• No se han encontrado resultados

Juventud

In document FRANCISCO ALBALAT NAVAJAS, (página 86-95)

II. Francisco María Ramón Severino Albalat Navajas

3. Juventud

cación religiosa es poco sólida y decide abandonar el Seminario a princi- pios de 1857. Su intención es ingresar en el ejército y como ya posee una amplia cultura y puede demostrar su educación, su aceptación es rápida.

A tal fin el 28 de junio su padre, en calidad de Secretario de la Corpora- ción, “hizo presente que asuntos importantes de su casa como es tener que acompañar a su hijo a Barcelona para que ingrese en el Regimiento Infantería del Rey [número 4] por haber obtenido la competente admisión, está en el caso de pedir al Ayuntamiento la oportuna licencia de quince días”. Se concedió dicha licencia sin ningún problema, en esa misma sesión quedó autorizado nuevamente como secretario interino Rafael Molina, entonces oficial administrativo. En esta ciudad prosiguió sus es- tudios a la vez que desempeñaba la función de preceptor de quintos.

Bien porque fuesen rivales políticos o quizás mercantiles ocu- rrió que durante el Pleno del Ayuntamiento de 9 de julio el alcalde Juan Golf Sánchez explicó al resto de concejales que Francisco Al- balat Pérez “se marchó el día veinte y nueve del finado junio, época en que finaliza el segundo trimestre para la formación de la liquidación de los suministros hechos por este Pueblo al ejército y guardia civil, la cual debe de presentarse a la Administración de Hacienda Pública de esta Provincia dentro de los términos prefijados (…) y como quiera que al marcharse el Secretario, referido Sr. Albalat, no estaba hecha dicha liquidación ni en la actualidad tampoco lo está y pudiera seguir a la Corporación un grave perjuicio en la dilación de este servicio, el cual no puede llevarse a cabo hasta su regreso porque obran en su poder documentos que han de justificar aquélla. Estaba en el caso de hacerlo presente a la Corporación pidiendo a los Señores Concejales que se le exija la responsabilidad a que haya acuerdo, caso de que el Ayunta- miento sufra un perjuicio por este retraso y además se le destituya del destino del Secretario (…) quedó pues acordado por una mayoría de siete votos contra dos que sea separado Don Francisco Albalat [Pérez]

de su destino y que en su día se decline en dicho Sr. la responsabilidad que pueda afectar a la Corporación”. En defensa de Francisco el conce- jal Ambrosio Sánchez expresó “que no le parece causa suficiente para su separación, máxime habiendo pesado sobre sí las operaciones del censo de la población, quintas, repartos de consumos y [contribución] territo- rial, añadiendo que se ha ido con el correspondiente permiso”. El también concejal Pedro Díaz añadió que dejó “una persona que desempeñe los negocios de la Secretaría y mediante a que nunca ha notado falta alguna

que le haga acreedor a que se le destituya”. Dado lo firme del acuerdo se informó al Gobernador.

En cualquier caso esta sanción es totalmente desproporcionada a la falta cometida pues la Hacienda Pública se habría limitado a reclamar dicha liquidación sin imponer recargo; además, antes y después de ser secretario Francisco Albalat, la administración municipal no se caracte- rizaba precisamente por el cumplimiento de los plazos, ni en impuestos, quintas u otros negociados. Debe destacarse lo incorrecto y las prisas del Alcalde en castigar a Francisco estando ausente y, por lo tanto, sin dar ocasión para oír su defensa.

No aceptó el Secretario cesado este castigo y recurrió, a su regre- so de Barcelona, a la autoridad administrativa superior. Viendo el Go- bernador Civil lo injusto y desproporcionado de la sanción ordenó al alcalde Juan Golf la dejase sin efecto. Grandes serían los motivos del Alcalde para enfrentarse tan duramente a su secretario y desobedecer al Gobernador cuando, en la sesión del 3 de noviembre, manifiesta “haber recibido orden del Sr. Gobernador de la Provincia para que reponga al D. Francisco Albalat Pérez en el cargo de Secretario de esta Corporación”.

