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4. LA IDENTIDAD PERSONAL COMO CRITERIO DE DECISIÓN MORAL

4.1. La identidad personal y su relación con la ética

Como mencionamos, la relación entre identidad personal y ética normativa parece establecerse en función de la apelación a consideraciones en torno de la responsabilidad moral. Debemos saber si el sujeto sobre el que recaerá el premio o el castigo es el agente responsable de haber llevado adelante la acción que

119 estamos juzgando. Sin embargo, se debe determinar qué implicancias de esta relación son las importantes para la ética (Doepke, 1990).

Sin embargo, resta aun responder la siguiente pregunta: ¿qué hace que una acción sea adscripta a una persona determinada, en términos de responsabilidad? La respuesta ofrecida por la mayoría de los teóricos, apela a algún criterio de identidad personal. Las apreciaciones sobre la naturaleza de las personas parecen subyacer a la elección de los principios o reglas morales. El problema es que la relación entre estas teorías metafísicas acerca del yo y la atribución de agencia moral, no parece ser decisiva.

Uno de los motivos es que un criterio particular de identidad personal, aunque influye en la construcción de una teoría ética, no siempre permite dar cuenta de la totalidad de las problemáticas que caen en el espectro de dicha postura. La relación entre identidad y ética es una relación compleja de dependencia, aunque la segunda involucra en su análisis aspectos sobre los cuales la primera no puede arrojar luz.

Se mostró en los capítulos anteriores que, en la construcción de un criterio de identidad personal, las cuestiones relacionadas con la moral parecen inherentes a dichas propuestas. Sin embargo, existen casos en los cuales esta relación no queda tan clara. En primer lugar, los casos hipotéticos sobre los cuales se construyen algunas de estas propuestas no tienen aplicación alguna en la vida real como, por ejemplo, los experimentos mentales de intercambio de cuerpo/cerebro presentados por Parfit29. En segundo lugar, diferentes teorías ofrecen exactamente la misma respuesta frente a situaciones reales, lo cual nos permitiría identificar si acaso la justificación moral de una acción se debe o no a que estamos adoptando el criterio de identidad personal correcto. Finalmente, se puede señalar también que sea cual fuere el criterio de identidad personal defendido, en ciertos casos su apelación a la hora de tomar decisiones éticas será

29 Ver capítulo 3, apartado 3.2.

120 indispensable (por ejemplo, en cuestiones relacionadas con la toma de decisiones al comienzo o final de la vida) mientras que, en otros casos, no lo será (por ejemplo, en cuestiones relativas a la justicia distributiva).

Para evitar caer en estos problemas, se debe prestar atención a qué rasgos específicos de la identidad personal son los que deben ser considerados a la hora de trazar relaciones con la esfera de la ética. Es el criterio elegido el que parece permitir que se diriman cursos de acción a seguir frente a problemas en la toma de decisiones.

Si, por caso, se defendiera un criterio psicológico de identidad personal, la atención debería ser puesta sobre cuestiones asociadas con la continuidad y conexión de los estados mentales. De acuerdo con esta postura, la responsabilidad moral de una persona se extendería hacia el pasado (o futuro) sólo si la acción que está siendo considerada fue (o será) realizada por una persona que presenta continuidad psicológica con la persona sobre quien recae esa responsabilidad en el presente. Esta perspectiva si bien -como se ha visto- no es la única, es la más defendida en la actualidad.

Si, en cambio, privilegiáramos un criterio físico, lo que importaría -tanto para adscribir identidad como responsabilidad moral- sería la continuidad de los cuerpos. De acuerdo con esta postura, la responsabilidad moral de una persona se extendería hacia el pasado (o futuro) sólo si la acción que está siendo considerada fue (o será) realizada por un ser humano que presenta continuidad física con el ser humano sobre quien recae esa responsabilidad en el presente. Este criterio colisiona, en algunos casos, con nuestras creencias más profundas:

la responsabilidad moral se suele relacionar con las intenciones que mueven las acciones y se adscribe a individuos que poseen la capacidad de diferenciar lo correcto de lo incorrecto. El criterio físico, por sí sólo, no permite dar cuenta de estos aspectos.

