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Capítulo 6: CONDUCTAS ASOCIADAS A LA LECTURA

6.6. Grupos especiales de estudio

6.6.2. Falsos lectores

Así pues, parece reflejarse una diferencia en el patrón lector no sólo en el volumen de lectura, sino en la motivación y en la relación con la lectura, desde la satisfacción y el refuerzo interno para el lector.

limitado a la lectura de los falsos lectores, ya que diversos estudios confluyen en la figura materna como el principal eje de la socialización lectora.

El contexto de contacto con la lectura es principalmente la escuela (52,3%), en igualdad con los no lectores. Podría confirmar la reflexión que acabamos de realizar sobre la socialización lectora de los primeros años.

En las evaluaciones que realizan sobre el número de cuentos que les narraban de pequeños y los libros que les regalaban de infancia, los porcentajes de respuesta se sitúan más cerca de los no lectores, en posible concordancia con el contexto familiar que hemos analizado. Sin embargo, informan que los libros que les regalaban les gustaban en porcentajes de distribución similares a los lectores ocasionales.

Estos datos significan un entorno infantil de mayor distancia de la lectura que para los lectores, aunque ligeramente más cercano que para los no lectores, situación que aparece también en la valoración que realizan del gusto por la lectura en la infancia: 22,4% de alejamiento, un 38,5% en regular y un 39,1% en

‘bastante’ y ‘mucho’. En el gusto por la lectura actual se produce un traspaso del alejamiento lector a la valoración de regular (que pasa al 45,5%), pero con porcentajes muy inferiores a las valoraciones de los lectores, aunque ninguno de ellos se sitúa en ‘nada’. Los falsos lectores se distribuyen con el mayor porcentaje de respuesta del gusto por la lectura, tanto en la infancia como actual, en la categoría 'regular'. De tal manera, que son sujetos que no han desarrollado el gusto por la lectura, pero que tampoco informan abiertamente que no les gusta, así pues, según su información, sin llegar a disgustarles la actividad lectora tampoco parecen sentir una atracción hacia ella.

Las respuestas de la motivación lectora confirman la concepción de la lectura como una actividad instrumental, basada principalmente en ‘me informo’ (37,7%) y

‘estoy al día’ (11,5%), situándose en esta última alternativa un porcentaje más alto que en ninguno de los otros grupos. En la elección de ‘me gusta’ (36,1%) se encuentran por encima de los no lectores, pero lejos de los grupos de lectores. En la justificación de la no lectura recurren a la ‘falta de tiempo’ (63,4%). Podría confirmar que la mayoría de los falsos lectores no tiene una motivación intrínseca hacia la lectura, eligen otras alternativas de ocio que no dejan espacio para leer.

En los recursos bibliográficos familiares se sitúan entre no lectores y lectores ocasionales, aunque más cercanos a los porcentajes de los lectores ocasionales (66,1% ‘bastantes’ y ‘muchos’ libros de entretenimiento).

En la actividad lectora, informan estar leyendo un libro el 29,4%, más que el grupo de no lectores (13,98%) pero inferior al de los lectores ocasionales (49,81%). De los sujetos que dicen estar leyendo un libro, analizados los títulos de

los mismos parece que la actividad lectora del 60% se corresponde con lectura obligatoria (El Quijote, Celia y sus amigos, Para saber hacer comentarios de textos, Animal farm), quedando sólo un 38% que aparentemente realizan actividad de lectura voluntaria. En los porcentajes que informan sobre los últimos libros leídos la localización es la misma, entre no lectores y lectores ocasionales (50%).

Sin embargo, en el acceso personal a los libros un 82,4% se ubica en la franja de no lector para la compra de libros. En los libros obsequiados, a casi la cuarta parte le han regalado dos libros, y sólo a un 9% más de dos. Podría indicar que su entorno social no los percibe lectores.

La evaluación que realizan de su nivel lector y de la relación con la lectura la valoran como ‘regular’ la mayoría de los falsos lectores, aunque casi un 35% se ubica en la franja de relación lectora positiva y un 10% en el nivel lector bueno.

Respecto a la representación social del lector aparecen unos resultados curiosos, que podrían indicar la explicación de los resultados de los sujetos falsos lectores en función de la valoración social que realizan del sujeto lector.

En los porcentajes de las respuestas emitidas para calificar a un buen lector los valores son semejantes a los de los lectores ocasionales (83,3%, 77,5% y 61,2% en cada alternativa). Pero en las respuestas de mal lector, con el grupo que coinciden es con el de no lectores (64,5%, 51,6% y 35,5% en cada alternativa).

Estos datos significarían una representación social mucho más elaborada del buen lector, al mismo nivel que los lectores ocasionales.

