XIII- XVI). 237-252
4. Epílogo: abusos, protestas y litigios entre señores y vasallos
los cuales asignarán los solares donde los nuevos terrazgueros hagan sus casas. Un aspecto muy atrayente para los nuevos colonos.
En séptimo lugar, que los vecinos que ahora son como los que ven- drán a serlos, pagarán los diezmos “como siempre los acostumbraron pa- gar e an pagado fasta aquí”.
En penúltimo lugar, los vecinos terrazgueros que son, como los que serán, registrarán sus ganados en el lugar de Villamalea ante el escribano de Jorquera, Arias Maldonado, que además lo era también de las Rentas, o ante su lugarteniente, cuatro días después de San Pedro y San Pablo (29 de junio), cada año, pagando veinte maravedís por cada hato de ganado.
Y, por último, todos los vecinos se obligaban a poner viñas donde les fuera señalado, y así, cada terrazguero que labre con un par de mu- las o de bueyes, debía poner dos mil vides al menos, o más si pudiera o quisiera, de las cuales no debía pagar terrazgo. En esta obligación o deber de los terrazgueros de Villamalea, generalizada en las fundaziones de poblaciones castellanas, está el origen de su viñedo, que alcanzó gran importancia en cuanto a extensión, cantidad y renta durante el Antiguo Régimen y los siglos XIX y XX, que todavía conserva, a pesar del éxito de los nuevos cultivos como el champiñón.
mar su naturaleza comunal y, por tanto, de usarlas en su provecho. Los concejos de los lugares fundados ahora o refundados, con sus morado- res, no dejaban de reclamar el cobro indebido de algunos derechos, ade- más del aprovechamiento de las dehesas mencionadas que poseía ahora el marqués. Así lo hacían los moradores del lugar de Mahora, junto con los de Villamalea, acudiendo en 1560 a la justicia ordinaria de la villa de Jorquera, los alcaldes ordinarios y el corregidor o justicia mayor, que, por otra parte, nombraba el propio marqués de Villena; de ahí la respuesta partidaria a favor del marqués; fallos que apelaron a la justicia superior de la Real Audiencia y Chancillería de Granada, donde pertenecía esta tierra, que al final dictó sentencia a favor de los terrazgueros y de estos concejos, y en contra del marqués. No me detengo más en esta cuestión, que escapa al objeto de esta investigación, y retomaré más adelante en otro trabajo; concluyendo, sin embargo, que en esta ocasión la repobla- ción o colonización de este tiempo, se consolidó con los nuevos núcleos de población, prosperando, incluso, más que la propia villa, y adaptando su economía a las necesidades de los nuevos tiempos que iban llegando.
Así, pues, esta comunidad de vecinos prosperaba, salvo en algún pe- ríodo puntual, acomodándose a los tiempos y a las nuevas formas de afrontar su actividad vital, tanto con estas actividades agro-pecuarias en los siglos XVII y XVIII, introduciendo productos como el cáñamo y el lino, que permitieron una próspera manufactura textil rural, y, sobre todo, el cultivo del azafrán; o, en el siglo pasado, el cooperativismo, y más recientemente, el cultivo del champiñón, y, en nuestros días, se busca el arraigo del cultivo del caracol, sin olvidar aquellas actividades de los primeros tiempos, como los cereales y la viticultura.
PATRIMINIO HISTÓRICO ARTÍSTICO CULTURAL (V CENTENARIO DE VILLAMALEA)
Esperanza Blasco A mis paisanos, amigos de Villamalea, con cariño y demás lectores.
PRÓLOGO
Este es un libro analítico, que pertenece exclusivamente al conocimiento del patrimonio histórico, artístico y cultural de Villamalea. Un patrimo- nio, que vino acumulándose durante el paso de los tiempos, conforman- do su identidad. De otros aspectos de nuestra historia tenemos informa- ciones puntuales conservadas cuidadosamente por estudiosos y expertos en el archivo.
