4. LA IDENTIDAD PERSONAL COMO CRITERIO DE DECISIÓN MORAL
4.2. La identidad personal y su relación con la bioética
125 tampoco queda resuelta la pregunta acerca de cómo se establece la relación entre la identidad y la ética. También resta determinar si acaso se debe establecer la corrección de una teoría de la identidad antes de aplicarla a la ética, si debemos limitar nuestra teoría de la identidad a la luz de nuestras preocupaciones éticas, o si acaso debemos tratar de construir teorías de la identidad y nuestras preocupaciones éticas a la luz de otro enfoque. Aun concediendo el vínculo entre identidad y ética se debe resolver de qué tipo de relación se trata: ¿debe existir una relación de justificación o una relación explicativa? ¿se trata de sólo un tipo de relación?
La relación entre criterios de identidad personal y ética, se conforma entonces como una relación del tipo indeterminada. La idea que se tenga de la identidad personal puede llegar a brindar apoyo a un principio moral por sobre otro, pero este apoyo no resulta claro en la mayor parte de las veces en las cuales se trata de establecer una relación. Sin embargo y a pesar de ello, en la actualidad se producen profundos debates en torno del problema de la relación entre la identidad y la ética, y están teniendo lugar en el campo de la ética aplicada, específicamente en la ética médica y la bioética.
126 muchos el texto fundante de la disciplina, pues plasma la necesidad de ofrecer un enfoque bioético de análisis de ciertas cuestiones surgidas de la creciente divergencia entre los ámbitos científicos y humanísticos:
“Hay dos culturas -ciencias y humanidades- que parecen incapaces de hablarse una a la otra y si ésta es parte de la razón de que el futuro de la humanidad sea incierto, entonces posiblemente, podríamos fabricar
"un puente hacia el futuro" construyendo la disciplina de la bioética como un puente entre dos culturas. Los valores éticos no pueden ser separados de los hechos biológicos. La humanidad necesita con urgencia una nueva sabiduría que proporcione el conocimiento de cómo usar el conocimiento para la supervivencia del hombre y para la mejora de la calidad de vida (…) la ciencia de la supervivencia debe erigirse sobre la ciencia de la biología y aplicada más allá de los límites tradicionales, para incluir los elementos más esenciales de las ciencias sociales y las humanidades, con énfasis en la filosofía en sentido estricto, con su significado de amor a la sabiduría”. (1971, pp. 1-2)
La concepción que Potter presenta de la bioética es muy amplia y, salvo algunas excepciones, no ha sido la que ha tenido mayor repercusión hasta el presente. Por el contrario, la concepción biomédica de la bioética parece ser la que ha predominado. Sin embargo, cabe notar que desde sus inicios, e independientemente de la corriente de pensamiento que analicemos, la noción de persona se ha encontrado en el corazón mismo de esta disciplina.
Determinar quién es esa persona a la que se hace referencia ha sido una de las cuestiones más problemáticas con las que se ha enfrentado la bioética en el poco tiempo que lleva como disciplina autónoma. Las propuestas relacionadas con las éticas del cuidado, la atención de las personas con severas discapacidades o lugar, tiempo después, a la fundación del Kennedy Institute of Ethics (Reich, 1995), sin embargo el acuerdo de la comunidad bioética parece conceder los orígenes que presentamos.
127 intelectualmente disminuidas y el reconocimiento de nuevos problemas que han ido surgiendo en torno de qué significa una muerte digna contribuyeron a resaltar la importancia de clarificación de esta noción (Doucet 2010, p. 123), así como la reflexión sobre cuestiones relativas a la moralidad del aborto, la investigación sobre embriones, los tratamientos de pacientes con trastorno de identidad disociativo o en estado vegetativo persistente, o el criterio de muerte (algunos de los temas más discutidos hoy en día).
A pesar de que los bioeticistas han tomado en consideración la importancia de establecer los alcances de esta noción y proveer un criterio adecuado para la identidad personal32, ninguno de sus esfuerzos ha logrado generar consenso hasta el día de hoy. Los motivos de este aparente fracaso parecen claros: es una cuestión demasiado compleja de resolver, tanto que los autores clásicos de la filosofía lo han intentado sin éxito. A esta cuestión debe sumarse, además, el problema de que en las discusiones en bioética la identidad personal se encuentra inextricablemente unida a cuestiones relativas a los valores morales, las cuales ya son complejas de por sí (DeGrazia, 2005). Muchos de los bioeticistas apelan a ciertos criterios de identidad personal de manera indirecta en sus análisis, especialmente en los relacionados con cuestiones éticas relacionadas con el comienzo y el fin de la vida (Macklin 1983, p. 36), contribuyendo aún sin proponérselo a oscurecer estas nociones. Esto no sucede, sin embargo, en todos los casos. La excepción, como veremos más adelante en este trabajo, son los análisis en torno de la validez de las directivas anticipadas33.
Las discusiones en torno del problema de la identidad formuladas en el contexto de la bioética constituyen un problema complejo. El análisis de problemas morales dificulta muchas veces los debates sobre la definición de la persona. Esto se debe a que algunas posturas morales son ajenas al problema de la identidad
32 Ver capítulo 5.
33 Ver capítulo 5.
128 personal y se piensan como independientes de la postulación de criterios de persona (Baker Lynne, 2005): en casos en los que se trabaja sobre temas delicados como la permisibilidad del aborto o de la eutanasia, se suelen ignorar o abandonar estos los criterios ya que dificultan la toma de decisiones.
Como se verá en los apartados siguientes, cuando los bioeticistas intentan ofrecer una definición de la identidad personal, a menudo lo hacen en relación con el esclarecimiento de una problemática particular -la validez de las directivas anticipadas, en el caso que presentaremos- y resultan difíciles de aplicar a otras problemáticas. Los esfuerzos para definir el criterio adecuado de identidad personal, en la vasta mayoría de las discusiones en bioética, han sido prescriptivos más que descriptivos (Macklin 1983, p. 40). Un problema adicional que puede señalarse es que no todos los autores que ofrecen un criterio de identidad personal se vuelcan a los escritos filosóficos que los preceden, obscureciendo aun más la cuestión. Y quienes sí hacen referencia a estas propuestas, clásicas o contemporáneas, traen a colación sólo la que se adecua más a sus intereses y omiten -deliberadamente o no- los profundos y complejos debates en este campo de análisis.