• No se han encontrado resultados

Utopía del Emporio Agrícola

3. ÁNÁLISIS DEL ESPACIO GEOGRÁFICO DE LA ZONA AGRÍCOLA DE ESTUDIO

3.1 El territorio dentro del Marco Espacial

3.1.4 Utopía del Emporio Agrícola

92

93

introdujeron algunos cambios en su cultivo, como la sustitución de la sombra natural por una nueva cobertura de sombra, integrada por árboles específicamente sembrados para este fin, como las especies Erythrina americana “madre del cacao”, y Gliricidia sepium “cocohite”, iniciando la incorporación del almácigo en la técnica del cultivo, con lo cual se logra aumentar la producción (TUDELA, 1989:39).

Si bien, para el siglo XVI se inició la expansión de otras actividades que iba a marcar el destino regional. Nos referimos al auge de la ganadería bovina (Figura 3.11), que no tenía precedente alguno en la región, el cual no tuvo problema para adaptarse al trópico (TUDELA, 1989:35).

Superada la etapa de las encomiendas y en ausencia de colonizadores que quisieran establecerse allí, Tabasco tomó un nuevo giro en los años 1920-1930, con la consolidación de las plantaciones de plátano.

El proceso platanero determinó seguramente algunos mecanismos de expulsión de población. Esta hipótesis parece reforzarse cuando analizamos los datos a nivel municipal. Los municipios que pierden habitantes o cuya población se estanca entre 1921 y 1930 son: Cárdenas, Centro, Cunduacán, Huimanguillo y Teapa;

todos ellos desempeñaron un papel activo y directo en el proceso platanero. En cambio creció la ciudad de Frontera, puerto terminal de embarque del plátano, cuya población ascendió de 2,500 habitantes en 1900 a 6500 en 1930 (TUDELA, 1989:63).

La distribución geográfica de la población siguió un patrón ya conocido: a partir de un fuerte núcleo constituido por la Chontalpa y el municipio de Centro, se extienden dos derivaciones que siguen, por una parte, el cauce del Mezcalapa y, por otra, los recorridos del río Teapa y del río de la Sierra. Se inició además un poblamiento más intenso en la Macuspana.

El estado de Tabasco no dejó nunca de ser el primer productor nacional de cacao, sin embargo, traslado su centro de gravedad hacia la Chontalpa, reduciéndose en términos relativos la producción de la Subregión de la Sierra y el valor de su producción era semejante a la del plátano. El cultivo y procesamiento del cacao exigía desde luego cuidados mucho más minuciosos que los del plátano, que prácticamente “se reproducía solo” (TUDELA, 1989:63).

En general, los cultivos de plantación como la caña cuyo procesamiento se había modernizado, ya a fines del siglo pasado y desvinculados del proceso platanero, tuvieron que soportar condiciones desfavorables frente a una dura competencia de este último, manteniéndose con dificultades en la región sobre todo en lo relativo a la utilización de la escasa mano de obra regional.

94

A partir de la segunda mitad del siglo XX a través de la introducción de la ganadería que recobra la importancia que tuvo durante la época novohispana compite con la producción agrícola, considerada la más productiva, acentuando la deforestación de la selva durante el periodo de 1960 a 1970 relacionada con el lento crecimiento ganadero en los municipios de Centro, Jalpa, Teapa y Macuspana y más tarde en Cárdenas, Huimanguillo, Balancán y Tenosique (TUDELA, 1989:41).

Por lo tanto antes de 1970, el desarrollo agrario de Tabasco estuvo orientado a la expansión ganadera, diversificación agrícola comercial de plantaciones (cacao, coca y caña de azúcar) y un proceso de colonización campesina, los cuales seguían practicando la técnica de roza-tumba-quema todavía con una economía de selva (caza, pesca, recolección y agricultura de autoabasto) (TUDELA, 1989:81-82).

