Para lograr comprender la constitución histórica, geopolítica, cultural de una región, se considera necesario diseñar marcos de análisis12 que contribuyan a comprender que las regiones se encuentran articuladas a dimensiones diversas como puede ser la económica y la política pero también la simbólica, social, cultural, etcétera; en este sentido el modelo económico que sostiene la existencia del mercado global, configura gran parte de la vida de nuestra nación, regiones y localidades. Bajo esta premisa, las consecuencias que tienen los movimientos tan vertiginosos que se viven en el contexto mundial se pueden estudiar en espacios regionales y locales en México. Para intentar explicar cómo se manifiestan las
12 Goffman (1988).
34 transformaciones globales en estos espacios, es muy relevante registrar que la vida social y sus instituciones se articulan con macro estructuras económicas, políticas, científico-técnicas e ideológicas por las que transitan signos y símbolos que recrean espacios, grupos e individuos participantes en el entramado social;
esto es algo en lo que profundizaremos en este capítulo cuando abordemos al interaccionismo simbólico y el pensamiento decolonial.
Para autores como Castells (1994), la vida social puede ser analizada desde la dimensión global: las sociedades avanzadas están en una transformación estructural por la revolución tecnológica, basada en las tecnologías de la información/comunicación, que el autor denomina la era informacion-al, porque trastoca espacios sociales y por tanto subjetividades de los agentes sociales. Para comprender estas nuevas modelaciones sociales sugiere este autor, analizar dimensiones globales y locales.
Se puede palpar con algunos ejemplos, como la formación de la economía global lleva a un cambio cultural en diferentes espacios del mundo, entre los que podemos destacar el rol de la mujer, quien ha tenido una participación más activa en campos laborales y educativos, cambiando a su vez el espacio simbólico familiar. A partir de ello, se asumen nuevos roles que transforman personalidades que a su vez interactúan en otros espacios generando nuevas formas de relación.
La institución educativa también sufre la imposición de políticas que buscan el fortalecimiento de la globalización. Así, los discursos de calidad, competencias, el excesivo uso de las evaluaciones transnacionales y nacionales, las formas de control para la planeación, el desarrollo de la clase y la evaluación, muchas veces desvían los intereses de atención que le deben los docentes a los niños, adolescentes o adultos 13 a quienes se pretende formar de manera integral,
13 La alumna Ortiz, de la maestría de Educación y Diversidad de la UPN 071, sede Tonalá, Chiapas señala: “…como docentes hemos encontrado diferentes modelos que orientan de alguna manera nuestra labor educativa, no siempre en el camino correcto, pero sí siguiendo los entrames que plantea el capitalismo… es por ello que las constantes Reformas Educativas, hacen que la identidad profesional del maestro se debilite y hasta se llegue a perder, en el plan del discurso del
“saber”; los discursos nos obligan a comportarnos como maquinarias administrativas, olvidándonos que a los que nos debemos y formamos, son seres humanos al igual que nosotros” Septiembre 2010.
35 conduciéndola al llenado de formatos y al logro de objetivos específicos sin articulación con las necesidades reales del contexto.
Otro aspecto que destaca Castells (1994) es la producción de una mayor conciencia ecológica –en algunos sectores-, cuestionadora del uso desmedido que se ha hecho de la naturaleza, al confundir la necesidad de supervivencia con la acumulación de bienes, que promueve la acumulación de riqueza en manos de unos cuantos que han tenido la posibilidad de hacerlo, ensanchando de esta manera la brecha entre ricos y pobres. Para otros autores como Alvarado (2005) es importante volver la mirada al proceso de dominación del hombre sobre la naturaleza; ambos autores sugieren que debemos reflexionar en la relación de este hecho, con el razonamiento científico y las dicotomías sujeto-objeto, así como en sus ideas de progreso y felicidad social, cuestión que abundaremos con los aportes de Boaventura De Sousa Santos (2009,2010); es necesario repensar en su devenir histórico, porque a pesar de los múltiples avances científico técnicos que hoy vivimos, vale la pena estudiar si éstos se reflejan (y de qué forma) en la vida social de la mayoría de los países, específicamente los de Latinoamérica y México.