Los porcentajes sumados de la evocación en los tres atributos, sitúan como primera categoría la lingüística (66,5%), a continuación la cognitiva (57,6%) y los componentes actitudinales (43,9%), después los factores de personalidad (35,1%) y de contexto (6,33%). Coinciden en la jerarquización de evocación de las categorías con los sujetos no lectores, pareciendo compartir un esquema representacional semejante en el que reducen el componente de voluntariedad que dirige al sujeto hacia la lectura.

Sin embargo, en la distribución de la categoría actitudinal acuden en mayor medida al interés por conocer (25,6%), situándose paralelos en esta categoría con los lectores ocasionales, quizá porque ellos mismos se consideran lectores y destacan las ‘ganas de conocer’, el ‘interés por aprender’... que les caracterizaría a ellos mismos. También resulta indicativa la mayor frecuencia de empleo de atributos de la categoría contextual que en los otros grupos de la asignación lectora. Posiblemente, como justificación de su baja actividad lectora, no leen porque no tienen tiempo, no porque no tengan interés. La categoría de personalidad refleja una actitud positiva hacia el lector: ‘despierto’, ‘dinámico’,

‘educado’, ‘paciente’ …

Para mal lector, la primera categoría evocada es la lingüística (47,1%), segunda la actitudinal (39,2%), coincidiendo con los sujetos lectores. Dentro de esta última categoría predomina el desinterés por conocer (23%), en la misma medida que sucedía en los lectores habituales, atribuyendo que el mal lector no tiene interés por el conocimiento. Esto podría reflejar que realmente ellos no se consideran no lectores, no sería un comportamiento de mentir en el cuestionario, sino un engaño personal en el que han reducido los niveles de percepción y valoración para entrar en la consideración de lectores. De hecho, aparece como atributo de buen lector ‘lee 5 o 6 libros al año’, como si fuera una conducta elevada de lectura.

En los atributos de capacidad lingüística aparecen referencias a la lectura de trabajo: ‘no subraya’, ‘no busca en el diccionario’, pudiendo indicar que se dirigen más hacia la lectura instrumental que hacia la lectura placentera. De nuevo, la categoría contextual es empleada con más frecuencia que en los demás grupos (15,2%), se trataría de una justificación de su conducta, pero podría indicar que realmente la conducta lectora no está insertada en su estilo de vida.

El falso lector parece un sujeto que lee pero que no llega a ser lector, que no es no lector pero que no le gusta la lectura, en definitiva, que no ha llegado a cuajar su relación con la lectura. Podría coincidir con los alumnos que describen Estevan y Jover (1997, 34): “no es que estén cerrados de antemano, sino tan sólo escaldados por haber tenido que leer, obligados, obras de las que no entendían absolutamente nada. O desorientados por no saber cómo dar con obras que sintonicen con sus gustos, sus preocupaciones, su modo de enfrentarse a la vida”.

El patrón que definiría al sujeto falso lector sería:

- Sujetos ubicados en un entorno social lector.

- Que leen alguna vez.

- Que no tuvieron una estimulación lectora en la infancia.

- Con una imagen social muy positiva de la lectura y del lector.

- Que han rebajado el nivel de consideración que definiría al sujeto lector para encajar ellos mismos dentro de esta categoría y ser lectores.

- Que no les disgusta la lectura, pero tampoco enganchan con los libros.

- Que se mantienen a medio camino entre no lectores y lectores.

Creemos que, en función, de cómo evolucione su relación con la lectura podrán asentarse en un grupo u otro (no lector o lector), o mantenerse leyendo algún libro al año pero sin seleccionar la lectura como actividad de ocio en sus vidas. Sería un grupo diana de actuación en las campañas de promoción y animación lectora para apoyarles en la dirección de trasformarse en sujetos lectores.

Los resultados de ambos grupos de estudio confirmarían la importancia del contacto con la lectura desde la infancia, a partir del modelaje lector, para despertar el gusto por la lectura y establecer una relación con los libros placentera que dirija los hábitos lectores de los sujetos, siendo muy relevante el contexto familiar en el que se desarrolla el individuo no sólo como modelos lectores sino como auténticos mediadores entre los nuevos miembros de la sociedad y la lectura.

Caballero y cols. (1996) afirman que el amor a la lectura, como todo aprendizaje humano, se fragua en la familia. A ser lector no se llega solamente leyendo, es necesario incluir más componentes, motivacionales y sociales, para que el resultado sea el adecuado. Camps (2002, 52) lo expresa con las siguientes palabras: “Leer bien es una costumbre. Y las costumbres, los hábitos, lo que forma el carácter, depende de lo que los griegos llamaron etnos, una manera de ser que se trasmite sobre todo por ósmosis, porque no es exclusiva de la razón ni del cálculo, sino de la pasión y el sentimiento. La manía de leer, esa avidez por la letra escrita que acaba apasionando y poseyendo al lector no se propagará mientras el ambiente cultural en el que crecen nuestros hijos siga siendo el de la precipitación y el ruido, el de la rentabilidad material como único objetivo, el del dinero y el éxito fácil”.