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Ingreso en la Guardia Civil y Revolución de 1868

In document FRANCISCO ALBALAT NAVAJAS, (página 108-126)

II. Francisco María Ramón Severino Albalat Navajas

5. Ingreso en la Guardia Civil y Revolución de 1868

Desde 1866 España padecía una profunda crisis económica. La grave crisis financiera internacional provocó el hundimiento de la bolsa de Madrid y el parón del tendido de nuevas vías férreas provocaron la quie- bra de muchos bancos y empresas al restringirse el crédito. Y las pocas industrias que sobrevivían estaban cerrando por una bajada en el con-

169 Gaceta de Madrid, 5 de noviembre de 1867, p. 3.

170 Vicente se incorporó el 11 de marzo de 1868. Como curiosidad decir que las cali- ficaciones de su examen son mejores que las obtenidas por su hermano Francisco y también era más alto, 1’73 metros.

sumo. Las malas cosechas de 1867 y 1868 produjeron una carestía de alimentos, alza de precios, paro y la aparición del hambre, afectando a las clases más humildes, jornaleros, pequeños agricultores y comerciantes, de las regiones agrarias: toda Andalucía y Extremadura y gran parte de la actual Castilla-La Mancha. La subida de los precios en los productos básicos y la falta de jornales provocaron un descontento general y la apa- rición de pequeñas revueltas.

Por su parte, la Diputación Provincial de Albacete decidió solici- tar, en febrero de 1868, tres compañías de la recién creada Guardia Rural.

La razón oficial fue asegurar la vigilancia de las propiedades rústicas y pre- venir posibles desórdenes mediante el aumento en las fuerzas de vigilancia y de orden público, además y si se diera el caso, se disponía de un nuevo mecanismo represivo totalmente fiel ya que era la propia Diputación quien pagaba todos los gastos de este nuevo Cuerpo.

El partido moderado en el poder no daba muestras de encontrar so- luciones y sí, en cambio, de una gran corrupción y empeño por mantenerse en el gobierno sin importarle recurrir a la fuerza o al fraude. Ante la impo- sibilidad de los partidos de la oposición de alcanzar el poder por vías legales determinaron, Progresistas, Unión Liberal y Demócrata, por preparar un movimiento revolucionario que destronara a Isabel II.

El hambre y la falta de trabajo motivaron al Gobernador Civil de Albacete, Francisco Navarro, a solicitar informes a los Ayuntamientos sobre la situación social de su término, con especial insistencia en co- nocer el número de familias sin los recursos necesarios mínimos para sobrevivir. Era su intención promover obras públicas que proporcio- nasen trabajo a los parados y repartir alimentos gratuitos a aquellos más necesitados. El problema de estas medidas resultó su financiación pues el Gobierno ni aprobó el préstamo que debía sufragarlas ni los recargos previstos sobre la contribución. La situación llegó a ser tan desesperada que el Gobernador autorizó a los vecinos necesitados que pudieran recoger collejas, espárragos, setas y otras hierbas en propiedades privadas y montes comunales. Pese a lo crítico de la situación no se registraron protestas en la provincia y solo algún incidente muy aislado171.

La situación en Caudete era pésima, casi crítica. Su alcalde Damián Graciá, el 10 de septiembre, informaba al Gobernador de los problemas a

171 Manuel REQUENA GALLEGO y Rosa SEPÚLVEDA LOSA Elecciones a Cortes en Albacete durante el sexenio democrático en Al-Basit, Revista de Estudios Albace- tenses, nº 44, Albacete, Instituto de Estudios Albacetenses, 2000.

la vez que intentaba introducir algún dato positivo, que no pasaba de ser una vana esperanza. Existían alrededor de 700 jornaleros, de los que 300 “no cuentan con más medio de subsistencia que su jornal (…) y los restantes todos tienen alguna pequeña propiedad. De estos trescientos, la mayor parte se dedi- ca a las labores del campo, pues solo de veinte o treinta se ocupa en trabajos de taller y fábricas”. Más tajante es al afirmar que “en esta Villa no hay pendiente obra alguna municipal, ni tampoco puede emprender ninguna por ahora por- que este Municipio carece de recursos para ello” ya que “en el presupuesto municipal ordinario vigente solamente hay aprobado cien escudos para gastos imprevistos, pero pudiera aumentarse (…) a ochocientos o más”.

