MARCO TEÓRICO
II. MARCO TEÓRICO
II.1. LA ETAPA PREPUBERAL
En este apartado hablaremos de las características psicoevolutivas de los participantes del presente estudio. La etapa en la que se encuentran ubicados podría ser calificada como etapa prepuberal, por su cercanía al inicio de la pubertad, aunque según algunos autores a la edad de 11 años, una parte del alumnado ya ha entrado en los procesos fisiológicos propios de la pubertad.
Papalia, Wendkos y Duskin (2010) clasifican las etapas del desarrollo de los jóvenes en:
- Infancia temprana: entre los 3 y 6 años.
- Infancia media: entre 6 y 11 años.
- Adolescencia: entre 11 y 19 años.
Siguiendo esta clasificación, los escolares a los que nos dirigimos en el presente trabajo se encontrarán finalizando la infancia media y adentrándose en la adolescencia.
Infancia media
En la infancia media, la velocidad de crecimiento se reduce de manera considerable, sin embargo, pese a no apreciarse los cambios del día a día con facilidad, su suma establecerá una diferencia relevante entre los niños de 6 y 11 años, los cuáles comenzarán a parecerse a los adultos.
Atendiendo a lo establecido por Ogden, Fryar, Carroll y Flegal (2004), los niños crecen entre cinco y siete centímetros y medio y casi duplican su peso; mientras que las niñas conservan algo más de tejido adiposo que los niños, aspecto que continuará hasta la edad adulta. Los autores establecían diferencias entre los niños y niñas afroamericanos y los blancos, poseyendo más músculo y masa ósea, a su vez las niñas poseen más grasa corporal que las de origen europeo del mismo tamaño.
La maduración y el aprendizaje durante y después de la infancia media dependen de la sintonización fina de las conexiones cerebrales, junto con la selección más eficiente de las regiones del cerebro apropiadas para tareas particulares. En conjunto, esos cambios incrementan la velocidad y la eficiencia de los procesos cerebrales y mejoran la capacidad para descartar información irrelevante (Amso y Casey, 2006). A nivel cerebral, Lenroot y Giedd (2006), definen que en el lóbulo parietal, que maneja la comprensión espacial, la material gris alcanza su volumen máximo alrededor de los 10 años en las niñas y de los 11 años y medio en los niños;
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en el lóbulo frontal, encargado de funciones de orden superior como el pensamiento, se alcanza a los 11 años en las niñas y a los 12 años en los niños; mientras que en el lóbulo temporal, encargado de ayudar en el lenguaje, no se alcanza la máxima madurez hasta aproximadamente los 16 años. Conforme van madurando se van produciendo conexiones más precisas entre los lóbulos.
En lo relativo a las habilidades motoras, se va produciendo una evolución de mejora espacio-temporal y perceptiva que les conduce a llevar a cabo procesos de coordinación inter e intramuscular más precisos en tareas de dificultad progresivamente creciente. En la tabla 1 se pueden observar algunas habilidades motoras que se van desarrollando con la edad según (Papalia, Wendkos y Duskin, 2010)
Tabla 1. Evolución de habilidades motoras (extraído de Papalia, Wendkos y Duskin, 2010; y tomado de Cratty, 1986)
Edad Conductas motoras
6 Las niñas se desempeñan mejor en la precisión del movimiento; los niños en acciones enérgicas menos complejas.
Tanto los niños como las niñas pueden saltar.
Pueden lanzar, cambiando adecuadamente el peso y el paso.
7 Se equilibran en un solo pie sin mirar.
Caminan sobre barras de equilibrio de cinco centímetros de ancho.
Brincan en un solo pie y saltan con precisión en cuadrados pequeños.
Llevan a cabo con precisión ejercicios que incluyen saltos de tijera.
8 Ejercen una presión de 5,4 kg en fuerza de prensión.
A esta edad es mayor el número de juegos en que participan en ambos sexos.
Los niños pueden realizar saltos rítmicos alternados en un solo pie en un patrón de 2-2, 2-3 o 3-3.
Las niñas pueden lanzar una pelota pequeña a 12 metros.
9 Los niños pueden correr cinco metros por segundo.
Los niños pueden lanzar una pelota pequeña a 21 metros.
10 Los niños pueden anticipar e interceptar trayectorias de pelotas pequeñas lanzadas de cierta distancia.
Las niñas pueden correr cinco metros por segundo.
11 Los niños pueden realizar saltos de longitud sin impulso de metro y medio; las niñas, de un metro con treinta centímetros.
En cuanto al desarrollo cognoscitivo, Beilin y Pufall (1992), establecen que en la infancia media entraríamos dentro de lo que denomina Piaget la etapa de las operaciones concretas, caracterizada por el razonamiento para resolver problemas reales, pensar de manera lógica, considerando múltiples aspectos de una situación, aunque su pensamiento todavía se encuentra limitado a situaciones de aquí y ahora.