Luego de levantar la sesión y firmar todos el acta se produce este insólito incidente: “acto seguido habiendo preguntado el Sr. Presidente [Alcalde]

a los individuos del Ayuntamiento si estaban conformes en que continuase Francisco Albalat en el ejercicio de sus funciones contestaron que no, a ex- cepción de Ambrosio Sánchez y Miguel Bañón. Quedó pues consignado por la mayoría quede en suspenso el mencionado Francisco Albalat por las ra- zones que le constan y que se expondrán al Sr. Gobernador (…). Francisco Albalat protestó en el acto manifestando que este acuerdo ha sido a puerta cerrada sin intervención del que dice [el propio Francisco] por haber sido mandado salir fuera y también el don Miguel Bañón. Lo cual hace presente para que no le pase perjuicio y pueda usar de su derecho donde y como corresponda; y con esta protesta firmó el acta con los demás”. Bien fuera por presiones políticas, por despreocupación o por incapacidad, que el Gobernador aceptó, el día 26 de noviembre, las razones del Alcalde. En la sesión del Pleno del siguiente día 30, Juan Golf comunica el cese de- finitivo a Francisco Albalat Pérez a la vez que se iniciaban los trámites para proveer la plaza145.

Tras pasar algo más de un año en Barcelona, Vicente Albalat Navajas

145 AMC, Libro de Actas del Pleno, Caja 6.

fue ascendido al empleo de subteniente y trasladado al ejército de Filipinas aunque antes debió permanecer un tiempo en Valencia haciendo prácti- cas146. Sin duda visitaría con frecuencia la casa de su tío José María y a su hermano Francisco.

Una vez completada su formación básica comenzó Francisco Albalat Navajas, a finales de 1858, a preparar los documentos necesarios para solicitar su ingreso en el Colegio de Infantería de Toledo cuyo plazo expiraba en febrero del próximo año. Los aspirantes debían tener más de catorce años y menos de diecisiete para optar a una plaza de cadete y debían solicitar su ingreso mediante una instancia redactada de su puño y letra, a la que tenían que adjuntar su fe de bautismo, la partida eclesiástica del matrimonio de sus padres y una informa- ción judicial que acreditase la limpieza de su sangre. Reproduzco este último do- cumento: “Don Francisco Albalat y Pérez, hacendado de esta Villa, ante el Señor Alcalde Constitucional de esta Villa como más haya lugar en derecho y con reserva de otro que me competa dice: Que con el objeto de que su hijo Francisco María Ramón Severino de catorce años cumplidos de edad entre en la carrera militar a que quiere dedicarse, le es conveniente para cumplir con lo que está prevenido (…) y se le reciba información:

1. Que es hijo legítimo de mi matrimonio celebrado con Doña Teresa Navajas, hija del Comandante de Artillería D. José Navajas y de Doña Margarita Golf.

2. Que nuestro hijo, por consecuencia de la buena educación que ha recibido, ha observado la mejor conducta moral y política.

3. Que tanto nosotros como nuestros ascendientes, hemos estados, tenidos y reputados por cristianos viejos, sin mezcla de mala raza, sin haber ejercido oficio vil ni mecánico que nos degraden de la buena posición social en la que estamos.

4. Que el referido D. José Navajas, mi padre político, sirvió muchos años en el Ejército en el arma de Artillería hasta el año mil ochocientos veinte en que se retiró de Teniente Coronel y Comandante del parque de la Plaza de Car- tagena, habiendo contraído durante la Guerra de la Independencia varios servicios por los cuales se le condecoró con algunas Cruces de distinción, habiendo permanecido retirado en esta Villa hasta su defunción en mil ochocientos veinte y tres”.

La elección por el arma de artillería se debió a las mayores posibili-

146 El Mallorquín, 2 de noviembre de 1858, p. 2. Por Resolución de 21 de octubre de 1858 fueron ascendidos a subtenientes 21 cadetes, todos del arma de Infantería y con destino a diferentes islas de Filipinas.

dades de promoción, aunque también de morir en el intento de ascender, que este cuerpo ofrecía a una persona con igual cantidad de ambición y valor, más que por la inercia de estar su hermano sirviendo en este arma. La importancia creciente que en los ejércitos europeos, británico y alemán sobre todo, se daba a la artillería y a los ingenieros no tenía comparación en España, donde la infantería seguía siendo dominante.

La infantería era el cuerpo del ejército español por excelencia y en la mayoría de las ocasiones era la que proporcionaba o negaba una victoria;

se la consideraba superior al resto porque basaba su fuerza en cargar di- rectamente sobre el enemigo, era una lucha cuerpo a cuerpo. El invento de los fusiles rayados y cargados por la recámara a mediados de este siglo XIX aumentó todavía más su importancia.