“Casi ninguno de los obreros existentes en este Pueblo puede ganar lo necesa- rio para su sustento y el de sus familias: la mayor parte de ellos están parados por falta de jornal (…) pero es de esperar que dentro de pocos días empiecen las faenas agrícolas en las que podrán estar hasta los primeros días de noviem- bre próximo”. El Ayuntamiento se comprometía a emprender la reparación de algunos caminos vecinales para emplear a los parados, advirtiendo de lo escaso de sus recursos, a la vez que solicitaba se iniciara la construcción de una carretera que uniera Caudete con Yecla con único medio de paliar el paro durante una temporada.

Pese a las buenas intenciones de la Corporación, el concejal Alber- to Gil exponía lo difícil de la situación social a finales de 1867, cuando pide una reducción de los gastos más prescindibles en la administración municipal, “manifestó que atendida la subida del presupuesto municipal y la situación precaria de la población por su mala cosecha y bajo precio de sus producciones, tanto que todo el vecindario se encuentra en los mayores apuros para pagar las cuotas de sus contribuciones”. A pesar de esta situación general de crisis y paro, en muchas familias la miseria era total y su subsis- tencia dependía de la beneficencia, apenas si se registraron protestas socia- les en la provincia de Albacete ni, creo, en Caudete172.

172 AMC, Libro de Actas del Pleno, Caja 7-8, s.f. En el Archivo Municipal faltan las actas de los Plenos correspondientes a los años 1868, 1869 y 1870. Tan solo he podido conocer que “en la noche del 25 de junio último [1868], el teniente Don Francisco Toro, que se hallaba de tránsito en la villa de Caudete, como Jefe de una partida de quintos que iban a incorporarse a su regimiento con objeto de continuar la marcha, reclamó un bagaje que le fue proporcionado por el alguacil Miguel Nazario; que suscitada cuestión entre éste y el Teniente respecto a las condiciones del bagaje, dicho Oficial dio unos golpes al alguacil con el bastón. Resultando que retirado el alguacil, el Teniente Toro se dirigió en compañía de su patrón a casa del Alcalde para darle cuenta de la ocurrencia y, saliéndole al encuentro, aquél le disparó un arma de fuego, infiriéndole la herida de cuyas resultas fa-

Bien porque ambos hermanos Albalat se pusieran de acuerdo o bien porque la excesiva lejanía y dificultad de transporte de su último destino desagradó a Francisco, lo cierto fue que solicitó también su in- greso en la Guardia Rural173, una fuerza armada recién creada que de-

lleció”. Jurisprudencia Civil. Colección completa de las sentencias dictadas por el Tribu- nal Supremo de Justicia. Segundo semestre de 1868”, Tomo XVIII, Madrid, Imprenta de la Revista de Legislación, 1868, pp. 317 a 319. Este delito suscitó un conflicto de jurisdicción entre el Juzgado de Primera Instancia de Almansa y el Juzgado de Guerra de la Capitanía General de Valencia y Murcia, que se resolvió a favor del Juzgado de Almansa. Bagaje era el medio de transporte que debían suministrar los Ayuntamiento cuando eran requeridos por el Ejército. Como el ejército pagaba este servicio con mucho retraso, era frecuente que las condiciones del carro o del animal no fueran las correctas.

173 En esta época la Guardia Civil contaba con 12.000 miembros y con esa plantilla era capaz de prestar sus servicios de seguridad de las personas y propiedades pero para la vigilancia del campo eran insuficientes. Esta necesidad propició que el general Narváez creara, el 31 de enero de 1868, la Guardia Rural que tendría encomendado la especial y exclusiva vigilancia de campos, bosques, caminos y propiedades rurales.

Esta fuerza será organizada militarmente y dependerá del Director general de la Francisco Albalat con el uniforme de Guardia civil, solo y con su hermano Vicente, 1868. Cortesía de José Ignacio Fuster.

pendía de la Guardia Civil174. Este traspaso le fue aprobado el 1 de mar- zo de 1868, debiendo presentarse en el 4º Tercio de la Guardia Rural, con residencia en Alcalá de Guadaira (Sevilla)175. A título de curiosidad reproduzco las Notas de Concepto de los Jefes del Cuerpo que mereció Francisco al ingresar en la Guardia Civil: “estatura 1’677 centímetros; es- tado soltero y salud buena; valor acreditado; capacidad y puntualidad en el servicio: mucha; conducta y aplicación, buena”. En el capítulo gene- ral de Instrucción, que comprendía táctica, ordenanza, procedimientos militares y contabilidad, merece la calificación de buena. Consta en su expediente que no posee ningún título académico, por lo que Francisco no obtuvo el título de bachiller; y que dominaba correctamente el idioma francés, tanto hablado como escrito y su traducción. Poseía unas dotes militares de tipo medio, de las que daba buena prueba con el mando de sus subordinados, de los que exigía una entrega total y a los que jamás disculpó una falta o indisciplina durante el servicio.

