III. MARCO TEÓRICO REFERENCIAL
2. Marco Teórico Categorial
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ser un ser humano lleno de potencialidades y creatividad, el desarrollar estas potencialidades depende de nosotros los adultos.
El bebé desde la extrema indefensión en la que nace, va construyendo lenta y paulatinamente su autonomía relativa, a medida que la maduración de su sistema nervioso y sus contactos con el medio le van permitiendo el dominio de su propio cuerpo y del especio circundante (Chokler, M. 1998, p. 76 ).
El rol de los tutores dentro de los PRITES, aporta una mirada objetiva para trabajar con los niños y niñas con síndrome de Down, desde una edad temprana desarrollando las diferentes estrategias de movimiento espontaneo, permitiéndonos crear nuevos espacios donde se trabaje con mayor motivación los procesos de aprendizaje, con participación de la familia.
Schrager y Quirós 1979: La psicomotricidad es la educación del movimiento, o por medio del movimiento que procurará una mejor utilización de las capacidades del cuerpo, establecen una diferencia entre motricidad y motilidad, considerada esta última fundamental, como la capacidad de generar movimientos, es decir, desplazamiento corporal activo o pasivo (Chokler, M. 1998, p. 18).
En el desarrollo infantil temprano de los niños con síndrome de Down presentan desde su nacimiento con muchas dificultades en el aspecto motor, así la motricidad espontánea nos permite entender que todo lo que el niño puede realizar es con su cuerpo, su tono muscular y sus movimientos, partiendo de la motricidad y sensoria motricidad. Debemos de ver al bebé con síndrome de Down, como un ser activo, capaz de iniciativas, de acción y no sólo de reacción, abierto al mundo y al entorno social del cual depende, sujeto de emociones, de sensaciones, de afectos, de movimientos y vínculos, de miedos y ansiedades, vividas en el cuerpo, porque el bebé es todo cuerpo, sensorialidad y motricidad.
Quirós y Schrager, 1979: La educación del movimiento, o a través del movimiento no está simplemente dirigido a un mayor desarrollo de la habilidad motora en sí misma sino a la introducción de elementos de comunicación corporal más explícita con el medio mediato o inmediato:” De nada sirve preocuparse por el desarrollo motor si no se obtienen situaciones de comunicación – aprendizaje que permitan la conexión del niño con el ambiente que lo rodea” (Chokler. M.
1998, p. 18).
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Los profesionales del PRITE, junto con las familias, desempeñan un papel importante en el aprendizaje de los niños con síndrome de Down sobre todo cuando a los padres participan informados, porque son ellos los primeros adultos que están cerca de sus hijos y entablan un fuerte vínculo afectivo, al igual que de comunicación y es por ello que tenemos que brindarles una orientación muy clara y práctica de cada sesión, enfatizando en que propicien la motivación en los niños. Esta forma de trabajo supone una nueva manera de observar el desarrollo infantil, con una finalidad puramente motivadora, también con el propósito asociarnos con su familia para el desarrollo de capacidades. Además, debemos valorar y escuchar a los padres, integrándolos como responsables en la crianza de sus hijos.
Importancia del movimiento espontaneo para fortalecer el desarrollo motor grueso en los niños con síndrome de Down.
La importancia del juego en esta etapa consiste en explorar, experimentar y repetir actividades de tipo motor, que inicialmente tenían un fin adaptativo, pero que pasan a realizarse por el puro placer del ejercicio funcional y sirven para consolidar lo adquirido, dichas actividades motrices se convierten en juego durante las sesiones.
Todo niño, siempre en las buenas condiciones afectivas, es capaz de desarrollar por sí mismo toda su motricidad global y fina, como: sentarse, ponerse de pie, caminar, trepar, tomar objetos pequeños.
Los momentos más importantes de la interacción adulto niño son los “cuidados corporales”. Durante los cuidados gracias a la satisfacción de las necesidades corporales y a la manera con que el adulto las satisface, el niño aprende a señalar, luego a reconocer y generalmente a expresar de una manera sutil las necesidades mismas, sus propias exigencias relativas a su satisfacción y también su sentimiento de goce (Winnicott, D.1998, p.22).