Este trabajo, tenía como destino un libro que me había propuesto pu- blicar en conmemoración del V Centenario de Villamalea, pero acepté la invitación que me hicieron para que se publicase en un volumen editado por el Instituto de Estudios Albacetenses para conmemorar el V Cente- nario de Villamalea.
Para realizar este trabajo, he recogido algunas anotaciones de los dos libros que nos dejaron escritos Antonio López y Antonio Valera, sobre el pueblo. Igualmente agradezco a César Cano, archivero, su inestimable ayuda en mi búsqueda de información, permitiéndome incrementar los datos y el rigor histórico del trabajo.
También, mi agradecimiento a todas aquellas personas que me pro- porcionaron datos importantes. Algunos muy mayores, que conservan en la memoria el archivo de muchos siglos de historia, con aspectos y detalles importantes de épocas pasadas que podían recordar. Insistién- dome que aquella información que habían recibido de sus ancestros, no podía quedar en el olvido. A todos ellos, un abrazo de todo corazón.
En toda ésta recopilación, he podido comprobar la fascinación que la cultura ha despertado en el hombre a lo largo de la historia de la hu- manidad. Cuando en el siglo IX ardió la biblioteca de Bujara, la gente se consolaba diciendo: “El Santuario de la sabiduría no ha perecido, se ha trasladado al cerebro de Al-Shaij al-Rais” (Avicena).
CELEBRACIÓN DEL V CENTENARIO
Resulta apasionante poder estar celebrando el V Centenario de la Con- cordia de fecha 29 de abril de 1516, por la que oficiales del Marqués de Villena acordaban con los vecinos de San Juan de Villamalea la forma de mejor administrar las vidas, bienes y haciendas de los lugareños.
Una fecha olvidada en los archivos municipales, desempolvada y recu- perada por Antonio Valera Gómez. Un honesto y eficaz funcionario del Ayuntamiento que convivió con nosotros hasta no hace mucho tiempo.
2016 también, marca la agenda cultural de España en el mundo con el IV centenario de la muerte de Cervantes. Así, como de otros grandes escritores de la literatura universal como Valle Inclán, Rubén Darío, Sha- kespeare o el año de Aristóteles declarado por la UNESCO. Sin olvidar, los 500 años de la muerte de Fernando el Católico. El Rey fundador de los Estados modernos.
Pero en el día de hoy, la mirada se proyecta desde el recuerdo de mi infancia en el pueblo, que inspiró mi creación artística, encontrando en el pasado la fuente más rica de creación. Porque la belleza, siempre ha seducido la sensibilidad de las personas y el arte, ha sido el soporte pro- digioso que el hombre ha venido utilizando para dejar su huella indele- ble del tiempo vivido.
En el periodo que comprende el V Centenario, quiero hacer una men- ción sucinta de algunos de los grandes maestros de nuestra pintura que inmortalizaron en sus obras los momentos más sublimes de la historia, durante el “Renacimiento”, en el “El Siglo de Oro” español.
El Bosco, pintor de la meditación, del cual se celebra el V Centenario.
El Greco, que representa en sus lienzos, el tenebrismo existencial de la época y el misticismo ascético de: “Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero…” de Santa Teresa.
Velázquez, que impregna a sus personajes la cultura hidalga y hu- manista en el cuadro de “Las Lanzas”, convirtiendo la humillación de
la rendición de Breda, en un acto sublime de dignificación del vencido.
Murillo: el más internacional representante del Barroco y de la belleza mística, a cuya escuela pertenecen también Ribera y Zurbarán.
Y Goya, en el “Romanticismo”, que nos deslumbra con el esplendor de la luz en los ropajes y nos conmueve con las pinturas negras que re- presentan la tragedia. Fue el primer pintor moderno, precursor de las vanguardias.
En esa larga marcha que arranca desde la profundidad de las caver- nas, la pintura y el arte, nos trasladan al mundo prodigioso de la vida, adentrándonos en el misterio insondable de lo desconocido para enten- der las emociones y aventuras del hombre, sus miedos y sus ansias in- finitas de eternidad. Desbordando la información que nos han venido dejando los historiadores, escritores y poetas a lo largo de la historia de la humanidad.
