Activo como predictor del nivel de Actividad
II.5. INTENCIÓN DE SER ACTIVO COMO PREDICTOR DEL NIVEL DE ACTIVIDAD FÍSICA
II.5.2. INTENCIÓN DE SER ACTIVO Y ACTIVIDAD FÍSICA
Diversos estudios han analizado la relación entre la intencionalidad de ser activo y la actividad física real de los sujetos. Muchos de ellos tratando de establecer relaciones transversales y otros a largo plazo, intentando demostrar si la intención se traduce en práctica real por parte de jóvenes y adultos. Casimiro (1999) afirma que los escolares más activos son los que demandan y les gustaría realizar más actividad física.
En un estudio longitudinal donde siguieron durante 7 y 14 meses a un grupo de estudiantes griegos, se observó que una actitud positiva hacia el ejercicio resultó ser un predictor positivo del comportamiento relacionado con el ejercicio físico de los jóvenes (Papaioannou, 2000). En otro estudio con escolares entre 11 y 15 años, se asoció la intención de práctica con la práctica físico-deportiva en el tiempo de ocio.
Los resultados mostraron que las intenciones predecían la actividad física cuando los sujetos eran autónomos (Chatzisarantis, Biddle y Meek, 1997).
En un estudio con adolescentes chinos, Cao, Schüz, Xie y Lippke (2013) examinaron el papel moderador de las habilidades de planificación en la relación entre actividad física e intencionalidad. Los autores concluyeron que cuanta más alta fuera la habilidad de planificación de los sujetos, tenían más probabilidad de trasladar sus intenciones en prácticas de actividad física reales.
Roberts, Maddison, Magnusson y Prapavessis (2010), relacionaron un modelo socio-cognitivo integrado, donde se incluía la intención de ser activo, con el nivel de actividad física medido durante 7 días con podómetro y la realización de un cuestionario en una muestra de adolescentes neozelandeses. La intencionalidad tuvo la relación más fuerte con el cuestionario de actividad física completado, mientras que la eficacia en la tarea fue el factor que más se asoció a la actividad física registrada por el podómetro.
Algunos estudios han realizado programas de intervención longitudinales para observar la evolución de la intencionalidad de ser activo. En esa línea, Christodoulos, Douda, Polykratis y Tokmakidis (2006) realizaron un estudio con escolares griegos donde aplicaron un programa de educación para la salud con un grupo experimental midiendo las variables de actitud hacia el ejercicio, antes y después de un año de intervención. Los sujetos que tomaron parte en el grupo de intervención tuvieron una actitud más positiva hacia la actividad física que los del grupo control, puntuando significativamente más alto en la intención de participar en actividad física. Además,
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los sujetos en el grupo de intervención registraban más horas a la semana en actividades físicas organizadas.
Rebar, Maher, Doerksen, Elavsky y Conroy (2014), en un estudio con jóvenes australianos para evaluar la diferencia entre la intención y el comportamiento de práctica de actividad física, se completó un cuestionario de actividad física moderada, andar y vigorosa, tras la intervención, una semana después volvieron a completar los cuestionarios. El modelo de regresión lineal mostró como la intención se relacionaba de forma más fuerte con la actividad física vigorosa que con los otros tipos.
Continuando con los estudios longitudinales, Araújo-Soares, McIntyre y Sniehotta (2009) con una muestra de 157 adolescentes portugueses con una media de edad de 12 años, examinaron la relación predictora de cambios en la actividad física, medida con cuestionarios en varios momentos, de la autoeficacia, la intención, la planificación de acción y de afrontamiento. La intención fue el factor predictor del nivel de actividad física más fuerte. Por otro lado, y al contrario que en otros estudios, los autores no encontraron relación entre la autoeficacia y el nivel de actividad física, aunque si se produjeron moderadas relaciones transversales.