121 Si adhiriéramos a un criterio narrativo de la identidad personal, deberíamos conceder que la responsabilidad moral de una persona se extendería hacia el pasado (o futuro) sólo si la acción que está siendo considerada forma (o formará) parte de la narrativa de vida de dicha persona. Que una acción forme parte de la narrativa de vida de una persona implica que sea coherente con el resto de los aspectos de su vida, que sea el resultado de sus creencias, valores, deseos y experiencias.

No debe perderse de vista, además, que las diferentes variables de estos criterios modificarán, a su vez, las premisas iniciales sobre las que sustentarán los análisis: si el criterio de identidad elegido solamente requiere de la persistencia física de ciertas partes de nuestro cuerpo, entonces, en ese caso, la relación entre identidad personal y la ética será una relación independiente. Las justificaciones morales, en ese caso, deberían establecerse sobre otras bases y el criterio de identidad no podría brindar ayuda a la hora de resolver problemas de aplicación de las reglas o principios.

Si se combina el criterio físico con un criterio psicológico y se establece que para la adscripción de identidad personal se requiere de la persistencia de un grado mínimo de conciencia, entonces la aplicación de este criterio a la toma de decisiones en ética se limitaría a un número menor de casos.

Si se apela al criterio de identidad que se sostiene en un tipo más profundo de conectividad psicológica, entonces ciertos rasgos de las personas, como sus creencias, deseos o intereses, entrarían en juego en función de esta continuidad y la relación entre este criterio de identidad personal y la ética sería más estrecho que en los casos anteriores. El caso en el cual esta relación se manifiesta de manera más clara es aquel en el que se apela a un criterio de identidad personal basado en la continuidad psicológica sin tener en cuenta ninguna clase de gradación. Esta perspectiva permite adscribir identidad aún en casos en los cuales el individuo no recuerde eventos de su pasado, en función de que se ha

122 mantenido constante el flujo de la conciencia y, por lo tanto, se le puede adscribir responsabilidad ética de la misma manera.

Consideremos una serie de casos disímiles presentados por Shoemaker que ilustran esta problemática:

Caso 1. Gretchen sufrió un terrible accidente con su motocicleta, que le causó daños tan severos que morirá en pocos días. Gran defensora del ateísmo y de la perspectiva de que “una vez que uno muere, no hay nada más”, Gretchen se pregunta ahora … si le es posible sobrevivir a la muerte de su cuerpo …

Caso 2. Carlos y Tanya discuten sobre la permisibilidad del aborto.

Carlos afirma: ‘El aborto es incorrecto. Es incorrecto matarme ¿no es así? Bueno, el feto a partir del cual me desarrollé también era yo … ’

‘No estoy de acuerdo’, responde Tanya ‘… ese feto no eras vos, del mismo modo que una bellota no es un roble’ …

Caso 3. A los 55 años a Meredith le diagnostican un Alzheimer incipiente … redacta un documento de directivas anticipadas indicando que, una vez que sufra de demencia severa, no se recurra a medidas extraordinarias para mantenerla con vida … Cuando Meredith sufre de demencia severa y contrae neumonía … expresa su deseo de que la mantengan con vida. ¿Qué pedido debe ser respetado frente a esta situación … ?

Caso 4. Howard y Annie son científicos que trabajan en técnicas de fertilidad. Annie perfecciona una técnica que le permitiría clonar un ser humano adulto … A Howard lo horroriza esta idea, argumentando que la clonación es incorrecta ya que le quitaría al ser humano clonado la posibilidad de poseer una única identidad …

123 Caso 5. … Cuando tenía diez años, Phil fue el causante de que su hermana menor Jen cayera de un árbol y se quebrara un brazo. ’Aún te culpo por eso’ dice Jen … Phil le responde: ‘fue hace treinta años, ya no soy como ese niño. No es justo continuar enojada conmigo por lo que hizo ese chiquillo estúpido de diez años‘ …

Caso 6. Darren y Samantha tienen dos hijos pequeños, Brad y Albert.