El general Ramón María Narváez había muerto el 23 de abril de 1868 y con él desaparecía el último y más importante apoyo de la Co-

Guardia Civil”. A cada provincia se la dotó de la fuerza necesaria a base de compañías de 80 a 120 hombres, con un capitán, un alférez, un sargento primero, un sargento se- gundo y un cabo primero y un cabo segundo por cada 20 hombres. Las clases de tropa eran voluntarias con la condición de prestar servicio donde fuesen naturales y se ha- llaban sujetos a ordenanza y fuero militar. Las plazas de oficiales se cubrieron con los de la Guardia Civil en situación de reemplazo y supernumerarios y también “por una sola vez, por los del arma de infantería que tengan solicitado o desde luego soliciten su ingreso en la Guardia Civil, para el cual deberá observarse el orden de antigüedad entre los aspirantes, siempre que se hallen clasificados de aptos para el ascenso”.

Pasó a depender del Ministerio de la Guerra en la administración y del Ministerio de la Gobernación y de Fomento en su servicio especial.

174 El origen de la Guardia Civil estuvo en la creación de un cuerpo especial con el fin de perseguir a los muchos prófugos y bandidos que había en España tras acabar la 1ª Guerra Carlista. Al terminar esta Guerra se publicó, el 28 de marzo de 1844, un Real Decreto que creaba el Cuerpo de la Guardia Civil. Este instituto se organizó en Tercios, debiendo de tener tantos como distritos militares. Dependía del Ministerio de la Guerra en lo concerniente a su organización y administración, y del Ministerio de la Gobernación en lo relativo a su servicio.

175 Alcalá de Guadaira era una importante población, de unos 6.500 habitantes, y cabeza de su partido judicial. Su mayor riqueza se basaba en la agricultura aunque los propietarios casi exclusivamente eran aristócratas residentes en la cercana Sevilla. En los archivos del actual Ministerio del Interior, Dirección General de la Guardia civil, Comandancia provincial de Sevilla y de Alicante no se conservan datos de Francisco Albalat.

rona, dado que su prestigio era inmenso a pesar de no ostentar poder alguno desde 1865. Estaba en la jefatura del Gobierno Luis González Bravo, apodado “el aprendiz de dictador”, pero al tratarse de un civil y por carecer del carisma e influjo del general Narváez no pudo dominar la situación y se reiniciaron los pronunciamientos militares. Además, para intentar recortar el déficit público González Bravo redujo el presupuesto de la Armada, lo que provocó que también los almirantes también em- pezaran a conspirar contra el Gobierno haciendo causa común con el resto del ejército.

Poco podía, y pretendió, hacer la Reina ante el espíritu revolucio- nario que impregnaba una parte importante del ejército y de la socie- dad. En un intento de apaciguar ánimos y ganar adhesiones el Gobierno liberal decretó un ascenso general en el ejército peninsular y cuerpos asimilados. Así, en virtud del Real Decreto de 11 de marzo Francisco promociona a subteniente; este ascenso, cuyo motivo es completamen- te político y ajeno a las circunstancias del destino, se produjo a los 80 días del último. Pese a esta medida, el ánimo revolucionario entre los militares no hace sino crecer, especialmente en los ejércitos coloniales pues fueron injustamente apartados de esta medida de gracia. En este ambiente inestable Francisco Albalat solicita su traslado a la 2ª Compa- ñía del 15º Tercio de la Guardia Rural de Alicante que tenía asignadas la vigilancia y custodia de las provincias de Alicante, Albacete y Murcia176, sin duda para poder estar más cerca de su hermano Vicente, del resto de su familia y de su pueblo. Este cambio de puesto le es aprobado el 31 de agosto y el 1 de septiembre se incorpora a su nuevo destino en la ciudad de Cocentaina. Antes de incorporarse a su destino Albalat disfrutó de unos días de rebaje en su servicio que le permitieron asistir al matrimo-

176 El 15º Tercio de la Guardia Civil estaba mandado por un coronel con residencia en Murcia. La Comandancia de Alicante estaba dividida en tres compañías y su jefe provincial era un teniente coronel con residencia en la capital provincial. La segunda compañía, cuyo capitán residía en Alcoy, está formada por las líneas de Alcoy, Mo- nóvar, Villena y Cocentaina. A su vez, la línea de Alcoy tenía los puestos de Alcoy, Ibi y Jijona; la de Monóvar los de esta ciudad además de Pinoso, Salinas y Sax; la de Villena los de Villena, Benejama, Bañeres y Castalla; y la línea de Concentaina con los de Concentaina, Planes y Penáguila. En total las fuerzas de la Guardia Civil en Ali- cante estaban formadas por 3 subalternos de infantería y 1 de caballería, 5 sargentos, 8 cabos, y 68 guardias de infantería, y 1 sargento, 1 cabo y 11 guardias de caballería.

