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1. El espacio, el poblamiento, el cabildo y la sociedad: la ciudad de

1.6 La ciudad de Antioquia: un breve bosquejo, 1750-­1809

en el espacio físico de la ciudad, la falta de caminos propios para el comercio y el desorden en el que vivían los habitantes.

Probablemente el desorden aludido por Silvestre tenía que ver con el crecimiento demográfico que tuvo lugar desde 1750. Éste permitió pasar de 45083 habitantes en toda la provincia para el año 1777, a 71431 en 1798. El incremento se sostuvo, mayoritariamente, en la población mestiza, o gente libre “de todos los colores” (se incluía en esta categoría, empleada en los diferentes censos y padrones, a los mestizos, mulatos, negros libres, zambos, pardos, entre otras mezclas), quienes no encajaban en el modelo de la República de Indios y la República de españoles.116

Los censos y padrones de finales del siglo XVIII muestran que, para el caso de la ciudad de Antioquia, la proporción de crecimiento de la población mezclada fue significativamente mayor que la de otros sectores sociales durante finales de la colonia (60.09%), superando a los indios (53.16%) y a los blancos (42.57%) en su orden. Es decir, el modelo importado para la organización de la sociedad americana, vio su fracaso en la emergencia de un grupo social que no encajaba ni en las ciudades, lugares de blancos; ni en los pueblos, lugares de los indios, generando inconformidades de diferente índole, entre ellas pugnas por la tierra y, en general, una redefinición de los lugares y espacios que cada quien ocupaba en la sociedad.

Los datos de crecimiento demográfico para la ciudad de Antioquia muestran que sólo en su jurisdicción, la población aumentó de 19318 habitantes en 1788 a 40758 en 1808, lo

116 Trabajos clásicos sobre el mestizaje en el Nuevo Reino de Granada son los de Jaime Jaramillo Uribe, entre ellos, “Mestizaje y diferenciación social en el Nuevo Reino de Granada en la segunda mitad del siglo XVIII”

en: Travesías por la Historia (Antología), Bogotá, Presidencia de la República, 1997. El crecimiento de la población en la ciudad de Antioquia es un hecho que va en consonancia con el aumento de la misma en la provincia de Antioquia y en el Nuevo Reino de Granada en general. Para ver las cifras sobre la población de este virreinato en la segunda mitad del siglo XVIII ver Hermes Tovar Pinzón, Convocatoria al poder del número, Censos y estadísticas de la Nueva Granada, 1750-1830, Bogotá, Archivo General de la Nación, 1994. Frente a estas cifras es difícil pensar que el crecimiento demográfico estuviera vinculado a otros procesos, como migraciones. Sin embargo, no puede desconocerse la presencia de algunos (por lo menos en dos casos) individuos que, en las fuentes consultadas, dijeron provenir de ciudades fuera de la provincia de Antioquia. También ver Katherine Bonil Gómez, Gobierno y calidad en el orden colonial. Las categorías del mestizaje en la provincia de Mariquita en la segunda mitad del siglo XVIII, Bogotá, Universidad de los Andes, 2011.

que significa que en veinte años se duplicó, como se aprecia en el cuadro dos. En éste también se ofrece información sobre la villa de Nuestra Señora de la Candelaria, actual Medellín, que hacia finales del siglo XVIII comenzó a tener una importancia insospechada por los habitantes de la ciudad de Antioquia.117

Cuadro 2. Población de la ciudad de Antioquia y la villa de Nuestra Señora de la Candelaria en la segunda mitad del siglo XVIII

Fuente: Hermes Tovar Pinzón, Camilo Tovar M. y Jorge Tovar M., Convocatoria al poder del número. Censos y estadísticas de la Nueva Granada, 1750-1830, Bogotá, Archivo General de la Nación, 1994, pp. 102-125.

Estos datos incluyen a la población esclava.

Al segmentar la población por calidades en los veinte años comprendidos entre 1777 y 1797, el grupo de los libres de varios colores fue el que sostuvo, en mayor medida, el crecimiento demográfico de la ciudad de Antioquia. Esta grupo, para 1798, era de más o menos 15 939 habitantes dentro de la ciudad de Antioquia, lo cual habla de la fuerza del mestizaje en esta jurisdicción. Mestizaje119 entendido, en el sentido más amplio, como

117 Beatriz Patiño Millán, “Las mujeres y el crimen en la época colonial: el caso de la ciudad de Antioquia”

en: Las mujeres en la Historia de Colombia, Tomo II, “Mujeres y Sociedad”, Bogotá, Editorial Norma, 1995, p. 79.

