CAPÍTULO 2. LA CULTURA E INTERCULTURALIDAD DESDE DISTINTAS
2.3 Aproximaciones a la cultura ch´ol
2.3.5 Cuadro diglósico
2.3.5.1 Lenguas minoritarias o dominadas
Hablar de lenguas minoritarias es hablar de lenguas dominadas. Dentro de esta condición encontramos actualmente 68 lenguas indígenas y 364 variantes lingüísticas que se hablan en México. Concordamos con López (1996), cuando afirma que “cinco siglos de dominación
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bajo el yugo de la lengua y cultura dominantes y colonizadoras, han hecho del indígena un ser desfavorecido, un ser indefenso ante el estado y ante los fuertes” (p. 33). Por ende, lo que hicieron con nuestra identidad lingüística –y cultural- es cortarnos las alas para no seguir creciendo con los nuestros, por lo que una imposición lingüística equivale a obligarnos a enterrar nuestras lenguas y al mismo tiempo nuestra cultura. Pero no es únicamente una cuestión del Estado, sino también de los miembros de la cultura y lengua dominante porque, según López, (1996) “(…) el tratado de libre comercio y el neoliberalismo de Carlos Salinas de Gortari puso en tela de juicio a las lenguas indígenas, en lugar que los mexicanos aprecien las lenguas nativas, las lenguas de sus pueblos originarios, rehúsan aprenderlas, porque siguen convencidos que el hablar una lengua indígena es paralizar los beneficios de la modernización, en cambio, ven con buenos ojos la lengua del país más poderoso del mundo (p. 33).
En este sentido, no cabe duda que el poder económico ejerce mucha influencia en los hablantes y en cómo estos –junto al Estado- van jerarquizando el uso de las lenguas en función de su utilidad y prestigio. Por ello, el lak ty´añ ch´ol y otras lenguas originarias del país no adquieren un estatus social alto porque no son lenguas de los grandes empresarios.
Pero esta actitud no corresponde exclusivamente a hablantes no indígenas. También en las comunidades ch´oles podemos constatar un desinterés por conservar la lengua y la cultura originarias. En las mismas comunidades ch’oles podemos percibir actitudes discriminadoras de los mismos miembros de las comunidades indígenas, como lo señala López (1996):
La juventud indígena de hoy también muestra una fascinante atracción por la adquisición del español y reaccionan, tal vez con poco optimismo en favor de su propia lengua; sin necesidad recurren al español para comunicarse, ya no muy quieren enseñar a sus hijos el habla de la comunidad (p. 33).
Es evidente que, desde los años 40 hasta los 90, el poder del español respaldó las actitudes sociales de los Kaxlañes quienes han reflejado una actitud de superioridad frente a los wiñikob, ixikob ch´olob, (hombres y mujeres ch´oles) porque ellos creen tener derechos para hacer menos a los que no comparten su sistema lingüístico y simbólico. A manera de ejemplo, presentamos aquí dos testimonios tomados de la obra de Sánchez y Bolom (2012):
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Testimonio 5; soy tseltal de Ocosingo. En la universidad, por el clima de discriminación, llegue a negar mi identidad. Hoy en día he comprendido la necesidad de socializar la lengua y cultura. El arte me ha permitido reencontrarme con los míos.
Testimonio 7; soy tsotsil de Chenalhó, considero que hace tiempo hablar una lengua indígena o ser indio era motivo de discriminación, hoy en día, hablar más de dos lenguas tiene mayor valor (Sánchez y Bolom, at al, 2012, p. 25).
En la actualidad ha cambiado un poco el matiz de las miradas sobre las lenguas originarias.
En el caso específico de los ch´oles, los mismos hablantes últimamente han retornado y han empezado a practicar el lak tyiañ ch´ol, al darse cuenta que efectivamente nuestra lak tyiañ tiene importancia como otras lenguas del mundo; y con esta nueva actitud se promueve su uso en las diferentes instituciones, aunque aún es limitado ya que la condición minoritaria persiste en la lengua. Al respecto, López (1996) menciona:
(..) Las lenguas indígenas no se usan en asuntos oficiales administrativos. Si los indígenas quieren platicar con las autoridades gubernamentales, con los señores diputados, con los senadores, con el ministerio público. Inclusive con el policía, cuando quieren enterarse de lo que dice la radio, los periódicos, la televisión, de nada le sirve su lengua nativa, tendrán que recurrir ineludiblemente al castellano, porque es la lengua de los jefes, es la lengua de los medios de comunicación escrita, es la lengua de la justicia, en la lengua de la administración pública… no recibe la misma atención en el aula, siempre se ha dado mayor prioridad a la lengua dominante (español) (p. 34).