El viento del Este.
Quiero hacer un viaje que nos retrotrae en el tiempo por las emociones vividas, las ilusiones soñadas y el destino compartido en un lugar entra- ñable de cuyo nombre sí quiero acordarme: Villamalea. Un pueblo de la meseta septentrional, en la ribera del Cabriel, bañado por la brisa y la cultura del Mediterráneo: el viento del Este.
El viento solano, que suaviza los intensos fríos del invierno y refresca los días cálidos del verano. El aire solano, que nos evoca el aroma y la fragancia de las mieses en las eras, cuando al atardecer se aventaban las parvas de cereales trilladas en los días de sol radiante de verano.
Antaño, una frondosa meseta transformada en tierra de pastizales y campos de labor. Cruce de caminos de las calzadas romanas que discu- rrían por el puente romano de Vadocañas, hasta la Mérida Augusta o la Córdoba Trajana.
El viento del Este, que nos trajo la romanización, transformando la vida de los poblados tribales en sociedades civilizadas. Con dos instru- mentos esenciales: el arado romano que revolucionó la agricultura y multiplicó la producción de alimentos y el Derecho Romano, con el que ilustró a sus gentes.
Cuando en mis años jóvenes estudiaba Derecho Romano, me sor- prendió que algunas figuras jurídicas básicas como: el “predio”, “el de- recho de paso” o “la servidumbre de aguas” las había aprendido en un
pueblo rural de hombres y mujeres cultas. Porque la cultura no consiste en saber muchas cosas, sino en saber el sentido de las cosas.
Una cultura milenaria que se vino transmitiendo de generación en generación en las calles y en las plazas de los pueblos donde tuvimos nuestra primera escuela, cuando los chiquillos nos acercábamos a los corrillos de los mayores para escuchar sus conversaciones y aprender su experiencia.
¡Ah! El Viento del Este, que más tarde nos traería el perfume y la fres- cura del Renacimiento con el florecimiento de las artes, el refinamiento de la cultura y la revolución en las ciencias.
Aunque, una visión sucinta de la historia de las sociedades modernas, no podría entenderse sin la tercera oleada del viento del Este, que nos trajo la Ilustración.
Un halo de humanismo que enriqueció la dignidad de las personas, afirmando el valor intrínseco de todas las vidas humanas. Valores sobre los que se asientan la libertad, igualdad y solidaridad de todos los ciuda- danos en los Estados Modernos.
Un triunfo de la humanidad, después de XXX siglos de historia.
Dignidad, que encarnaron nuestras madres y abuelas manteniendo el fuego sagrado de la vida, construyendo familias, sociedades y mundos con la misma abnegación y entrega, que reza el epitafio sepulcral de una mujer romana: “Nunca pensó en sí misma, nunca se consideró libre”.
Entre todas las mujeres que ennoblecieron mi infancia, aún guardo en la memoria la dignidad de la Josefilla, la mujer más pobre del pueblo:
viuda con dos hijos, uno ciego y el otro disminuido; pero en aquella so- ciedad solidaria nunca le faltó el sustento diario ni el fuego sagrado del hogar en aquellos fríos días nevados del invierno.
Y en homenaje a nuestras madres, quiero citar una apasionada elegía de Carmela, evocada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid:
“Ellas fueron y son las mujeres amadas de mi vida y de las vuestras”.
“Mujeres cercanas y prestas a la ayuda, de despertares al alba y traba- jar sin descanso hasta el anochecer”.
“Mujeres que nos cuidaron en el barrio de nuestro pueblo”. “¡Cuánto hemos aprendido de vuestra experiencia!”.
Con la emoción contenida de estar celebrando este V Centenario, mi recuerdo y admiración por todas aquellas personas que convivieron con nosotros en la infancia y ya no están.
Entre todos, cincelaron el crisol de aquella sociedad donde se forjaron
mis deseos de honestidad, mis sentimientos de solidaridad y mi curiosi- dad intelectual.