118 No incluye la población de los pueblos de Sopetrán, Buriticá y Sabanalarga que estaban comprendidos dentro de la jurisdicción de la ciudad de Antioquia.

119 Juan Solórzano y Pereyra en su Política Indiana escribió que “Pero dejando ya los criollos y viniendo a tratar de los que llaman mestizos, y mulatos, de que hay gran copia en las provincias de estas Indias; lo que se me ofrece decir es, que tomaron el nombre de mestizos, por la mixtura de sangre, y naciones que se juntó a engendrarlos, por donde los latinos los llamaron varios, e híbridos, según Paleoto, y otros Autores. Y los

Año Población de la ciudad de Antioquia

Población de la villa de Nuestra Señora de la

Candelaria (Medellín)

1777118 15716 14555

1784 16827 12884

1788 19318 16684

1797 24075 23654

1798 24852 23720

mezcla de calidades, no sólo como la mezcla del blanco con la india, sino también como mezcla étnica en un punto imposible de determinar (ver cuadro 3).

Cuadro 3. Cambio porcentual de la población de la ciudad de Antioquia, según su calidad, en la segunda mitad del siglo XVIII

Calidad/Años 1777 1784 1788 1797 1798

Cambio porcentual

entre 1777-1798

Blancos 1210 1516 1994 1774 2107 74.13

Indios 1279∗∗ 1344 1597 2660 2731 53.16

Mestizos (o libres de todos los

colores)

6360 11076 12542 15611 15939 60.09

Totales∗∗∗ 8849 13936 16133 20045 20777 134.79

Fuente: Hermes Tovar Pinzón, Camilo Tovar M. y Jorge Tovar M., Convocatoria al poder del número.

Censos y estadísticas de la Nueva Granada, 1750-1830, Bogotá, Archivo General de la Nación, 1994, pp. 102-125.

* El padrón ofrece, además, información acerca de los eclesiásticos seculares de tres de los pueblos de indios que estaban en la jurisdicción de la ciudad de Antioquia: Sopetrán, Buriticá, Sabanalarga.

“Blancos” era la denominación empleada en los padrones del periodo estudiado, en ellos no se emplea la categoría “Españoles”, como sucedía en otros espacios de América Hispánica. Para 1777 los eclesiásticos eran 28, para 1784 eran 24, para 1788 eran 21, en 1797 eran 22 al igual que en 1798.120

**Esta cifra no se incluye en la suma total de la población que ofrece el documento.

∗∗∗ No se incluye a la población esclava (que podía ser negra y mulata). Ésta pasó de 8121 esclavos en 1777 a 4053 para el año 1798.121

mulatos, aunque también por la misma razón se comprenden en el nombre general de mestizos, tomaron éste en particular, cuando son hijos de negra, y hombre blanco, o al revés, por tenerse esta mezcla por más fea, y extraordinaria, y dar a entender con tal nombre, que le comparan la a naturaleza del mulo: como lo notó bien don Sebastián de Covarrubias [...]”.

Juan de Solórzano y Pereyra, “De los Criollos, Mestizos, y Mulatos de las Indias. Sus calidades, condiciones y si deben ser tenidos por españoles” en: Juan Solórzano y Pereyra, Política Indiana, Libro Segundo, Capítulo XXX, [Edición Facsimilar tomada de la de Madrid de 1776], Volumen I, México, Secretaría de Programación y Presupuesto, 1976, p. 218.

Este mismo autor señala con bastante claridad el hecho de que las poblaciones mezcladas eran el resultado de uniones adúlteras o de amancebamientos y concubinatos, uniones de las cuales resultaban ilegítimos que no tenían permitido ocupar oficios de República y que por su condición no merecían mayores honras por ser portadores de infamia.

120 Como lo ha explicado Vicente F. Arango, en Antioquia las personas eclesiásticas no necesariamente eran blancas (o españolas como se denomina a este grupo en otros espacios bajo el dominio castellano). En Antioquia, la calidad no parecía ser un requisito insalvable para llegar a ser cura, pues se tiene referencia de algunos de ellos que descendían de pardos o de otras calidades. Ver Vicente F. Arango, Algunas sotanas inquietas…, Op. Cit., p. 7.

