II. Francisco María Ramón Severino Albalat Navajas
7. La tercera Guerra carlista en Caudete
Ya antes de la entrada en España de Carlos VII el Gobierno de Madrid intentó por todos sus medios frenar la sublevación. El día 24 de abril se reconoce que hay partidas carlistas en “Castilla la Vieja, Vascongadas, Navarra y Aragón”, el 25 que “el ex-Brigadier rada ha penetrado en Espa- ña a la cabeza de una partida de 100 hombres” y el 27 que “los rebeldes que manda el titulado General Rada se dirigían hacia la Sierra de Andía en número de 1.000”211. Por un lado, en Capitán General de Valencia y Mur- cia, Fernando del Pino Villamil, declaraba el estado de guerra en todo su distrito militar, al que pertenecía Caudete, el 29 de abril y publicaba un bando en el que ordenaba a “todos los delincuentes contra la constitución del Estado, contra la seguridad interior y exterior del mismo y contra el orden público, que depongan inmediatamente su actitud hostil y presten
209 BOP de Albacete, 3 de febrero de 1875, p. 4. Se les aplicó el Decreto de 23 de oc- tubre de 1875.
210 El Pensamiento español, 3 de mayo de 1872, p. 3 y La Discusión, 3 de mayo de 1872, p. 1, escribía que “en Caudete hay gran efervescencia”.
211 Gaceta de Madrid, 24 de abril de 1872, p. 227; 25 de abril de 1872, p. 239 y 27 de abril de 1872, p. 259. La Gaceta de Madrid ha sido utilizada por los sucesivos Gobiernos como instrumento para su propia publicidad. Se omite o resta importancia a noticias relevantes pues en muchas poblaciones era el único periódico y en la forma que se presentaban las noticias podía suponer una ventaja importante. La manipulación de la Gaceta de Madrid es total, como también ocurriría en El Cuartel Real, porque el respectivo gobierno editor no reconoce ningún fracaso, disfraza de simples escaramu- zas las derrotas y se cuida de magnificar los éxitos. La constante es ofrecer una imagen de tranquilidad y casi normalidad.
obediencia a mi Autoridad. (...). Los que no lo ejecutaren serán juzgados en Consejo de guerra”. Pese a estas medidas las autoridades policiales y militares no cesaron en sus labores de información sobre la sublevación carlista para facilitar su mejor represión. Temeroso de no ser obedecido y dada la delicada situación de algunos pueblos, el 1 de mayo el Capitán General militar no duda en advertir a los alcaldes “de los pueblos por cuyo término municipal atraviesan líneas telegráfica y férrea, dispondrán se ejerza sobre ellas la debida vigilancia para evitar sean interrumpidas; en el concepto de que cualquier falta u omisión respecto a este asunto de gran interés será cas- tigada con el mayor rigor que me permita la Ley y las atribuciones especiales de que me hallo investido”. Añade otra orden, también con grave amenaza, para
“los Alcaldes de los pueblos de esa provincia, tan pronto como se levante una partida en las inmediaciones de su jurisdicción o tengan noticia de que algunos vecinos sospechosos de sus respectivos pueblos los han abandonado sin motivo justificado y con vehementes sospechas de haberse dirigido a formar partidas o unirse a las ya formadas, procederán a hacer las oportunas averiguaciones e instrucción de diligencias que me remitirán enseguida (...). Si en los términos de su jurisdicción se dejasen ver los enemigos darán parte de ello enseguida a los Jefes de columna o destacamento más inmediato, expresando el número de aquellos, cabecilla que los manda, armamento que llevan y dirección que hayan tomado (...). Del celo de los Sres. Alcaldes espero que no me obligarán a tomar providencia alguna desagradable sobre la falta de cumplimiento de las prevenciones anteriores”212.