Autores como Rodríguez (2010), Chomsky (1995), Hans(1999), Wallerstein (2007), argumentan que el modelo económico global trae una diversidad de problemas en las dimensiones económicas, políticas y culturales, en principio, por las grandes contradicciones de un discurso que propone desarrollo social y económico, igualdad entre los países, democracia entre sociedades y sujetos, un libre intercambio de comercio basado en la equidad, una política de apertura de fronteras para que el personal calificado que domine el uso de la tecnología de la información, manejo de idiomas, etcétera pueda prestar sus servicios en cualquier parte del mundo.
Muchas narrativas surgen y se encarnan en relaciones de poder, económico, político, e ideológico y se contraponen a la realidad actual que se vive en el mundo y en México, quedando por tanto este saber, en el plano del discurso hegemónico de los países de Occidente; pero no sólo en eso. Aparecen también, a partir de estas metanarrativas, el desprecio a la diferencia, a los que no logran alcanzar los
36 saberes, el conocimiento científico, el nivel de desarrollo que ha establecido occidente; así quienes no participan activamente en el mundo creado a partir de intereses imperialistas y colonizadores, son silenciados, excluidos, exterminados, son inexistentes de acuerdo a Santos (2010), son material desechable para la sociedad de consumo en la que todo se desecha incluyendo la vida natural y humana.
Es importante plantear respecto al desarrollo tema tan manejado en discursos como parte de la política de modernidad, que una región tiene desarrollo cuando su población posee – tomando a Boisier (1988)- no sólo un capital económico, sino también cultural, político y simbólico, que logre, en los sujetos sociales, el análisis y la intervención en su realidad inmediata, para la resolución de problemas. En ello estriba gran parte del interés en este trabajo de comprensión simbólica, en comprender como los símbolos llevan a la acción colectiva hacia un objetivo común, porque ello representa una fortaleza en la región. Quizá en los estados ganadores como han sido denominados algunos estados del norte del país, con el Tratado de Libre Comercio en el que participa México, se haya presentado despegue en lo económico, pero ¿y otros aspectos como la participación política, la acción social en proyectos colectivos, la organización para el trabajo comunitario, serían considerados como parte integradora del desarrollo económico? Nosotros creemos que no, por la forma en que se mueven tradicionalmente los enfoques de estudios sociales en México.
Para Boisier (1988), el desarrollo social se desprende de una articulación de factores materiales y simbólicos que propician sinergias sociales a favor de la cohesión hacia un proyecto colectivo social y no depende específicamente del mercado externo que contempla el riesgo de dependencia de un solo sector, como puede ser el económico industrial; por el contrario, se ve la posibilidad de un proyecto que integra distintos elementos de sobrevivencia social, al fortalecer otros sectores y contar con una sociedad comprometida con su participación en los proyectos colectivos. Se puede coincidir con esta postura porque une aspectos de la vida material y subjetiva, siempre presentes en las actividades sociales y porque éstos matizan las relaciones simbólicas; por otra parte se puede reflexionar
37 sobre lo que pasa en nuestro país en el que la represión que sufren los colectivos sociales -de cualquier índole- que contradigan o denuncien la política autoritaria de los órdenes de gobierno federal, estatal o local, nos llevan a un estado de desequilibrio en el que toda posibilidad de proyectos de vida distintos al hegemónico universal es casi un imposible, por lo que para que existan cambios sociales que beneficien a las mayorías es indispensable pensar en la región desde la complejidad.