El procedimiento de ingreso utilizado por la Academia de Toledo exigía que, tras obtener la gracia de cadete, se formase una lista en las que apareciesen ordenados por méritos todos los aspirantes admitidos a las pruebas de ingreso, los cuales se presentaban a examen siguiendo este riguroso orden y a razón de dos convocatorias por año. A Francisco Albalat le correspondió el número 2.117. Cada seis meses eran 500 soli- citantes llamados a realizar las pruebas de acceso aunque tan sólo eran admitidos 400 cadetes147. Por esta razón tuvo Francisco que esperar más de dos años para poder optar al ingreso en esta Academia, tiempo que empleó en mejorar su preparación física y cultural.

El sistema educativo entonces vigente difería mucho del actual.

La responsabilidad de proporcionar enseñanza elemental y primaria co- rrespondía a los municipios, la secundaria era competencia de cada pro- vincia y la universitaria del ministerio, pero todos los establecimientos educativos, privados o públicos, dependían de la Dirección General de Instrucción Pública. Los hermanos Albalat habían recibido su educación primaria en la escuela municipal de Caudete, reforzada por las clases de un sacerdote carmelita secularizado. Pero no siendo suficiente Francisco Albalat Pérez optó por matricular a su hijo Francisco Albalat en el ins- tituto Luis Vives de Valencia para recibir clases de aquellas asignaturas que entraban en el temario del examen de ingreso y de las que no había profesores en Caudete. La ley imponía que en cada provincia hubiera, al

147 Biblioteca de la Academia de Infantería de Toledo. La actual Academia General Militar no existía y cada arma del Ejército poseía un colegio: el de Infantería estaba en Toledo, creado en 1850, Artillería en Segovia, Caballería en Valladolid e Ingenieros en Guadalajara.

menos, un instituto en su capital pero Albalat Pérez descartó Albacete y Alicante, recién comunicados por ferrocarril, y también Murcia, a la que había que llegar en diligencia tras un penoso día de viaje, porque prefi- rió Valencia ya que allí vivía su amigo José Fuster Beltrán, farmacéutico con botica abierta en Caudete durante muchos años, que fue el fiador que avaló el ingreso de alumno Albalat. Además, solo tenían que viajar en diligencia hasta Mogente (Valencia) para coger el ferrocarril que les llevara a Valencia.

Para ingresar en el instituto Luis Vives, los solicitantes debían es- cribir una carta a su director en Papel Oficial del Estado, rogando ser ad- mitido, adjuntando una partida de bautismo. Como el nivel mínimo de conocimientos de las escuelas municipales no estaba legislado, se obli- gaba a superar un examen de ingreso que tenía dos partes. La primera era oral y el aspirante debía responder a preguntas sobre religión, Mate- máticas y Gramática española, la segunda era escrita donde se exigía la resolución de un problema aritmético y la ejecución de un dictado.

Con 15 años Francisco Albalat, con residencia en la calle Ensans, 20, cuarto 2º, para el curso 1859-1860 se matriculó, el 27 de septiembre de 1859, en Aritmética, Álgebra, Latín, Gramática griega, Historia, Mo- ral y Francés. El 1 de junio de 1860 se examinó de todas y fue calificado en Latín y Gramática griega con Mediano y en Historia, Bueno. De- bió de suspender Francés porque al año siguiente se vuelve a matricular.

Para el curso 1860-1861 Albalat cambió de residencia y pasa a vivir en la calle Fumeral, 11, cuarto 1º y se matriculó el 1 de junio de 1860 en Elementos de Retórica y Poética, Doctrina cristiana, Elementos de Arit- mética y Álgebra y, nuevamente, Francés148.

Francisco Albalat Pérez, como apoderado de la Empresa de Aguas de San Vicente, acometió una rápida y eficaz labor de mejora tanto en su administración como en la infraestructura. Esta empresa captaba sus

148 Archivo Histórico de la Comunidad Valenciana. Fondo Instituto Luis Vives, Caja 1843. El expediente de Francisco está incompleto, la solicitud y el examen de ingreso no se conservan y algunas calificaciones tampoco. La partida de bautismo, pues el Re- gistro civil aún no existía, daba fe de que el alumno era mayor de 9 años. La tasa por derechos del examen fue de 20 reales, más 6 reales por cada folio de papel de Estado donde se facilitaba la calificación y otros 140 reales de matrícula por curso. Pero lo realmente caro resultaron los libros, el transporte y la estancia. Las clases eran de lunes a sábado y los domingos debían acudir a Misa, bien a la capilla del instituto o en otra.