Se trató de integrar a la región a la vida nacional, siguiendo un proceso modernizador de la economía orientada al desarrollo urbano industrial, y aunque Tabasco no contaba con las condiciones para un desarrollo de este tipo, se necesitaba hacer frente a tres obstáculos: la carencia de una infraestructura en comunicaciones; la hidrología regional, donde las avenidas (zonas anegadas) ocasionaban catástrofes a la agricultura; y la presencia de la selva lluviosa contraria a la producción comercial de granos (TUDELA, 1989:91). Desde esta perspectiva, el mito de la productividad de las tierras del trópico húmedo alentó las esperanzas y un sinnúmero de proyectos. La marcha hacia el mar impulsada por el presidente Manuel Ávila Camacho pretendió aliviar la congestión en el centro del país por la fatiga de las tierras y porque, desde su punto de vista, el porvenir de la producción agrícola está en las feraces tierras de las costas". Sin embargo, no era exactamente así porque la destrucción de las selvas continuaba. Por ello, a finales de 1951 se puso en marcha el Plan de la Comisión del Grijalva, el cual pretendía controlar las inundaciones, drenar las áreas consideradas de potencial agrícola, construir y mantener carreteras para impulsar proyectos de irrigación, y la construcción de la presa Nezahualcóyotl en 1959 (TUDELA, 1989:89-91).

En esas fechas, todavía en el régimen de Madrazo, se decía que el sureste era la reserva de México, por lo que se comenzó a hablar del Plan Chontalpa, que no pudo despegar sino unos años después (1966), cuando estuvo a punto de zozobrar en la transición entre el régimen de Adolfo López Mateos y el de Gustavo Díaz Ordaz, dicho plan tuvo su antecedente con el proyecto El Limón, cuyos objetivos fueron distribuir tierra a campesinos que carecían de ella, darles vivienda, maquinaria, crédito; así como asegurar a los jóvenes educación básica, integral y capacitación tecnológica. El Plan Chontalpa fue considerado como un ensayo de modernización agropecuario y sirvió como modelo en la utilización del gran potencial productivo del trópico húmedo para la reorganización del sector ejidal, a través de una total reestructuración de la tenencia de la tierra, diversificación de cultivos, programas de investigación asistencia técnica y social y

95

plan de crédito agropecuario (TUDELA, 1989: 195-196). Por lo tanto, fue un gran esfuerzo del gobierno para modernizar el campo mexicano y a su vez abarcar obras de riego, drenaje, defensa de inundaciones, obras sociales, culturales; esto incluyó la deforestación de la selva.

Un claro resultado del Plan Chontalpa fue el mejoramiento de las condiciones de vida de la población, expresado en una mayor obtención de bienes de consumo duraderos, servicios de salud y educación, pero la productividad agrícola no tuvo aumentos significativos, los problemas surgieron como producto de una deficiente planeación y de una concepción limitada del desarrollo del trópico húmedo (TUDELA, 1989:200-201). Uno de los mayores obstáculos fue el de la abundancia de agua, porque se habían venido haciendo drenes en diferentes etapas previas al plan y, sin embargo, no dieron abasto (TUDELA 1989:206).

El siguiente obstáculo, y probablemente el más importante, fue que los campesinos no veían con buenos ojos una reestructuración tan rápida de las tierras, y menos estaban dispuestos a ser reubicados en las 22 unidades ejidales que se crearon en más de 7 000 hectáreas (TUDELA, 1989:206-207). Y algo que inicialmente se consideró con un carácter eminentemente agrícola terminó con un mayor hincapié en la ganadería, puesto que en el lapso de pocos meses, los habitantes de la zona cambiaron de status, de ubicación, de casa, y hasta de entorno físico, donde también tuvieron que cambiar su estrategia productiva.

Fue paradójico el hecho de que la estrategia de crear ejidos haya significado el fin del trabajo colectivo, tradición que había prevalecido en la región, pues el usufructo individual de una parcela no era un método conocido en Tabasco antes de la reforma agraria y, debido a las condiciones climatológicas y de los terrenos, no resultaba lo más adecuado.