Al hablar de desarrollo regional y retomando a Boisier (1988), Palacios (1983), Raffestín (1980), Giddens (1986), se puede entender a la región como el espacio que propicia la participación activa de los agentes sociales en la producción de bienes materiales, en la participación política, en la creación de su propia historia y reconocimiento de su cultura, vemos un tejido muy complejo de hilos que componen elaboraciones materiales y simbólicas conformadoras de las dinámicas sociales y para poder diseñar este tejido, se requiere algo más que el aspecto económico. Aparece también, el sentido sobre la necesidad de estudiar particularidades del entorno, conocer muy de cerca la forma de organización social, relaciones de producción, tradiciones e identidades del espacio regional y local que nos interese para poder comprender cómo se constituyen sus particularidades y singularidades en sus actividades, siempre reconociendo el contexto global que se refleja en lo regional y lo local, por su interacción estructural.
Díaz Polanco (2006) tomando como ejemplo la región istmeña de Tehuantepec, nos ofrece un estudio valioso acerca de la autonomía regional como un proceso que puede favorecer el avance de una región. Analiza el centralismo federal, el uso de las leyes y el aplazamiento político de atención a necesidades regionales que han impedido el desarrollo de una región, que ha mostrado históricamente posibilidades de poder lograrlo por sí misma; en este sentido se atraviesan aspectos de poder económico, ideológico, político que obstaculizan el avance de un espacio, mostrando con ello, cómo los grupos étnicos representan, para el poder federal una población “invisible”, que hasta la fecha no es respetada como debiera, respecto a sus propias necesidades. Esto deja claro que los
38 discursos integracionistas de transformación de leyes que surgen para atender las demandas indígenas, quedan en el plano del discurso y no en la práctica. Basta con analizar la Declaración de Principios del Consejo Mundial de Pueblos Indígenas, que recupera Garzón (2004) en su estudio sobre el problema ético de las minorías étnicas, o el trabajo de Luis Villoro (2004), cuando expone el principio de autenticidad en el que destaca la importancia de que las culturas cumplan con sus funciones y esto es posible solo si es expresión de las disposiciones reales de los miembros de una comunidad, cuestión que se aleja de la realidad de las minorías étnicas en México y en Chiapas.
Continuando con los aportes de Díaz Polanco (2006), ubicamos en ellos cómo se puede analizar una región considerando aspectos del paisaje geográfico, recursos naturales, formas de organización en la explotación, comercialización- intercambio de productos y consumo de los recursos. El autor resalta actividades de producción tradicional (como las salinas y salado del pescado) que enlaza con hechos históricos que ha vivido la región, por ejemplo, la forma de sobrevivir en la época de la colonia (dominación material y espiritual de España). Presenta también una historia discontinua, en el sentido de que analiza formas de relación, de manifestación de tradiciones, de alimentación regional a pesar de la fuerte transculturación que se vivía en la época, destacando como la ubicación geográfica favoreció el mantenimiento de identidades culturales propias de la región. Podemos decir que al trazar un mapa de la vida de esa región, este autor presenta una imagen compleja y articuladora de la realidad social, así mismo, su trabajo se puede describir como relevante porque en el confluyen elementos espirituales, mitos, símbolos que se viven en la cultura analizada (identidades histórico-culturales a favor de la organización social) y deriva su obra en una producción estética. Por lo tanto para la investigación relacionada con el desarrollo de una región, es un aporte en conocimiento, una forma propia de reflejar realidades sociales, de manera libre y fresca, aplicando la razón, los sentidos, el arte, es una invitación para intentar la vinculación de la ciencia y la literatura, se distingue una actitud ética-estética muy necesaria en los estudios regionales.