Por último, quiero lanzar un reto de ilusión hacia el futuro que sirve por igual para mayores y para jóvenes:
“Porque la juventud
No es un periodo de la vida Es un estado de ánimo Un efecto de la voluntad
Una cualidad de la imaginación Una intensidad emotiva
Una victoria del valor sobre la timidez
Del gusto por la aventura sobre el amor por la comodidad No se llega a viejo por haber cumplido un número de años.
Se hace uno viejo al desertar de un ideal. Los años rizan la piel.
Renunciar a un ideal, arruga el alma. Las preocupaciones, las penas y la falta de esperanza son los enemigos que, lentamente, nos van inclinan- do hacia la tierra y nos vuelven pusilánimes frente a la muerte.
Joven.
Es el que se asombra y maravilla, el que pregunta como un niño insaciable:
“¿y después?”.
Quien desafía los acontecimientos y encuentra alegría en el juego de la vida…
Seréis tan jóvenes como vuestra fe, tan viejos como vuestra duda.
Tan jóvenes como vuestra confianza en vosotros mismos, tan viejos como vuestro abatimiento.
Tan jóvenes como vuestra esperanza” (André Huet) a la conquista del próximo Centenario.
ESCASO PERO IMPORTANTE PATRIMONIO ARTÍSTICO-CULTURAL EN VILLAMALEA
Valorando lo poco que queda del patrimonio artístico-cultural en Villa- malea, que es importantísimo, vemos que la huella de aquella religiosi- dad cristina que predominaba en España tuvo también gran influjo en
los primeros albores del pueblo, siglos XVI-XVII-XVIII. Tanto la Iglesia Parroquial como las ermitas de la Concepción o San Antón tuvieron que estar dotadas del esplendor y belleza ornamental de la época por las muestras que se conservan.
Debemos estar orgullosos de los orígenes del pueblo. De aquellos po- bladores, que, siendo pocos, pues en 1538 eran 130 vecinos, en el censo de 1563 existían 253 personas cristianas mayores de 7 años en 83 casas, (según la erección del obispado de Orihuela del siglo XVI). En 1769 eran ya 1723 almas. Gracias a ellos, que supieron engrandecer su pequeña localidad con la floreciente cultura y valor artístico que hoy conocemos.
Mediante la herra- mienta de la inscrip- ción, esencial para el conocimiento y estu- dio de la antigüedad de los pueblos, llá- mese literaria con los datos recogidos en archivos, algún libro, o grabaciones y di- bujos, signos, grafías con diferentes carac- teres, etc. y también por la cultura que im- prime el movimiento artístico-arquitectó- nico datado en una época determinada tendremos un cono- cimiento preciso de la historia de Villa- malea que es lo que busco y me propongo en este libro, siendo admiradora y entusiasta de la etnografía.
Fue en 1516 cuando el Marqués de Villena ofrece tierras a San Juan de Villamalea para labrar y otros oficios y para que acabaran de poblar aquel lugar que dio en principio en 1508, para que se unieran ahí los habitantes de varias aldeas que existían próximas pero dispersas, entre
otras: Retamalejos, Garaden o Villalpardillo, donde se han encontrado, además de restos humanos en excavaciones, (como si hubiese habido o cementerio o ermita) también algún pozo, etc. (1); ya que se dice que los primeros pobladores del lugar datan del siglo VIII o antes.
Sabemos que las primeras viviendas se forman alrededor de las dos balsas que hubieron, separadas por el entonces camino de Cenizate, donde hoy son Plaza Redonda y Parque de la Balsa, de las que se abas- tecían del agua necesaria. Próximas a estas zonas aparecen ermitas y se van edificando el núcleo donde se insertaría el primer Ayuntamiento, llamado “La Sala”, en la Plaza hoy Alfonso XII. La Red, El Pósito, la anti- gua posada, etc.
En la otra zona, además del Barrio del Olmo, estuvo la ermita de San Agustín, el antiguo palacio de los Núñez, de gran extensión, que se par- tió en el año 1930, para abrir y dar prolongación a la calle de La Plata.
Fue una importante edificación de la que quedó para el recuerdo una vez separada, la Casa Cuartel de la Guardia Civil y en la otra sus paredes, huecos de ventanales, situación de entradas al local con algunas gradas.