Además, el Ministerio de Gobernación ordenó a todos los Go- bernadores Civiles que primero informaran de la situación y luego sus- pendiesen a todos los cargos públicos que pudieran estar involucrados, relacionados con la rebelión o simplemente mostraran simpatías hacia los carlistas. Así, el 5 de mayo, el Gobernador Civil de Albacete, Tomás Arderíus, publicaba un bando en el que recordaba que “los Alcaldes tie- nen obligación hoy de desplegar mayor celo y más exquisita vigilancia para procurar que no se altere el orden en sus respectivos distritos municipales, velando a la vez por la seguridad de sus administrados. (...) Y espero que ninguno de los Alcaldes de esta provincia me pondrá en el sensible caso de tomar medidas severas por su indiferencia en prestar tan importante servicio”213. A pesar de estos buenos deseos ese mismo día 5 el Gobernador
212 BOP de Albacete, 31 de mayo de 1872, p. 3.
213 BOP de Albacete, 1 de mayo de 1872, p. 4, y 6 de mayo de 1872, p. 1.
no dudó en disolver el Ayuntamiento de Caudete que había sido nombrado el 1 de febrero anterior, por ser considerado peligroso y nombrar a Miguel Izquierdo como alcalde y al farmacéutico Cayetano Pla para teniente de al- calde, ambos liberales y adeptos al rey Amadeo. Entre los cesados, pero sin ser citado expresamente, está el concejal y primer teniente de alcalde José María Albalat Navajas, por lo que se puede presumir que su ideología car- lista no sería conocida aunque sí sospechada. Tras firmarse el Convenio de Amorevieta se dio por superada la situación de peligro y el 10 de julio de ese año era repuesto el anterior Ayuntamiento214.
El levantamiento en la provincia de Albacete no triunfó y, aunque se formaron algunas partidas en Montealegre, Almansa, Bonete, Casas Ibáñez y la capital, apenas si tuvieron importancia, limitándose los más significa- dos a huir a Francia para alistarse. Este escaso apoyo y la extrema vigilancia provocaron que la Junta Carlista renunciara a dominar el territorio, sin embargo, realizarían constantes incursiones para conseguir suministros de alimentos, caballerías y dinero que les permitiese continuar con la gue- rra215.
Tras el fracaso de esa intentona carlista las autoridades ordenaron una especial vigilancia para evitar tanto su repetición como su posible rebro- te, intentando asegurar su total eliminación. Los Gobernadores civiles recordaron que “los Alcaldes tienen obligación hoy de desplegar [el] mayor celo y [la] más exquisita vigilancia para procurar que no se altere el orden en sus respectivos municipios”. Medida reforzada por el bando militar de la Capitanía General de Valencia que imponía el arresto y posterior con- sejo de guerra para aquellos alcaldes que no impidieran la formación de partidas carlistas o no avisaran de su formación216.
La implicación de los hermanos Vicente y Francisco Albalat en la in- tentona carlista era ya totalmente pública y demasiado conocida, aunque no fueron los únicos caudetanos implicados. El juez de primera instancia de Almansa Joaquín Costa Fernández inicia averiguaciones sobre los insti- gadores de la revuelta y dicta, el día 12 de mayo, un auto por el que “se cita, llama y emplaza a Don Joaquín de Mergelina, Marqués de Colomer, vecino de Villena, y a D. Bruno [Vicente] y D. Francisco Albalat Navajas y D. Tadeo Gil
214 AMC, Libro 11 de Actas del Pleno, f. 17vto y 19r.
215 BOP de Albacete, 12 de junio de 1872, p. 1 y 31 de julio de 1872, p. 4. Fue el ca- tedrático Vicente Alcover el encargado de coordinar el levantamiento en la provincia.
216 BOP de Albacete, 6 de mayo de 1872, p. 1 y 5 de junio de 1872, p. 4.
Ortuño, vecinos de Caudete, para que dentro del término de nueve días se pre- senten ante este Juzgado a prestar cierta declaración en la causa criminal que se sigue sobre conspiración carlista; apercibidos que de no hacerlo les parará el perjuicio que haya lugar”. Ninguno de los cuatro se presentó y tampoco fue- ron arrestados por la policía, por lo que se publicaron otros dos edictos más, con idéntico resultado217. Desconozco si fueron juzgados en rebeldía, se sobreseyó el sumario o se cerró por falta de pruebas.
Pese a la grave inestabilidad política, las fiestas de septiembre se ce- lebraron en Caudete con total normalidad, al igual que ocurrió el año anterior218.
Quizás se tratara de un simple robo sin relación con la revuelta car- lista pero el 19 de septiembre las dependencias municipales son asaltadas y desaparece una cantidad de dinero. Fueron acusados como autores Antonio Conejero Sánchez y Manuel Olivares Albertos, aunque no pudieron ser juz- gados por fugarse del pueblo219.
