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El construccionismo social como marco epistemológico

Capítulo 2. Las representaciones sociales como construcciones

2.1. El construccionismo social como marco epistemológico

El construccionismo social, o socioconstruccionismo, surge a mediados del siglo XX como consecuencia de la crisis epistemológica y metodológica de las ciencias sociales. Es producto del cuestionamiento al objetivismo, a la existencia de verdades absolutas y a los métodos de investigación, por medio de los cuales se creía acceder a dichas verdades.

Debate fuertemente la aplicación de la metodología positivista y la omisión de los procesos sociohistóricos en las ciencias sociales.

En el contexto de crisis general del pensamiento moderno y, en especial, en el marco de la producción crítica en la que se desarrolló la psicología social, se instituyeron un conjunto de nuevas tendencias de investigación cuyo propósito fue poner en el centro del debate de la teoría social, el problema de la construcción de sentido por un sujeto reflexivo y situado en interacciones cotidianas. Esto implicó, en palabras de Sandoval (2004), el reconocimiento de “la interdependencia entre conocimiento y realidad social, que llevó al desmontaje de los límites con los cuales se construyeron dicotomías fundamentales en la constitución de parte importante de la teoría social convencional” (p. 98).

Dichas dicotomías se presentaban en las dos grandes tradiciones intelectuales: el empirismo (perspectiva exogénica) y el racionalismo (perspectiva endogénica). La primera propuso al conocimiento como una copia de la realidad. Mientras que, la segunda estableció una dependencia del conocimiento a procesamientos internos al organismo, mediante los cueles puede organizar, mas no copiar, la realidad para hacerla entendible.

En respuesta, el construccionismo social intentó ir más allá de estas dos posturas, al ubicar el conocimiento dentro del proceso de intercambio social y señalar que la realidad social se construye en la vida cotidiana a partir de una reciprocidad entre sociedad y persona, además de considerar al discurso sobre el mundo como un dispositivo de

intercambio social. Es decir, buscó superar la dualidad objeto-sujeto, en el entendido de que, “el significado no puede describirse simplemente como objetivo, pero tampoco simplemente como subjetivo, más bien son mutuamente constitutivos” (Sandín, 2003, p. 49).

En cuanto a la emergencia del construccionismo social como epistemología, Sandoval (2010) lo atribuye principalmente a los siguientes acontecimientos:

• El giro lingüístico y su propuesta de centrar el análisis de los procesos sociales y humanos en el lenguaje, cuestionando la idea de representación como espejo/reflejo de la realidad.

• El trabajo de Wittgenstein en el que desarrolló un análisis de las formas de uso de las diferentes expresiones lingüísticas en su multiplicidad, remontándose a la experiencia y a las prácticas sociales concretas, en las cuales se usan.

Por otra parte, aunque el construccionismo social es una perspectiva heterogénea donde caben distintos autores, Kenneth Gergen es considerado uno de los máximos exponentes, especialmente a partir de su artículo Social psychology as history (La psicología social como historia) publicado en 1973. Este teórico reconoce que lo escrito por Berger y Luckmann (1986) presenta la influencia más importante en su trabajo,

“estos autores indican que nuestra realidad cotidiana es socialmente construida, mediante la objetivización de patrones sociales que son construidos y negociados en el seno de nuestras prácticas sociales diarias, para lo cual, el principal medio de objetivización de estos patrones serán las operaciones lingüísticas cotidianas que se dan en cada comunidad social”

(López, 2013, p. 13).

Es así como, el origen del término “construccionismo social” se relaciona con la obra intitulada La construcción social de la realidad de Luckmann y Berger (1986). Aunque sus orígenes como epistemología, pueden encontrarse desde Hegel y Marx, los cuales rechazaron los determinismos radicales:

La epistemología construccionista rechaza la idea de que existe una verdad objetiva esperando ser descubierta, en este punto se contrapone al realismo y al determinismo del positivismo radical; más bien, considera que el significado emerge a partir de la interacción con la realidad, por lo tanto, el significado se construye, se asume que diferentes personas pueden construir diversos significados en relación a un mismo fenómeno (Sandín, 2003, p. 49).

De esto se desprende la idea de que, los considerados objetos naturales en nuestras vidas cotidianas, no son sino objetivaciones que resultan de nuestras prácticas lingüísticas. Ibáñez plantea que (1994): “lo que aquí se está afirmando es que la realidad no existe con independencia de nuestro modo de acceso a la misma (p. 112). Desde esta mirada epistemológica, la realidad es construida como un proceso histórico dentro de las interacciones sociales, permitidas por el lenguaje.

Ante esto, el construccionismo social explica cómo las personas llegan a describir, explicar o dar cuenta del mundo donde viven, para esto se reconocen como postulados básicos los siguientes:

• Lo que consideramos conocimiento del mundo no es producto de la inducción o de la construcción de hipótesis generales, como proponía el positivismo, sino que se relaciona con la cultura, la historia y el contexto social.

• Los términos con los cuales comprendemos el mundo son artefactos sociales, históricamente situados, productos de intercambios entre las personas. En consecuencia, el proceso de comprender no está dirigido automáticamente por la naturaleza, sino que resulta de una empresa activa y cooperativa de la interacción de las personas.

• El grado hasta el cual una forma dada de comprensión prevalece sobre otra, no depende de la validez empírica de la perspectiva en cuestión, sino de las vicisitudes de los procesos sociales.

• Las formas de comprensión negociadas están conectadas con otras muchas actividades sociales y, al formar parte de esta manera de varios modelos sociales, sirven para sostener y apoyar ciertos modelos, en tanto excluyen otros. Estas negociaciones de la realidad dan paso a una epistemología social.

Esta nueva forma de informar sobre la construcción de la realidad social también genera cambios en la forma de ver a las personas, pasan de seres pasivos, receptores de verdades, a agentes activos, participantes del proceso de construcción de su propia realidad. Se habla, entonces, de un socioconstruccionismo que:

Transforma al sujeto, en tanto agente del discurso, en un metafórico motor del proceso de construcción de la realidad. Categorías como discurso, narración, reflexividad y agencia, aparecen como una manera de plantear la figura de un sujeto no esencial, pero que, en tanto único agente de significación, capaz de actuar simbólicamente sobre sus propias prácticas a través del discurso, termina constituyéndose en el renacimiento solapado de una vieja tendencia subjetivista que se viene extendiendo de manera diversa en las ciencias sociales desde la sociología fenomenológica hasta el análisis conversacional (Sandoval, 2004, p. 116).

De esto se desprende que el conocimiento de la realidad no es el producto objetivo de hipótesis comprobadas, más bien, “la realidad se introduce en las prácticas humanas por medio de las categorías y las descripciones que forman parte de esas prácticas, ya que el mundo no está categorizado de antemano” (Sandoval, 2004, p. 113).

Ante eso, cabe señalar que, tanto la perspectiva teórica de Berger y Luckmann (1986), como la perspectiva epistemológica del construccionismo social, resultan ser coherentes con la idea de región sociocognitiva planteada en el capítulo anterior, así como con el abordaje metodológico que se presentará en el siguiente capítulo. El presente capítulo se estructura en dos apartados, en el primero se presentará el posicionamiento epistemológico de la investigación desde el construccionismo social, señalando sus principales supuestos sobre la construcción de la realidad; en el segundo, se describirá el posicionamiento teórico en el que se articulan los aportes de Berger y Luckmann (1986) y la teoría de las representaciones sociales de Moscovici (1979).

2.2. Berger, Luckmann, Moscovici y Giménez: elementos