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Ejército carlista

In document FRANCISCO ALBALAT NAVAJAS, (página 126-137)

II. Francisco María Ramón Severino Albalat Navajas

6. Ejército carlista

El 4 de noviembre de 1868, día de San Carlos Borromeo y onomástica del Pretendiente, en parte para suplir la escasez de mandos y también para atraerse al mayor número posible de militares don Carlos había dictado un Real Decreto por el que se ascendían dos empleos desde la clase de sargento hasta la de coronel a todos aquellos que se hubiesen mantenidos fieles al carlismo desde 1840 y un ascenso de un empleo a todos los de las mismas clases que habiendo abandonado sus posesiones en España se presentasen en Francia o los que, adhiriéndose en Espa- ña, prestasen algún servicio al carlismo. En virtud de este Real Decre- to cuando los hermanos Vicente y Francisco emigraron a Francia para servir a quien creían su Rey e ingresar en su ejército la recompensa fue inmediata: Vicente ascendió de capitán a comandante y Francisco pasó de ser teniente en la Guardia Civil a capitán en el ejército carlista, a la joven edad de 25 años192. Esta promoción suponía el tercer ascenso por causas ajenas al servicio activo.

Don Carlos apreció siempre a sus oficiales que provenían de la Guardia Civil. El motivo no era otro que el primer soldado español que se presentó para servirle, en París a principios de 1868, fue un tenien- te que pertenecía a este Instituto armado, luego le siguieron el tenien- te Sió y el alférez Maldonado, provenientes del Regimiento de la Reina disuelto también por el nuevo Gobierno revolucionario. El inicio de la Revolución y posterior caída de Isabel II dieron esperanzas a los carlis- tas exiliados pues empezaron pronto a organizarse aunque la falta de mandos políticos, militares y dinero les impedía progresar. Precisamente

191 APSC, Libro 18 de Bautismos, f. 307vto. Le impusieron los nombres de María Te- resa de Jesús, Gracia, Dolores, Agustina, Francisca, Manuela, Pía, Fortunata, Viviana, Ramona, Margarita Albalat Golf.

192 Melchor FERRER Historia del Tradicionalismo español, Tomo XXIII, pp. 36 y 37. Se extendía por escrito un justificante para el ingresado, a fin de probar su pertenencia a un ejército semiclandestino, a la vez que se llevaba un Libro Registro por los mandos. El ascenso por cambio de destino ya era utilizado por el ejército isabelino para fomentar el traslado de mandos a las colonias.

para mitigar esta escasez de medios se emitieron 5.000 obligaciones de 200 francos cada una “a cargo de su Majestad Católica el Rey Don Carlos VII. Que se canjearán por un título definitivo de la Deuda Nacional Española, con el interés de tres por ciento desde que Su Majestad el Rey haya tomado posesión del Trono. Mientras tanto se entregue el título definitivo tendrá un interés del cinco por ciento”.

En fecha tan temprana como es agosto de 1869, se informaba que “ha aparecido en la provincia de Alicante una partida de 40 hombres, entre Villena y Caudete. De Villena han salido en su persecución 100 voluntarios y algu- na fuerza de la Guardia civil”, luego se comprobó que la noticia era falsa193. Pocos días después “en Caudete, pueblo de la provincia de Albacete, ha sido reducido a prisión por la Guardia civil de Villena, don José Golf, teniente gra- duado del ejército que en calidad de reemplazo se hallaba en dicho pueblo al lado de su familia.

El motivo de su prisión reconoce por causa el ser un carlistón de tomo y lomo y haber celebrado reuniones en su casa en sentido antiliberal. También ha sido detenido en Villena el señor [Joaquín] Mergelina, muy conocido por sus ideas absolutistas”194.

En este año de 1870 la situación política española empeoró aún más, afectando a la economía pues los precios comenzaron a subir y los buenos deseos del Jefe del Gobierno por contener la crisis total que se preveía eran con frecuencia desbordados. Sirva de ejemplo que, en marzo de 1870, se produjo en Caudete un “alboroto promovido por los carlistas, con el subsi- guiente tiroteo y precauciones militares”, el tiroteo fue con una milicia de Vo- luntarios de la Libertad y los carlistas escaparon huyendo al campo195.

193 La Iberia, de 17 de agosto de 1869, p. 2; El Imparcial, 16 de agosto de 1869, p. 2;

La Paz de Murcia, 17 de agosto de 1869, p. 2; y Diario de Córdoba, 17 de agosto de 1869, p. 3.