Muchas de las fuerzas carlistas operaban por toda España con total impunidad, limitándose a evitar enfrentamientos directos con las tropas gubernamentales y desarrollando las escaramuzas mediante una táctica de guerrillas. Prueba de los excelentes resultados que esta guerra de guerrillas proporcionaba a los carlistas se dio en Caudete cuando, durante la noche del 28 de enero de 1873, una partida carlista sin identificar robaba 2.000 pesetas a Prudencio Gallur, recaudador de contribuciones220.
A principios de febrero se tienen las primeras noticias de “una partida bastante fuerte que se había levantado con bandera carlista por la parte de Caudete”. Días después se supo que al poco “de haberse pro- clamado la república, se levantó en armas el pueblo de Caudete al grito de
¡Viva Carlos VII! Por iniciativa de la junta [revolucionaria que sustitu- yó al Ayuntamiento] de Almansa salieron inmediatamente fuerzas de la guardia civil y dos compañías de voluntarios del citado pueblo a sofocar el
217 BOP de Albacete, 1 de junio de 1872, p. 4; 3 de junio de 1872, p. 4 y 6 de junio de 1872, p. 4.
218 El Constitucional, 7 de septiembre de 1872, p.3.
219 BOP de Albacete, 28 de octubre de 1872, p. 4.
220 AHPA, Sección Audiencia, Parte Criminal, Legajo 186, Expediente 1º. El 1 de abril de 1882 la Hacienda Pública empezó a investigar este hecho y como Prudencio Gallur había muerto se citó a sus herederos. Las investigaciones acabaron el 23 de agosto de 1898 al asumir el Banco de España la pérdida al no poder identificar a los culpables.
movimiento”. Poco después se conoció que en Pinoso (Alicante) “hace tres días, entró una partida carlista, compuesta de 80 o 90 hombres, que se presentó como bajada del cielo porque nadie tenía conocimiento de ella.
Iba mandad a por D. Ramón García de Campo, hijo del marqués de Mon- tealegre, joven muy fino y simpático. Allí recogió algunas armas y compa- ñeros, aunque en corto número, y de dicho punto salió para Salinas, en donde se le reunieron 10 a 20 correligionarios, de este punto se ha dirigido a la sierra de dicho nombre y aquí se le han incorporado los sublevados de yecla y Caudete, cuyo número se ignora pero que será respetable por cuanto tres secciones de la Guardia civil en infantería y caballería, con dos partidas más de republicanos que se ha reunido en dicha Salinas y que compondrán un total de 350 a 400 hombres, hasta hoy, que sepamos, no se ha atrevido a salir en su busca. (…) también se asegura que de Lietor y pueblos limítrofes ha salido otra partida de sublevados en dirección a las sierras de Fortuna y de Abanilla”. Debieron de ser muchos los carlistas pues
“de las partidas de Yecla, Caudete y Montealegre nada se sabe, sino que fuerzas considerables de la República no se atreven a atacarlas”221.
Quizás una parte de este gran grupo de carlistas fue la que, el día 28 de febrero, entraba en Caudete a las 11 de la mañana procedente de Villena. Estaba formada por Ramón García Montes, alias Roche, y 140 hombres más, y fueron “recibidos por sus habitantes con las muestras más cariñosas de afecto, recogieron del recaudador de contribuciones unos 10.000 reales vellón, y sobre 2.500 en tabacos y otros efectos estancados.
No molestaron a nadie, y por el contrario, trataron a todos con el mayor cariño”. Los venía persiguiendo la columna del capitán de la Guardia Civil Joaquín Arnal, con 48 números, de la 9ª Compañía de Alicante. No obstante y pese a lo publicado, sí permitió Roche que se cometieran “al- gunos atropellos en la casa de un conocido liberal residente en Madrid”222, se refugió en la sierra de Santa Bárbara, con la intención de descansar
221 El Pensamiento español, 13 de febrero de 1873.
222 La Correspondencia de España, de 1 de marzo de 1873, p. 3; El Imparcial, 2 de marzo de 1873, p. 2; El Constitucional, 2 de marzo de 1873, p. 3 Diario de Córdoba, 5 de marzo de 1873, p. 3 y La Esperanza, de 1 de marzo de 1873, pp. 2 y 3. Creo muy probable que la casa asaltada fuera la de Cosme de Teresa y Amorós, en el número 11 de la plaza del Carmen, hoy 10. Fue Cosme Teresa, como le gustaba llamarse y firmar, coronel de artillería, Gentil hombre de la reina Isabel II, diputado por el distrito de Montealegre entre 1857y 1867, además de un rico propietario y empresario en Caude- te, de donde era natural su madre.
