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HUELLAS DE CAMINOS EN EL CAMINANTE

In document T E S I S - Repositorio CIESAS (página 185-190)

CAPÍTULO VI: LOS CARGADORES MAYAS

VI.4 HUELLAS DE CAMINOS EN EL CAMINANTE

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de isótopos. El estrés laboral reflejado en los huesos permitiría identificar los restos de los tamemes que sufrieron cambios óseos degenerativos como procesos espinosos en la séptima vértebra cervical hasta las seis primeras dorsales, osteoartritis y cambios en la morfología del talón o calcáneo o entenosopatía, etc.353 Dado que las costumbres funerarias de los tamemes reducirían las probabilidades de sus restos, otra opción sería la aplicación de la medicina forense en restos más modernos no sólo coloniales sino incluso de indígenas modernos incluso en individuos vivos que todavía suelen portar sus pertenencias de la forma ancestral y que gozan de servicios médicos como de ortopedistas.

FIGURA VI. 1.- Estrés laboral en los cargadores.

Gráfica del estrés laboral en los restos óseos. Mansilla y Salas “Experiencias de vida en vestigios humanos, parte I”, p. 23.

353 Valenzuela Jiménez “Vida cotidiana y actividad ocupacional a través de los huesos” pp. 78-81. México, Mansilla y Salas Experiencias de vida en vestigios humanos, parte I, p. 23, Hernández Espinoza, “La

actividad ocupacional se refleja hasta en los huesos”,

www.izt.uam.mx/amet/vcongreso/webamet/indicedemesa/ponencias/Mesa%2015/Hdzespinosam15.pdf.

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Sin embargo, existen indicios que pueden indicar el tipo de patologías que sufrían los viajeros del pasado, no por sus restos, sino por las investigaciones para combatir la idolatría. El bachiller Ruíz de Alarcón denunció en su Tratado de 1629 que entre los indios de la Nueva España subsistían tratamientos contra los dolores de espalda y pies por el exceso de peso, males como callos en los pies o las rodillas como de “camellos”, los cuales aliviaban gracias a una terapia de masajes con piedras calientes que desentumecían, desinflamaban las articulaciones y contrarrestaban los calambres.354

Si bien, las leyes indianas establecieron el peso en dos arrobas, pistas de los pesos cargados en tiempos prehispánicos puede estimarse considerando que dos o más cargadores soportaban estructuras como palanquines en donde llevaban personajes importantes recortados en tejidos parecidos a las hamacas. Estas literas se llamaban en maya el k’oche, a los que en el siglo XIX se les añadieron ruedas y animales de tiro, dando origen a la palabra coche.

En estos artefactos también cargaban bolsas cuya representación en algunas escenas como en el vaso K2914 del catálogo Justin Kerr incluyen el glifo pik. Este glifo es el mismo para el periodo de 400 años of 360 o "baktun" en contextos calendáricos, pero, en escenas de tributo como la mencionada se lee como el múltiplo del 8,000, al que a veces se le añaden puntos o unidades o barras para el número 5 que servían como exponente, al que también se le añadía el glifo del producto contado por lo regular ka-ka-wa o cacao. En el resto de Mesoamérica también existió como unidad de medida el glifo xiquipilli que también se representa con una bolsa para el número 8,000. Si se toma esta cifra y sus múltiplos para granos la misma podría considerarse como una unidad de peso maya, que permitiría dar indicios de su equivalencia con las dos arrobas o 23 kgs (o más) que debían cargar los tamemes, según las leyes de Indias. Esros pesos puede multiplicarse por el número de indios empleados según los testimonios de los batabo’ob o caciques en el juicio de residencia del alcalde mayor doctor Diego

354 Ruíz de Alarcón, “Tratado segundo, XXI. Conjuro, y superstición de que usan para el dolor de lomos-XXII Para dolores en los huesos de las espaldas” en Ponce et al. El alma encantada, pp. 211-214.

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Quijada355 o bien, contrastarlas con las cargas de las arrias de algunos vecinos españoles en ese mismo juicio.356 Si como se testificó, los cargadores superaban los mil, entonces el movimiento equivaldría actualmente a las 23 toneladas.357

FIGURA VI.2.- Glifo pik (T528.528)

355 Así, según Don Francisco Namon cacique y gobernador del pueblo y cabecera de Hocabá abrieron las ocho leguas hasta Mérida, en quince días mil seiscientos hombres, para habilitarlo para carretas participaron ochocientos hombres y para su mantenimiento sólo requerirían cien indios en menos de una semana al año, mientras que para cargar sólo los mantenimientos sin contar tributos necesitaban dos mil o más hombres durante tres días. Don Lorenzo Iuit cacique de Huhi en Hocabá, ocupó mil seiscientos hombres durante dos semanas cuando estaban desocupados requiriendo de mantenimiento una vez al con cien indios, lo que es preferible que emplear dos mil hombres por nueve leguas cargados sólo con el maíz. Don Gaspar Tun, cacique de Homun, testificó que para la habilitación del camino de su pueblo a Mérida se emplearon cuatrocientos hombres y trescientos que andan con él abrieron una legua de camino entre todos y que en ocho días acabarían las cinco leguas hasta Acanceh aprovechando el tiempo libre y menos para su mantenimiento, mientras que el cargar tan sólo el maíz emplean novecientos indios sin contar tributos aún con la paga hasta Mérida a diez leguas. Juan Hau alcalde de Homún, con cuatrocientos indios y otros trescientos que andan con abrieron una legua que acabarían en ocho o nueve días que habrían ampliado hasta a Acanceh a donde son obligados a cargar bienes, sería menos vejación si cien indios se encargaran del mantenimiento las cinco leguas a Acanceh, en vez de cargar novecientos indios sólo con maíz sin tributos las diez leguas hasta Mérida.

