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Intervención en el acompañamiento

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de toda intervención y desde modelos más recientes sobre la humanización de la atención, hablaríamos de un modelo de relación humanizadora.

¿Que es humanizar?

Decía Miguel de Unamuno:3Mi batalla es que cada cual, hombre o pueblo, sea él y no otro”, o dicho en otros términos más próximos a nuestro lenguaje “humanizar es ayudar a otros a realizar sus propios objetivos” (Diego Gracia4). Mas recientemente Martínez Lozano5 habla de espiritualidad como sinónimo de humanidad en plenitud, de modo que el acompañamiento espiritual puede entenderse como el encuentro en el que se comparte nuestra dimensión mas profunda y raíz de nuestra humanidad.

Este tipo de relación humanizadora nos reta a superar viejos y modernos modelos de relación asentados en la dinámica de la relación clínica desde los cuales muchos profesionales fuimos formados.

El modelo de Emmanuel: Cuatro estilos de relación clínica.

Emmanuel describe cuatro modelos de relación clínica, de los cuáles no todos son un ejercicio de humanización.

El modelo paternalista considera a la persona enferma incapaz de tomar decisiones por su fragilidad o vulnerabilidad, pone al profesional en una posición de superioridad, no ya solo técnica sino incluso moral, que permite que sea éste quien decida por la persona enferma (paciente - pasivo). Éste es un modelo relacional altamente asimétrico.

Desde el modelo autonomista, el planteamiento es meramente “informativo”, es decir, el profesional, un técnico altamente cualificado, informa de la situación y de las opciones de tratamiento a la persona enferma y le deja (abandona) para que decida. Es un modelo relacional de escasa o inexistente “relación”. Este modelo excluye de la relación los valores en juego, las emociones y se limita a informar, eso sí, desde un escrupuloso respeto a la autonomía del paciente que es concebido más como “cliente” que como miembro de nuestra comunidad, entendida como “común-humanidad”.

Entrar en una relación humanizadora requiere hacerlo de un modo distinto, desde un modelo de relación que los autores denominan “deliberativo”. Desde este modelo la persona del profesional se relaciona con la persona enferma intentando poner sobre la mesa los aspectos clínicos y técnicos y asimismo, las emociones y valores que están presentes. Desde la “simetría moral” que reconoce al otro y posibilita un diálogo en donde ambos se reconocen y se descubren mutuamente en una tarea de construir juntos decisiones compartidas y de participar en un viaje en el que el paciente es el protagonista.

Este modelo relacional requiere que el profesional tenga formación en bioética y en comunicación deliberativa y exige, a nuestro entender, un trabajo personal de introspección y autoconocimiento junto con una actitud compasiva, basada en la conciencia de nuestra pertenencia a un sustrato compartido con los que atendemos.

El modelo del “sanador herido” de H. Nouwen

Henri Nouwen6, sacerdote católico y psicólogo, tras años dedicado a la docencia en las universidades de Notre Dame, Yale y Harvard abandonó su trabajo para compartir su vida con personas con discapacidad psíquica en la comunidad de El Arca de Daybreak en Toronto (Canadá). Es en este contexto donde surge una aparentemente sencilla pero profunda reflexión: el mundo no se divide entre personas enfermas y personas sanas que cuidan de las anteriores. Todos los seres humanos portamos heridas, somos seres heridos, sólo que a unos se les nota más que a otros. Todos somos sanadores heridos.

El sanador herido nos ofrece otra clave fundamental para comprender el modo de relación en el acompañamiento espiritual. Partiendo del hecho de que todos los seres humanos tenemos una parte sana (nuestros recursos) y una parte herida (nuestras necesidades) la relación entre dos personas puede ser de cuatro tipos:

1. Desde mi herida a su herida:

Ante la herida del otro yo pongo únicamente la propia. Compartimos desde la herida, desde las necesidades que ambos tenemos. Es una relación netamente “simpática”. La persona enferma puede sentir muy próximo a su acompañante, sin embargo ninguno de los dos moviliza sus capacidades internas (sus recursos) para afrontar la situación que les toca vivir. Se quedan en la herida. Cuando dos heridas se encuentran, sin más, solo pueden reinfectarse.

2. Desde mi parte sana a su herida:

Consciente de mis capacidades y recursos focalizo la mirada en la herida del otro, en sus necesidades. El otro no es capaz de afrontar su situación, pero cuenta con mi ayuda. Es una relación netamente paternalista, tal y como la define también Emanuel. La persona enferma se convierte en dependiente de su acompañante que, a su vez, se siente indispensable y altamente realizado. Sin embargo no moviliza los recursos internos de la persona enferma que permanece en su herida.

3. Desde mi parte sana a su parte sana:

Parte de una actitud de negación. Niego la propia herida e impido a la persona enferma reconocer su herida. Es un intento de construir sin asumir la realidad doliente, sin profundizar en la vivencia real. No reconoce el poder transformador que tiene trascender la experiencia de sufrimiento cuando uno se ha atrevido a explorarla. Es una mirada un tanto maniaca de la realidad. Sin embargo la negación de la herida no la hace desaparecer.

Es reconstruir la persona sobre cimientos de barro.

4. Desde sanador herido a sanador herido:

Acompañante y acompañado reconocen sus recursos y sus necesidades. Establecen así la relación desde la totalidad de la persona. El acompañante que es capaz de reconocer sus heridas y sus recursos está capacitado para reconocer las heridas y recursos del acompañado. Potencia el uso de sus recursos internos para afrontar sus heridas y al mismo tiempo experimenta cómo la persona enferma también tiene un efecto sanador en él al

ayudar a reconocer mejor sus propias heridas y recursos. No se huye de la realidad, ni de la destructiva ni de la terapéutica.

