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Medios de comunicación y cuerpo masculino

3.6 Hombre: La construcción de la masculinidad, virilidad y sexualidad

3.6.4 Medios de comunicación y cuerpo masculino

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bajo el disfraz de mayor placer sexual. El hombre mide su masculinidad a través de su sexualidad y más concretamente en sus genitales, dejando de lado toda una vasta gama de posibilidades en su sexualidad. En la visión masculina la sexualidad es algo que se le hace a alguien y no hacer algo con alguien. De ahí la preocupación en no fallar y en el tamaño de su miembro son una constante, ya que hay todo un entramado sociocultural e histórico que le ha construido un deber ser en el que él decide entrar o no. La visión androcéntrica y falocentrica está arraigada en nuestro entorno, es momento de pensar críticamente y darle a la relación entre los sexos un entorno más igualitario y equilibrado. Y de esta manera dejar de naturalizar y establecer como normales las relaciones de poder, las visones naturalistas y esencialistas que ponen a la masculinidad con mayor dominio sobre los recursos materiales y simbólicos del entorno, ya que de esta manera es que se construye el falocentrismo.

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imagen corporal y se le asignan valores de poder y prestigio, que nos llevan a rendirle culto al cuerpo acercándolo más a una percepción fetichista mágica y alejándolo de su esencia corporal, es decir, negándolo.

En los hombres, características estereotipadas son presentadas diariamente en los medios de comunicación, y en el caso que nos ocupa, los contenidos publicitarios, son utilizados para potenciar y reflejar características exageradas de una masculinidad ideal. Es cuestión de observar en dichos medios de comunicación y entretenimiento, esa presencia tan sutil con la que se diferencia el género en dichos medios. En la mayoría de los contenidos el hombre se presenta como la razón, el intelecto, el conocimiento, la experiencia, el heroísmo, la creatividad, la fuerza etc. Aunque podríamos pensar que para el hombre es un beneficio que se presente esa idea de masculinidad como una virtud o una cualidad, es de igual manera dañino para el propio hombre, ya que crea una falsa y fantasiosa masculinidad. Ya que como hemos mencionado el entramado discursivo publicitario está encargado de vender y potencializar una determinada venta, aunque en su propósito lo lleve a influir en los comportamientos y acciones de las personas, este entramado discursivo y visual de la publicidad es fantasía, genera ideales exagerados con el cual logre captar la atención del público, es decir, la publicidad se presenta como “(…) una especie de <<paraíso neutro>>, donde todos somos felices porque tenemos dinero, estamos delgados, poseemos el mejor coche, somos deseados, amados, respetados, escuchados, lo cual casi nunca corresponde a nuestra realidad” (Carabí, Segarra,2000:166).

De ahí que de igual manera el hombre es incorporado en un entramado de discursos del deber ser sobre su cuerpo, de igual manera está confundido, negando su cuerpo, negando su historia, insatisfecho y percibido como inacabado.

Es por eso que es posible hablar de un “hombre objeto”. En los hombres se presenta como atractivo el cuerpo atlético, musculoso, fuerte, depilado, estilizado y en la actualidad como un cuerpo que denote sensualidad, es decir que aparente fuerza y potencia y que sea deseable para las mujeres. De esta manera la percepción física y la belleza que se consideraban preocupación femenina, se han

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incorporado en el ideal masculino, la belleza se presenta como el soporte y la justificación de las modas y los objetos de consumo donde el hombre debe preocuparse por su aspecto físico.

Este ideal corporal masculino retomado en los medios de comunicación y en el publicitario fue inspirado o retomado en modelos ideales surgidos de la antigua Grecia de sus expresiones artísticas y deportivas sobre el cuerpo del hombre. Las esculturas griegas dieron el parte aguas en la percepción de cuerpo ideal masculino en occidente, se presentaban como cuerpos atléticos, jóvenes que simbolizaban poder, autocontrol, virilidad y sexualidad. Es por eso que para alcanzar ese ideal corporal lo que se tendrá que hacer, será el ejercicio físico.

