Capítulo 6: CONDUCTAS ASOCIADAS A LA LECTURA
6.6. Grupos especiales de estudio
6.6.1. Grandes lectores
el resto de los grupos, posiblemente para mantener su autoestima social aunque no lean, y es que, como afirma Alvira y cols. (2001, 21): “La lectura es una actividad bien valorada aunque no se practique”.
- El 75% de ellos se dirigen a la alternativa de porque ‘me gusta’ en la elección de la motivación lectora.
- El 80% informa que les regalan libros y el 75% obsequia con libros.
- El 35% compró más de 10 libros en el último año, y se dirigen a la compra de libros, básicamente, porque les ‘apetece’.
- Más del 85% es usuario habitual de bibliotecas y toma libros es préstamo (82%).
Aparece también un mayor gusto por la lectura y los libros en las preguntas referidas al período infantil:
- El 70% se sitúa en la franja de valoración de alto gusto lector de pequeño (casi el 40% en ‘mucho’).
- El 78% informa que le gustaban los libros que le regalaban durante su infancia.
Parece que este grupo se corresponde con sujetos que han tenido un elevado modelaje lector (el 55% recuerda que ha visto leer ‘bastantes’ y ‘muchas’
veces en su casa), informando en un número importante, cuando se les pregunta sobre la persona que han visto leer en casa, que ‘a todos’. En la valoración del hábito lector de los agentes sociales estudiados perciben como sujeto lector a los agentes familiares en mayor medida que el grupo de lectores habituales (padre:
61,9%; madre: 73,8%; abuelos: 36,9% -alcanzan más de 10 puntos de diferencia con el grupo de lectores habituales, siendo la valoración que se separa más de los grupos lectores estudiados-; hermanos: 85,7%), pero en la percepción del hábito lector de los amigos el porcentaje desciende ligeramente con respecto al grupo de lectores habituales (79,8%). En cuanto a los recursos bibliográficos familiares, más del 50% se sitúan en hogares con más de 500 libros, sólo un 3% con menos de 100 libros. En la distribución de la biblioteca familiar ninguno informa que no haya libros de entretenimiento, ni que sean pocos y sólo el 15% considera que algunos. Puede interpretarse con estos datos que son sujetos pertenecientes a familias lectoras.
El 75% informa que el primer contacto con la lectura fue en su casa, lo que implicaría que crecieron en un entorno lector que posiblemente también valoraba la lectura, sólo el 50% informa que él es el miembro que lee más de su familia.
Posiblemente por ello, valoran como ‘normal’ su nivel lector el 41,3% de los sujetos grandes lectores, por la comparación establecida con su grupo familiar. En la evaluación de su relación con la lectura los porcentajes de distribución son equivalentes a los del lector habitual.
Al analizar los títulos que informan sobre los últimos tres libros que han leído y el libro que están leyendo parece encontrarse una actividad lectora diferencial; lo que destaca, en mayor medida, es la elevada variabilidad en la lectura que realizan.
Como muestra de ello, los siguientes datos: en los 113 registros sobre el último
libro leído aparecen 95 títulos distintos, 102 títulos de los 112 sobre el segundo libro y 104 en los 109 registros del tercer libro; de los que están leyendo en este momento, 92 títulos entre los 100 registros. En contraposición, para realizar una comparación que sirva de criterio, los sujetos no lectores que informan sobre los últimos títulos leídos, coinciden entre las tres alternativas en torno al 40% de los títulos. Esto es indicativo de mayor variabilidad en la conducta lectora, posiblemente ocasionada por la frecuencia con que acceden a los libros.
En los datos de lectura infantil todos los grandes lectores informan de lecturas que recuerdan de cuando eran niños que se corresponden con textos de literatura infantil. De los sujetos no lectores, aparte de que sólo da respuesta a esta cuestión el 20% de ellos, casi una cuarta parte informa de textos lectura que se corresponden con el período de la juventud (como por ejemplo, La historia interminable, La sonrisa etrusca o Historias de Kronen). Lo que parece confirmar un contacto con la lectura desde temprana edad para los grandes lectores y que, además, recuerdan como parte de su desarrollo lector.
Las razones que apuntan cuando se les pregunta sobre el porqué de los libros que más les han gustado, señalan una vinculación con la lectura, y con los libros, de cercanía y valoración de la literatura. Acuden al argumento del libro, al autor de la obra, al carácter crítico y de denuncia del texto, a que les supuso un
‘descubrimiento’ (del autor, de una cultura, sobre un tema), también a la emocionalidad de la relación lectora (un sujeto dice ‘parecía estar escrito para mí’).
Esto indica una situación lectora de relación positiva, cercana, profunda y afectiva, que motiva por sí misma a realizar el acto lector. Por el contrario, los sujetos no lectores apelan a explicaciones de naturaleza totalmente distinta: porque les interesaba el tema del libro, porque era ‘divertido/entretenido’; por el valor instrumental: ‘aprendí ’; también a razones personales: ‘me gusta’, un sujeto dice
‘porque lo cogí con ganas’; incluso alguno apela a las ilustraciones, ‘por sus dibujos’; otro dice: ‘es el único del que me acuerdo’.
La representación social del buen lector que reflejan los grandes lectores incide sobre el interés personal hacia la lectura, en leer porque les gusta leer, en la implicación del lector en la actividad lectora y en el amor por los libros. Podría reafirmar los datos obtenidos a través del cuestionario. Ferniot (1999) dirigió un estudio realizado a los lectores de la revista Lire, sujetos grandes lectores (aproximadamente leían 3 libros al mes), los resultados obtenidos informan que la mayoría (un 84%) leían por el placer de leer, por el amor a los libros y a la literatura.
Así pues, parece reflejarse una diferencia en el patrón lector no sólo en el volumen de lectura, sino en la motivación y en la relación con la lectura, desde la satisfacción y el refuerzo interno para el lector.