3.5. Explosión de los montículos
4.1.3. El montículo como forma y como «obra»
Fuera de las leyes físicas existen algunas constan- tes y se dan en cuanto a la composición y percep- ción de los montículos. Uno de los valores es la escala de las obras, los objetos pueden parecer grandes o pequeños según la comparación que se realice con otro objeto, en este sentido la medida más aceptada para poner en relación los cuerpos es la escala hu- mana. Así lo hizo el artista Tony Smith con Die, 1962 (Imágenes 7 y 8) una obra de un metro ochenta y tres Imagen 7. Robert Smithson, Partially buried woodshed, 1970
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centímetros, cuya medida justificó como adecuada, porque si era más grande aludiría al monumento, y si era más pequeña referiría a un objeto (en Made- ruelo, 1990:41). El tamaño de la escultura minimalista de Smith, remite por su tamaño a un figura antropo- mórfica, en esta referencia podemos encontrar para- lelismo con los montículos, porque el tamaño oscila entre los sesenta centímetros y un metro veinte de altitud, de tal manera que su volumen permite al es- pectador abarcar la obra en un vistazo. Otro aspecto que comparten los montículos es que son simétricos, su lado posterior o frontal es similar, por lo que el ob- servador no necesita rodear la obra, esto lo diferen- cia incluso del cubo, que pese a tener seis laterales iguales, el ángulo de visión hace que veamos las pa- redes lisas o sus salientes puntiagudas.
En cuanto al color, la mayor parte de los montículos se caracterizan por emplear colores apagados, como ocres, marrones, blancos, grises, tonos que están pre- sentes en mayor medida en la naturaleza cuando ha- blamos de minerales, tierra o arena. En cuanto a los de origen industrial, muchos de ellos vienen de materiales de construcción como el cemento, la brea, entre otros.
Además del color, lo que caracteriza a muchos de los montículos de origen artificial es su olor, como pode- mos percibir con la brea, cuyo aroma es especialmen- te fuerte y penetrante, a tal punto que puede llegar a
incomodar al espectador, como en el caso de Matias Duville y su instalación con brea.
Otra forma de caracterizar a los montículos, viene dada por una tipología clasificatoria de las obras, que si bien no es exacta, si permite apuntalar la ambivalencia constante de los montículos. La referenciación viene de Nelson Goodman quien organiza las obras en dos grandes categorías autográficas y alográficas. Tanto Genette como Goodman las definen de esta manera:
[autográficas] «sólo si la distinción entre origi- nal y falsificación es importante; o incluso me- jor, si y sólo si ni siquiera la duplicación más exacta puede considerarse genuina» (Good- man, 2010: 110).
Una obra alográfica se presta a un número indefinido de ejecuciones correctas (es decir, conformes a las indicaciones del texto o de la partitura), buenas o malas, sin contar las inco- rrectas, y «una» interpretación, definida a la vez por su conformidad con el texto y por su identidad específica de actuación, se conside- ra siempre, según las convenciones del mun- do del arte, representable dentro de los límites de esa conformidad y esa identidad. (Genette, 1997: 81,82)
Imagen 7. Tony Smith, Die, 1962, Visitante junto a la obra Imagen 8. Tony Smith, Die, 1962
77 Capítulo 4. haCiaunaCaraCterizaCióndelmontíCuloenelarteContemporáneo
De lo que se deduce del texto de Genette y de Goodman es que en las obras alográficas la diferencia entre original-copia no es significativa, una de ellas es la música, en la que se puede admitir variaciones en cuanto a tiempos y notas en su interpretación, sin que deje de considerárselas auténticas. En contraposición, en la escultura de talla (madera, piedra, mármol) y en la pintura sólo puede haber un original, porque por perfecta que sea su reproducción con diferencias im- perceptibles, la nueva imagen se considerará siempre una copia. Es decir, la fidelidad literal es requisito nece- sario para las obras autográficas, mientras que para las segundas no es posible una repetición sin alteración o modificaciones, por ligeras o superficiales que se pro- duzcan y pese a ellas, la obras siguen admitiéndose como originales.