A través de la expresión de las necesidades y con la respuesta que recibe, el bebé aprende a percibir la necesidad y también a desarrollar su propia iniciativa, favoreciendo en la ejecución de actividades motrices. Por lo tanto, la importancia del juego repercute como una acción funcional que permitirá al niño con parálisis cerebral expresar sus emociones como una forma de comunicación a través de los movimientos de su cuerpo.
65 - Fases para el movimiento espontaneo
Después de conocer las propuestas importantes de los autores acerca de la motricidad.
Hace referencia sobre el vínculo del apego, por ello la propuesta que se plantea permitirá al niño afianzar sus sentimientos de afecto y por ello la Dra. Mirtha Chokler, plantea cuatro fases u organizadores para tomar en cuenta en el desarrollo Psicomotor.
Fase 1: Vínculo de apego
Esta fase sirve a los niños con síndrome de Down, para tener seguridad en los primeros años, cuya función de la madre o adulto que se encarga de la crianza del bebé, es proteger, acoger, sostener y tranquilizar al niño en su contacto con el mundo, que, por ser nuevo y renovado permanentemente, le despierta curiosidad, interés y también inquietud, alarma y ansiedad. Aunque el niño tiene una tendencia genética a promover la proximidad o el contacto con una persona y apegarse a ella también hay un aprendizaje de la función y es evidente que ésta se va desarrollando hacia aquellas con las que tiene más interacción o que le brinden las respuestas específicas más cálidas y adecuadas, también es muy importante considerar en los niños con síndrome de Down, los signos sensoriales que lo tranquilizan, como: el olor, la temperatura, la textura.
Por todo lo mencionado antes, se tiene en cuenta en el desarrollo de las sesiones innovadoras, los niños con los que trabajamos en el PRITE necesitan de la presencia y el contacto físico de la madre, para que les brinden más seguridad y confianza.
Fase 2: Exploración del mundo, y de sí mismo
Al principio se fusionan estos dos términos, hasta que se despierta la conciencia de lo interno y lo externo, el niño con síndrome de Down experimenta la exploración y la experimentación del entorno humano y de los objetos, permitiéndole conocer y apropiarse progresivamente del medio construyendo de esta forma sus matrices de aprendizaje de acuerdo a sus posibilidades, actitudes a través del juego y el movimiento espontáneo.
De allí se considera esta fase pertinente, para el desarrollo de las sesiones innovadoras, porque despierta en los niños(as) con síndrome de Down el interés por los objetos para que puedan explorar y experimentar.
Fase 3: Comunicación
Los niños con síndrome de Down se manifiestan por la expresión tónico- corporal, de contacto, miradas, gestos, mímicas, voces con las figuras primordiales
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para denotar en ellos bienestar, interés, sus deseos; tras la maduración fisiológica el movimiento les servirá también para alcanzar objetos y manipularlos, hasta adquirir un rol propio en la organización del mundo.
En esta fase los primeros diálogos son no verbales, los niños(as) con síndrome de Down se comunican, ya sea a través de las miradas, empleando mímicas o emitiendo diferentes sonidos, lo cual permite afianzar aún más esta forma de comunicación dentro de las sesiones de aprendizaje.
Fase 4: Seguridad postural
El niño con síndrome de Down, utiliza su motricidad no sólo para moverse, para desplazarse o para tomar los objetos, sino, fundamentalmente para “ser” y para
“aprender a moverse”. La evolución del equilibrio, de las posturas y de los desplazamientos, la apropiación y dominio progresivos de su propio cuerpo le permiten en cada momento de la vida, a su nivel, organizar los movimientos y construir y mantener un íntimo sentimiento de seguridad postural, esencial para la constitución de la imagen del cuerpo, de la armonía del gesto y de la eficacia de las acciones, lo cual tiene repercusiones en la constitución de la personalidad en su conjunto y en la organización y representación del espacio
Con esta fase se logra que los niños del grupo focalizado, desarrollen más sus movimientos, experimentando las actividades de forma espontánea, descubriendo su espacio, evolucionando en su equilibrio y su postura corporal.
b. Estrategia metodológica basada en el juego de la canasta de los tesoros Para que potencializar la capacidad motora del niño con Síndrome de Down se hace importante incorporar diversidad de oportunidades de aprendizajes, como justamente sucede en la estrategia de la canasta de los tesoros, para facilitar en nuestros niños y niñas el desarrollo de la capacidad motora..