Brad es bonito y sus padres hacen que modele ropa para bebés y luego para niños … gana un dinero que sus padres depositan en una cuenta especial. Albert … es un niño genio. Darren decide que, cuando los niños crezcan, utilizará el dinero que Brad ganó como modelo para pagar las mejores escuelas para Albert … Samantha no está de acuerdo … cree que es una decisión injusta”. (Shoemaker 2008, pp. 2- 3)

Como se puede apreciar en esta variedad de casos, la noción de identidad personal se relaciona con numerosas y disímiles cuestiones en el campo de la ética. El primer caso ilustra cuestiones relacionadas con la posibilidad de que parte de nosotros, nuestro espíritu, sobreviva a la muerte de nuestros cuerpos. El segundo y cuarto caso hacen referencia a la relación entre la identidad personal y la ética práctica. El tercer caso (una mujer es diagnosticada con Alzheimer y redacta directivas anticipadas) presenta cuestiones que caen bajo el dominio de la ética práctica, pero se diferencia del segundo y cuarto caso en un aspecto crucial:

se encuentra en juego determinar si la persona que manifestó el pedido de no aplicar medidas extraordinarias para mantenerla con vida es la misma persona sobre la cual esas directivas se aplicarán en el futuro30. El quinto caso pone de manifiesto la relación entre identidad personal y responsabilidad moral.

Finalmente, el sexto se refiere a cuestiones de justicia e identidad.

30 Las problemáticas relacionadas con esta cuestión son analizadas en profundidad en este trabajo a partir del apartado 4.3.

124 Si bien estos son sólo unos pocos ejemplos que ilustran la cuestión, parece existir un acuerdo generalizado en torno a la idea de que la identidad es por lo menos una condición necesaria para poder adscribir responsabilidad moral. El modo en que más a menudo se encuentra expresada esta idea es: somos sólo moralmente responsables de nuestras acciones o de los resultados que nuestras acciones generen.

Podría darse, sin embargo, el caso de que no sólo fuéramos responsables de nuestras acciones sino también de las acciones de los demás. Pensemos en la responsabilidad de los padres sobre las acciones de los hijos y de los cuidadores sobre las acciones de quienes se encuentran bajo su cuidado. También podemos pensar en la idea de complicidad con quien ha cometido un crimen: se puede adscribir responsabilidad moral a un cómplice, a pesar de que no haya sido quien llevó a cabo de modo directo una acción criminal. Estos ejemplos que parecen desafiar la afirmación inicial de que uno es responsable sólo de sus acciones, no constituyen sin embargo un problema para esta perspectiva: los padres, cuidadores y cómplices no son considerados responsables por lo que sus hijos, cuidados o compañeros de crimen realizaron, sino por haber elegido no actuar para evitar dichas acciones, acciones de las cuales son considerados responsables.

Como puede verse, la relación entre la identidad personal y la ética es compleja y de ninguna manera se encuentra resuelta. Generalmente se ha asumido que si hay una relación entre la identidad y los intereses prácticos, es una especie de relación unívoca, que va desde una sola teoría (correcta) de la identidad personal a todas las preocupaciones relacionadas con la práctica. Pero

¿podría darse el caso de que algunas de las preocupaciones prácticas posean una relación con un criterio o sentido de identidad, mientras que otras preocupaciones prácticas tienen una relación con un criterio diferente? No queda claro cuál podría ser la teoría correcta de la identidad personal e incluso el sentido correcto de identidad al que debemos adscribir. Es en virtud de este problema que

125 tampoco queda resuelta la pregunta acerca de cómo se establece la relación entre la identidad y la ética. También resta determinar si acaso se debe establecer la corrección de una teoría de la identidad antes de aplicarla a la ética, si debemos limitar nuestra teoría de la identidad a la luz de nuestras preocupaciones éticas, o si acaso debemos tratar de construir teorías de la identidad y nuestras preocupaciones éticas a la luz de otro enfoque. Aun concediendo el vínculo entre identidad y ética se debe resolver de qué tipo de relación se trata: ¿debe existir una relación de justificación o una relación explicativa? ¿se trata de sólo un tipo de relación?

La relación entre criterios de identidad personal y ética, se conforma entonces como una relación del tipo indeterminada. La idea que se tenga de la identidad personal puede llegar a brindar apoyo a un principio moral por sobre otro, pero este apoyo no resulta claro en la mayor parte de las veces en las cuales se trata de establecer una relación. Sin embargo y a pesar de ello, en la actualidad se producen profundos debates en torno del problema de la relación entre la identidad y la ética, y están teniendo lugar en el campo de la ética aplicada, específicamente en la ética médica y la bioética.