CAPÍTULO IV. EDUCACIÓN Y SABERES AMBIENTALES
4.1. La educación ambiental
Los antecedentes del programa de educación ambiental se ubican entre los años de 1950 y 1970 con la inclusión del medio ambiente en las escuelas del Reino Unido. El término Educación Ambiental se empezó a utilizar más claramente en el decenio 1960-1970.En 1970 en Europa se creó un Consejo para la Educación Ambiental. La educación relacionada con los problemas ambientales y ecológicos distingue dos etapas: una primera fase inicial surgida en la década de 1970 la cual se concibió como Educación Ambiental propiamente, y la segunda fase iniciada en el año 1992 orientada hacia el Desarrollo Sustentable.
En la cumbre de Estocolmo en el año de 1972, se enfatizó en una educación para proteger y mejorar el “medio”, y se subrayó también la protección del medio ambiente humano, sin mencionar un cambio en los estilos de desarrollo e insistiendo únicamente en la corrección de los problemas ambientales que surgen de estos modelos.
A partir de esta Cumbre se creó el Programa Internacional de Educación Ambiental (PIEA) en el cual el tema ambiental se concibió ya no como una disciplina sino abordada bajo un tratamiento interdisciplinar; dentro de sus objetivos generales citaron: adquirir conciencia y sensibilidad sobre los problemas del medio ambiente;
obtener conocimiento para la comprensión básica del ambiente y la responsabilidad con la participación de los individuos y la sociedad; lograr cambio de actitudes mediante valores sociales y sentimientos de preocupación; el logro de habilidades para resolver problemas ambientales; adquirir capacidad para evaluar las medidas ambientales y los programas de educación (Young y McElhone, 1986).
71 Los esfuerzos del PIEA se orientaron al desarrollo de conceptos, de enfoques y preparación de guías metodológicas. Así mismo se incluyeron desarrollos del contenido, métodos y materiales para las actividades prácticas en los procesos de formación de profesores y supervisores de escuelas primarias y secundarias. Al igual se acordó introducir la ética ambiental tendiente a modificar conductas individuales y colectivas, para fortalecer la educación escolar y extraescolar. Otro objetivo fue incrementar la eficacia de la educación general en materia de medio ambiente en la enseñanza superior y en la técnica (González y Arias, 2006).
En posteriores reuniones se insistió en la relación de la educación y la política ambiental, además se propuso una definición de medio ambiente y se planteó como movimiento ético, ya con directrices internacionales (Young et al, 1989), líneas en las cuales se establecieron proyectos y actividades para incorporar la dimensión ambiental en el sistema educativo de los distintos países, admitiendo en su análisis aspectos físicos sociales, culturales, económicos (González y Arias, 2006).
En la Carta de Belgrado surgida en Yugoslavia en el año de 1975, se le otorgó a la educación una importancia capital en los procesos de cambio, en los que se introdujeron conocimientos teóricos y prácticos para la adquisición de valores y actitudes. Al igual se señaló la necesidad de replantear el concepto de desarrollo, así como el plan de impulsar un reajuste en la interactuación de los individuos con la realidad.
En Tbilisi, en el año de 1977, se acordó la incorporación estructural de la educación ambiental a los sistemas de educación, el establecimiento de estrategias, de modalidades y de la cooperación internacional en materia de educación ambiental. Tanto los aspectos biológicos, físicos, las dimensiones socioculturales, económicas, y los
72 valores éticos, se consideraron necesarios en el proceso enseñanza y aprendizaje para comprender la naturaleza. Entre las conclusiones se mencionó proporcionar nuevos conocimientos y criterios, y el impulso de la participación comunitaria en la solución de los problemas ambientales. En resumen se planteó una educación ambiental diferente a la educación tradicional, basada en una pedagogía de la acción donde los principios rectores de la educación ambiental deberían ser la comprensión de las articulaciones económicas políticas y ecológicas de la sociedad y a la necesidad de considerar al medio ambiente en su totalidad (Sánchez, 2011).
En el Congreso de Moscú celebrado en el año de 1987 destacaron los acuerdos sobre el fortalecimiento del sistema internacional de información, investigación y experimentación relativas al contenido, métodos educacionales y las estrategias de organización y transmisión de mensajes para la educación y formación ambientales.
En este documento se indujo a promover la educación ambiental en todos los niveles educativos, a fortalecer la capacitación de los implicados a nivel escolar y extraescolar, la elaboración de material didáctico, a la investigación y experimentación sobre métodos, contenidos y formas de transmisión. También ahí surgió la propuesta de una estrategia Internacional para la acción en el campo de la Educación y Formación Ambiental para el periodo 1990-1999. En el documento derivado de esta reunión se mencionaron como las principales causas de la problemática ambiental a la pobreza y al aumento de la población, ignorando el papel que juega el complejo sistema de distribución desigual de los recursos generados por los estilos de desarrollo.
Con la conferencia internacional sobre medio ambiente y desarrollo de Rio de Janeiro, Brasil en el año de 1992, el término educación ambiental fue orientado hacia el desarrollo sostenible: en el capítulo 36 de la Agenda 21, se citó el fomento de la
73 educación, la capacitación, y la toma de conciencia, mediante tres áreas de programas: la reorientación de la educación hacia el desarrollo sostenible, el aumento de la conciencia del público, y el fomento a la capacitación. Para ello se incorporó la educación para el desarrollo como parte fundamental de aprendizaje, así como analizar valores, comportamientos adquiridos, en consonancia con dicho desarrollo (Sánchez, 2011).
En el Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental, celebrado en México, en el año de 1992, se estableció que la educación ambiental debía tener un contenido eminentemente político y fue visto como un instrumento esencial para alcanzar una sociedad sustentable en lo ambiental y justa en lo social. Se consideró entre los aspectos de la educación ambiental, el fomento a la participación social y la organización comunitaria tendientes a las transformaciones globales, y el fomento de una democracia plena que procure el autodesarrollo de la persona.
En la declaración de Johannesburgo del año 2002 sobre el desarrollo sostenible, se consideró necesario promover en los niveles local, regional, nacional, y mundial, el desarrollo económico, el desarrollo social y la protección ambiental, como pilares interdependientes y sinérgicos del desarrollo sostenible. La UNESCO proclamó el periodo 2005-2014 “Decenio de la Educación para el Desarrollo Sustentable”, incluyendo temas desarrollados en la Cumbre de Río de Janeiro en 1992, y en la de Johannesburgo en 2002, en los que además de los tópicos sobre la protección ambiental como el cambio climático, degradación de suelos, empobrecimiento biológico, desechos tóxicos, degradación de las condiciones de salud y la calidad de vida (UNESCO, 2007), se agregaron los de reducción de la pobreza, equidad de género, derechos del hombre, diversidad cultural y lingüística, y el aprovechamiento de las potencialidades inherentes a las técnicas de información y de comunicación; sin embargo no se conoció algún
74 documento donde se indicara cuáles eran, o cómo se incluirían esos principios, valores o prácticas, en los currículos escolares (Meira y Caride, 2006).
En otras metas de la llamada educación para el desarrollo sustentable, se pretendió realizar cambios estructurales, curriculares y organizativos que facilitaran la descentralización y la flexibilidad del currículo, e integrar a la escuela al entorno dirigiéndose hacia el público en general, particularmente al ciudadano común con el objeto de aprender a manejar su ambiente. Los objetivos de esta fase fueron prácticamente los mismos que en las anteriores con la diferencia en la insistencia de la relación entre el medio ambiente y el desarrollo (González y Arias, 2009).