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El enfoque de sistemas socio-ecológicos complejos

El estudio de los sistemas socio-ecológicos complejos, se prevé como una manera de afrontar el creciente deterioro de un agroecosistema agrícola y tratar de prevenir consecuencias graves causadas por la magnitud, extensión y proporción de los cambios inducidos, tanto por los fenómenos meteorológicos como de los sistemas acoplados hombre-naturaleza que en las últimas décadas no tiene precedente (TOLEDO et al., 2002:22).

En general, este enfoque se ha trabajado poco en la estimación de daños por inundación, pues la mayoría parten más del análisis por rubros (o partes) que en la totalidad del evento, sin embargo, el mundo

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no puede seguir siendo analizado de forma fragmentada, por lo que la aproximación científica de los sistemas socio-ecológicos complejos reconoce los estrechos vínculos existentes entre los agroecosistemas agrícolas, bienestar humano, y fenómenos potencialmente desastrosos (LAVELL, 1993:74-75). El sistema socio-ecológico complejo transita a lo largo de distintos estados (FOLKE et al., 2004:568) y esta transición es parte del devenir natural en cualquier sistema como parte de su subsistencia. En la Figura 1.8 el sistema socio-ecológico complejo asegura su supervivencia al evolucionar; esta evolución está determinada por la capacidad para resistir las perturbaciones y ajustar los valores de sus variables. Cada estado que adopta un sistema no se trata de una situación de equilibrio, sino de una configuración de valores específicos en sus variables que le brinda un estado estable temporal dinámico.

Figura 1. 8. Distintos estados de un sistema socio-ecológico complejo. Fuente: Adaptado del de Folke et al., 2004.

El enfoque de sistemas socio-ecológicos complejos se considera parte complementaria e indispensable del marco conceptual de la Agroecología, permite plantear la problemática de las inundaciones en los agroecosistemas agrícolas acoplados por el hombre, debido a que soporta teóricamente todo el desarrollo tecnológico social para gestionar el recurso, permite el proceso de co-evolución para asegurar la superviviencia tanto de los sistemas humanos como de los agroecosistemas agrícolas para irse moldeando y adaptando conjuntamente a las perturbaciones. (ANDERIES et al., 2004:7).

En este sentido, el desastre es visto como “proceso” y no como un suceso, es decir, los desastres son el resultado de la compleja interrelación entre el evento físico “potencialmente desastroso” (inundación), y la exposición y vulnerabilidad de los agroecosistemas agrícolas determinada por el comportamiento humano, ambos componentes se entrelazan para condicionar al desastre como un todo, que es más que la suma de sus partes (MATTEUCCI, 1998:33-34). Esta forma de pensamiento nos permite asimilar la idea de aprender a vivir con el cambio y con la incertidumbre (CARDONA, 1999:14). La misión del sistema social como el elemento pensante del sistema socio-ecológico complejo, debe ser enfocada a corregir los umbrales o limites ecológicos del agroecosistema agrícola o bien alejarse de tales umbrales.

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Evidentemente la perspectiva holística a la que aquí se hace referencia (esquematizada en la Figura 1.9) supone que la naturaleza de los desastres por inundación en los agroecosistemas agrícolas es intrínsecamente no lineal9, de manera que las influencias de los factores tanto ambientales, como socioeconómicos prevalecen e interaccionan entre sí para determinar la exposición, (cantidad de agroecosistemas agrícolas, que se encuentran en el sitio y que son factibles de ser dañados) construir la vulnerabilidad (la manera y el grado en el cual un agroecosistema es susceptible a condiciones que directa o indirectamente afectan su bienestar o sustentabilidad) y desencadenar un desastre.

