Capítulo 1: MARCO TEÓRICO
1.4. Representaciones sociales
1.4.2. Procesos de elaboración y cambio
La elaboración de una representación social supone la difusión de conocimientos sobre objetos sociales que pertenecen culturalmente a una determinada sociedad. Los procesos que determinan el contenido y la estructura de una representación social son dos: objetivización y anclaje (Moscovici, 1979).
Ambos procesos se combinan para hacer inteligible la realidad y para que resulte un conocimiento práctico y funcional que permita a los sujetos desenvolverse en el entramado de relaciones y situaciones que implica la vida cotidiana.
Por el proceso de objetivación se transforma en concreto lo que es abstracto, las ideas se convierten en imágenes, las imágenes se materializan, se hace familiar lo desconocido. Jodelet (1991) lo define como una construcción selectiva, en la que se selecciona un número limitado de elementos que se estructuran organizadamente para permitir transformar las nociones abstractas en entidades objetivas que puedan ser entendidas por cada persona, adquiriendo un
estatus de realidad objetiva que se impone a los propios objetos que representa (Ibáñez, 1988), construyendo la realidad cotidiana en la que se desenvuelven los individuos. El proceso de objetivización es el que permite que los sujetos reconstruyan los objetos sociales para aprehenderlos, explicar y vivir con ellos.
Rodrigo, Rodríguez y Marrero (1993, 23) afirman que “la persona no construye su conocimiento del mundo para tener una visión lo más exacta posible de la realidad, sino que lo construye para planificar y controlar la acción. Por eso, lo que puede parecer inexacto quizá sea algo tremendamente útil para el individuo”.
En la objetivación, la transferencia de lo desconocido a lo familiar se realiza a través de categorizaciones de lo nuevo sobre categorías conocidas, utilizando imágenes, conceptos y lenguajes conocidos y compartidos por el grupo (Moscovici, 1981). Es un proceso sociocognitivo que condensa un conjunto de contenidos relevantes de un objeto en un esquema que aparecerá como lo natural de ese objeto, constituyendo el núcleo de la representación.
De esta manera se simplifican y se expresan de forma sencilla y comprensible conceptos complejos y abstractos, permitiendo el manejo del conocimiento y facilitando la comunicación. Esta facilitación de la comunicación es la función social de la objetivación.
El proceso de anclaje es el mecanismo por el que la representación social se
‘ancla’ a la realidad social. Es un proceso de enraizamiento social (Jodelet, 1986) que hace referencia al significado y a la utilidad social que se le da al objeto social representado, facilitando la interpretación y la construcción de la realidad y la orientación de las conductas y las relaciones sociales.
El anclaje permite explicar cómo se inserta la representación social objetivada en los sistemas cognitivos preexistentes, haciendo del objeto social un instrumento de la sociedad situado en una escala de preferencia en las relaciones sociales, reflejando la actitud hacia el objeto y determinando las decisiones que tomemos respecto a él. Los aspectos nucleares se relacionan con otros elementos en una jerarquía de valores a través de procesos de categorización y etiquetamiento para clasificar la realidad, asociándose con una explicación y un modo de comportamiento. Es un proceso funcional que desempeña también un papel regulador en las interacciones sociales definiendo la identidad de los grupos (Barriga, 1993; Doise 1991, 1992) y las relaciones entre ellos. De esta forma, las representaciones sociales se insertan en las relaciones intergrupos y en la estructura social para comunicar, explicar, justificar y guiar las interacciones sociales (Echevarría, Valencia y Páez, 1987).
Por todo ello, las representaciones sociales se comportan como teorías que describen, evalúan, explican, preveen, guían y justifican el comportamiento
(Moscovici y Heswstone, 1984). Moñivas (1994, 416) concluye que “la conducta social se puede considerar, pues, como reflejo de sus representaciones sociales”.
La noción de representación social aborda también los aspectos dinámicos del pensamiento. La estructura de las representaciones sociales explica los aspectos cambiantes y estables de las mismas, una de las funciones de los elementos periféricos es proteger la coherencia del núcleo y dotar a las representaciones de flexibilidad. Los elementos nucleares son muy estables en contraste con los elementos periféricos; así, la confrontación de ideas se resuelve por las cogniciones periféricas facilitando la adecuación de las representaciones sociales al contexto concreto. Se postula que la transformación de una representación social es inducida por cambios en las circunstancias externas que modifican una práctica social, por conflictos sociales, por la comunicación social de conocimientos científicos o ideológicos, y por las experiencias concretas vividas por individuos o grupos. Todos estos factores pueden acontecer a nivel interpersonal, intragrupal, intergrupal o/y institucional.
Moscovici (1979) situó las transformaciones en los procesos de anclaje, y vinculó la dinámica de las representaciones en los procesos de comunicación social y a la posición del grupo en la red de las relaciones sociales. Otra hipótesis plantea como factor de cambio la modificación de las prácticas sociales que surgen de la modificación de las circunstancias externas (Flament, 1994); se introduce el concepto de cognición prescriptiva (relativa a las modalidades que puede tomar la práctica social) frente a cognición descriptiva. Así, las circunstancias externas impactan sobre las cogniciones prescriptivas de los esquemas periféricos y se encontrarán justificaciones para explicar los nuevos comportamientos. Guimelli (1989) y Aissani (1991) analizan los elementos condicionantes para producir el cambio de una representación social, centrando la identidad categorial, los estilos de comportamiento del sujeto, el contexto de la información y la dirección del mensaje. Páez (1987) plantea que es necesario que exista un modelo alternativo consensuado en el marco de los procesos psicosociales de interacción social para que una representación sea abandonada.
Podemos afirmar que existen resistencias a la transformación de las representaciones sociales por la tendencia verificacionista del conocimiento del sentido común, que produce cierta impermeabilidad de nuevas informaciones. Sin embargo, una vez que una imagen bien definida es propagada en un colectivo se producen cambios a nivel del pensamiento, de las relaciones personales, del lenguaje y del comportamiento.