Del mismo modo mejoran la orientación espacial entendiendo con más coherencia las relaciones espaciales, son capaces de elaborar juicios de causalidad, categorizan, poseen la capacidad de seriación, conservación y razonamiento inductivo y deductivo.
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Conforme van dejando el egocentrismo, desde los 7 u 8 años hacia los 10 u 11, comienzan un periodo donde predomina la flexibilidad, interaccionan con más gente y comienzan a adquirir más puntos de vista desarrollando su propio sentido de la justicia basado en el trato igual para todos.
Harter (1998) afirma que en torno a los 7 u 8 años, los niños alcanzan la tercera etapa del desarrollo del autoconcepto donde se vuelven más conscientes, realistas, equilibrados y generales a medida que los niños forman sistemas representacionales, basados en autoconceptos amplios e inclusivos que integran varios aspectos del yo. Según Eirkson (1968), un determinante para la autoestima en esta etapa es la opinión que los niños poseen de su capacidad para el trabajo productivo. Bandura (1994) menciona que cuando los niños se comparan con otros de su edad comienzan a hacer juicios más realistas sobre sus capacidades y a adquirir un sentido de autoeficacia. De ese modo, el grupo de iguales va cobrando especial relevancia hacia el final de la infancia media, comenzando a alejarse de la influencia de los padres; van incorporando roles en su autoconcepto basados en las tendencias y comparación con sus iguales, también pueden generar prejuicio o actitudes desfavorables hacia otros compañeros.
En esta etapa los roles de popularidad e impopularidad pueden tener repercusión al pasar a la adolescencia, así Newcomb, Bukowski y Pattee (1993) consideran que los escolares queridos por sus iguales se convertirán en adolescentes equilibrados, mientras que los que no son aceptados o son demasiado agresivos serán más propensos a desarrollar problemas psicológicos o a tener comportamientos antisociales.
En este sentido, Papalia, Wendkos y Duskin (2010), establecen que los niños populares bajo una valoración sociométrica suelen poseer buenas capacidades cognoscitivas, grandes logros, ser buenos en habilidades sociales, cooperativos, no ser problemáticos y brindar apoyo emocional a sus iguales; sin embargo la popularidad percibida radica en ser físicamente atractivo, tener habilidad atlética y, en menor grado, académica. En esa línea, Ruiz (1995), afirma que el desarrollo de la competencia motriz en esta etapa es fundamental para la mejora de su autoconcepto físico, lo cual les podrá conducir a relacionarse de forma más óptima con sus iguales.
Por el contrario, los escolares que arrastran dificultades de coordinación motora suelen tener más problemas de integración.
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Por otro lado Newcomb, Bukowski y Pattee (1993) mencionan sobre los niños impopulares que pueden ser agresivos, hiperactivos, poco atentos, retraídos, inmaduros o actuar de forma insegura, teniendo dificultades para adaptarse a nuevas situaciones. También afirman que la agresividad es un aspecto impopular en niños situados en los primeros grados pero conforme avanzan van siendo más aceptados e incluso populares.
Adolescencia
La adolescencia comprende el periodo del paso de la infancia media a la adolescencia, una transición compleja que conlleva cambios físicos, cognoscitivos, emocionales y sociales, adoptando distintas formas en diferentes escenarios sociales, culturales y económicos. Así, se produce un cambio físico importante que es el inicio de la pubertad, proceso que llevará a la madurez sexual y capacidad para reproducirse. Tradicionalmente se creía que adolescencia y pubertad comenzaban en torno a los 13 años, de forma simultánea, sin embargo se ha observado que en las sociedades occidentales la pubertad puede comenzar incluso antes de los 10 años (Papalia, Wendkos y Duskin, 2010).
Los cambios fisiológicos de esta etapa señalan el final de la infancia media e incluyen un crecimiento rápido en estatura y peso, cambio en la proporcionalidad y forma corporal y la adquisición de madurez sexual. La actividad hormonal, se basa en gran parte en la secreción creciente de andrógenos a través de las glándulas suprarrenales, que conducirán a un desarrollo púbico, axilar, facial así como corporal más rápido. Los autores afirman que esta actividad hormonal parece depender de la cantidad de grasa corporal necesaria para la reproducción exitosa; las niñas con un porcentaje más alto de grasa corporal en la infancia temprana, que incrementan un aumento de peso inusual entre los 5 y los 9 años suelen mostrar un desarrollo puberal más temprano (Davison, Susman y Birch, 2003).
Susman y Rogol (2004) contextualizan el estirón de crecimiento en la etapa adolescente, mencionando que implica un aumento rápido de estatura, peso y crecimiento muscular y óseo que ocurre durante la pubertad; en las niñas por lo general comienza entre las edades de 9 y medio y 14 años (normalmente alrededor de los 10 años) y en los niños entre los 10 y medio y los 16 (por lo general a los 12 o 13). Suele durar alrededor de dos años, poco después de su fin el joven alcanza la madurez sexual. Tanto la hormona del crecimiento como las hormonas sexuales (andrógenos y estrógenos) contribuyen a ese patrón normal de crecimiento puberal.