El aprendizaje mediante la observación, manipulación, exploración y el descubrimiento, se convierte en algo verdaderamente interesante, sobre todo si tenemos un grupo pequeño de niños con síndrome de Down, de entre uno y dos años edad, con todas las ganas de explorar su alrededor.
Cuando preguntamos a los padres sobre los juguetes que sus hijas prefieren, casi siempre destacan la fascinación que sientes por sumergirse en los armarios de la cocina para alcanzar las sartenes, su interés por las cajas de zapato y lo que les gusta jugar con las llaves del coche. Cuando las niñas adquieran movilidad, son estas cosas las que escogen para jugar lo que no siempre parece bien a los padres,
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y la selección del contenido del “cesto del tesoro” se basa en parte en esta observación. (Goldschmied y Jackson, 2013, p.92).
La gran mayoría de padres de familia busca desarrollar las capacidades intelectuales de sus hijos, emplean tiempo en seleccionar y buscar juguetes que estimulen los mismos, sin darse cuenta que el desarrollo motor va de la mano con el desarrollo intelectual, y no valoran la cantidad de objetos que tienen en su propia casa, para desarrollar aprendizajes realmente significativos. Por ello se propone la aplicación del enfoque del juego de la canasta de los tesoros para que los niños y niñas con síndrome de Down despierten sus sentidos con la variedad de objetos, e iniciar el control de su cuerpo a través de los movimientos que realizaran al manipular, explorar y descubrir los objetos que se encuentran en el cesto del tesoro.
Cuando observamos con atención a un bebé que esta con los objetos del “cesto del tesoro”, podemos darnos cuenta de cuantas cosas diferentes hace con ellos: los mira, los toca, los coge ansiosamente, se los lleva a la boca, los lame, los agita, los hace sonar, los coge y los suelta, elige y descarta lo que le atrae y lo que no le atrae. (Goldschmied y Jackson, 2013, p. 93).
Es realmente lo que una madre o tutor busca en el niño, que ellos sean los protagonistas de sus propios aprendizajes, y es apropiado despertar el interés de realizar movimientos intencionados.
• Concepto: Esta actividad lúdica fue diseñada por Elinor Goldschmied (2000), consiste en ofrecer al niño y/o niña un cesto con diferentes objetos (pueden ser hasta 3 niños por cada cesta).
Las cosas se pueden ver y oír pero no están al alcance de la mano que se estira.
Aquí es donde “el juego de la canasta de los tesoros” bien aprovisionado, abastecido por una persona con criterio, puede ofrecer la experiencia de un interés adsorbente, y posibilitar que él bebé siga un aprendizaje fundamental para el que está preparado e impaciente. (Goldschmied y Jackson, 2013, p. 93).
Consideramos el juego de la canasta de los tesoros como una fuente de estímulos y de conocimientos, proporcionando al niño con síndrome de Down una amplia gama de experiencias sensoriales que estimulan sus sentidos, y sus primeros movimientos corporales (viso motriz).
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Para el desarrollo y análisis de la investigación se considera pertinente aplicar diez sesiones de aprendizaje, en las cuales se menciona los puntos importantes al aplicar el juego a través del cesto del tesoro, como estrategia psicomotriz para el desarrollo de la motricidad fina en niños y niñas con síndrome de Down:
• La cesta tendrá entre 20 a 30 objetos. Los objetos serán lo bastante grandes como para que el niño no se los trague. No serán juguetes comprados ni tampoco objetos de plásticos que estimulan solo por su color.
• Los materiales se introducen en una cesta de 35 cm de diámetro y 8cm de altura.
• Los objetos ofrecerán una riqueza en lo que se refiere a la materia de la que están hechos.
• El “Cesto del tesoro” debe cambiar y evolucionar constantemente.