Así, los hablantes de lengua maya ch´oles, tenemos todavía como dominante el kaxlañ tyiañ (castellano), debido a que los “conquistadores y sus descendientes republicanos fincaron su identidad y unidad en buena medida en la expansión del español y la subordinación y el aniquilamiento de cientos de lenguas indígenas en México y en Latinoamérica” (Hamel, 2003, p. 2). De esta manera se debilitaron las lenguas y culturas originarias, porque mucha gente aprendió a enterrar su lengua sin saber que con eso enterraba su cultura. De acuerdo con López (1996) “Mucha gente cree en la castellanización, ven poco útil la lengua de sus antepasados” (p. 36). De esta manera, la situación de las lenguas indígenas es crítica en el
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sentido de que hay mucho que hacer respecto a su inclusión en las instituciones educativas y otras dependencias. Al respecto, afirma Sichra (2005):
La política lingüística de las lenguas minorizadas, en general, y de las lenguas indígenas, en especial, ha estado guiada por el objetivo de escrituralización de dichas lenguas. Esto ha significado más que nada el desarrollo de una cultura escritural que permita a las lenguas indígenas compararse e igualarse con las demás lenguas de prestigio con fines pedagógicos (p.4).
En cuanto al término de minoría, Muñoz (1995) señala que es “relacional: se contextualiza en contra posición frente a otros grupos de mayor tamaño y poder…. las personas de las minorías étnicas suelen estar discriminadas social, política, económica o ideológicamente (p. 217). En torno a estos factores y actitudes de dominación, Muñoz (1995) también menciona lo siguiente:
La lengua minoritaria corre peligro de desaparecer. En la educación, la minoría está en desventaja por la debilidad de su lengua y de su cultura en la sociedad…La lengua minoritaria es plenamente utilizada como lengua escolar vehicular durante los primeros años. El estudio de la lengua mayoritaria es obligatorio, al menos hacia la finalización de la enseñanza primaria (10-12 años) el uso de la lengua mayoritaria es generalmente obligatorio para acceder a la enseñanza superior (p. 228).
Por consecuencia, las lenguas originarias que se hablan en Chiapas están en peligro de caer en desuso por el contacto con el español. Así, las nuevas generaciones ch´oles han ido adquiriendo como L1 el español, aunque sus papás tengan todavía como L1 el ch´ol. Todo esto incide en lo que se conoce como la lealtad lingüística de los pueblos ch´oles y esto contribuye a reforzar el estatus de lengua minoritaria del ch`ol, favoreciendo, así el poder que toma la otra lengua con la que convive que es el español y que tiene un estatus de lengua dominante.
La lengua dominante es aquella que tiene uso a nivel estándar; que tiene presencia en los diferentes espacios públicos, institucionales; y que tiene un reconocimiento a nivel político lingüístico. Como señala Walsh (2003). “la presencia de la lengua en dominios importantes
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es algo controlado por la gente en el poder. El uso de una lengua en los periódicos, las revistas, la televisión, el mundo político, el mundo educativo, etcétera, la refuerza como la lengua de prestigio” (p. 7). De esta manera, se vuelve una lengua empoderada; y esto genera un dominio sobre las demás lenguas que no tienen el mismo prestigio ni poder económico.
Para Sichra (2005), la lengua dominante es la que es “utilizada en todos los contextos y ámbitos y constituye un idioma de uso formal mientras que la lengua oprimida y dominada queda relegada al plano informal y doméstico” (p. 3). Es decir, que la lengua dominante o de prestigio, es aquella que tiene reconocimiento oficial, que además es estándar y utilizada por toda la sociedad. Mientras que el uso de la lengua dominada es a nivel local comunitario y para situaciones de informalidad, como sucede en México con las lenguas originarias, que apenas están logrando sistematizar sus propias grafías, gramáticas. Al respecto, Van Dijk (1999) describe el concepto de dominación de la siguiente manera:
(…) dominación implica desigualdad involuntaria, la reservo como una abreviatura de abuso de poder. Esto también implica que no utilizo poder sólo en el sentido negativo: el poder puede ser consensual y beneficioso, como cuando los grupos eligen a sus líderes y les confieren temporariamente un poder especial. La dominación, entonces, presupone poder y desviación de los principios éticos generales o universales, lo que define al abuso, como por ejemplo el ejercicio del poder social en beneficio propio, dañando a otras personas, etc. (p. 207).