Con el tiempo se construyó allí la Sindical y posteriormente el Centro de Salud. Esto, entre casas solariegas que se sepa como la de los ancestros del militar D. José Valera Guaita, casado con Dª Carmen Fernández; pa- dres del farmacéutico D. Pio Aurelio y del magistrado D. Francisco; que tuvo un interesante pórtico de piedra labrada en jambas, dintel y friso y que, al ser dividida la vivienda destrozaron el importante esplendor y belleza artística de aquella época.
IGLESIA Y ERMITAS
La iglesia de la Encarnación, posiblemente se iniciaría en esa fecha (1516). Edificándola en lo alto del terreno y centro, entre la Casilla de Malea, que era de pastores, y la “ermita de San Juan Evangelista” (2), y con la ayuda económica del citado Marqués y el Obispado de Cartagena, (que recogían los tributos de los campesinos con el diezmo de frutos y otros productos en las Tercias. Tenían la obligación de sufragar con el rediezmo de los mismos, los gastos de las fábricas de iglesias), más los trabajos aportados por los vecinos. La creación de iglesias fue debido a la evolución eclesiástica en la Edad Media, había necesidad del culto religioso en numerosas aldeas o lugares
Al no conocer planos o archivos que sitúen la ermita de San Juan, hace pensar que pudiera estar localizada en lo que hoy es la sacristía de
la iglesia por el conjunto de datos que observo y he conocido como: su diferente y separada construcción, la antigüedad de sus vanos de piedra labrada (ahora tapiados), arcos, situación de la espadaña, las primitivas ermitas tenían espadaña, no torre y estas estaban colocadas en vertical, sobre un potente y alto muro en la fachada, a los pies del santuario, ser- vían para alojar las campanas y remataban en punta o piñón. Bajo esta espadaña existía una puerta al exterior, hoy tapiada y remodelada que no coincide con la estructura primitiva.
También tuvo ramificaciones de galerías subterráneas (de influencia carolingia existían criptas para diferentes usos). La cubierta a distinta cota, también modificada. Localización de la Casa Tercia edificada junto a ella, pero no en la misma línea, etc. Las ermitas estaban aisladas. La torre de la primitiva iglesia la edificaron bastante alejada de esta posible ermita, se comentó que fue construida con piedra labrada traída de Ce- nizate.
Otro dato importante, es el nombre primitivo de San Juan. ¿No se- ría El Bautista? ¿Podría presidir en su hornacina de dicha ermita y al ser parcialmente derribada para alargar la iglesia desaparecer? ¿Por qué cuando se amplió por la cabecera de la ya, aunque pequeña iglesia, pu- sieron en el centro y próximo a la clave de la bóveda sobre el altar mayor, entre unos bajorrelieves un San Juan Bautista Niño?
Esta imagen de San Juan Bautista Niño con dos varas cruzadas en forma de cruz, significando “El Precursor” de Cristo, fue utilizada desde la antigüedad en la mayoría de santuarios. Ya el gran pintor renacentista Leonardo da Vinci así lo pintó, igualmente Murillo o Antonio Palomino entre otros.
En 1531 la iglesia, aunque pequeña, estaba “acabada”. Y en 1535 se habla de otra Concordia entre el mismo Marqués y el cabildo de Carta- gena. Entre otros asuntos trata de beneficiar a la iglesia recién fundada con ornamentos para celebrar el mayor culto y en otro apartado consta que “el señor Obispo de Cartagena ofrecía a San Juan de Villamalea, para la iglesia, un Cáliz con su Patena de Plata, con dos vestimentas cumplidas, un frontal y un misal.” (3).
Varias ermitas fueron construidas antes que la iglesia. Estaban bas- tante separadas unas de otras. Hay documentos que acreditan que había siete: además de la de San Juan, citada, existía la Concepción y San An- tón (hoy en pie), y había que añadir la de San Sebastián, San Agustín, el Calvario y Santa Bárbara, que se sabe dónde estaban localizadas por las