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2.3 Bases conceptuales

2.3.1 Escritura

Valdivia (….) afirma que escribir no es, un acto mecánico, un simple trazo de letras o signos convencionales; la escritura exige desde el primer momento de su aprendizaje una cabal conciencia de lo que se está expresando con los gráficos. La escritura está en la base de la redacción su aprendizaje, debe de ser logrado en los primeros años de la escolaridad y principalmente en los grados primero y segundo. En esta etapa el niño aprenderá a trazar las letras y a relacionar lo escrito con lo oral; es decir, aprenderá los signos que necesita para poder codificar al mismo tiempo que aprende el acto mismo de la codificación. Pero eso no basta:

deberá aprender, siquiera en forma elemental, que aquello que escribe está cargado de sentido; que la escritura sirve para expresar un pensamiento.

Al respecto dentro del trabajo de investigación realizado las investigadoras brindan un aporte para que la escritura sea un acto consciente ya que con las actividades como equilibrio donde realizaron caminata en un listón de madera de 10 cm de ancho por 3m de largo en el cual los estudiantes caminaban de acuerdo a las consignas que eran dadas por las investigadoras para el gateo era necesario que los estudiantes conocieran su derecha e izquierda ya que al gatear se tenía que intercalar y coordinar los movimientos de brazos y piernas es con estas dos primeras actividades donde los estudiantes inician tomando conciencia de sus propias habilidades motrices.

Lennenberg (1982), afirma que todos los tipos de representación son transcripción del lenguaje, y entre ellos la escritura, son gestos físicos que transmiten un significado. La manifestación primaria del lenguaje es fónica, mientras que la escritura (representación gráfica) es una manifestación secundaria;

desde el punto de vista lingüístico, no puede estudiarse por separado, sino solo en relación con la primera. En la ontogénesis del niño, la escritura aparece después del habla. Como es una actividad convencional y codificada, la escritura constituye un logro que se adquiere. Se accede a ella una vez que se ha alcanzado cierto nivel de desarrollo intelectual, motor y afectivo. Se le puede considerar como lenguaje y movimiento, pero se ve limitado por el contexto en el que tiene lugar, por su rigurosa configuración gráfica y las reglas que rigen la trascripción del lenguaje.

Las investigadoras han podido observar que los niños con los cuales se ha trabajado la aplicación del programa tenían dificultades en copiar pequeños textos, no solo porque desconocían las palabras sino también presentaban dificultades al manipular el lápiz y conseguir una postura adecuada y cómoda que les permitiera realizar una buena escritura, además muchos de los niños no habían tenido experiencias de juegos motores y como manifiesta Lennenberg un buen desarrollo motor permite alcanzar una buena escritura.

Jimenez (2001) nos dice que el aprendizaje demanda un doble proceso: cognoscitivo y perceptivo motriz. En este sentido cabe preguntarse: ¿Cuándo un niño domina realmente la destreza de la escritura? Generalmente se suele argumentar cuando el niño consigue dominar el tamaño, inclinación y estética del trazado, lo cual implica que la formalidad del trazo se convierte en un dominio prioritario para la adquisición de esta destreza. De hecho, se suele considerar que los principales factores responsables del éxito o fracaso en la escritura sean el tipo de letra a imitar (por ejemplo, cursiva o script) y tipo de pauta a elegir (polo, 1987).

Evidentemente que estas cuestiones son fundamentales dado que algunos trabajos han demostrado diferencias en favor de la letra cursivo para el dominio de la ortografía natural (Jiménez y Rumeu, 1989). Sin embargo, en este contexto hay que hacer notar que la escritura no solo incluye un componente perceptivo motriz de ahí

que no resulte tan adecuado que todo el énfasis, en la enseñanza de esta destreza, esté centrado en que el niño consiga dominar los aspectos formales de le escritura.