La calle Ensans aún existe pero el edificio fue demolido, en cambio, la calle Fumeral fue eliminada en las reformas urbanísticas de principios del siglo XX.

aguas por medio de un minado situado en la Partida del Bayle y tenía su comienzo “en tierras de la Casa llamada Alarcón de abajo, hacia la sierra de Lengua, al Poniente de este término, y linda por la parte del sur con el camino de los Aljezones y por el Norte y Levante, con el camino Viejo de Madrid”. Mandó Francisco excavar nuevas galerías, limpiar y reforzar las ya existentes, reparó la balsa y amplió la capacidad molturadora del molino harinero que estas aguas movían, a la vez ordenaba “componer y agrandar las acequias” para la distribución del caudal, lo que produjo que se pudiera vender el agua sobrante a la huerta del vecino término municipal de Villena. No extraña así que, ante la competencia de otros molinos harineros y la gran demanda de aguas para el riego, Francisco Albalat optase, de común acuerdo con los otros seis propietarios, por arrendar el molino que hasta entonces explotaba directamente la Socie- dad y concentrar sus esfuerzos en el negocio de la venta de aguas, mu- cho más lucrativo y así el 24 de mayo de 1857 se alquilaba dicho molino por “12 reales vellón diarios, que hará efectivos por meses anticipados” a Cristóbal Camús Torres, al año siguiente se arrendaría a Gaspar Albertos Requena por 13 reales149.

José María Albalat Pérez, tío de Francisco Albalat Navajas, moría en Valencia el 8 de junio de 1859 a la edad de 47 años150. Dado su espíritu religioso, también por ser costumbre de esta época y clase social, José María dispuso que “es mi voluntad se celebre mi funeral y entierro confor- me a mi condición y clase, y según dispusiera mi albacea, señalando para bien de su alma la cantidad de seis mil reales vellón, de los cuales se satisfa- rá todo gasto, incluso el Nicho, y si algo sobrase se invertirán en celebración de misas rezadas”. Así mismo, legó al “Hospital General, Casa Hospicio de Nuestra Señora de la Misericordia, la de la Beneficencia, Colegio de niños

149 AHPA, Sección Protocolos, Caja 513, ff. 150r. y 151vto., Caja 514, ff. 270r. y 271r.

150 Fue José María tres veces diputado en las Cortes Generales por el distrito de Mon- tealegre (1850, 1853 y 1854), derrotando en las tres ocasiones a los hermanos y pro- pietarios almanseños José Ignacio y Miguel Ochoa. Empezó su carrera como abogado pero pronto fue nombrado juez de 1ª Instancia en Casas Ibáñez y en la ciudad de Albacete, para acabar como magistrado en la Real Audiencia Territorial de Valencia, tras pasar por la de Granada. Joaquín ROA EROSTARBE Crónica de la Provincia de Albacete, II Tomo, p. 181. Su carrera profesional y política es admirable y en la Re- vista-Programa de fiestas de Caudete del año 2009, pp. 182 a 184, escribí una pequeña biografía. También en el Archivo Histórico Nacional, Ministerio de Justicia, Magistra- dos-jueces, 4251, expediente 172 se conserva su expediente profesional que atestigua su gran capacidad y valía.

de San Vicente Ferrer y Asociación de Nuestra Señora de los Desampa- rados la cantidad de veinte reales vellón, por una vez, a cada uno”, todos radicados en la ciudad de Valencia. Más generoso fue con las institucio- nes benéficas de Caudete: “lego al establecimiento de Beneficencia de mi Patria cien reales vellón y doscientos a la Conferencia de San Vicente de Paúl de la misma”. En parte por carecer de descendencia directa y por el mutuo afecto que se profesaron ordenaba entregar “a mi sobrino José María Albalat y Navajas veinte mil reales vellón de libre disposición, en parte de pago se le adjudicará por su valor los tres bancales de huerta que me legó mi abuelo, Don José Albalat y Medina, a efecto de que siga el mis- mo nombre y, además, el bancal contiguo a los anteriores para que forme el cuadro completo, los cuales están situados en la [Partida] del Paraíso. Lego a mis sobrinos Vicente, oficial del Ejército de Filipinas, Francisco, Jaime y Emigdio diez mil a cada uno, los cuales servirán precisamente para sus carreras y el que no quiera seguirla, se quedará sin efecto el legado. Esto se entenderá con los tres últimos, pues con respecto al primero [Vicente], que la tiene hecha, se le guardará para cuando regrese a la Península. Lego a mis sobrinas María Inés, Margarita y Teresa Albalat y Navajas diez mil reales vellón a cada una para su dote, cuyo legado se le entregará en el momento de tomar estado, adjudicándoles a la primera en la pieza de huerta del Paso, en lo que baste y en lo restante a elección de sus padres, y a las otras dos en los bancales de las Suertes”. Tras ordenar entregar “a mi criada Dorotea Asensi la cantidad de setecientos cincuenta reales vellón” instituye por el resto de su fortuna único heredero a su hermano Francisco Albalat Pérez “con la obligación de entregar a mis tías Francisca y Dolores Pérez, vecinas de Mogente, hermanas de mi difunta madre, trescientos veinte reales vellón a cada una, anualmente y por los días de su vida”. La cantidad reci- bida por Francisco ascendió a 291.915 reales vellón una vez descontados los legados y sin los 90.000 reales que recibieron los hijos y que su padre administró151.