121 El decrecimiento de la población esclava puede explicarse, entre otras razones, por la fuerza del mestizaje así como por el deterioro de la minería basada en mano de obra esclava. “Este fenómeno había sido producido

La composición de la población, según su calidad, como se ve en el cuadro número tres, muestra que la ciudad de Antioquia fue escenario de un complejo ordenamiento social en el cual no dejaba de ser problemática la convivencia entre blancos (peninsulares y criollos), indios, mestizos, mulatos, pardos y zambos.122 La situación se complica más si se piensa en la presencia de los grupos de gente mestiza presionando sobre las tierras destinadas para los pueblos de indios; tal fue el caso de Sopetrán que, aunque era un pueblo de indios, estaba habitado por gran cantidad de población “no india” de diferentes calidades. Al mismo tiempo, la mayoría de los habitantes de la jurisdicción de la ciudad de Antioquia vivía dispersa y trabajaba como labradora para su propia subsistencia. Esta dispersión de la era parte de los problemas que las autoridades locales enfrentaban y, por ello, fomentaron durante toda la segunda mitad del siglo XVIII la creación de sitios en donde aglomeraron los habitantes bajo la vigilancia de jueces pedáneos, Capitanes a Guerra o Tenientes de Gobernadores.

Debe señalarse también que durante el siglo XVIII hubo cierta estabilidad económica entre los pequeños propietarios mestizos y mulatos libres. Al mismo tiempo mejoraron las condiciones de vida de los esclavos y decreció la mortalidad entre los indígenas.123 De hecho, se ha afirmado por otros historiadores e historiadoras que para el siglo XVIII “el rasgo distintivo de la región fue ser una sociedad de pequeños propietarios mestizos y mulatos, a los que la posesión de una parcela de tierra les posibilitó independencia económica”.124

Esta sociedad de pequeños propietarios no puede entenderse sin la minería. En un primer momento de explotación aurífera las minas del cerro de Buriticá fue el referente de

por varios factores, como el empobrecimiento de los yacimientos de aluvión más fáciles de explotar; los altos costos de los aprovisionamientos, provocados por las dificultades del transporte y la explotación de comerciantes y tratantes y el alto precio de los alimentos para sostener a los esclavos, que había obligado a algunos propietarios a utilizar a éstos en la producción de alimentos”. Gabriel Poveda Ramos, “Breve historia de la minería”, en: Jorge Orlando Melo (Director), Historia de Antioquia, Medellín, Suramericana de Seguros, 1988, p. 212.

122 Jaime Jaramillo Uribe, “Cambios demográficos y aspectos de la política social española en el Nuevo Reino de Granada durante la segunda mitad del siglo XVIII” en: Jaime Jaramillo Uribe, La personalidad histórica de Colombia y otros ensayos, Bogotá, El Áncora Editores, 1994, p. 148.

123 Beatriz Patiño Millán, “Las mujeres y el crimen…”, Op. Cit., p. 70.

124 Beatriz Patiño Millán, Ibíd., p. 74.

la extracción del oro en la región. Estas minas se abandonaron definitivamente en 1705 y durante todo el siglo XVIII primó la minería de aluvión,125 para el laboreo comenzó a diferenciarse el proceso de extracción del oro. Mineros fueron aquellos que trabajaban con más de cinco personas en sus labores y empleaban la técnica del canalón. Mientras que mazamorreros se denominaba a las personas con menos de cinco trabajadores o quienes extraían el oro independientemente mediante el uso de la batea.126

En el Nuevo Reino de Granada la minería aurífera fue el principal impulsor de la economía. Buena parte del oro extraído de la jurisdicción de la ciudad de Antioquia, y de los demás distritos mineros de la provincia, convirtió al virreinato en el principal productor individual de oro en América Hispana

[...] pero esta industria no produjo nada parecido a la riqueza generada por la minería de plata de [Nueva España] y Perú, o a la bonanza aurífera del Brasil en el siglo XVIII. En su época de auge, el occidente neogranadino [incluida Antioquia] produjo un promedio anual de poco más de un millón de pesos de oro legalmente registrado en la década de 1770. En comparación, Brasil exportó a Europa en los años de su mejor explotación (1720-1760) un promedio anual de entre seis y nueve millones de pesos. Tanto el oro neogranadino como la plata [novohispana] experimentaron sus períodos de mayor crecimiento en el siglo XVIII, sobre todo entre 1775 y 1800.127

Además de la dispersión de la población, la fuerza del mestizaje y la importancia de la minería en la región, debe señalarse la dificultad en las comunicaciones derivada del mal estado de los caminos en toda la provincia de Antioquia. Este hecho afectaba en mayor medida al comercio. En 1755 el síndico procurador general de la ciudad de Antioquia, don Manuel Antonio de Toro Cataño, representó al cabildo la necesidad de abrir “/f 6r/ [...] las

125 El oro diseminado en la roca (Batolito Antioqueño) “se encuentra diseminado en dos estados diferentes a saber: diseminado en la masa de la roca y en vetas, posteriormente los procesos de meteorización, transporte y sedimentación, ubicaron al oro en otras dos formas: residual y aluvial”. José Manuel González Jaramillo,“Poblamiento y colonización…”, Op. Cit.. p. 165.