• Los niños necesitan jugar en una postura cómoda. Es posible que los que no tienen mucha seguridad en sentarse se caigan, y necesitaran un cojín en la espalda para su mayor comodidad.
“La necesidad de emplear la coordinación entre ojos, manos y objetos, es cada vez más precisa, combinada con una viva curiosidad, se convierte en motivo de conflicto” (Goldschmied y Jackson, 2013, p.120).
Se desarrolla en los niños con síndrome de Down la coordinación viso-motríz, esta es la capacidad que tiene la persona para utilizar simultáneamente las manos y la vista con el fin de realizar una tarea motriz, que le servirá a lo largo de su vida.
Las funciones de la educadora serán.
En esta parte la persona adulta (tutora) ofrece seguridad con su presencia, observa a los niños y niñas de manera atenta, pero no activa, mientras los niños (as) están explorando el “cesto del tesoro”
• Preparar los materiales de tal modo que se disponga del aula para que los niños se sientan seguros y tranquilos.
• La tutora tiene que limpiar y cambiar los materiales.
• Acompañar a los niños y niñas del grupo focal, mientras juegan, les brinda seguridad y apoyo afectivo, y posibilita la facultad de sentirse libres para elegir cualquier material.
• Evaluar la actividad: Después de realizar la actividad, la tutora redacta en su diario de campo los materiales que ha explorado cada niño (a) y la reacción
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que ha tenido ante ellos, también el tipo de relación que ha mantenido durante ese tiempo con la educadora.
Objetivo del juego de la canasta de los tesoros
Es importante el “Cesto del tesoro” porque gracias a la variedad de objetos se logra desarrollar una serie de habilidades en los niños y niñas del grupo focal, tales como:
• Desarrollar la coordinación óculo manual.
• Estimular el oído, la vista, el olfato, el tacto y el gusto.
• Posibilitar el conocimiento de los objetos del entorno.
• Descubrir las características de los materiales.
• Desarrollar la capacidad de concentración y de exploración.
• Estructurar el pensamiento.
Objetos para la canasta de los tesoros
Ninguno de estos objetos es de plástico, ni es un “juguete comprado”, y la mayor parte de ellos los utilizan a diario las personas adultas, tanto en el PRITE como en hogar. El objetivo de esta colección es ofrecer el máximo interés a través del:
• Tacto: texturas, formas, peso.
• Olfato: variedad de olores.
• Gusto: una muestra más limitada, pero posible.
• Sonido: un timbre, el tintineo, un golpe seco, un crujido.
• Vista: color, forma, longitud, brillo.
- El juego de la canasta de los tesoros. En los primeros juegos los niños con síndrome de Down juegan con su cuerpo, se chupan los dedos, de la mano y de los pies, o se llevan a la boca cualquier otro juguete que está a su alcance y van descubriendo su mundo inmediato.
La niña va adquiriendo conciencia de su cuerpo cuando introduce su pequeño puño en la boca y, tumbada sobre la espalda, identifica sus pies y sus dedos;
mientras chupa estas extremidades las va conociendo también. Desde una edad bien temprana, él bebé coge el sonajero y no es casualidad que sus favoritos sean normalmente los de mango corto. El mango facilita el que lo pueda agitar y hacer sonar con cierta torpeza, lo cual parece que le produce mucho placer incluso cuando resulta que, para su sorpresa, se golpea en la cara accidentalmente, y parece incapaz de imaginar cómo haya podido ocurrir tal cosa. La coordinación de los ojos, las manos y la boca supone un gran avance, pero igual que ocurre con
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todas las habilidades, si deseamos que se desarrolle, hay que dar oportunidad de practicarla. (Goldschmied y Jackson, 2013, p. 92).
Cuán importante es el papel de la persona adulta en la vida de los niños y niñas, porque de ellos depende la calidad y cantidad de oportunidades que ellos vivan desde muy temprana edad, para iniciar sus primeras habilidades motrices.
Desarrollo del juego de la canasta de los tesoros
- Llenar la canasta con objetos hasta el borde, para que los niños y niñas tengan un campo amplio en el que pueda separar y escoger lo que más le atraiga.
