibid):

―Los enganchadores en forma despótica y grosera, llaman por lista a sus enganchados para que suban al camión. Muchos quedarán de pié durante ocho horas, soportando el calor tan fuerte, hasta llegar a tierra caliente, uno de ellos es pateado al ofrecer resistencia para el traslado‖

(González, 2010: 34).

Albores destaca el gran sacrificio de los indígenas, para recibir un salario bajo. Para él el indio explotado no necesita de mucho para comer y vestir mal, no usa zapatos, su casa no tiene servicios, ni muebles, y hay quienes no tienen casa

136 para dormir, por lo que gastan poco y por eso el patrón logra explotarlos. “Las condiciones de trabajo, la forma como contratan y pagan a los trabajadores (emborrachándolos y forzándolos) sigue siendo la misma desde hace 400 años”

González, (2010:35).

Para el autor, en San Cristóbal de Las Casas está presente la actividad indígena, están los indígenas “en las calles, en las casas de los ladinos, hoteles, restaurantes, tiendas de servicio donde trabajan de criados o mozos” ganando menos de un salario mínimo y muchas veces solo a cambio de comida y alojamiento. “Los indios son el sector más oprimido y despreciado, San Cristóbal es la ciudad principal para los indios, allí se concentran grandes grupos de indígenas de los Altos de Chiapas” (ibid).

El conocer las costumbres de los Altos de Chiapas, sus creencias, las formas de comportarse de los indígenas y de los ladinos; el observar los edificios, la arquitectura, todo ello, para Albores nos transporta hacia el pasado (al otro mundo), las fincas, los baldíos, las atajadoras, las tiendas de raya, la vestimenta, la lengua, el mecapal, el copal, las ceremonias, su miseria y explotación, nos remontan al pasado:

―Todos los tiempos se mezclan para dar paso al presente, resaltando mucho del pasado, haciéndonos sentir extraños en este ―otro mundo‖

de ―orgullo español‖ y de sumisión indígena. Pasaron cientos de años para comprender este ―otro mundo‖ de conflictos, odios y contradicciones‖ (González, 2010:37).

Tomando en cuenta los relatos de este autor y haciendo una asociación entre pasado y presente, podemos decir que mucho de lo descrito persiste en la realidad actual, de ello deriva la importancia de comprender a la historia como un giro hacia el pasado que nos ayude a ver el camino hecho, a fin de entender sus luchas presentes como la lucha zapatista que es fuerza que sostiene el hacer de la UniTierra.

En este análisis de lo histórico como presente, la descripción hecha desde la primera parte de este capítulo relacionada con el contexto geográfico, productivo,

137 cultural de los Altos es una descripción que responde a la necesidad de ver a los estudios regionales conformados como una totalidad transdisciplinar.

La transdisciplina, vista como la posibilidad de sumergirnos en la complejidad que representan los actos culturales, de comunicación e historia de los seres humanos, que no pueden ser limitados a la labor de una disciplina o interdisciplinas, sino que conlleva a la recuperación del ser humano más allá de los lenguajes racionales, implica la necesidad de volver la mirada a otras cosmovisiones, a otros lenguajes, historias, realidades y símbolos que bien vale la pena intentar comprender, sobre todo si se trata del hacer histórico de hombres y mujeres indígenas y mestizos que están recreando cotidianamente su vida y ser, porque ellos están cerca de las raíces.

En este respeto y recuperación del ser indígena desde su hacer y espiritualidad, la UniTierra tiene su empeño. Cotidianamente se refieren a lo que han venido resistiendo los grupos indígenas no sólo de Chiapas, también de Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Baja California, de México en general y del mundo sobre todo los pertenecientes a América (Ecuador, Bolivia, Uruguay, Chile, Argentina, Perú), las condiciones de vida que históricamente han experimentado a partir de la colonización espiritual y material por parte de los españoles y lo que ha generado lo que los zapatistas han denominado la rebelión de la memoria, la lucha por la dignidad, la lucha contra el mal gobierno, entre otros discursos que los rehacen en su histórico existir, por eso ellos dicen:

La guerra iniciada el 1 de enero de 1994, fue y es una guerra para hacernos escuchar, una guerra por la palabra, una guerra en contra del olvido, una guerra por la memoria” Baschet (2009:34).

Para entender a profundidad este sentir, esta palabra –honda, cargada de emoción de compromiso- que se pronuncia cotidianamente, en la UniTierra, la tarea que se realiza plantea intentar ver lo ontológico del ser actual e histórico, vivir de cerca su filosofía, su hacer; esto no es sencillo sobre todo cuando nuestros significantes han sido moldeados por un sistema, por una maquinaria Guattari (2006), que se nutre del sacrificio de vidas humanas, como es la máquina

138 imperialista occidental que con su reingeniería, riza los valores más sublimes como pueden ser el respeto a la naturaleza y a la diferencia, a la elección propia, aspectos que se trabajan en la UniTierra y que para muchos, representan una total afrenta al saber académico occidentalizado.