En estudios realizados en el contexto español, Castillo, Balaguer y Tomás (1997) con una muestra de estudiantes entre 11 y 17 años del sureste español, encontraron que el 91% de los chicos manifestaba que “si” o “probablemente si”
tenían intención de ser activos en el futuro; mientras que en las chicas, un 80% se ubicó dentro de esas opciones de respuesta, siendo significativas las diferencias por género. Los análisis correlaciones mostraron que en chicos las variables que más predicen la práctica de ejercicio físico intenso fueron la autovaloración de la aptitud deportiva y la intención de ser activo en el futuro. En las chicas la intención de ser activo predecía el ejercicio físico intenso y la práctica deportiva general.
Otras variables también se han asociado con la intención de ser activo, Ruiz, Ramón, Palomo, Ruiz y Navia (2014) realizaron un estudio con 480 escolares españoles de 11 a 16 años, donde observaron las variables que se relacionaban con la intención de ser activo de los sujetos, en el mismo un 36,6% de los escolares declararon tener intención de practicar algún deporte o actividad física cuando tuvieran 20 años; un 51,1% probablemente lo haría y el resto no tenía intención de hacerlo, la mayoría de sujetos que declararon no tener intención fueron mujeres. En cuanto a las relaciones que se encontraron, se observó que para los más jóvenes (11- 12 años) fueron los ítems referidos a la autopercepción de salud y a la pertenencia a
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un club deportivo los que mejor predecían la intención de ser activo en el futuro, mientras que para los escolares de 13-14 años solo fue la autopercepción de forma física, finalmente para los sujetos entre 15 y16 años sería la autopercepción del estado de salud. Moreno, Moreno y Cervelló (2007), estudiaron la relación de la intención de ser activo con el autoconcepto físico de una muestra de estudiantes de secundaria, todos los subdominios del autoconcepto se asociaron de forma significativa con la intencionalidad, a excepción de la percepción de apariencia física.
El autoconcepto predecía el 23% de la varianza de ser físicamente activo. Por ello, la intención de ser físicamente activo en jóvenes se puede ver influida por la percepción del autoconcepto físico, ya que éste se ha visto modificado positivamente mediante la actividad física en algunos estudios (Crocker, Eklund y Kowalski, 2000).
En población adulta se realizó recientemente un estudio de revisión, donde examinaron lo que se denomina en la literatura científica “the physical activity intention-behaviour gap”, que trata de la relación entre la intención de practicar actividad física y la práctica o comportamiento real. Rhodes y de Bruijn (2013) tan solo abarcaron los estudios en inglés y con poblaciones principalmente en edad universitaria o superior. De un total de 3899 participantes en los estudios en el 36%
no se relacionaba la intención con la actividad física real. Los resultados sugerían que, aunque todavía mucha población necesita intervenciones para aumentar su intención, existe una considerable población inactiva que tiene intenciones positivas de práctica. El 54% de los que tenían intención si lograban realizar la actividad física correspondiente y tan sólo un 2% de los que no mostraban intención si practicaban.
Este estudio sugiere que la intención es necesaria pero a menudo insuficiente para provocar el comportamiento.
Atendiendo a la bibliografía existente, se puede mencionar que existe cierta evidencia sobre la relación de la intencionalidad de ser activo con la actividad física de los jóvenes. En especial los estudios en adolescentes han encontrado en su mayoría relaciones significativas. Sin embargo, en adultos se ha observado que tener intención de ser activo no garantiza serlo; siendo la intencionalidad, de cualquier modo, necesaria para ser activo. Por otro lado, algunos estudios sugieren que la direccionalidad de la relación entre la intención y el hecho de ser activo, parece ser influida por la percepción de autoeficacia y autoconcepto físico de los sujetos.
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91 Factores predictores de práctica de
actividad física extraescolar en escolares de 11 a 12 años de la Región de Murcia.
Juan José Pérez Soto Universidad de Murcia.
Facultad de Educación.