antes de llegar a Yecla. Llegó Arnal por tren a Caudete con sus fuerzas, además del alcalde de Villena y 14 civiles, ninguno de Caudete223. “En la estación férrea se supo que la partida carlista, fuerte de 150 a 200 hom- bres, se encontraba en la sierra; y enseguida se emprendió la marcha en su persecución, teniendo que retirarse la fuerza hacia la derecha por hallarse parapetados los carlistas en fuertes posiciones, y haber salido a interceptar el camino. En esta situación le hicieron varias descargas, pero animados todos y deseosos de batir a los partidarios del absolutismo, se desplegaron enguerrilla, tomado la primera posición que ocupaban. Sin perder tiempo, se cargó más precipitadamente y se les desalojó de otras peligrosas posicio- nes, causándoles varios heridos, según los rastros de sangre que después se encontraron, tomándoles últimamente la formidable sierra de Santa Bárbara, y poniéndoles en precipitada fuga. En dicho punto les ocuparon tres armas de fuego, una escopeta, una manta, dos morrales con muni- ciones, cinco pares de alpargatas, los comestibles que tenían preparados para comer, medio carnero y una gran porción de cajetillas de tabaco. Se les ha hecho prisioneros, uno de ellos herido, y de los dispersados cayeron dos más en poder del voluntario José Ballesteros. De nuestra parte, o sea de la del gobierno republicano, han resultado dos guardias civiles heridos, uno de gravedad y el caballo del teniente”224. Tras este combate el grueso de la guardia Civil se retiró a Villena llevándose a los prisioneros sanos y dejando en Caudete a un cabo y 10 números realizando trabajos de vigilancia e información. Los guardias heridos, José Ferrándiz Botella y José Valls Torres, al que tuvo que amputársele una pierna, y el tercer pri- sionero carlista permanecieron en Caudete hasta su completa curación.
El capitán Joaquín Arnal había pedido voluntarios de Caudete que conociesen el terreno para mejor hostigar y perseguir a los carlistas. Nin- guno se presentó, por lo que “el Alcalde de Almansa, con alguna fuerza
223 Melchor FERRER Historia del Tradicionalismo español, Tomo XXVI, p. 178. Du- rante toda la guerra la partida de Roche utilizó como refugio y lugar de avituallamiento la enorme finca de Tobarrillas, situada en término de Yecla pero cercana a Caudete y Almansa y con abundancia de bosques. Esta hacienda pertenecía a las familias Ortega y Portillo, de pública ideología carlista.
224 El Municipio, 5 de marzo de 1873, pp. 2 y 3. El artículo termina con la ironía de hacer constar que, pese a ser día de abstinencia, “los carlistas, sin duda, todos están provistos de bula, en cuanto a que al viernes se les ocupó la fritada que tenían pre- parada para comer”. La Gaceta de Madrid, 2 de marzo de 1873, p. 711, añade que la Guardia civil también tuvo un caballo herido.
de voluntarios y en combinación con una columna de la guardia civil, ha salido en persecución de la partida carlista mandada por Roche”. Además
“los especiales elementos que forman una parte importante de la población de Caudete han impedido al gobernador de la provincia a disponer la or- ganización de un somaten de 70 hombres (…), para vigilar e impedir cui- dadosamente cualquier intentona carlista”225. Tampoco pudo organizar una milicia en El Bonillo. En cambio, los periódicos carlistas escribían que “la mañana del 28 [de febrero] entró una partida de Voluntarios de la Santa Causa en al respetable población de Caudete, y recibidos por sus ha- bitantes con las muestras más cariñosas de afecto, recogieron del recauda- dor de contribuciones 10.000 reales vellón y sobre 2.500 en tabacos y otros efectos estancados. No molestaron a nadie y, por el contrario, trataron a todos con el mayor cariño. (…) Sobre las tres de la tarde principió el fuego por ambas partes, que duró cerca de una hora. A pesar de la desventaja del armamento, no tuvieron que lamentar los carlistas más que un herido en la mano y otro se hizo un ligero rasguño. La Guardia civil, no obstante los partes de la Gaceta, tuvo cuatro muertos y otros tantos heridos. El caballo del jefe ce los civiles también cayó herido.