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A tener en cuenta es que el crecimiento en ambos sexos es diferente, así el estirón en las niñas suele ocurrir 2 años antes que en los niños. En torno a los 11 y 13 años, las niñas suelen ser más altas y pesadas que los niños de la misma edad. Tras un periodo de estirón, los niños vuelven a ser más grandes. Las mujeres por lo general alcanzan su altura máxima a los 15 años, mientras que los varones a los 17 años. Susman y Rogol (2004) afirman que la morfología en ambos sexos es distinta, los niños son más anchos de hombros, las piernas más largas en relación al tronco y sus antebrazos más largos en relación a la parte superior del brazo y a su estatura;
las niñas suelen tener la pelvis más ancha para facilitar la maternidad y acumulan bajo su piel más grasa lo que les da una apariencia más redondeada
Los adolescentes poseen un cerebro inmaduro, que lleva a permitir sentimientos que anulan la razón e impide que presten atención a las advertencias que los adultos consideran lógicas y persuasivas. El subdesarrollo de los sistemas corticales asociados con la motivación, la impulsividad y la adicción puede ayudar a explicar la búsqueda de emociones y novedades, así como el por qué de la dificultad que tienen para fijar metas a largo plazo (Bjork, Knutson, Fong y cols., 2004). En la adolescencia, es de especial importancia la estimulación cognoscitiva, ya que supone una diferencia fundamental en el desarrollo del cerebro. Se produce un proceso bidireccional: las actividades y experiencias de una persona joven determinarán qué conexiones neuronales se conservarán y fortalecerán (Kuhn, 2006). Los adolescentes que ejercitan su cerebro mediante aprendizaje para ordenar sus pensamientos, entender conceptos abstractos y controlar sus impulsos sientan las bases nerviosas que les servirán para el resto de su vida.
Beilin y Pufall (1992), establecen que en la adolescencia entraríamos dentro de lo que denominó Piaget como etapa de las operaciones formales. En la misma, perfeccionan la capacidad de pensamiento abstracto, generan hipótesis, pueden imaginar distintas posibilidades para un mismo caso, en definitiva desarrollan el pensamiento hipotético-deductivo. En torno a los 11-12 años van adquiriendo la capacidad de razonamiento formal, en donde la creencia de que todas las personas deberían ser tratadas por igual va desapareciendo, para dar paso a la equidad, donde se atiende a las situaciones específicas de cada persona. Por lo general, se producen cambios estructurales que incluyen cambios en la capacidad de la memoria de trabajo y la cantidad creciente de conocimiento almacenado en la memoria a largo plazo.
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Según Papalia, Wendkos y Duskin (2010), el ejercicio o actividad física en esta etapa influirá directamente en la salud física y mental. Con la práctica de ejercicio los jóvenes se podrán beneficiar de una mayor fuerza y resistencia, huesos y músculos más sanos, control de peso, disminución de la ansiedad y estrés, incremento de la autoestima, bienestar, disminución de conductas de riesgo y en algunos casos mejora en las calificaciones académicas.
En lo relativo al aspecto psicosocial, conforme se adentran en la adolescencia, van buscando su identidad, así Erikson (1968) afirmaba que lo más relevante en la adolescencia es confrontar la crisis de identidad frente a la confusión de identidad.
Según el autor la identidad se construye a medida que los jóvenes resuelven problemas tales como la elección de una ocupación, valores que seguir o el desarrollo de una identidad sexual satisfactoria. La estructura y atmósfera familiar, supervisión de los padres, influencia de los hermanos y del grupo de iguales marcarán el porvenir del adolescente durante esta etapa.
Sintetizando lo mostrado en este apartado, los participantes de este estudio se encontrarán en un periodo de cambio, en el caso de las mujeres, algunas habrán entrado en la pubertad, con los cambios a nivel hormonal que derivan; a nivel físico- deportivo algunas mujeres comienzan a optar por otro tipo de ocio menos activo y más preocupadas en sus incertidumbres o problemas de identidad, aunque todavía se observa un alto porcentaje de las mismas que les gusta la actividad físico-deportiva;
mientras que los varones son algo más inmaduros, basando sus relaciones de liderazgo en el deporte y las buenas habilidades motrices que desarrollan en la escuela y fuera de la misma.
39 Factores predictores de práctica de
actividad física extraescolar en escolares de 11 a 12 años de la Región de Murcia.
Juan José Pérez Soto Universidad de Murcia.
Facultad de Educación.
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2. La Actividad Física en Jóvenes
2.1. Introducción
2.2. Beneficios de la actividad física.
2.3. Recomendaciones sobre la cantidad de ejercicio.
Evolución de las pautas.
2.4. Medición de la actividad física.
2.5. Factores predictores de práctica físico-deportiva en escolares.
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II.2 LA ACTIVIDAD FÍSICA EN JÓVENES