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El género como diferenciador e instructor del deber ser entre los sexos Por lo que se refiere al género como un mediador y constructor del deber ser entre

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apariencia o el conocimiento de muchas técnicas corporales tuviesen el poder de conjurar los peligros de la precariedad, de la falta [de certeza]

(Le Breton, 1995:171).

3.4 El género como diferenciador e instructor del deber ser entre los sexos

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mujer y hombre, con la clasificación en género se esperan determinadas acciones, características y conductas que se desprenden de la diferencia corporal y sexual, que hemos asignado como correspondientes a un determinado género. En otras palabras, “(…) el género moldea y desarrolla nuestra percepción de la vida en general y, en particular, hacer evidentes la valoración, el uso y las atribuciones diferenciadas que da a los cuerpos de las mujeres y de los hombres” (Lamas, 2002:53).

Fueron las antropólogas Margaret Mead y Simone de Beauvoir las pioneras en cuanto a estudios sobre la construcción y clasificación en género de los sexos.

Para Simone de Beauvoir, la feminidad no es una esencia ni una naturaleza, sino que es una situación creada por las civilizaciones a partir de ciertos datos y diferencias fisiológicas. Para Simone de Beauvoir, una de las principales causas de la diferenciación (y discriminación a mi parecer) se remontan a las ideologías de naturaleza y reproducción, en donde se colocó a la mujer, ya que menciona que, “Aristóteles, por ejemplo, imaginaba que el hombre aportaba la fuerza, la actividad, el movimiento y la vida, cualidades que, se trasladaron posteriormente al esperma, mientras que el óvulo se representaba por medio de cualidades pasivas, como un mero receptáculo, indolente e inanimado” (Beauvoir, en: Martín, 2006:

87,88).

Es decir que el género es una construcción cultural, para diferenciar el accionar entre hombres y mujeres, por lo que nos ocupa en esta investigación, podemos establecer que es por las características que se le atribuyen tanto a mujeres como hombres por medio de esta clasificación del género, que podemos darnos cuenta que es por eso que a las mujeres se les exige tener un determinado ocasiones lo recibo con tubos y lo más sencilla posible.43.-Trato de estar bien informada, para tener temas de conversación.44.-No alardeo de mis éxitos delante de él45.-Por cualquier motivo le armo “escenitas”.46.-Le muerdo la oreja, cuando menos lo espera.47.-Soy tierna y voraz.48.-Le demuestro que soy indispensable, pero que necesito de su protección y de su cariño.49.-Lo acaricio con ternura.50.-Y sobre todo, lo respeto para que él me respete igual. Muy bien. Esto es lo que tu (sic) haces y te da resultado, pero dime Zilly ¿Cómo deber ser contigo, para enloquecerte a ti? Bueno…Eso ya lo platicaremos en otra en otro momento, no quieras saber todo al mismo tiempo. (Expediente QSP9: Estereotipos de la mujer según la sociedad patriarcal. Fondo I. Archivo Gregorio y Marta Selser. CAMeNA/UACM).

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cuerpo con características especiales, para entrar a la percepción de belleza colectiva, se espera de las mujeres el cuidado y exhibición de su cuerpo como una característica de feminidad, y al hombre se le exige tener determinadas características, con las que construye un imaginario de deber ser en el ámbito sexual y corporal, se espera de los hombres el alardear de sus prácticas sexuales y buscar un cuerpo que sea apto para el trabajo físico y para la competencia, ya que, son características de la masculinidad. Por lo anterior podemos decir que, es el género un conjunto de ideas que nos hablan

(…) sobre la diferencia sexual que atribuye características “femeninas” y

“masculinas” a cada sexo, a sus actividades y conductas, y a las esferas de la vida. Esta simbolización cultural de la diferencia anatómica toma forma en un conjunto de prácticas, ideas, discursos y representaciones sociales que dan atribuciones a la conducta objetiva y subjetiva de las personas en función de su sexo. Así, mediante el proceso de constitución del género, la sociedad forma las ideas de lo que deben ser los hombres y las mujeres, de lo que es propio de cada sexo (Lamas, 2002:57,58).

Sobre la manera de diferenciar a los sexos, se implementó a mediados del siglo XX el concepto de “rol sexual”, concepto que no explica las relaciones de poder que se desprenden de dichos roles, es más, legitimaban relaciones de dominación y sometimiento, ya que, según este concepto, era el deber ser, lo establecido, el papel, el rol en donde cada sexo tiene su función y acciones a realizar. Este concepto es muy funcionalista, no permitía ver esas prácticas cotidianas y discursos opresores con las que no se daban opciones a un cambio o cuestionar dichas relaciones, aún así seguimos escuchando el término de roles sexuales como un modo de organizar y jerarquizar las acciones entre mujeres y hombres.

Así pues, el género es una construcción sociocultural, que clasifica e indica cuál debería ser el comportamiento y cuáles las características específicas de cada sexo. El género se acerca más a significados simbólicos y hasta metafóricos

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con lo que se caracteriza a la mujer y al hombre. La clasificación de género es acompañada por discursos que vía sociedad, cultura e historia, brindan a las personas significados de deber ser y esto limita en cierta manera a los sexos a encasillarlos a acciones concretas, ya que, la clasificación de género impone permisos, prohibiciones, mandatos para cada sexo. Construye ideologías e imaginarios que sujetan a las personas a obtener determinadas características exigidas a su respectivo sexo, y salir de ellas sería despojar a las personas de su identidad. En otras palabras, podemos entender a la “(…) identidad de género como el resultado de un conjunto de formas de actuar o relacionarse. (…) la identidad de género es un sistema de relaciones y modos de hablar sobre los hombres y las mujeres” (Gutiérrez, 2008:93). Conformado de contradicciones y avances, cabría realizar una reclasificación o someter a cuestionamientos a dicha categorización de masculino y femenino.

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