El cuerpo presentado en los medios de comunicación es un cuerpo atlético, joven, en donde el cuerpo deseado es el que parece una “V” es decir, hombros y pechos anchos y cintura delgada y abdomen marcado con músculos. El hombre no es presentado como solamente fuerte sino como atractivo y estético, con facciones femeninas y depilados29. El nuevo ideal corporal masculino presentado en los medios de comunicación se ha incorporado como un deber ser, que ha sometido al cuerpo masculino como un objeto de deseo, ha ocasionado que el hombre igualmente se preocupe por su aspecto físico y que también se identifique con esos modelos que se le presentan como ideales de belleza aceptable. Todo esto con los problemas y frustraciones que lo lleven en su camino a la construcción de ese cuerpo masculino.

En efecto, en los medios de comunicación y en especial en los contenidos publicitarios, se presentan modelos de hombres que ejercen cierta influencia en los comportamientos y maneras de percibir la masculinidad. Se apela al ideal de liderazgo y virilidad entendida como la fuerza y la sexualidad, para crear modelos percibidos como legítimos y pocas veces interrogados, estos discursos y percepciones sobre la masculinidad son naturalizados y presentados como únicos

29 Una nueva percepción de masculinidad, se ha presentado en hombres denominados como

“metrosexuales”, hombres de apariencia femenina pero que son heterosexuales que se preocupan por su aspecto físico, cuidado personal y utilizan productos de belleza y accesorios de moda para alcanzar un ideal de belleza masculina.

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e innegables, eliminando todo el rastro histórico y sociocultural que los construyó, es decir, fetiches. Uno de los problemas en el que el hombre se ha sometido, es a esa necesidad desbordada por el ejercicio, ya que se presentan físicos musculosos, fuertes y “viriles” como el deber ser. En ese ideal el hombre se ha perdido en el padecimiento psicológico y físico denominado como “vigorexia” esto es, la adicción al ejercicio físico, a la utilización de sustancias para aumentar su masa muscular y de igual manera se somete a dietas rigurosas para alcanzar ese ideal fantasioso del cuerpo ideal masculino. El hombre de igual manera que la mujer, está siendo sometido bajo una visión fantasiosa de cuerpos perfectos, para los hombres, el cuerpo atlético es presentado como el cuerpo deseable, el cuerpo objeto, el cuerpo poderoso, no es casualidad que en los medios de comunicación y en campañas publicitarias se presente deportistas, modelos y cuerpos musculosos como los héroes, como los populares, como los hombres perfectos.

El mundo de las apariencias puede resultar contradictorio, por una parte se difunden maneras de ser, eliminando las posibilidades de cada persona por realizar sus vidas alejadas de frustraciones y fantasía construidas social, cultural e históricamente. Estos modelos regidos por la apariencia visual, son retomados en los medios de comunicación y en especial en la publicidad, y que al no poder alcanzar esos ideales de perfección influirá en nuestros comportamientos y acciones cotidianas. Se presentan modelos del deber ser que legitiman una cierta violencia y desigualdad entre géneros, se han naturalizado y pocas veces se cuestionan, si bien, cada personas negocia y utiliza las características asignadas por el género, y decide en última instancia ejercerlas o no, valdría la pena repensar esa clasificación de género, y no mantearnos en esa comodidad que brinda dicha clasificación, ya que está sometiendo a las personas a una insatisfacción constante sobre sí mismo y un acercamiento desbordado al mundo de las cosas, al buscar en estas, ese ideal de prestigio, poder y satisfacción, pero que sabemos que les fueron asignadas deliberadamente para impulsar el consumo. En un entorno que parece incierto y lo único cierto se nos presenta en las cosas, es que el fetichismo de las mercancías se presenta como un alivio y una insatisfacción constante.

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