Otra forma de caracterizarlas es que las alográficas son bifásicas porque incluyen dos niveles en el proce- so constructivo de la obra, como sucede en la música que requiere de una partitura (notación) y de una se- gunda fase que es la ejecución que puede ser por el autor o por un intérprete; en contraposición, en un principio, sin contar con las excepciones que se pun- talizarán más adelante, las obras autográficas se con- sideran monofásicas, porque tanto un cuadro como una escultura se realizan en una fase. Sin embargo la correspondencia no es exacta porque el grabado que es considerado autográfico, se compone en dos fases la primera la elaboración de una plancha y lue- go la impresión en un soporte. El cine y la fotografía, se consideran artes alográficas y se componen de dos fases, en la primera se da el negativo o película y su proyección, en la fotografía está el negativo o archivo y su impresión. Una tercera característica es que las obras autográficas tiene un soporte físico que las sus- tente, como puede verse en la pintura el lienzo, la es- cultura el yeso, mármol o cualquier otro material, en
contraposición la ejecución de la música no depende de un soporte físico único, porque pueden imprimirse cientos de partituras, sin que ello afecte el estatus de autenticidad de la melodía.
En cuanto a los montículos y su relación con la cla- sificación de Goodman, se evidencia un estatus ambi- valente, en primer lugar porque puede considerarse escultura, aunque no lo sea en el sentido tradicional moderno; en segundo lugar pueden ser monofásicos porque se construyen en una etapa con la agregación de la materia, y en tercer lugar, porque en principio es el artista quien construye la obra por medio de un so- porte físico o material.
Estos tres principios, no se aplicarían a todos los montículos, porque aunque dependan de la materia física, no se da en ellos un desarrollo de la tekné, fac- tura o huella artística; la segunda característica refiere a que no siempre son monofásicos, como puede ver- se en Six Continents, 2003, de Dove Bradshaw que se desarrolla en dos etapas, primero la sal es recogida de varios continentes y luego es almacenada para su posterior montaje, otro caso se da en The Five Moun- tains Not to Climb On, 1984,1990, de Wolfgang Laib (Imagen 10 y 11) en una primera fase el artista recoge el polen de las flores y luego traslada la materia en el museo, encontramos un tercer caso en Sonia Falco- ne con su instalación en la Bienal de Venecia, cuan- do inicia la obra recogiendo especies desde distintos puntos del planeta para posteriormente armar su ins- talación, una figura de artista que es denominada por Bourriaud como semionauta, que se caracteriza por crear recorridos y por diseminarse en un espacio glo- bal (Bourriad, 2009: 117).
La tercera característica refiere a que tanto el pin- tor como el escultor, se deben a la ejecución de la obra, tal y como se puede observar a través de los múltiples ejemplos que dan Goodman y Genette, que Imagen 10. Wolfgang Laib recolección del polen Imagen 11. Wolfgang Laib, The Five Mountains Not to Climb On
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mencionan artistas canónicos de las artes visuales. En el caso de los montículos algunos artistas invierten el proceso como cuando Robert Morris da instrucciones telefónicas para el montaje de su obra en la exposi- ción Earth Art, 1969, o con Félix González-Torres, el primer artista de origen latino que representó, once años después de su muerte, a Estados Unidos en la Bienal de Venecia de 2007, donde fueron los curado- res y organizadores de la muestra los encargados de reconstruir las obras.
En este caso las instalaciones se configurarían como melodías que se representan de forma similar pero no exacta. Los montículos a pesar de tener un compo- nente autográfico, funcionan como obras alográficas o incluso hiper-alográficas (como se planteará a con- tinuación, respecto de su caracterización como arte conceptual) en tanto están sujetas a directrices de los artistas, que sirven como partituras y notaciones para rearmar exposiciones en diferentes puntos del planeta y en diversas épocas. En este sentido, ya no se trata de un objeto simple, sino de un objeto múltiple, en tanto se producen obras a partir de un modelo.