194 La Iberia, de 4 de septiembre de 1869, p. 3. Joaquín Mergelina Selva nació en Vi- llena en 1828, estudió Derecho y heredó el título de Marqués de Colomer además de una considerable fortuna que incluía propiedades rústicas y urbanas en Caudete. Fue alcalde de Villena en 1858, Diputado provincial en 1859 y Diputado a Cortes en 1861, en ambas ocasiones por el Partido Moderado. En 1868 abrazó el carlismo y financió varias partidas que recorrieron el alto Vinalopó y el altiplano murciano. Tras la guerra fue indultado y llegó a ser jefe regional del Partido Tradicionalista. Falleció en Valen- cia en 1901.

195 La Correspondencia de España, 23 de marzo de 1870, p. 3; La Iberia, de 22 de marzo de 1870, p. 2; La Época, de 22 de marzo de 1870, p. 3, añade que “los carlistas prorrumpieron en mueras al gobierno y vivas a Carlos VII”, y La Iberia, de 23 de

La conspiración de los carlistas había dejado de ser secreta para convertirse en un público proselitismo sin esconder la posibilidad de una insurrección armada. El periódico La Regeneración no duda en or- ganizar un recogida de fondos “para socorro de los carlistas pobres que se hallan en las cárceles”, publicando en su primera página los nombres e importes de los donantes. El 5 de noviembre de 1869 aparece un listado de 55 caudetanos, José María y Jaime Albalat entre ellos aunque hay 13 anónimos, que entregaron 430 reales196. También El Pensamiento español organizó otra “suscripción para los carlistas perseguidos” donde apare- cen otros cuatro carlistas caudetanos aportando 52 reales197. Con igual impunidad en el periódico monárquico La Esperanza, son muchas las manifestaciones públicas, con nombres y apellidos, de adhesión a don Carlos y a lo que ya se empieza a llamar su Causa. Así, el 8 de mayo de este año de 1870 la Junta provincial de la comunión católico-monárquica de Albacete publica una carta dirigida al Presidente de la Junta Central de Madrid que dice: “Las Juntas de distrito de Almansa y Casas-Ibáñez, y las locales de Caudete, La Gineta, Ayna, Villa de Vés, Valdeganga, Alborea, Bienservida, Casa de Juan Núñez, Villarrobledo, Alcalá del Júcar, Barrax, Motilleja, Ajengibre, Balsa de Vés y Alatoz han dirigido a esta Junta ma- nifestación de adhesión a D. Carlos VII y los principios que representa. Lo que tengo el honor de comunicar a V. E. para que sirva publicarlos y trans- mitirlo a S. M. si lo estima conveniente”198. Estos listados de La Regene- ración, El Pensamiento español y La Esperanza, junto con otros muchos más en otros periódicos y actos, servirían luego a la policía a y ejército para identificar a los carlistas durante la guerra.

El 17 y 18 de junio fueron promulgadas la Ley del Registro civil y la del Matrimonio civil, ambas imponían la obligatoriedad de inscribir

marzo de 1870, p. 3. No se indica fecha exacta de los incidentes.

196 La Regeneración, 5 de noviembre de 1869, p. 1. En el listado publicado el 1 de diciembre aparecerá otro caudetano estudiante en Orihuela. Este periódico se empezó a publicar en Madrid en 1855 y su difusión era nacional y se definía como católico-mo- nárquico.

197 El Pensamiento español, 27 de diciembre de 1869, p. 1 y 26 de febrero de 1870, p.

1. Diario católico, apostólico y romano de tirada nacional.

198 La Esperanza, de 11 de mayo de 1870, p. 1. Idéntico texto fue publicado por El Pensamiento español, 12 de mayo de 1870, p.1. Parece ser que sus autores querían asegurarse su publicación y la mayor difusión posibles.

el estado civil de las personas y sus modificaciones en los libros de un Registro civil, laico y dependiente del Gobierno, a los solos efectos de uniformizar los asientos y anotaciones para facilitar la tarea administra- tiva y estadística del Estado. En estas dos Leyes vieron los sectores más conservadores, entre ellos los carlistas, un ataque a la Iglesia alegando que la obligatoriedad en la inscripción del estado civil suponía negar la validez plena a los sacramentos y registros católicos. Fue éste el motivo por el que durante la guerra carlista las oficinas del Registro civil de pue- blos y ciudades fueron objetivo preferente de los carlistas, que incendia- ban a su paso.