126 Beatriz Patiño Millán, “Las mujeres y el crimen…”, Op, Cit., p. 81.

En la década de 1770 hubo otros intentos de abrir explotaciones mineras en el cerro de Buriticá pero estos intentos fracasaron. Según lo anotó el gobernador de la provincia de Antioquia, don Francisco Silvestre, éste había perdido 3000 pesos en esta empresa.

127 Marco Palacios y Frank Safford, Colombia: país fragmentado…, Op. Cit., p. 116.

entradas y salidas de esta ciudad que están en partes muy cerrados los caminos de ronda que también lo están y en partes derrumbados”.128

En la década de los años ochenta, en su Relación de la Provincia de Antioquia, don Francisco Silvestre anotó que “todo el comercio que tiene esta provincia es pasivo y ninguno activo. La causa: de que siendo los caminos pocos y malos, no sólo es caro todo lo que le entra de afuera [a la provincia], sino aún lo mismo que [se] cosecha dentro; porque, como no tiene salida, sólo se dedican a sembrar aquello que baste para el año, porque no se les pierda y para no trabajar inútilmente”.129

Aún con las dificultades que imponían los caminos a los intercambios comerciales hacia afuera de la provincia, y aún dentro de ella, en la ciudad de Antioquia florecieron algunos comerciantes, más aún lo hicieron en la villa de Medellín y en Rionegro. En el caso de la ciudad de Antioquia sobresalió la actividad comercial del peninsular don Bernardo Martínez Porrúa, natural de la villa de Muros, en Galicia. Martínez nació el 19 de agosto de 1720 y llegó a Antioquia en febrero de 1744, allí amasó una importante fortuna producto de su actividad como comerciante.

Asimismo, don Bernardo Martínez tejió una importante red de parentesco, basada principalmente en los matrimonios de sus hijas con lo cual, además de la actividad comercial, se benefició de la actividad política de sus yernos quienes integraron el cabildo de la ciudad en varias oportunidades. Incluso el mismo don Bernardo Martínez fue alcalde ordinario de segunda nominación de la ciudad de Antioquia en 1757.130

128 AHA, Libros Capitulares, tomo 640, docto. 10193.

El 3 de marzo de 1767 el síndico procurador general de la ciudad de Antioquia, don Cristóbal García Zapata, hizo otra representación al cabildo de la ciudad en la que decía

“/f 31r/ que tiene experimentando el mucha desorden, que hay en los moradores de esta ciudad para limpiar y componer los caminos reales, entradas y salidas de sus posesiones para que libremente puedan andar los señores jueces y los particulares cuando con justa causa lo necesitan. Y hallándose presente así los reales como los excusados a la voluntariedad mal dirigida de los supradichos moradores le parece al procurador general ser de cargo de su oficio poner presente a vuestra merced, como por este lo suplica, se sirvan ver los repetidos autos que se hallan así de oficio como a pedimento de sus antecesores para la consecución de este beneficio con los mas que fuesen encaminados al bien común [...]”.

AHA, Libros Capitulares, tomo 642, docto. 10214.

129 Francisco Silvestre, Relación de la Provincia…, Op. Cit., p. 128.

130 AHA, Libros Capitulares, tomo 640, docto. 10195.

En los Libros Capitulares de la ciudad de Antioquia se encontró que no sólo el tema de los caminos fue un asunto de preocupación para las autoridades. En 1756, el síndico procurador don Pedro Felix Pastor representó al cabildo que se

/f 15r/ [...] halla esta ciudad sin tener cárcel donde asegurar los presos, porque la que tiene existente es de bareque de paja, y caña muy maltratada, y de ninguna seguridad, como igualmente, lo están las pocas prisiones, que todo se manifiesta a la vista calificado por los ejemplares que se han repetido en la deserción de reos crimi /f 15v/ nales, burlándose de la justicia y quedando sin castigar los delitos [...].