De esta forma en la Figura 1.9 se distinguen dos sistemas, el sistema afectado (SA) definido por el agroecosistema agrícola y la población y el sistema perturbador (SP) definido por la inundación. De esta manera, los daños, como producto del (SP) sobre el (SA), transforman su estado normal en otro, conocido como desastre. Además de la relación entre el (SP-SA), los dos sistemas se interrelacionan a través de tres procesos de retroalimentación que, a su vez, pueden agravar o disminuir al desastre, así como provocar uno nuevo (MURAVCHIK, 1996:7). La primera, denominada (SP-SP), se manifiesta cuando la ocurrencia y características de un fenómeno desastroso puede verse modificada -favorecida o inhibida- por la acción de otra; por ejemplo, en algunos casos, la impermeabilización producida por las urbanizaciones puede acrecentar el proceso de inundación, mientras que la presencia de embalses de regulación y laminación, puede disminuir los efectos desastrosos. La segunda, denominada retroalimentación SA-SP, resulta en la activación o detención de la producción de desastre por el SP en función del estado del SA; por ejemplo, la proliferación de plagas se favorece por malas condiciones sanitarias (estado de SA), o inclusive las inundaciones se evitan debido al estado limpio de coladeras (MURAVCHIK, 1996:7-8).

Finalmente, el SA también puede influir sobre su propio comportamiento y estado, de tal manera que se puede agravar o disminuir el desastre o se abandona o fortalece el estado normal., por ejemplo, la interrupción del servicio eléctrico frecuentemente implica la suspensión del abasto de agua potable, lo que ilustra el tercer tipo, la retroalimentación SA-SA (MURAVCHIK, 1996:7-8). Por otro lado, surgen dos posibilidades complementarias para reducir el impacto desastroso: la intervención y el cambio del estado o funcionamiento del sistema afectado, conformadas por un ciclo dividido en las fases de prevención, mitigación, preparación, respuesta, alerta y por último en la rehabilitación y construcción (CARDONA, 1999:34.36).

9 El cambio de no linealidad se produce en los sistemas complejos en una forma no lineal. Los efectos no son directamente proporcionales a las causas.

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 La prevención y mitigación corresponden a las actividades que pretenden reducir los factores de amenaza y vulnerabilidad en el SA, y con ello reducir la posibilidad o la magnitud de futuros desastres o daños en general.

 La preparación corresponde a las actividades que promueven mejores opciones y prácticas durante la fase previa a un desastre, o después de que un SA fue impactado por un evento físico determinado.

 La respuesta y alerta corresponden a las acciones que garantizan las condiciones de seguridad y vida para las poblaciones afectadas por el desastre.

 La rehabilitación y construcción corresponden a las acciones que pretenden optimizar, restaurar, transformar y mejorar las condiciones de las zonas afectadas, dotándolas de mayores condiciones de seguridad en el futuro a través de esquemas de intervención que puedan reducir el riesgo (etapas que pueden emplearse como prevención y mitigación de futuros desastres).

No existen desastres de gran magnitud o pequeños e insignificantes, sino desastres a diferentes escalas espacio-temporales, en donde el hombre como ser pensante del sistema socio-ecológico complejo poseerá en sí la capacidad de organizarse para reorientar y reformar los patrones de operación e intervención que reduzcan la exposición y vulnerabilidad del agroecosistema agrícola, que permitan la mutua adaptación y resiliencia10 (ANDERIES et al., 2004:7), a las necesidades y capacidades cambiantes del entorno y de sus componentes dentro de los diversos niveles de organización.

Por lo tanto, los sistemas de producción agrícola dependerán del nivel de interacciones entre el sistema perturbador (inundación) y el sistema afectado (agroecosistema agrícola) para poder prevenir, predecir y evaluar el tipo de medidas más adecuadas para la reducción de los daños, tomando en consideración la vulnerabilidad del SA, como principal detonador de un desastre, entonces el entendimiento de la misma es fundamental para estimular una acción colectiva efectiva en la integración de políticas públicas de carácter preventivo y correctivo.

10 El monto del cambio que un sistema es capaz de soportar sin perder el control sobre las estructuras y funciones que lo identifican

25 Figura 1. 9. Énfasis de la compleja interrelación entre un evento físico “potencialmente desastroso” (inundación), la vulnerabilidad del sistema afectado (agroecosistema agrícola) que directa o indirectamente afectan su bienestar o sustentabilidad y desencadenan un desastre. Fuente: Adaptado del de MURAVCHIK, 1996.