- Asegurar que los niños se sienten con comodidad (apoyados en un almohadón si es necesario). Si esta de la lado, comprobaremos que el borde del cesto este cerca para que pueda apoyar un codo en él.
- La tutora y madres de familia deben sentarse cerca, sin hablar ni intervenir, a menos que los niños (as) necesiten claramente que se le atienda.
- Después de dar el tiempo necesario para que los niños del grupo focal, logre desarrollar los procedimientos propuestos (Observa, experimenta) la docente puede acercarse a completar el fin educativo, siguiendo con las actividades planificadas, e involucrar a la familia.
Tal vez una de las cosas que inicialmente resultara difícil a la persona adulta sea no intervenir, y permanecer tranquila y atenta. Pensemos un momento en cómo nos sentimos cuando estamos concentrados en una actividad divertida pero que requiere atención, no queremos a nadie que este constantemente sugiriendo, aconsejando o alabando nuestro esfuerzo, sino que lo único que deseamos es seguir con lo que estamos haciendo, aunque podamos alegrarnos de contar con su amable compañía. En este sentido, los bebés no son muy distintos de los mayores.
(Goldschmied y Jackson, 2013, p. 96).
Cuando estimulamos los sentidos con diferentes objetos, estamos despertando el cerebro, y los movimientos motores tanto gruesos como finos, favoreciendo el desarrollo y el aprendizaje de los niños y niñas que atendemos.
- Fases del juego de la canasta de los tesoros
Cuando se observa la postura adoptada para explorar, cuando juega los niños del grupo focal con los objetos del “Cesto del tesoro” es verdaderamente increíble, porque se expresan naturalmente a través de todo su cuerpo, manipulando, tocando, tirando, jalando, etc. Por ello es sumamente importante mencionar las fases, que
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proponemos para desarrollar nuestra propuesta, sin antes mencionar que dichas fases han sido planteadas tomando en cuenta las características y necesidades de los niños y niñas del grupo focal, para garantizar el éxito del desarrollo motricidad fina a través del cesto del tesoro en niños y niñas con síndrome de Down. Siendo las siguientes:
Fase 01: Observación
Los niños y niñas observan los materiales con mucha atención y detenimiento antes de elegir algún objeto del “cesto de los tesoros”. Por ello es importante seleccionar una amplia variedad de objetos.
Fase 02: Experimentación
Los niños y niñas son capaces de buscar y elegir dentro del “cesto de los tesoros”
los objetos que llaman su atención. Siendo capaces de experimentar con sus sentidos los objetos, así como también de manipular, sacar, meter, tirar e iniciar una actividad lúdica de forma activa.
Esta forma de experimentar, es una actividad lúdica novedosa, estimula la percepción, sensación y activa todos los sentidos, iniciándolos en la coordinación óculo – manual, haciendo que los niños sean los principales protagonistas de cada una de las actividades que desean realizar con los diversos elementos del “cesto del tesoro” sin que haya un adulto que les diga la palabra “NO” (no agarres, no lo toques, eso está mal o eso no se mete a la boca), pues ellos son los pequeños científicos que exploraran y probaran todas y cada una de las posibilidades de uso, que los materiales les ofrecen, como lo manifiesta Elinor Goldschmied en la siguiente.
Sabemos que el cerebro de las niñas crece deprisa y que se desarrolla mediante las respuestas al flujo de aportaciones externas que le llegan desde lo que le rodea, a través de los sentidos del tacto, el olfato, el gusto, el oído, la vista y el movimiento corporal. El “cesto del tesoro” reúne y permite fijarse en una variedad de objetos cotidianos, escogidos para que sirvan de estímulo a estos distintos sentidos. Con el uso del “cesto de los tesoros” podemos asegurar que la experiencia de la niña sea rica cuando el cerebro esté preparado para recibir información, relacionarla y hacer uso de ella (Goldschmied y Jackson, 2013, p.
92).
Es maravilloso la cantidad de experiencias que los niños y niñas puedan vivir con el juego de la canasta del tesoro, por ello, las tutoras del PRITE, tienen una herramienta metodológica para responder a las expectativas de los niños.