Respuestas similares dieron don Francisco (de Montejo) Xiu, cacique y gobernador de Maní, que desde quince leguas a Mérida, a cada indio recibe ciento cincuenta cacaos equivalente a real y medio, siendo ochocientos cargadores, mientras que en tres meses trescientos indios abrieron la mitad del camino tan amplio para pasar carretas aunque no las conoce. Francisco Ché gobernador del pueblo de Tacul (Ticul), que el camino de su pueblo a Mérida trescientos hombres y los de Maní en tres meses abrieron las siete leguas para que pasen carretas aunque tampoco las conoce, en vez de cargar ochocientos indios sólo con maíz hasta Mérida sin tributos, con paga de ciento veinte cacaos a ciento cincuenta, Residencia de Quijada AGI, Justicia 249, en DDQAMY, pp. 138-145.

356 Según el conquistador Rodrigo de Escalona contestó que tanto Leguízamo como Herrera tenían arrias de ciento y tantos caballos, que andan carretas hasta Sisal que traen pipas de vino de Castilla. El conquistador Alonso Rosado, encomendero de Dzan y Mama era propietario de dos carretas cada una con capacidad para dos pipas de vino y otras mercaderías, mientras que cada pipa costaba veinte tostones y la arroba de mercadería costaban real y cuartilla, con las arrias solían traer cada una botija de vino a ocho reales y a tres reales la arroba de mercadería, por lo que le resultaba más redituable. Juan Pacheco, encomendero del pueblo de Baca oyó decir a Juan Pacheco que cuando se abriera el camino al pueblo de su encomienda [Baca] a cinco leguas traería maíz y tributos y lo de sus vecinos en la misma comarca en su carreta al mismo precio que traen los indios a cuestas. El conquistador Manuel Galaz de Camiña conquistador sin encomienda respondió que hasta el mar pagaba a un tameme seis reales por dos arrobas mientras que las arrias cada arroba costaba real y medio hasta el mar y que no costara a los vecinos más que traer los instrumentos y los cocheros. El mercader Diego Muñoz daba a un tameme seis reales y más que llevaba dos arrobas mientras que en carreta cada arroba costaba real y medio, y aunque no sabía como saldría el maíz, si los vecinos tuvieran los instrumentos no tendrían que pagarles a los indios. El arriero Diego de Morales de Mérida decidió concertar con el mercader Melchor de Herrera una compañía de una arria con veinticinco caballos, su arria se encontraba hasta Bacalar a setenta leguas llevando ropa y de hallar carga la traería sin contratiempos a menos precio que con los cargadores, Residencia de Quijada, AGI, Justicia 249, en DDAMY, t. II, pp. 149-159.

357 Una arroba para el Diccionario de autoridades de 1726 vol. 1, t. 1, (letras a, b) pp. 415-416, que debían ser 25 libras, http://ntlle.rae.es/ntlle/SrvltGUISalirNtlle , eso equivaldría en el sistema métrico a 11.502 kgs según la más moderna edición del Diccionario de la Academia Española de la Lengua, http://www.rae.es/rae.html.

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Numeral pih=8,000, de aspecto similar a bultos. Fuente: Catálogo www.famsi.org.

Con este último capítulo se cierra el círculo de este estudio sobre los caminos que inició con el análisis de los caminos precolombinos para retornar con los caminantes de mayor trayectoria en ellos. Los tamemes pueden parecer anacrónicos y obsoletos frente a los sistemas de transporte modernos, pero de hecho todavía es posible observar a los últimos cargadores transportando mercancías con mecapal por las calles de concreto y asfalto. La participación de estos en la construcción de la sociedad actual viene de larga tradición.

En la defensa de los usos y costumbre indígenas no se ha podido recopilar la opinión de los propios cargadores sobre la sustitución del sistema de carga humana por otros. Pese a que sus condiciones de vida pudieran parecer deplorables, a la luz de los documentos y la perspectiva contemporánea, lo cierto es que la condición física de los tamemes resulta ser envidiable desde la óptica contemporánea, en la que viajar se ha convertido no sólo en una opción de actividad lúdica, sino una opción para abandonar el sedentarismo de la vida actual, por lo que el trabajo de los tamemes requiere ser revalorado.

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