39 Es importante reiterar que los estudios de las ciencias sociales y específicamente los estudios regionales, demandan una mirada muy compleja y crítica de la realidad que se observa, en ella los elementos globales (y su historia) no pueden dejarse de lado sobre todo cuando tienen tanta relación con el modelo económico que se implementa en México. En ocasiones las políticas globales no favorecen a todos los involucrados como es el caso de los tratados de libre comercio. Al respecto, tomando un análisis del libre comercio que hace López (2007), nuestro país se encuentra en real desventaja por la dependencia económica, científico-técnica, ideológica y política que tiene con EEUU, que lleva el privilegio en el establecimiento de las normas y reglas del intercambio comercial, núcleo central del tratado. Esta situación desequilibrada no se presenta en otros tratados como el de la Unión Europea, podemos citar que en este intercambio se presentan intereses más allá de los económicos, se habla por ejemplo de intercambios académicos, científico-técnicos, fortalecimiento de culturas y tradiciones locales y regionales, manejo solidario de relaciones a países que conforman el bloque y que pueden caer en crisis de salud, seguridad, economía, etcétera. Es seguro que existen grandes conflictos, pero se establecen acuerdos que analizan el desarrollo de una región contemplando distintos factores y no exclusivamente el económico (López, 2007).
En este tipo de análisis se plantea como alternativa de apoyo, que los países desarrollados se solidaricen con las debilidades de los que se encuentran en vías de desarrollo. Siendo realistas tendríamos que pensar si un capitalismo salvaje como el que ha mostrado la política económica de la modernidad, está dispuesto a mostrar un lado humano, cuando el centro en el que gravita es el consumo y la ganancia. Se observa de acuerdo a los datos presentados por López (2009), que solamente 6 estados de la República Mexicana se han visto beneficiados con el Tratado de Libre Comercio y que estados como Tabasco, que estaba considerado como un Estado rico por sus recursos naturales, formas de producción e intercambio comercial, hoy se ubica entre los más pobres del país como resultado de la política económica.
40 Para Hans (1999), es claro que el modelo económico de apertura e intercambio de mercados, lleva al mundo a una gran crisis (quizá mayor de la que estamos viviendo en este periodo): el 80% de la población tendrá que vivir a expensas del 20% restante por la falta de empleo; esto genera el ensanchamiento de la brecha entre ricos y pobres, se agranda el cinturón periférico mundial en los países, regiones y localidades en extrema pobreza.
Con las reflexiones trazadas hasta este momento, se intentan definir los aspectos que configuran la vida regional-local y que pueden estudiarse desde la perspectiva de estudios regionales, así como ubicar los graves problemas que se deben resolver para alcanzar el desarrollo de una región; podemos palpar así mismo, una problemática de gran pobreza en aspectos de la vida económica, política, ideológica y en algunos aspectos de la vida de los agentes sociales en la que se presenta la ausencia de participación social, cuestión que se aleja del concepto de Sociedad Civil que propone Esteva (2002) y que refiere a la participación consciente y sistemática de la Sociedad Civil, indispensable para la transformación social. Por estas razones surge la necesidad de participar en la construcción de saberes que pueden explicarnos cómo acercarnos a la configuración de otro tipo de regiones, de formas de vida en correspondencia con la naturaleza, entre los hombres y mujeres, porque la correspondencia no se refiere exclusivamente a devolver de acuerdo a lo recibido, se finca en el respeto, en el equilibrio entre seres vivos, en dar como un acto de vida colectiva que no separa, no compite, se complementa en reciprocidad.
Para entender a la región debemos aclarar el concepto, tarea que emprenderemos a continuación. El concepto “Región”, históricamente ha sido abordado desde diferentes disciplinas y enfoques; se ha ubicado como región aquella que se distingue por características geográficas (territoriales), políticas, administrativas, también ha sido definida con base a intereses específicos, por ejemplo, el trabajo de O’Gorman (1994), nos muestra la historia de las divisiones territoriales de México que nacen a partir de las necesidades de la conquista española de evangelizar y dominar a través de la militarización a la población indígena. Comparando este estudio con la práctica de división territorial que se
41 vive en Chiapas hasta la fecha, se puede observar que representa una arbitrariedad la limitación de territorios que se ha hecho por cuestiones de carácter político y económico, sobre todo porque se desestiman las formas de organización regional de distintos grupos que atienden los recursos del paisaje del que se deriva el intercambio de recursos naturales, tradiciones, símbolos, relaciones productivas, laborales, sociales en general. Podemos decir, entonces, que la regionalización geográfica en muchas ocasiones no responde a las necesidades propias de la región, y que se priorizan factores centralistas más que las demandas de los locales. En este sentido, para el estudio regional se propone ir más allá de las políticas establecidas y buscar las particularidades que se manifiestan en el espacio que intentamos comprender; para ello, además del enlace de factores que constituyen un espacio como son los materiales, es necesario recuperar los aspectos subjetivos que se manifiestan y que pueden ser pautas para la mayor comprensión del por qué de las relaciones que se establecen en la región que abordemos. Estamos por lo tanto, proponiendo estudiar las particularidades y singularidades de una región.