Asimismo, señaló este procurador el peligro en el que estaba el archivo de la ciudad “/f 15v/ [...] que estando depositado en dicha casa de paja, el dicho archivo de esta ciudad, donde se han papeles de mucha importancia expuestos a un incendio irremediable y que las lluvias, los maltraten con las repetidas goteras de la referida casa de que pueden resultar gravísimos pleitos, y disturbios en estos vecinos, con otras malas consecuencias”.131

Otro tema de inquietud recurrente en la ciudad, durante la segunda mitad del siglo XVIII, fue la administración del Paso Real sobre el río Cauca, que se ofertaba cada cinco años, y cuyo arrendador se comprometía a mantener las barcas para el paso de una orilla a otra del río. Igualmente el cabildo se encargaba de rematar la administración de la acequia que debía llevar agua a la ciudad, desde el río Tonusco. Ambas rentas fueron un problema constante, en el primer caso, pasaban varios años antes que el arrendador hiciera los pagos con los que se había obligado. En cuanto a la acequia, sucedía que, en muchas ocasiones,

De igual manera Don Bernardo Martínez prestó dinero para la construcción de los edificios capitulares de la ciudad, de modo que a finales del siglo XVIII sus herederos representaron varias veces al cabildo de la ciudad que se les pagara este dinero:

Antioquia, 26 de enero de 1801

“/f 14v/ [El escribano presentó un escrito de] don Salvador Guzmán Zapata como apoderado de Doña Teresa Martínez, mujer de don Tomás Rublas, en que pide se le manden pagar trescientos y mas castellanos que aún se le deben de lo que suplió su padre don Bernardo Martínez, para concluir las casas capitulares y visto por su señoría acordó se le pase oficio al señor gobernador, como juez de la causa mortuoria del presbítero don Francisco Javier González, de quien es heredero don Miguel González quien debe de las /f 15r/ cuentas de propios que rindió el año de noventa y nueve doscientos setenta y uno castellanos y tomines. Para que se sirva su señoría mandar que del dinero que está depositado perteneciente a dicha mortuoria se pague esta cantidad y satisfacer lo que cobra don Salvador Guzmán”.

Ver AHA, Libros Capitulares, tomo 647, docto. 10307.

131 AHA, Libros Capitulares, tomo 640, docto. 10194.

no llegaba el agua a la ciudad. Esto alarmaba a los habitantes, no sólo por la importancia del suministro habitual de agua, sino también por el temor constante a los incendios, dado que al ser la mayoría de las casas de bareque y paja aumentaba el riesgo de que con una sola llama ardiera todo el vecindario. La administración de los propios de la ciudad era la principal fuente de ingresos, aunque lo más frecuente era que el cabildo terminara el año con muy pocos recursos, como sucedía en los casos de muchos otros cabildos americanos.132

El control de los pesos y medidas en la jurisdicción de la ciudad de Antioquia también fue un punto de interés en la población, particularmente en 1758 y 1759 que fueron años de malas cosechas de maíz. Se buscaba básicamente unificar los pesos para asegurar buenos abastos para los habitantes de la ciudad. Asimismo se hicieron varias campañas para que los cosecheros de maíz no sacaran sus cargas de la jurisdicción de la ciudad hacia Medellín o Rionegro. También se buscaba que, quienes tenían concentrado el maíz, no lo acapararan y lo sacaran para ser distribuido en la ciudad.

Vistos en conjunto los años que van de 1750 a 1809 salta a la vista que la ciudad experimentó cambios considerables: creció la población, aumentó la producción de oro (principalmente a manos de trabajadores independientes) y se amplió el número de sitios en los que se agrupó a gente “no india”, es decir, blancos, mestizos, mulatos, pardos, entre otras mezclas. De igual manera, la ciudad de Antioquia transitó hacia una suerte de especialización burocrática, lo cual se ve en el número de jueces pedáneos, de minas,133 Capitanes a Guerra o Tenientes de Gobernador nombrados para lidiar con la concentración de población en sitios de creados en aquellos años, los pleitos relacionados con las minas y

132 A principios del siglo XVIII, las rentas de Buenos Aires no pasaban de 320 pesos anuales, si bien en 1751 habían ascendido a 844 pesos. En la segunda mitad de la centuria los propios de la ciudad de Mendoza eran de 400 pesos y los de San Juan de 200. Ver Molina Martínez, Miguel, Los cabildos y la Independencia de Iberoamérica, Granada, Centro de Estudios municipales y de cooperación internacional, 2002, p. 63. Una interesante reflexión sobre la relación del rey con los recursos de ciudades como la de México es la de Esteban Sánchez de Tagle, “El monarca español y el gobierno de sus ciudades. La hacienda de la ciudad de México” en: Víctor Gayol (Coordinador), Formas de gobierno en México. Poder político y actores sociales a través del tiempo, Volumen I, “Entre Nueva España y México: la transformación del gobierno jurisdiccional”, Zamora, El Colegio de Michoacán, 2012.

133 AHA, Libros Capitulares, tomo 640, documento 10190.