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Presencia del currículum en la imagen

Capítulo 5. Representaciones sociales identitarias del interventor

5.2. Representación del interventor desde los estudios regionales

5.2.1. Presencia del currículum en la imagen

La formación profesional del interventor educativo no ocurre en un vacío, es decir, se posibilita a partir del tránsito del estudiante por un programa formativo. Por lo tanto, el trayecto de los alumnos está orientado y normado por el programa formativo, que pertenece a una estructura mayor: la institución de educación superior, en este caso la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) Unidad 071.

En este sentido, a partir de la revisión documental y de los resultados obtenidos, con la aplicación de los instrumentos durante el trabajo de campo, se encontró que, en la configuración de representación del estudiante, los elementos estructurales permean los ejes de la representación, presentados en el apartado anterior. Al respecto, se citaron ejemplos de lo referido por los estudiantes, para después, mostrar cómo esto corresponde a lo que el programa de la licenciatura propone, es decir, se observará un proceso de naturalización y apropiación del discurso oficial universitario, manifestado en las propias palabras de los estudiantes.

Un ejemplo de esto es el caso de Alexis, cuando habló de las funciones del interventor: “hasta donde tengo entendido, podemos abarcar muchos ámbitos, pero siempre y cuando no salgamos del contexto educativo, o sea, podemos influir en la sociedad, pero siempre

y cuando tenga que ver con lo educativo”; mientras que en el programa de la licenciatura se indica que :

El licenciado en intervención educativa es un profesional de la educación que interviene en problemáticas sociales y educativas, que trasciende los límites de la escuela, y es capaz de introducirse en otros ámbitos, y plantear soluciones a los problemas derivados de los campos de intervención (2019).

Otro ejemplo es cuando Maryling mencionó la inclusión como un ámbito de intervención: “nosotros, como interventores, tenemos que incluir a diferentes personas y para esto proponemos adaptaciones, para que todos sean incluidos”. El programa en la línea formativa señala que:

La línea de inclusión social tiene como propósito intervenir en la atención a las necesidades educativas específicas, en los ámbitos familiar, escolar, laboral y comunitario; mediante la adaptación, diseño e implementación de programas y proyectos fundamentados en el conocimiento de la realidad social (UPN, 2002, p.62).

Ahora bien, con respecto al eje Interventor educativo versus profesor normalista, se encontró que la relación de interdependencia que se ha establecido entre la figura del interventor y la del profesor normalista, ha existido desde el origen del programa. Desde su concepción, la licenciatura ha estado fuertemente relacionada con la docencia. En este sentido, el programa establece:

La Licenciatura en intervención educativa se fundamenta en las tres Áreas de Desarrollo Académico del Campo Problemático “Formación de Profesionales de la Educación”, expresadas en el Proyecto Académico, las cuales plantean: la formación para y en la docencia; la formación para la docencia y la investigación educativa y; la formación para apoyar los procesos educativos (UPN, 2002, p. 18).

Aunque estos dos profesionales coinciden en varios puntos de su perfil, los estudiantes establecen sutiles, pero claras diferencias: “el docente está para impartir una clase y un interventor puede ser una ayuda. No sólo dictar clases, sino también, atender necesidades y problemas en la institución escolar, debe dar propuestas”.

Sin embargo, la cercanía entre interventor y profesor ha generado confusiones, tanto al interior como al exterior de la universidad. En el

primer caso, muchas veces es la misma plantil a docente la encargada de generar desconcierto entre los estudiantes: “sí hace falta que los docentes se capaciten, o tener a alguien que sea un licenciado en intervención educativa, para que pueda decir bien que es una intervención educativa, y qué hace un interventor”.

Asimismo, al exterior de la universidad, cuando los estudiantes llevan a cabo sus prácticas profesionales, también se les confunde co n practicantes provenientes de escuelas normales, al respecto señala Marvin:

En mis prácticas profesionales, por más que explicaba y les enseñaba cuál es el plan de trabajo de la UPN, y cómo es el perfil del interventor, la profesora con la que estuve no entendía que no soy normalista, y realmente tuve limitantes para trabajar.

Esto último se relaciona con el eje denominado Sociedad:

¿interventor educativo? Las ideas que tiene la sociedad respecto a la figura del interventor educativo contrastas con lo expresado en el programa. Los estudiantes exponen la invisibilización social del interventor, en tanto que el programa señala que la emergencia de la licenciatura respondió a necesidades sociales identificadas en una evaluación diagnóstica:

La licenciatura se diseñó para ofrecer una licenciatura que respondiese a las necesidades sociales, regionales y estatales y, a las expectativas de los alumnos de incorporarse con prontitud al mercado de trabajo, que se ofrecen los distintos ámbitos de intervención del campo educativo (UPN, 2002, p. 22).

Además, el programa afirma una incorporación pronta del interventor educativo al sector laboral, mientras que los estudiantes hablan de una situación distinta, tal como lo refiere Karla: “nos vemos conflictuados ante la situación que estamos pasando ante el desempleo, y, como dicen mis compañeros, lo más seguro es irte de docente y tener una plaza”.

A partir de lo referido en esta sección, se identificó que aun cuando, en el discurso del estudiante, se percibe el discurso oficial institucional,

hay discrepancias entre lo planteado en el programa sobre el ser y el hacer del interventor con la realidad vivida por los estudiantes. Esto implica que desde la estructura se dibuja un lugar para el interventor, que no se ve reflejado en las experiencias de los estudiantes. Ellos perciben un no lugar.