F. CARRERAS Y CANDI Geografía General del Reino de Valencia. Provincia de Alicante, Barcelona, 1870, De Alberto Martín, p. 308.

nio de su hermana Inés con Ignacio Conejero Amorós177, además se dejó crecer el bigote tal como mandaban las Ordenanzas178.

Era entonces Cocentaina una ciudad que había experimentado un gran y rápido desarrollo urbanístico a la par que un aumento de pobla- ción, la mayoría emigrantes, debido a su creciente progreso industrial.

Entre el gran número de obreros fabriles existían algunas asociaciones de ideología socialista y anarquista que habían protagonizado varias huelgas e incidentes, razón por la que el Ministro del Interior decidió aumentar el cuartel de la Guardia Civil para ejercer una mayor vigilancia y control. La llegada de Francisco a esta ciudad no sería notada sino por las autoridades y sus compañeros. Se hospedó en la casa cuartel y dada su graduación pronto fue integrándose en aquella sociedad, además, su preparación militar le prestaba seguridad en el mando del pequeño des- tacamento. Cada mañana iba a caballo al campo de instrucción y a efec- tuar sus labores de vigilancia, por la tarde marchaba a algún café donde leía todo texto que tenía a mano pues reprobaba el juego con dinero y las bebidas de fuerte graduación alcohólica.

Mientras, los conspiradores liberales encabezados por Juan Prim ultimaban los detalles del alzamiento militar. Manuel Ruiz Zorrilla y Práxedes Mateo Sagasta se trasladaron a Londres para unirse al general Prim, embarcando los tres en el barco de vapor Delta con dirección a Gi- braltar y luego a Cádiz, donde la Escuadra española bajo las órdenes del almirante Topete, allí acantonada, se sublevó contra el Gobierno al grito de “¡Viva la soberanía popular!”. El 19 de septiembre se publica el mani- fiesto “La España con honra” donde los revolucionarios ofrecían sufragio universal, libertad de imprenta, de enseñanza y de cultos, abolición de la pena de muerte y de las quintas. Rápidamente la rebelión fue seguida por otras tropas acantonadas en Málaga, Almería, Cartagena, Sevilla, Alcoy, Béjar y varias ciudades más, con una importante participación ciudada-

177 APSC, Libro 8 de Matrimonios, f. 64r. Ignacio nació el 25 de mayo de 1842, Libro 15 de Bautismos, f. 247r., y ambos se mudaron al número 8 de la calle del Horno.

178 La Circular exponía que “se cuidará escrupulosamente que tanto los señores Jefes y Oficiales como las clases de tropa que tienen a su cargo usen el bigote en todo el largo del labio, sin permitir ninguna clase de perilla o barbas y que el pelo se lleve siempre cortado a cepillo”. También estaba prohibido “salir de su casa cuartel sin haberse afeitado por lo menos tres veces por semana, o teniendo la barba con la más esmerada policía, el pelo corto, lavada cara y las manos con las uñas bien cortadas y limpias, el vestuario bien aseado y con el calzado lustroso”.

na, elemento que sería determinante para que la revolución triunfara. En un intento por atajar la creciente revolución González Bravo fue sustitui- do como jefe del Gobierno por José de la Concha, marqués de la Habana, que envió tropas para reducir los distintos focos revolucionarios.