Isabel II había contraído matrimonio, por razones de Estado, el 10 de octubre de 1846 con su primo Francisco de Asís de Borbón, mani-

151 ARV, Sección Protocolos, Libro 11.726, ff. 391r. a 394r. El establecimiento a que se refiere sería el Hospital municipal de San Diego instalado en el edificio que ocupaba el convento de San José, entonces desamortizado. Me ha sido imposible averiguar otras noticias sobre la Conferencia de San Vicente de Paúl que nombra en Caudete. Para la valoración de la herencia sigo las cantidades que aparecen en la partición de herencia de Francisco Albalat Pérez que realizó su esposa.

festándose inmediatamente una notable diferencia de temperamentos y, apenas pasados los días de luna de miel, el matrimonio determinó vivir separados, en el Palacio Real de Madrid ella y él en Riofrío (Segovia).

Cuando la Reina quedó embarazada comenzaron a circular rumores du- dando de la paternidad del Rey Francisco sobre la prole de su esposa. Al nacer el 28 de noviembre de 1857 el primer varón y Príncipe de Astu- rias las dudas persisten, lo que hace titubear incluso al Papa Pío IX de aceptar ser padrino del neófito152. Esta conducta tan descarada de Isabel II produjo un buen número de escándalos que, junto con su situación personal de separación matrimonial, no eran del agrado de los sectores más ortodoxos de la población y fue utilizada como argumento por los carlistas para captar nuevos adeptos.

Durante el año 1860 la atención de toda España se centraba en la guerra de Marruecos y la inactividad de las partidas carlistas hacía pen- sar en su desaparición. No obstante, el 1 de abril, unos 4.000 soldados de la guarnición de Mallorca al mando del general Jaime Ortega y Olleta son embarcados con destino desconocido, les acompañan unos pocos ci- viles. Durante la madrugada del día siguiente desembarcan en San Car- los de la Rápita (Tarragona) para marchar hacia Tortosa, a la vez que se expiden telegramas a las Juntas carlistas de todas las provincias para que secunden el alzamiento militar. Estos anómalos movimientos inquietan a la tropa que, nombrando a varios oficiales, exigen una explicación. El

152 El cardenal Secretario de Estado de Roma mantuvo consultas con el Nuncio de España sobre la verosimilitud del rumor relativo a que el apuesto oficial de ingenieros Enrique Puigmoltó pudiera ser el padre del niño que esperaba la Reina, quizás futuro Rey de España. El Nuncio respondió que para todos los embarazos anteriores, que fueron cinco, “no se tuvieron en cuenta noticias semejantes o sospechas peores aún, surgidas en situaciones iguales a la presente”; finalmente el Papa aceptó. Isabel II y Francisco de Asís, en cualquier caso, tuvieron once hijos aunque las dudas sobre la paternidad alcanzaron a todos pues se le conocieron públicamente ocho amantes a la Reina. Enrique Puigmoltó y Mayans (1827-1900) era hijo del Conde de Torrefiel y permaneció en Madrid desde marzo de 1856 hasta febrero de 1858 en que fue ful- minantemente trasladado a Valencia, donde falleció como general de división y tras casarse dos veces. Fue ennoblecido por la Reina como vizconde de Miranda y con la Cruz de San Fernando.

Según las leyes entonces vigentes, la principal consecuencia política que hubiera resul- tado de resultar cierta esta paternidad extramatrimonial del heredero suponía excluir al que luego sería Alfonso XII de la posibilidad de reinar y el consiguiente cambio dinástico. Con el actual ordenamiento jurídico carece de importancia la paternidad de Alfonso XII ni influye en los fundamentos de sus descendientes.

In document FRANCISCO ALBALAT NAVAJAS, (página 86-95)