Al respecto las investigadoras observaron que la escritura de los niños era deficiente ya que presentaban irregularidades de tamaño, forma y orientación, dichas deficiencias fueron el primer factor que motivo a realizar la presente investigación. Las actividades que se propusieron en el programa estuvieron orientadas a desarrollar aspectos motores que los niños no habían alcanzado desarrollar durante la educación inicial, al finalizar la aplicación los resultados obtenidos fueron favorables pero el programa de psicomotricidad no solo fue el único factor que influyó en la mejora de la escritura de los niños sino también existieron factores ambientales familiares e internos los que contribuyeron a mejorar la escritura de los niños que fueron parte de la investigación.

Condemarin y Chadwick (1989) Proponen que la escritura manuscrita es una representación gráfica del lenguaje que utiliza signos convencionales, sistemáticos e identificables. Consiste en una representación visual y permanente del lenguaje que le otorga un carácter transmisible, conservable y vehicular. La escritura es un modo de expresión verbal tardío, tanto en la historia de la humanidad como en la evolución del individuo, si se le compara con la edad de aparición del lenguaje oral. La escritura que es grafismo y lenguaje, está íntimamente ligada la evolución de las

posibilidades motrices que le permiten tomar su forma y al conocimiento lingüístico que le da un sentido.

Las investigadoras consideran que el desarrollo de la escritura está estrechamente relacionada con la evolución de la posibilidades motrices por lo que el docente debe tener presente que las actividades motrices tiene que ser significativas es por ello que dentro del programa elaborado se planteó actividades como: gateo y arrastre, equilibrio dinámico, jugar a la pelota, saltar al cordel, dibujo libre, trazo, entre otras las cuales estuvieron direccionadas a que el estudiante pueda obtener una escritura optima en una fecha futura.

Según Jhonson y Myklebust (1967) la escritura constituye un proceso altamente complejo, una de las formas elevadas del lenguaje y por ende, la última en ser aprendida. Es una forma de lenguaje expresivo, un sistema de símbolos visuales que conlleva pensamientos, sentimientos e ideas normalmente el niño aprende primero a comprender y usar la palabra hablada y posteriormente a leer y expresar ideas a través de la palabra escrita. Dado que la escritura es la última modalidad del lenguaje aprendida por el niño en el marco escolar, es evidente que el desarrollo que el alcanza en las otras áreas de su conducta verbal puede favorecer este aprendizaje. De la misma manera, las alteraciones que se produzcan en las otras modalidades del lenguaje afectarían el aprendizaje de la escritura. Así un retraso simple del lenguaje, un trastorno de la comprensión, un trastorno del habla con

alteraciones fonéticas, pueden perturbar el aprendizaje de la lectura. El niño que no puede leer o que tiene dificultades para hacerlos tendrá dificultad para escribir. Podrá ser capaz de copiar pero no siempre podrá utilizar adecuadamente los símbolos escritos para comunicarse. Algunos tipos de dislexia pueden dificultar la normal adquisición del lenguaje escrito y la ortografía;

su efecto variara según la naturaleza y la intensidad del compromiso. El aprendizaje de la escritura como modalidad del lenguaje puede verse afectado en forma específica, conservando intactas las otras conductas verbales. Dicho en otras palabras, un niño puede tener dificultad para ejecutar los patrones motores necesarios para la ejecución de letras, números o palabras, pese a tener un buen nivel del lenguaje oral y ser un buen lector.

Al respecto, en el programa planteado se siguió una secuencias de ejercicios empezando por la coordinación dinámica global y equilibrio donde están incluidos ejercicios como equilibrio dinámico y estático, gatero y arrastre, saltar al cordel y finalmente se realizaron ejercicios de pre escritura dentro de ello se ejecutaron actividades como arabescos, trazos y rellenado de superficie, entre otras, como se puede ver las actividades estuvieron secuenciadas y se tuvo en cuenta el grado de dificultad y hacia qué área estaba orientado por lo tanto se consideró que la escritura es un proceso altamente complejo por ello se buscó que el programa sirva de preparación para alcanzar este último proceso que tenga un desarrollo óptimo.