Conceptualizando a la región, la podemos observar como un espacio/lugar, pero no sólo como objeto físico, ni por la especificación de sus propiedades (tamaño, forma, posición) -esto es una condición primaria-. Quienes estudian la región distinguen las realidades de los problemas que se viven en un lugar en el que también aparecen aspiraciones, aporta Palacios (1983). No es únicamente lo geográfico y la ubicación de instituciones que orientan las relaciones sociales a través de la manifestación de lo político-administrativo que organiza territorios en Estados y municipios (Bataillon,1993), sino también el lugar en el que se expresan signos y significantes, vivencias, formas de sentir, de desplazarse de acuerdo a singularidades de organización, a tiempos propios que moldean y producen el espacio vivido donde los agentes sociales configuran su entorno a través de símbolos, de formas de organización políticas-económicas, rutinas, relaciones imaginarias, representaciones. Todo ello es factor de análisis en un contexto histórico social -determinado por el estudioso en un tiempo y lugar-, que emergen
42 como ya señalamos, como bases primarias en las que tenemos que encontrar sentidos a través del análisis de las microhistorias que se hilan cotidianamente.
Por lo tanto la región es vista con carácter dinámico siempre en movimiento y en contradicción, precario porque nunca termina su constitución y abierto a posibilidades de reelaboración a mutaciones subjetivas (Guattari, 1986). Para su estudio se propone una filosofía que reconoce el papel preponderante del ser humano como autor de las distintas formas de estructuración subjetiva y objetiva que constituyen pensamientos y actuaciones de los colectivos y que se reflejan/ocultan (Giddens,1995a) en su vida cotidiana, en sus rutinas. Es la propuesta de ver a la región como el recorte analítico de un espacio, y en un sentido crítico decolonial en cuanto a horizonte, donde los agentes sitúan sus prácticas (De la Peña ,1998).
En este espacio regional se buscan significados no exclusivamente funcionamientos; se persigue el sentido de lo que se vive, se siente, piensa y actúa en un territorio, las identidades que se generan, las diferencias culturales.
Para poder capturar estas realidades tan sensibles, debemos pensar, como ya se dijo con anterioridad, en nuevas visiones, en otras formas de acercarnos a conocer que sean más flexibles y complejas, que respondan a la situación que se pretende comprender, y al compromiso ético que esto conlleva. Por tanto, la región no será vista con un objeto de estudio unidisciplinar y bajo un paradigma que separa al sujeto del objeto. No nos ubicaremos en una posición positiva y sí en la negatividad que se genera a partir de visualizar las contradicciones que se viven en todo proceso histórico social.
Como argumenta la transdisciplina, las relaciones sociales y el ser humano (tan impredecible) no pueden ser explicados desde el saber disciplinar (por la complejidad que representan), ni reducidos a categorías y razonamientos preestablecidos, prehechos, ni a lógicas monoculturales, limitando así las posibilidades de tomar los sentidos que genera la rica dinámica humana. Desde este enfoque tenemos que pensar que en la región fluyen múltiples factores y ello requiere un trabajo distinto que valore a los agentes en la problemática que se observa, con el fin de que el conocimiento se genere bajo la participación crítica-