CAPÍTULO 3. RETOS ACTUALES DE LA EDUCACIÓN
3.3. El aprendizaje
Como educadores y profesionales de la educación, estamos de acuerdo que el aprendizaje siempre deberá buscar y conectar con el punto de inicio del estudiante. Para ello, es importante fomentar activamente en ellos el interés y la motivación por lo que aprenden durante el desarrollo de un semestre o un ciclo escolar. Ya que la motivación del profesorado influye en el aprendizaje de los estudiantes. Siempre es importante fomentar el interés por lo que se aprende adaptando en todo momento los programas y contenidos a los conocimientos, capacidades, habilidades y saberes previos de los estudiantes, pero guiándolos siempre con información precisa y útil, corrigiendo errores, como un tutor permanente. Aprender es ante todo cambiar lo que ya se sabe. Por lo que se deben vincular las actividades de aprendizaje a contenidos que le llamen la atención a los estudiantes, fomentando el trinomio entre los contextos, los conocimientos previos y los conocimientos formales que se enseñan, reflexionando y discutiendo a través del aprendizaje cooperativo y estratégico
(Pozo, 2008). En el centro del aprendizaje siempre deben estar los estudiantes;
con un enfoque de educación humanista y aprendizaje cooperativo y estratégico, por lo que la parte afectiva y los conocimientos previos, permiten al estudiante un mejor rendimiento académico.
Durante el proceso de aprendizaje se debe buscar que los estudiantes reflexionen. Por lo tanto, se deben plantear a los estudiantes actividades académicas (ejercicios, tareas, juegos, etcétera) que les provoquen la curiosidad de formular preguntas e hipótesis y así construir sus respuestas, con el propósito de ejercitar la parte cognitiva. Por lo tanto, los estudiantes deben plantearse preguntas para construir su propio conocimiento. Fomentar la reflexión y contrastación de preguntas y respuestas para promover conflictos cognitivos.
Diseñar actividades lúdicas de aprendizaje para que los estudiantes se enfrenten a situaciones en escenarios reales, cediendo progresivamente el control de las tareas y tomar decisiones sobre los objetivos. Proporcionar siempre ejercicios o actividades a resolver a través de aprendizaje cooperativo, para fomentar alternativas conflictivas o ayuda mutua, mejorando su socialización y motivación por el propio aprendizaje (Pozo, 2008). Así, aprender hoy exige nuevos paradigmas en la educación, donde el profesorado sea un facilitador de los recursos didácticos y pedagógicos; tanto en ambiente presencial como virtual.
Para Caballero (2017), en el proceso de aprendizaje influyen factores físicos cognitivos y afectivos. Asimismo, se genera en interacción con otros (entre pares en el aula) y dentro de un contexto cultural y escolar que se transmite de generación en generación.
En el proceso de enseñanza y aprendizaje, siempre debemos partir de las necesidades, recursos, fortalezas y limitaciones individuales de cada estudiante, de sus saberes previos, de su historia de vida y tener en cuenta una perspectiva global e integral, tomando en cuenta el potencial cognitivo y afectivo, su motivación, sus necesidades sociales, sus limitaciones físicas, así como sus estrategias autorrreguladoras durante el proceso de enseñanza y aprendizaje.
Además, para aprender se necesitan condiciones mínimas que favorezcan el
aprendizaje, ya que los seres humanos somos diferentes en recursos cognitivos y afectivos, en cosmovisión, saberes previos, contexto familiar y eso influye en la forma en que aprendemos (Caballero, 2017). Asimismo, es importante tomar en cuenta que dentro del proceso de enseñanza y aprendizaje intervienen diferentes factores como: los estudiantes, el compromiso y responsabilidad del profesorado, los programas a desarrollar, los contenidos a impartir, la institución escolar, así como el contexto donde se lleve a cabo el acto de enseñar. Además, se debe promover el trabajo en equipo y las discusiones en grupo. Todos estos elementos intervienen entre sí y deben ser tomados en cuenta para lograr el éxito en los estudiantes, donde se refleje un mejor aprovechamiento escolar.
Los recursos cognitivos, pero sobre todo el desarrollo de la parte afectiva de cada estudiante, influyen en el aprendizaje y en la atención; ya que permiten a nuestro organismo alcanzar un estado óptimo para un buen desarrollo intelectual. Dentro de las variables conductuales, cuerpo, mente y conducta interactúan, y son múltiples los factores que intervienen. Dentro de los aspectos afectivos- motivacionales se incluyen varios factores, como: las creencias sobre la inteligencia, la orientación a metas, el auto concepto y las reacciones afectivas ante el éxito o el fracaso; sin embargo, es la interacción de todos ellos la que afecta de una forma u otra al proceso de aprendizaje. Dentro de los factores sociales tenemos: la influencia de iguales, el cerebro social en el aula (el estar en contacto con otros) y el aprendizaje cooperativo. Finalmente, las funciones cognitivas, engloban los procesos mentales los cuales permiten elaborar cualquier actividad y desarrollarnos en nuestro entorno (Caballero, 2017). Por lo tanto, si queremos formar estudiantes con pensamiento crítico y con un buen rendimiento académico debemos trabajar la educación socioemocional desde el nivel de preescolar hasta el posgrado.
Uno de los principales aspectos que deben estar presentes en el clima de aula es el desarrollo de la parte afectiva de los estudiantes y a partir de ahí integrar todos los factores que intervienen e influyen de manera positiva dentro del proceso de enseñanza y aprendizaje. Hoy la educación virtual es una realidad y
como tal, debe ser tomada en cuenta en la integración de la educación presencial escolarizada, por lo que se debe apostar por una educación dual (presencial y virtual) y de ahí potenciar la formación integral de los estudiantes. El proceso de aprendizaje es más eficaz cuando estamos relajados y en un ambiente agradable, ya que tenemos una mayor concentración durante el desarrollo de una clase o al realizar tareas fuera del aula. La concentración mediante ejercicios de relajación y meditación deben estar presentes siempre en el espacio áulico, ya sea presencial o virtual, ya que nos otorgan tranquilidad y nos permiten mayor concentración en los horarios de clases. En el nivel preuniversitario muchas veces se pierde tiempo cuando el profesorado trata de conseguir que los estudiantes estén atentos en el aula y en disposición para iniciar la clase. Por lo tanto, debemos iniciar la clase con un ejercicio de sana convivencia y relajación (Bisquerra, 2011). De ahí la importancia de incorporar la educación socioemocional y de trabajar en el aula la IE, la cual se puede potenciar conforme los estudiantes avanzan en los diferentes niveles educativos.