Rieu y Mireille (1980) afirma que escribir es una de las funciones de la escuela primaria. Tras este periodo preescolar los niños pasan a la escuela en la que el primer objetivo es aprender a leer en un tiempo limitado a través de un programa aún bastante rígido. Para algunos, el primer curso escolar simboliza esencialmente el tiempo de aprender a leer; las otras materias impartidas gravitan alrededor, presentando una importancia menor en los objetivos pedagógicos. Pero al año siguiente, desde el momento en que se tiene clara consciencia de que la escritura es necesaria para todas las demás disciplinas, si el niño escribe mal o demasiado lento es juzgado severamente. Pedagogos y padres buscan el mal en una torpeza hereditaria o en la pereza disculpando de este modo, el conjunto escolar. Estas consideraciones ponen en evidencia otro objetivo importante en este primer año escolar: el aprendizaje de la escritura.

Algunos piensan que el aprendizaje de la escritura va unido a una enseñanza tradicional. Evocan entonces a los enderezamientos corporales; la imitación de modelos más o menos inclinados trazados en la pizarra vertical; la imitación de palotes y de redondos antes de la introducción de la letra, y en nombre de una enseñanza renovada se desprecia el momento dedicado a aprender a escribir.

De acuerdo con este aspecto las investigadoras pudieron comprobar que no le dan importancia a la enseñanza de la escritura puesto que los niños de la institución educativa Andrés

Avelino Cáceres solo siguen modelos que la profesora traza en la pizarra y siguen algunas correcciones de algún tipo de posición de su cuerpo dejando de lado la importancia que debe tener dedicarle un tiempo específico a la enseñanza de la escritura. Puesto que la escritura es evocado por los niños en las diferentes áreas curriculares.

Para Lennenberg, (1982) todo individuo normal, dado cierto nivel de desarrollo, tiene la capacidad para escribir, pero su potencial, que depende de la interacción y madurez de varios sistemas, no puede llegar a ser eficaz si no es por medio del aprendizaje sistemático. Afirma que los sistemas implicados no son los mismos para los distintos niveles de escrituras. En la copia son fundamentales la vista y la percepción de la forma de los símbolos visuales, como también las facultades de enervación motriz necesarias para su ejecución. En el dictado, intervienen la comprensión verbal del texto transmitido oralmente y su transcripción en símbolos gráficos. En la escritura espontánea, es necesario poner por escrito, en forma simbólica, el material elaborado por el lenguaje interno y elegir, a partir de él, formas de hablar y símbolos gráficos que la sociedad facilita a los hablantes.

La escritura es praxia y lenguaje. Constituye un medio permanente de registrar ideas y recuerdos, pero también es un método de intercambio, un medio de comunicación entre “nosotros” y los

”demás”. La escritura es una forma de manifestación lingüística privativa del hombre, pues supone una comunicación simbólica por

medio de un código diferenciado según las culturas. No es un código figurativo sino simbólico.

En cuanto a este aspecto podemos decir que para que el individuo alcance un potencial de escritura requiere de la madurez de varios sistemas y esto lo evidenciaron los niños en la Institución Educativa Andrés Avelino Cáceres Dorregaray gracias a la aplicación del programa de psicomotricidad.

Chadwidk y Condemarín (1986), por su parte, señalan que la escritura es un modo de expresión tardío, tanto en la historia de la humanidad como en la evolución del individuo, si se le compara con la edad de la aparición del lenguaje oral. La escritura, que es grafismo y lenguaje, está íntimamente ligada a la evolución de las posibilidades motrices que le permiten tomar su forma y al conocimiento lingüístico, que le da sentido. La escritura, en su verdadero sentido, implica la transcripción, sin modelo visual y apoyo auditivo, de frases creadas en la mente del propio niño.

Las investigadoras han podido observar que efectivamente los niños de la institución educativa Andrés Avelino Cáceres Dorregaray han estado mejorando la calidad de su escritura tras realizar las actividades del programa de psicomotricidad propuesto en la investigación lo que comprueba que la escritura está ligada a las posibilidades motrices. En el primer grado los niños recién están en proceso del verdadero sentido de lo que es escribir ya que

por sí solos no pueden transcribir las frases creadas en sus mentes, ellos solo transcriben modelos visuales.