A los primeros tiros verdad es que algunos Voluntarios flaquearon, pero el resto de la partida, que contaba con unos 100 hombres, se batieron como leones y soldados aguerridos. Últimamente tuvieron que dejar el punto y encaminarse hacia la dirección poniente. (…) Todos los jóvenes que forman esta respetable y fuerte partida, son robustos y van animadísimos”226.
Durante el mes de febrero de 1873 también “entró en el Pinoso una partida carlista compuesta por más de 80 hombres, mandada por D. Ra- món García del Campo, distinguido joven hijo del marqués de Monteale- gre, se le unieron en salinas algunos más, y se incorporó en la sierra [del Carche] a los sublevados de Yecla y Caudete”227.
El Gobierno republicano pasó a considerar formalmente a todos los actos de la rebelión carlista ejercidos por civiles como delitos comu- nes sometidos a la justicia civil, pero como no reconocía al ejército car- lista ni a sus graduaciones todos los prisioneros eran considerados civiles por la simple razón de que pertenecían al ejército regular republicano.
225 Diario de Córdoba, 6 de marzo de 1873, p. 1.
226 La Esperanza, 6 de marzo de 1873, pp. 2 y 3, y La Convicción, 9 de marzo de 1873, p. 3.
227 Antonio PIRALA Historia contemporánea. Anales desde 1843 hasta la conclusión de la última guerra civil, Tomo IV, p. 233.
Aunque en la práctica no siempre se cumplía este mandato y se aplicaba la disciplina militar. Una de las primeras leyes de la Repúbli- ca fue conceder, el día 14 de febrero, una amnistía “a cuantas personas hayan sido procesadas por haber tomado parte en las insurrecciones re- publicanas”228. Lógicamente este indulto no alcanza a los carlistas. Así, el juzgado de primera instancia de Almansa inició averiguaciones sobre la partida carlista alzada en su distrito y responsable de la ocupación de Caudete, ordenando, el 18 de marzo de 1873, que “se citan, llaman y emplazan a los sujetos que al final se expresarán, para que en el término de veinte días comparezcan en este juzgado, o se presenten en las cárceles del partido, por virtud de auto de prisión dictado contra los mismos en el día de ayer y causa que estoy instruyendo contra los mismos y sobre otros por rebelión carlista, exacción de contribuciones, efectos estancados y otros abusos; apercibidos que de no hacerlo les parará el perjuicio que haya lugar.
Al propio tiempo encargo a todas las Autoridades y dependientes de la policía judicial procedan a la busca, captura y remisión en su caso a este Juzgado de los Indicados sujetos. (...)
Nombre de los sujetos y sus vecindades.
Ramón García Montes (a) Roche, jefe de la partida carlista, vecino de Monte-alegre. Juan, cuyo apellido se ignora, su segundo, vecino de Ye- cla. Francisco Martínez Román. Juan Pérez, hijo de José (a) Lobo. Un hijo de Pedro Díaz (a) Alpicón. Un hijo de Ambrosio Sarriá. Gaspar Torres.
Miguel Oliver (a) Mona. José Gramage Iñiguez. Tadeo García Martí (a) Cordelero. Manuel Benito Albertos (a) Penito. Francisco Huesca Sánchez (a) La Berruga [sic] y Alberto Clemente Solera, todos vecinos de Caudete.
(...) Y por último, los demás desconocidos que formaban la partida el día veintiocho de febrero que dicen ser vecinos de Bonete, Jumilla, Yecla, Sali- nas y el Pinoso”229.
En esta ocasión Roche pudo escapar y marchó a la provincia de Alicante para organizar una nueva expedición por esta provincia y otras limítrofes. Era esta la única columna carlista que operaba por la zona, lo que propició que fuera nuevamente localizada, perseguida y cercada. El 9 de abril, después de 26 horas de marcha continuada, fue alcanzada y dispersada otra vez en el paraje caudetano conocido como Olla hermosa
228 Gaceta de Madrid, 15 de febrero de 1873, p. 531.
229 BOP de Albacete, 21 de marzo de 1873, p. 4. También se citan a diez vecinos de Motealegre.