En este sentido, esta situación corresponde a las comunidades hablantes de las lenguas originarias de México y de Chiapas, incluida la comunidad ch´ol, porque desde la llegada de la educación a las comunidades se les impuso la lengua dominante. Así, todos en algún momento sufrimos discriminación por parte de nuestros maestros mientras cursábamos la escolaridad primaria donde era común que los maestros se expresaran con palabras altisonantes o insultos que lastiman y hieren al alumno. Tal como lo menciona Gurrera (1985) el español estaba respaldado por la misma constitución en cuanto a su empleo en la educación:
(…) en base al modelo del artículo 4. ° de la Constitución de 1931 que declaraba «el castellano es el idioma oficial de la República… La lengua oficial como aquella que se usa normativamente por el Estado en base a una definición
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política, generalmente de rango constitucional, en el ámbito de las relaciones entre los poderes públicos entre sí y entre éstos y los ciudadanos (p. 228-229).
Desde entonces, la lengua a emplear debe ser el castellano en los diferentes espacios públicos, es aquí el comienzo de la castellanización para los pueblos originarios sin tomarlos en cuenta si están de acuerdo o no con tal situación. De esta manera, la lengua dominante influye en la desvalorización de las lenguas originarias. Frente a la lengua dominante, el ch´ol debe fortalecer el ch’ujlel de los hablantes para mantener la fuerza y dar continuidad a la lengua de nuestros Tatuches. Así, el propósito de la adquisición del castellano como L2, sería para poder intercambiar experiencias, ideas, vivencias y significaciones con los otros.
Abundando al respecto, en esta relación entre lenguas no debemos permitir lo que menciona Walsh (2003):
(…) la desvalorización de la lengua minoritaria frente a la dominante puede contribuir a la creencia de que la lengua dominante es “más bella” o “más lógica” que la lengua subordinada (…) Cuando la gente comienza a percibir su lengua de esta manera, ellos mismos deciden adquirir aptitudes en la lengua dominante (…) mucha gente ha comenzado a dejar sus antiguas vidas rurales para las ciudades en búsqueda de una vida más próspera. Para tener éxito allí, en concreto para conseguir trabajo, hay que aprender español (…) la decisión de abandonar la lengua materna y cambiar a español resulta una amenaza para la sobrevivencia de la lengua indígena en el futuro (p. 5-6).
Por otro lado, Mato (2002), menciona que “las prácticas culturales de los pueblos y nacionalidades indígenas han sido consideradas como irrelevantes” (p. 95). Es decir, por mucho tiempo, después de la colonia, se ha mantenido así esta creencia y en la actualidad se puede decir que aún sigue teniendo efecto. Entonces, como consecuencia de este estigma social hacia los pueblos originarios, poco se conoce sobre sus prácticas sociales y culturales.
Incluso en las instituciones educativas de los diferentes niveles: básica, media superior y superior, los docentes dan por sentado que existe un buen dominio del castellano por parte de los estudiantes; y no se dan cuenta de la presencia de la diversidad sociolingüística en el grupo por lo que los alumnos de origen ch`ol, son tachados como los atrasados. Desde esta óptica, hablantes de las LO estamos en desventaja. Al respecto, Hamel (1993) señala que:
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En la mayoría de los sistemas de educación para indígenas en América Latina se observan diferentes grados de contradicciones entre los métodos, los materiales y el uso de las lenguas, por un lado; y las necesidades socioculturales, lingüísticos y educativas de los alumnos, por el otro, desde la perspectiva individual del alumno y colectiva de la comunidad, estas modalidades escolares del conflicto intercultural producen incomunicación, subordinación, “memorización” de la cultura propia, muchas veces con efectos traumáticos para el desarrollo psicosocial y cultural de los niños representan de hecho graves violaciones de sus derechos educativos y lingüísticos (p. 75).
Este señalamiento que hace Hamel, respecto a la enseñanza propuesta por el sistema educativo para indígenas, muestra las debilidades del método de enseñanza el cual no está considerando el contexto cultural y lingüístico de los estudiantes. Cuando todavía no tenemos resuelto el caso de la enseñanza de la lengua originaria y del español, estamos ya confrontando otro elemento que vuelve más compleja la situación sociolingüística de la región. En este punto focalizamos ahora nuestra discusión.