Tal como prevenía la Constitución de 1869 se procedió a nombrar un Rey constitucional para España. En un intento por facilitar una so- lución Isabel II había abdicado el 25 de junio en París a favor de su hijo Alfonso XII. Pese a su buena voluntad este hecho no supuso ningún re- medio debido al odio que Juan Prim tenía a los Borbones y que prohibió de modo expreso la exclusión de todo candidato de la Casa de Borbón tanto en su la rama isabelina como carlista, además de los que se enla- zaban con ella por matrimonio. Los demás candidatos propuestos para ser Rey de España fueron: Fernando de Coburgo y Luis I, ambos de la casa reinante de Portugal; los Duques de Génova y de Aosta, de la casa italiana de Saboya; el príncipe prusiano Leopoldo de Hohenzollern-Sig- maringen y el Duque de Montpensier, de la casa francesa de Orleans y cuñado de Isabel II. Prim reconoció en la Cortes la importancia de los apoyos del partido carlista cuando afirmó que era “un partido fuerte, ca- paz de levantar en tres meses un ejército que diera cuenta en poco tiempo de los voluntarios de la libertad, de modo que si tuviera sólo que luchar con éstos antes de un mes estaría don Carlos en el Trono”, y, contestando a un diputado que pedía un referéndum para resolver quién debía ser de entre los candidatos propuestos el que debía ceñir la Corona española Prim exclamó: “el plebiscito nos traería a Carlos VII”. Finalmente las Cortes, el 16 de noviembre de 1869, eligieron por 191 votos a favor y 22 en contra de los 311 diputados presentes al Duque de Aosta, segundo hijo del rey Víctor Manuel II de Italia y que reinaría con el nombre de Amadeo I de Saboya. El día de Navidad de 1870, el rey Amadeo embarcaba en Spezzia (Italia) en la fragata Numancia, a la cual habían de escoltar los destruc- tores Villa de Madrid y Victoria, y dos naves italianas, el Rey Galantuomo y el Príncipe Humberto. A las dos de la tarde del 30 pisaba tierra españo- la en Cartagena y el 2 de enero de 1871, en un Madrid completamente

nevado, llegaba el Duque de Aosta a la estación de Mediodía. Nada más descender del tren se dirigió a la basílica de Atocha para visitar el cadá- ver de Juan Prim, después al Palacio del Congreso para jurar la Consti- tución y su cargo como Rey. El 17 de marzo llegaba al puerto de Alicante su esposa y Reina de España doña María Victoria del Pozzo y Mérode.

Desde principios de 1870 el emperador de Fran- cia Napoleón III había ma- nifestado su malestar por la candidatura prusiana al Trono de España, tanto que este asunto y las cre- cientes tensiones existen- tes des de tiempo atrás, degeneró en una guerra contra Alemania. Para impedir la posibilidad de un Rey de España alemán aconsejó secretamente el emperador francés a don Carlos: “diga V. a sus ami- gos los carlistas que de día tenemos la obligación de hacer como que vigilamos, es un deber internacional, pero que de noche tienen toda la libertad de acción

por la frontera para entrar, salir, llevar armas y todo cuanto quieran ha- cer”. En el mes de julio estalla la guerra franco-prusiana y el Imperio Francés de Napoleón III caerá al año siguiente. Durante toda la guerra y el tiempo que duró el sitio y posterior Comuna de París los Duques de Madrid residieron en Ginebra (Suiza), aunque don Carlos se despla- zaba constantemente a la frontera española. Es probable que Vicente y Francisco Albalat regresasen por una corta temporada a España pues no consta que residiera permanentemente un gran contingente de carlistas en Suiza o, lo más seguro, se trasladaron a vivir a Pau, ciudad francesa alejada del frente de la guerra y cercana a la frontera española, donde Francisco conoció al matrimonio Henry y Hélène Le Chat, de soltera

Participación de la boda de Henry Le Chat de Tessecourt y Hélène de Caix de Saint Aymour, 1869.

Hélène de Caix de Saint Aymour. No obstante, existen testimonios que indican que en octubre de 1870 los hermanos Albalat estaban residiendo en Niza199.