Myklebust (1965) señala que la escritura es una de las formas superiores del lenguaje y, por lo tanto, la última en ser aprendida. Constituye una forma de lenguaje expresivo. Es un sistema simbólico-visual para transformar los pensamientos y sentimientos en ideas. Normalmente el niño aprende primero a comprender y a utilizar la palabra hablada y posteriormente a leer y expresar ideas a través de la palabra escrita. Si bien es cierto que es la última forma de lenguaje en ser aprendida, no por ello deja de ser parte del lenguaje como un todo.

En cuanto a este aspecto las investigadoras observaron que los niños están en el proceso de aprendizaje, estos niños están aprendiendo a utilizar la palabra hablada y a leer pero aun no expresan ideas a través de la palabra escrita puesto que muchos aún no pueden escribir sus nombres.

Piaget (1980), define el lenguaje escrito como, la representación de una representación”. El lenguaje escrito es una representación gráfica arbitraria del lenguaje hablado, el cual, a su vez, no es otra que una representación igualmente arbitraria, socialmente determinada. Habiendo sido abstraído dos veces de la realidad, el lenguaje escrito es la forma más abstracta de representación. Estas configuraciones arbitrarias son formas características y arreglos, llamadas palabras, no tienen relación

natural con los objetos ni eventos que representan. Cada letra tiene un nombre, una forma característica y representa uno o más sonidos. Descifrar estas marcas en sonidos no hace automáticamente que la palabra tenga significado.

Efectivamente se comprueba que la escritura es también una representación gráfica por ello en las actividades de arabescos y guirnaldas los niños empezaron a realizar ciertos trazos que los ayudaran a dibujar las distintas letras del abecedario.

Según Ulloa (1987), la escritura constituye un nuevo medio de manejar el lenguaje. Aunque sus formas pueden limitar la libertad de este, para el niño representa el dominio de un nuevo medio de expresión. De todas las habilidades manuales, la escritura es la que permite menos libertad al niño, a la vez proporciona una mayor satisfacción, porque ofrece un trazo indeleble de lo que el lenguaje oral expresa.

Los niños de la Institución Educativa Andrés Avelino Cáceres iniciaron el aprendizaje de la escritura con la ausencia de un programa que se dedique exclusivamente a ella lo que hace que se complique el dominio absoluto de este medio de expresión por ello el programa de psicomotricidad brindo la oportunidad de tener un espacio de desarrollo del aprendizaje psicomotriz.

Bravo y otros (1981), señalan que la escritura manuscrita constituye una modalidad de lenguaje y que debe estudiarse como

motricidad, del dominio de las direcciones del espacio, del pensamiento y de la afectividad que requiere su funcionamiento. A pesar de su especificidad, no constituye un sistema homogéneo, sino que expresa diferentes niveles de desarrollo e integración. Por el hecho de constituir un repertorio de repuestas aprendidas, es una función tanto de factores maduracionales como de aprendizaje escolar jerárquico. Esta modalidad de lenguaje utiliza un código o sistema de símbolos organizados que puede ser usado por dos o más personas para transmitir y recibir mensajes.

Con respecto, las investigadoras observaron que en los niños de la institución educativa Andrés Avelino Cáceres se pasa por alto su desarrollo motor, el dominio de las direcciones del espacio, del pensamiento y de la afectividad ya que se observó que ni en el área de educación física realizaban actividades que contribuyan a su destreza motora.

Comellas y Perinyá (1984), la escritura es trazar signos.

Como la escritura no es innata sino que debe ser aprendida, y por lo tanto, enseñada, el niño debe aprender, por un lado, la destreza motora que lleva a realizar una buena letra y constituir un texto que exprese claramente un significado. Esto último se va adquiriendo con la experiencia y constituye un aprendizaje más complejo que el primero.

En lo que concierne al salón de clases, las investigadoras evidenciaron que para los estudiantes los signos del lenguaje

escrito no tenían significado pues muchos de los estudiantes no podían identificar sus nombres cuando les proporcionaron fotocheks con sus nombres, por ello los estudiantes debían se aprestados para este nuevo aprendizaje que es la escritura.