La ciudad de Alcoy (Alicante) secundó la revolución dos días des- pués del levantamiento. Al toque de ánimas del día 20 de septiembre de 1868 Agustín Albars Blanes se lanzó a las calles alcoyanas, seguido de sus amigos, para proclamar la Revolución. Los sublevados nombraron un Ayuntamiento y la Junta Revolucionaria que lo iba a presidir le eligió alcalde. El Gobernador Militar de Alicante, brigadier Francisco Aparicio Pardo, se dispuso a aplastar con la rapidez que se le exigía desde Madrid la revolución alcoyana de igual manera que ya había hecho con la ali- cantina. A las 10 de la mañana del día 23 tuvo lugar un primer enfren- tamiento entre la Guardia Rural mandada por el teniente Oliver y los revolucionarios de Alcoy, que fueron dispersados causándoles un muer- to y algunos heridos. Mientras, en Alicante, se concentraban refuerzos compuestos por unidades de la Guardia Civil y Rural. Se esperaban tam- bién a otras unidades más que estaban reduciendo a los poquísimos re- volucionarios de Sax y Elda y que partirían hacia Alcoy desde la estación de Monóvar. Por la tarde del mismo día 23 salió por tren desde Villena una columna de 450 números de la Guardia Civil y Rural con piezas de artillería mandadas por el general Rentero que coincidieron en las afue- ras de Alcoy con otros 100 números y 20 caballos provenientes de Alba- cete. En la columna mandada por Rentero iban los hermanos Vicente y Francisco Albalat. El 24 las dos columnas de la Guardia Civil ocuparon las ciudades de Ibi y Xixona como paso previo a marchar sobre Alcoy. Al tener noticias los revolucionarios de la aproximación del general Rente- ro escaparon por el camino opuesto dejando cerradas las puertas de la ciudad y multitud de barricadas en las calles. Tras observar el General la resistencia de la población dio orden de abrir fuego de artillería, aunque a los pocos disparos se presentó una comisión, encabezada por el cura párroco de Santa María, que logró la suspensión del cañoneo garantizan- do con sus personas la fuga de los principales cabecillas revolucionarios de la ciudad. El día 25 se concede un plazo de 24 horas para la rendición de los revolucionarios y la entrega de todas las armas y municiones, bajo amenaza de un ataque inmediato. La población no se rindió en su totali- dad por lo que el general Rentero procedió, de acuerdo con sus órdenes, a bombardear la ciudad para luego atacarla. El domingo día 27 de sep-

tiembre las tropas de la Guardia Civil, mandadas por Pedro de los Faxes, entran en Alcoy. Para Francisco Albalat sería su bautismo de fuego179.

Al mismo tiempo que se reducía a los sublevados de Alcoy, el pre- sidente José de la Concha envió tropas al mando del Marqués de Novali- ches para combatir a los sublevados de Cádiz aunque el día 28 las tropas revolucionarias del general Serrano forzaron al Marqués de Novaliches a rendirse en Alcolea (Córdoba). Al día siguiente y en un último esfuerzo para atraerse el favor del ejército y demás fuerzas del orden promulgó la Reina Isabel II otro Real Decreto180 por el que se ascendía nuevamente un grado a todos los mandos del ejército y asimilados. Gracias a este De- creto Vicente será nombrado capitán y Francisco teniente, con 24 años.

La manera más rápida para ascender en el escalafón militar era servir en los ejércitos de las colonias donde se producían frecuentes insurrec- ciones independentistas y obtener así los galones por méritos de guerra pero Francisco en nueve meses había ascendido dos grados en el escala- fón por circunstancias políticas totalmente ajenas a su servicio, bien es cierto que esta ventajosa suerte fue común a todos los militares.

Los sectores sociales albacetenses no se pronunciaron ante esta in- surrección. Tan solo el día 29 de septiembre los vecinos de la ciudad de Albacete, seguros de la victoria militar, se lanzaron a la calle “dando vivas y mueras y arrastrando por el lodo retratos de Isabel II”181. Al día siguiente, el 30 de septiembre de 1868, el Boletín Oficial de la Provincia publicaba un manifiesto de adhesión incondicional a la Revolución y la creación

179 Adrián ESPÍ VALDÉS “Alcoy y la septembrina, 1869”, Imp. La Victoria, 1968, pp.

37 a 45. El Gobierno ordenó a la Guardia Civil la neutralización de los subversivos alcoyanos sin reparar en los medios, no obstante la breve pero feroz represión fue ejer- cida sobre las clases más humildes ante la huida de los principales cabecillas y creó tal resentimiento que durante el movimiento cantonal, el 9 de julio de 1873, una revuelta de trabajadores asesinaba a 10 personas, entre ellas al alcalde Agustín Albors y al jefe de la Guardia Civil, cuyas cabezas fueron paseadas por toda la población en picas, además del saqueo e incendio de varias fábricas y edificios.

180 Este Real Decreto ordenando el ascenso general no fue publicado en la Gaceta de Madrid pero sí se aplicó. Con seguridad la reina Isabel II lo dejó firmado pero no esta- ba prevista su publicación hasta algunos días después, cuando resultó que ya se había exiliado y el nuevo Gobierno revolucionario no lo publicó por estar depuesta pero tam- poco podía oponerse e ignorarlo porque se hubiera puesto en contra a todo el Ejército.

181 Manuel REQUENA GALLEGO y Rosa SEPÚLVEDA LOSA Elecciones a Cortes en Albacete durante el sexenio democrático publicado en AL-BASIT, Revista de Estu- dios Albacetenses, nº 44.

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