CAPÍTULO II MARCO TEÓRICO
B. Estrategias metacognitivas de aprendizaje
4. Estrategias relacionadas con variables ambientales
2.2.3. Enfoque teórico de la comprensión lectora
programa es un rasgo muy importante para que éste logre sus objetivos, sea cual sea la situación de aprendizaje en la que se aplique.
Son todas estas operaciones las que permiten al lector comprender, atribuir significado al texto escrito, en un proceso que podemos caracterizar en términos semejantes a los que Ausubel (1976) en Serrano (2000), utilizó para describir el aprendizaje significativo. El lector comprende porque está en capacidad de establecer relaciones significativas, entre lo que ya sabe, lo que conoce porque lo ha experimentado y toda la información que el texto le aporta.
Cuando leemos comprendemos lo escrito, podemos atribuir significado a lo nuevo, en tanto somos capaces de relacionarlo con información que ya conocíamos e integrar esa información nueva en nuestros esquemas de conocimiento. Ello permite no sólo comprender, sino también ampliar nuestro bagaje de conocimientos. Es claro entonces, que el significado no reside en el texto mismo, sino que éste es construido por el lector, y esto es posible a partir de la activación de sus esquemas de conocimiento apropiados. Los esquemas como paquetes estructurados de conocimientos y de procedimientos, almacenados de manera organizada en la memoria (Rumelhart, 1980) en Serrano (2000), nos permiten formularnos preguntas e hipótesis y hacer predicciones cognitivas, acerca de lo que estamos leyendo, confirmarlas, revisarlas o rechazarlas para construir la representación mental de lo leído.
Otro factor responsable de la calidad de relaciones y de las operaciones que acabamos de señalar y que determina también la comprensión es el relacionado con los objetivos o intenciones con que el lector aborda la lectura. Y que determinan, en gran parte las estrategias que se activan para lograr una interpretación del texto. Es decir, nuestra actividad de lectura está dirigida por los objetivos que nos proponemos alcanzar. No es lo mismo leer para buscar una información determinada, que cuando lo hacemos para formarnos una idea general del contenido, o cuando necesitamos leer para resolver un problema.
Evidentemente, que en cualquiera de estos casos emplearemos diversas estrategias para abordar el texto y compensar las lagunas que se puedan presentar. Por otra parte, es muy importante también que el lector encuentre sentido a la actividad que realiza al leer, y esto sólo se logra si la lectura resulta placentera y gratificante, lo cual exige conocer qué va a leer y para qué va a hacerlo.
Sin embargo, es necesario advertir que no comprendemos sólo porque disponemos de conocimientos previos para relacionar e integrar información, ni
porque tengamos claro el propósito por el cual leemos. Comprendemos también porque el texto nos lo permite en ese rol importante que juega en la lectura, El texto en sí mismo posee una estructura, tiene una lógica interna y nos brinda información que nos interesa; en una palabra, el texto es comprensible. De esta forma, la estructura del texto, su vocabulario, su género y estilo constituyen aspectos determinantes del éxito y dificultades que los lectores puedan experimentar al leer e intentar aprender. La investigación actual sugiere que la forma como está estructurado el texto influye en la comprensión del mismo. Se ha demostrado que los lectores poseen esquemas mentales previos relacionados con el contenido y estructura de los textos y los utilizan para ayudarse a comprender la información (Van Dijk, y Kintsch, 1983) en Serrano (2000), empleando claves (palabras y frases) que señalan al lector el tipo de organización reflejada en la estructura superficial del texto. Estos esquemas influyen favorablemente tanto en la comprensión como en la retención y evocación de la información contenida en el material de lectura.
Del mismo modo que el aprendizaje en general, el proceso de lectura no resulta posible sin la implicación activa del lector en función del contexto en sus varios niveles: lingüístico, situacional, actitudinal. Se requiere fundamentalmente que él encuentre sentido a la actividad de leer, de modo que pueda implicarse en ella con su carga afectiva y motivacional. Sólo cuando el lector tiene un propósito claro para la actividad de lectura, cuando la encuentra interesante, cuando la percibe como una tarea que cubre alguna necesidad sentida, cuando se siente capaz de hacerlo, cuando siente que tienen recursos para hacerlo, o que puede recibir la ayuda necesaria, es cuando el aprendiz puede afrontar el reto que supone leer, comprender y aprender.
En síntesis, la comprensión como proceso de construcción de significados, posible, precisamente, en la transacción del lector con el texto, depende fundamentalmente de varios componentes esenciales: a) de la existencia, accesibilidad y uso apropiado de los conocimientos previos como unidades estructuralmente organizadas en esquemas, puesto que el lector construye significados para el texto, en función de la confianza que él tiene en sus propias posibilidades como lector, de lo que sabe sobre lo que lee y de la forma como usa activamente sus esquemas para relacionarlos con la nueva información. Si el lector no usa activamente sus esquemas una parte significativa del proceso de
comprensión no se puede dar y por lo tanto, la construcción del significado del texto será deficiente, incompleta o errónea. b) de los propósitos o las intenciones que guían la actividad de lectura, los cuales determinan las estrategias que utiliza y c) del texto mismo, de su estructura, de sus índices lingüísticos, de la manera en que se organizan los contenidos y de sus marcas discursivas y de cómo el lector las procesa para alcanzar la construcción del significado.
Para concluir, queremos señalar que cuando un lector comprende lo que lee, está aprendiendo, está construyendo nuevos conocimientos, en tanto, la lectura le permite acercarse al mundo de significados que el texto le ofrece. Esto obviamente nos muestra la potencialidad de la lectura en la formación integral de la persona.
2.2.4. Lectura y comprensión Lectora