Consciente Vicente Albalat de que su situación en Francia podía alargarse concedió a su madre, el 31 de agosto de 1869 ante el Vicecónsul de España en París, un poder notarial “para que, en su nombre, adminis- tre y gobierne todos los bienes raíces que le pertenecen en España”. Mes y medio después, el 14 de octubre, Francisco otorga idéntico poder a Teresa Navajas, siendo protocolado “en la ciudad de Tolosa [Toulouse], distrito del Alto Garona, Imperio Francés”, actuaron como testigos Juan de Villanova y Antonio Barboso200.

El 20 de marzo de 1870 en Caudete y Sigüenza “los carlistas promo- vieron un motín” que rápidamente fueron sofocados por el ejército. “Hoy se ha alterado el orden público en Caudete (Albacete) en sentido carlista.

La Guardia civil tuvo necesidad de hacer fuego contra algunos grupos de vecinos armados que recorrían el pueblo dando mueras al gobierno y vi- vas a Carlos VII. El gobernador civil de la provincia ha salido para aquel punto acompañado de alguna fuerza de la guardia civil”. Luego resultó que “es Caudete un pueblo de 2.000 vecinos entre los que solo hay unas cuantas decenas de liberales que, a pesar de tan corto número, son bas- tantes para incomodar a los carlistas que forman la inmensa mayoría de la población, pues para esto cuentan con la protección de las autoridades.

Pesarosos los liberales del establecimiento del círculo carlista, molestaron con su acostumbrada intolerancia a nuestro amigos hasta que en la noche del domingo estos se incomodaron, y como eran los más, se ensoñearon del pueblo, y sin cometer excesos, hicieron retirar a su casa a los liberales y a las autoridades; y la guardia civil, creyendo que los carlistas los iban a maltratar, se encerraron en una casa y pidieron auxilio con toda urgencia

199 La familia Le Chat tenía parientes en Pau y gustaban de pasar largos periodos como simples veraneantes en esta ya famosa ciudad turística. En los Archives de Ville de Nice no hay constancia oficial de la presencia de los hermanos Albalat pero sí de la existencia de soldados carlistas en Niza entre 1871 a 1876 lo que no es raro ya que, aunque alquilaran una casa o se hospedaran en un hotel, nunca llegaron a empadro- narse. También existen referencias a algunos exiliados, después de 1876, pero no se conservan sus nombres ya que la policía no mostró interés por ellos debido a su escasa peligrosidad

200 Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, Tomo 30025, ff. 1085r. a 1087r. y Tomo 34152, f. 180r. Juan Villanova y Antonio Barboso tenían la graduación de capi- tán al comienzo de la guerra carlista.

a Albacete, Alicante y Valencia. Acudieron al primer punto dos compañías de ingenieros y dos de línea, al mando del Gobernador pero en cuanto llegaron y vieron que allí ni había insurrección ni resistencia carlista, ni nada más que uno de esos alborotos locales tan frecuentes en los pueblos, volvieronse a Alba- cete incomodados por la alarma infundada que había esparcido el alcalde”.

Pese al intento del periodista de minimizar la situación, hubo 19 deten- ciones de carlistas armados, conducidos a Albacete201. La Regeneración publicó un listado de la organización carlista en España, el primero que he conocido, y ya aparece que los carlistas caudetanos están organizados en una Junta local y que disponen de una sede física, su Círculo, a su vez pertenecientes s la Junta de Distrito de Almansa y dependientes de la Junta Provincial de Albacete202.

El 18 de abril de 1870 se había celebrado en Vevey (Suiza) otro Consejo carlista durante el que se informó de la dimisión de Ramón Ca- brera y se anunciaba públicamente que el propio Carlos de Borbón se ponía al frente del Partido. A esta Junta de Vevey asistieron 96 personas que representaban a todos los sectores de la sociedad española; entre los asistentes estaban en Marqués de Valdespina203; el presidente de la Junta Carlista de Albacete, José García Gutiérrez; los presidentes de los tres pe-

201 La Correspondencia de España, 21 de marzo de 1870, p. 3; El Pensamiento es- pañol, 22 de marzo de 1870, p. 2; La Correspondencia de España, 22 de marzo de 1870, pp. 2 y 3; La Regeneración, 24 de marzo de 1870, p. 2. Este incidente fue comentado por la prensa de la época, incluso La Nación, 24 de marzo, p. 2, informa que fue “una sangrienta colisión entre carlistas y republicanos, resultando cinco muertos y bastantes heridos” pero no hubo fallecidos pues todos los enterrados en Caudete durante el mes de marzo y abril lo fueron por causas naturales y no por traumatismos.