Counselling Espiritual

El Counselling es una relación de ayuda en la que el acompañante intenta estimular y capacitar al otro para que ponga en marcha sus propios recursos. Desde este punto de vista, el Counselling es un conjunto de herramientas que maximizan el nivel de competencia tanto del profesional como del propio paciente, al menor coste emocional posible. Se sustenta en una perspectiva que considera que la persona tiene los recursos y la capacidad suficientes en sí misma para la autoayuda y el cambio y que éstos pueden ser movilizados en un clima adecuado. Promueve la potenciación, la equidad, el respeto y la autonomía del paciente. Es una herramienta que vuelve más eficaz la comunicación con el paciente, le ayuda a la toma de decisiones y a la búsqueda de nuevas opciones. Confía en la persona y en sus recursos como el mejor elemento de cambio. De acuerdo con Barreto y cols.7 es “…el arte de hacer reflexionar a una persona empatizando y confrontando, por medio de distintas estrategias comunicativas, de tal modo que pueda llegar a tomar las decisiones que considere adecuadas para ella y siempre teniendo en cuenta su estado emocional”.

De acuerdo con Carl Rogers8, una relación de ayuda lo será si la forma de ser persona con el otro refleja tres actitudes básicas que, en la medida que han demostrado su eficacia, son exigibles tanto técnica como éticamente a los profesionales que se dedican al acompañamiento. Estas actitudes básicas son tres: 1)Aceptación incondicional (o consideración positiva incondicional), 2) Autenticidad (o congruencia), y 3) Empatía (o escucha empática). Estas actitudes, con sus correlatos de otras actitudes, más de ámbito espiritual, son explicadas con mayor detalle en otro capítulo de esta monografía.

De todos modos, estas actitudes han de contar con determinadas destrezas o habilidades para poder ser operativizadas. Veamos algunas de ellas:

ESTRATEGIAS FACILITADORAS DE LA COMUNICACIÓN (Adaptado de P. Barreto cols.7 y E. Benito y Cols.9)

Elegir un lugar tranquilo y cómodo. Hablar sentados evitando prisas, pasillos, teléfonos móviles y salas de espera.

Tono de voz adecuado (ya que facilita enormemente el clima terapéutico)

Identificar preocupaciones, necesidades y temores de manera específica. No se puede intervenir cuando el paciente manifiesta generalizaciones tales como: “temo por mi familia” . ”¿Qué es lo que teme exactamente con respecto a su familia?”Determinar la verdadera naturaleza y extensión del problema cuando el paciente expresa una preocupación o necesidad. Aclarar con el paciente lo que quiere decir, determinando la intensidad, duración y frecuencia del problema.

Utilizar un diálogo empático motivando la comunicación. Reconocer la emoción del paciente, identificar su origen y dar señales de que uno trata de ponerse en su lugar y de que se entienden sus sentimientos

Atender en todo momento la comunicación no verbal (si está inquieto, lloroso, evita o no la mirada, afecto inapropiado) Tolerar el tempo del paciente sin sobrepasar el umbral de asimilación (los silencios, el llanto)

No dar nada por supuesto, preguntar (por ejemplo: ¿qué entiende por colostomía?)

ESTRATEGIAS FACILITADORAS DE LA COMUNICACIÓN (Adaptado de P. Barreto cols.7 y E. Benito y Cols.9) Explorar otros problemas relevantes para el paciente. ”Además de ésta, ¿tiene otras preocupaciones?

Identificar atribuciones (por ejemplo: ¿qué le ayudaría…?)

Hacer refuerzos verbales (por ejemplo: esto que me explica me ayuda a entenderle) Escuchar antes de hablar, de lo contrario el paciente no se sentirá escuchado Evitar tecnicismos utilizando un lenguaje sencillo

Evitar preguntas largas, si es posible

Realizar preguntas abiertas que no induzcan la respuesta

Evitar preguntas múltiples para facilitar la atención y no la dispersión del paciente Evitar imposiciones (por ejemplo: usted debería…)

Respetar mecanismos de defensa funcionales y adaptativos (al fin y al cabo, el paciente afronta la situación como puede y como quiere)

Potenciar la dificultad como una oportunidad (por ejemplo: de crecimiento personal o de salir fortalecido) Congruencia del mensaje verbal y no verbal (de lo contrario perderemos toda la credibilidad)

Transmitir, siempre que sea posible, que tenemos tiempo para escucharle. “No mirar el reloj”

Resumir qué entendemos y corroborarlo con el paciente

El sufrimiento es una experiencia universal y para los profesionales que trabajamos junto a las personas que sufren se convierte en un imperativo ético: “No abandonar a nadie en el sufrimiento”. Dado que esta experiencia es profundamente relacional, para poder acompañarla necesitamos también de formación y entrenamiento. Sólo así esta presencia tendrá efectividad y sólo así será sanadora para la persona que sufre y para el propio profesional, de lo contrario el potencial transformador de la experiencia del sufrimiento se puede convertir en desgaste del profesional y en abandono del doliente.

El sufrimiento aboca al doliente por caminos habitualmente nuevos y desconocidos para él;

el acompañante no tiene por qué conocer todas las rutas, pero sí tener claras las marcas y las señales del territorio por donde transcurre ese camino para así identificar los lugares en los que encontrar refugio y seguridad en un escenario que puede ser especialmente complejo fácil. Y para ello será facilitado si el acompañante ha transitado por sus propios caminos y ha dispuesto a su vez de acompañantes que han ayudado a descubrirlos y recorrerlos. Sirva esto como invitación a profundizar cada uno en el camino que nos toca vivir.

A continuación presentamos de un modo esquemático algunas otras opciones terapéuticas que pueden ser de utilidad en el tránsito por “esos caminos”.

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