Por su parte, el Plan Balancán -Tenosique fue creado en 1972 sin seguir la orientación del Plan Chontalpa, este nuevo plan se planteó como un proyecto ganadero, y en menor medida agrícola, que reflejó la política agraria de México en la década de 1960 orientada a la ganadería, que incluyó el desmonte de la selva, el poblamiento y desecación de la zona. En el proyecto se amplió la red de carreteras y se construyeron centros urbanos dotados de todos los servicios públicos básicos (TUDELA, 1989:221-22).

El fracaso de los grandes planes agropecuarios se puso mayormente de manifiesto con la petrolización de Tabasco, la cual disminuyó aún más las tierras agrícolas, pues surgieron nuevas posibilidades de ocupación para los campesinos en esta industria (TUDELA, 1989:238).

96

Como resultado, la ciudad de Villahermosa y los centros petroleros atrajeron a los indígenas quienes trabajaban como peones en la construcción de carreteras. La población indígena combinaba para entorno a las actividades de la industria con las agrícolas como milpa de año y tornamil (TUDELA, 1989:301).

Los pozos en operación fueron en aumento y dieron lugar a un fenómeno que no se esperaba.

Luego del momento de mayor riqueza durante el auge de la producción platanera en su carácter agroexportador, el petróleo se convirtió en la causa de un auge aún mayor (TUDELA, 1989:241). Sin embargo, los ingresos derivados del petróleo, ya no fueron exclusivamente manejados por la entidad, sino por una de las burocracias más rígidas de la administración pública federal, la de Petróleos Mexicanos (VELÁZQUEZ, 1981:25), trayendo como consecuencia el aumento poblacional en ocho de los 17 municipios, específicamente Cárdenas, Centla, Paraíso, Comalcalco (el de mayor crecimiento), Macuspana y el surgimiento de un movimiento social que se autodesignó “Pacto Ribereño”, cuyos integrantes exigían indemnizaciones por la destrucción de tierras ejidales y de pequeña propiedad, a causa de los daños de finqueros, rancherías y lagunas que afectaban el sistema ecológico del sureste y tenían repercusiones en la población (VELÁZQUEZ, 1981:26-27). Como mediador, se había logrado involucrar a Pemex en un sistema de planeación local, el Programa de Desarrollo de la Costa de Tabasco (PRODECOT) en donde Pemex aportaría 1, 012, 400, 000 de pesos para frenar el deterioro de la zona y para procurar que, con la explotación de petróleo los campesinos fueran los primeros beneficiados (BELTRÁN, 1985:157).

Podemos concluir que se trata de un estado con un paisaje agrario, que ha vivido la vida de campo con drásticos cambios, marcados por el desarrollo modernizador del trópico mexicano, vía ganadería, de los diferentes planes de desarrollo y el auge petrolero, ocasionando “la desaparición de los viejos estilos de vida” como la pesca y la agricultura dependiente de la creciente y decreciente de los cauces fluviales, la alimentación y los usos de la lengua chontal en el proceso de desarrollo capitalista. Procesos que están vinculados de formas muy complejas tanto positivas como negativas, con una serie de fenómenos de carácter geológico, climático y biológico.

Los cambios tanto estructurales y funcionales denunciados aquí, son procesos intrínsecos del paisaje actual en la región y esto se debe en gran razón a la apropiación del hombre, hecho determinante en la evolución del uso y configuración del territorio, que a lo largo de la historia ha generado la degradación progresiva del paisaje.

97

Los recursos naturales vienen sufriendo un proceso de sobreexplotación elevada, que reduce la posibilidad de los elementos existentes para cumplir su rol multifuncional. La situación a su vez se ve agravada por los conflictos sociales y cuyos alcances son aún difíciles de prever, lo cual implica que variables económicas, sociales y culturales amarradas con el grueso lazo de la política, se conviertan ya en un nudo ciego; en donde los ecologistas, horrorizados por las consecuencias ambientales de la modernidad, tienden a visualizarlo como un paraíso perdido.