202 La Regeneración, 30 de diciembre de 1870, p .1. Cuenca es la única provincia de Castilla-La Mancha que no aparece organizada una Junta provincial. Tampoco en Vi- llarrobledo y Albacete disponen de Junta de distrito, solo existen en Almansa, Casas Ibáñez y Hellín. Únicamente en 22 poblaciones existen Juntas locales. Ni Almansa, Albacete o Villarrobledo la tienen.

203 Juan de Nepomuceno de Orbe y Mariaca nació en 1817 y participó en la 1ª guerra carlista. En 1868 fue promovido a General de Brigada del ejército carlista y nombrado Comisionado Regio de los carlistas de Vizcaya y Guipúzcoa, siendo elegido senador en 1871. Fue Mariscal de Campo en 1873 y tuvo a sus órdenes a Vicente y Francisco, en 1875 fue encargado de dirigir a la caballería carlista. Murió el 21 de abril de 1891, conservando la amistad y aprecio de Francisco Albalat. Por desgracia, ni esta familia ni la Biblioteca de Ermua conservan documento alguno.

riódicos carlistas; el general Eustaquio Díaz de Rada204, así como muchos intelectuales y nobles. Al asumir Carlos VII la jefatura política y militar carlista nombró Jefe del Estado Mayor General del Ejército Real al te- niente general Juan Martínez Tenaquero, Jefe de los Ejércitos de Navarra y Vascongadas al también teniente general Joaquín Elio General, que te- nía a sus órdenes a los generales Eustaquio Díaz de Rada, Vicente Díaz de Cevallos, el Marqués de Valdespina y a Santiago Lirio; para Cataluña designó al teniente general Hermenegildo Díaz de Cevallos, quedando bajo su mando los generales Antonio Torres y Rafael Tristany205. Dentro de este ambiente de euforia y optimismo se auguraba que la lucha sería breve y tal fue el ánimo y expectación que levantaron en los carlistas españoles que, con gran rapidez, se cubrió un préstamo de “veinte millo- nes de duros” con el que pagar todos los gastos de la guerra. Estos bonos tenían un interés del 25 % anual y debían ser reintegrados durante los dos primeros años de ocupar Carlos VII el Trono de España. Lamenta- blemente, alrededor del joven Rey se creó una camarilla de adulación que le hizo más fácil creer que podría conseguir la tan ansiada corona.

Poco después de esta Junta, el 27 de junio, nacía en la finca La Fa- raz en Vevey el primer hijo varón de don Carlos y doña Margarita, el In- fante Jaime de Borbón y de Borbón, y segundo de sus hijos tras la Infanta doña Blanca. Dos días después, el 29 y en el salón de la misma finca, era bautizado en presencia de su padre el Rey, grandes de España, nobles, militares y civiles exiliados y otros desplazados para la ocasión, ente ellos

“el brillante oficial Sr. [Vicente] Albalat”. Fue don Jaime inmediatamente

204 Eustaquio Díaz de Rada nació en 1815 y participó en la 1ª guerra carlista, que terminó con el grado de comandante. Tras la amnistía se incorporó al ejército y en 1868 era general de brigada. Poco después huyó a Francia por haberse descubierto que conspiraba a favor de los carlistas. Inició el alzamiento en 1872 y se le acusó de traidor por no haber tenido éxito, acusación que pudo demostrar ser falsa gracias a la ayuda de Vicente Albalat. Olvidado por unos y otros no se sabe cuándo falleció, si en 1877, 1885 ó 1894.

205 Rafael Tristany era veterano de la 1ª y 2ª guerras carlistas. Se incorporó activamente a la 3ª guerra en mayo de 1872 con el cargo de Comandante General del Principado, para ocuparse luego de las provincias de Lleida y Tarragona, al llegar el Infante don Alfonso Carlos de la Comandancia General de Cataluña. En marzo de 1875 fue llama- do por don Carlos para el cargo de Jefe del Cuarto Militar del Rey, teniéndolo entonces Francisco Albalat como superior jerárquico. Vivió su destierro en Lourdes (Francia) hasta su muerte en 1899 y, durante todo este largo exilio, Rafael y Francisco se profe- saron una mutua amistad.

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