2.2 Segundo momento migratorio: Utilizando taxis, combis, autobuses o vehículos
2.2.2 Violencia indirecta
2.2.2.1 Omisión de obligaciones de agentes del Estado
El primer caso a abordar es el de Cristian, de 33 años, él tan solo duró 22 días en tránsito y es la segunda vez que migra, la primera vez que migró fue en noviembre de 2015 e inmediatamente después de su deportación realizó el segundo intento. Si bien él salió de Honduras acompañado por su vecina y un bebé de aproximadamente un año, en este momento se encontraba solo. Este caso es particularmente interesante porque el taxista le ofreció una explicación sobre el porqué le cobraría más:
…un taxista que me aconsejó ‘no te debes montar en taxi porque todos nosotros los taxistas, estamos controlados por ellos [por los zetas], por una cuota.’ (…) me dijo él, ‘un taxista te va a cobrar hasta ahí 30 pesos, yo no te voy a cobrar 30 pesos, te voy a cobrar 120 porque tengo que pagarle una feria a él, y te vas a dar cuenta, cualquier taxista que te mueva de
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aquí y te va a cobrar pasaje normal te va a ir a entregar, cuídate’, me dice. O sea que todos los taxis están así… (Migrante: Cristian).
Si bien en este caso queda muy clara la forma en que se justifica el cobro de precios elevados, en el caso de taxis no de ruta, en una experiencia posterior Cristian menciona que comprobó lo que este taxista mencionaba. Estaba en la terminal, no especifica en cual pero siguiendo su historia debió ser cerca de Coatzacoalcos, Veracruz, y decidió tomar un taxi de sitio:
…por seguridad agarré un señor, un señor ya de edad (…) ‘no que te llevo a tal parte mejor [en lugar de a donde él deseaba ir], por ahí te sale mejor (…) no te preocupes, no te preocupes’… (Migrante: Cristian).
Este taxista convenció a Cristian de llevarlo hacia otro sitio y solo le cobró 30 pesos, una vez acercándose menciona que:
…solo da la vuelta y hay tres taxis ahí, y está el fregado allá, están como siete. Solo llegué y me dijo ‘ah, ¿ya pagaste la cuota? (…) somos los de la letra y tienes que pagarnos tanto’…
(Migrante: Cristian).
La experiencia de este migrante permite entrever claramente la gran libertad de las bandas delictivas y su capacidad para utilizar otras estructuras sociales, esta libertad les permite generar métodos tan elaborados como éste para explotar al migrante. Al entrevistar a Cristian fue bastante obvio que a pesar de su falta de experiencia tenía una gran capacidad para lidiar con situaciones difíciles sobre todo por una capacidad de interacción social que le dotaba de herramientas útiles para lidiar con el tránsito. Aun considerando eso el encontrarse frente a los criminales de esta forma no permitió un margen real de negociación por parte de Cristian para lidiar con el robo. En este sentido parece que también la forma en que se dé la agresión o violencia puede neutralizar ciertas capacidades de los migrantes.
El siguiente caso es el de Rodrigo, de 45 años, quien viajó solo y había realizado otro viaje hasta Estados Unidos en 2009. En este caso también se le dio una explicación, como lo menciona
…tomamos el autobús, 200 [le cobró], exactamente y supuestamente él cobra eso porque adelante está un retén de federales, supuestamente cobran los 200 para ellos hablar con el comandante, que no nos toquen… (Migrante: Rodrigo).
Explica que aunque cobran 40 normalmente, a ellos les cobraron 200 por este servicio extra, al trasladarse cerca de Tenosique sí llegaron a un retén de policías federales.
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…los federales subieron al autobús y nos hicieron una revisión así normal y les dijimos que éramos de Honduras (…) no sabemos si el federal realmente nos permitieron el pasar o por cuestión de humanidad o realmente hay un convenio… (Migrante: Rodrigo).
Debe considerarse que en ningún otro caso que involucra oficiales de alguna corporación policiaca sucedió que el migrante no fuera agredido, robado, o se le intentara robar, antes de dejarlo continuar su trayecto. De cualquier forma los recursos económicos que le permitieron a Rodrigo pagar esta elevada tarifa no solamente le permitieron, presuntamente, librar un contratiempo con las autoridades sino que le dieron seguridad para continuar el tránsito. En los siguientes momentos migratorios el caso de Rodrigo volverá a aparecer pues es esta seguridad, que deviene de los recursos económicos con los que cuenta, lo que utilizó durante la mayor parte de su trayecto para lidiar con dificultades.
Por otra parte está el caso de Javier, él migraba por primera vez y en este punto iba acompañado por un amigo también sin experiencia migratoria. Los eventos que relata tuvieron lugar en Chiapas, cerca de Huixtla y él solo contaba con la información trasmitida por otros migrantes y la recopilada durante el viaje. Al igual que en el caso anterior Javier viajaba con recursos económicos, lo que le permitió pagar los cobros excesivos, como él lo describe:
…cada retén que encontraban dicen que pagan 250 y me di cuenta que no es cierto.
Entonces le cobran 250 por cada retén, si pagan 3 – 4 retenes le cobran hasta 1000 pesos aunque cuesta 20 pesos el pasaje…” (Migrante: Javier).
Estas cantidades coinciden con la que otros migrantes e informantes clave manejan al hablar de los cobros excesivos de las combis. Como lo destaca Javier, aunque él dudó de las acciones de los choferes para pagar a los agentes del Estado en los retenes, al cuestionar si tuvo problemas con las autoridades mencionó:
No porque ahí casimente (sic) los de las combis les pasan una parte a los de la policía y se agarran lo demás. Entonces así la libré, pagando a las combis y ya ellos pagan… (Migrante:
Javier).
Otro aspecto a considerar es que Javier mencionó cómo una mujer en Huixtla le ayudó a confrontar a un chofer de combi que les había cobrado 600 pesos, ella amenazó al chofer con denunciarlo y él devolvió los 600 pesos. Esto deja ver la presencia de actores externos que apoyan a los migrantes durante el tránsito, no solo en puntos de apoyo como las casas del migrante.
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La experiencia de Javier dificulta dimensionar si existe o no una relación entre los choferes y los retenes de migración pero sí permite ver claramente cómo la frecuente existencia de retenes impacta la extorsión hacia los migrantes al punto de que se les cobra por retén. Como consecuencia Javier mencionó,
…esto en la parte del sur, todo Chiapas, a veces uno no alcanza a llegar a salir todo Chiapas cuando ya no trae dinero, lo demás lo hace ahí pidiendo… (Migrante: Javier).
En este caso menciona que las combis siempre le cobraron alrededor de 200 pesos pero que todos los dejan antes del retén y “…como todos tan aliados es para que el otro venga recogiendo, recogiendo (…) y todos hacen su mamagogia…” (Migrante: Javier).
El caso siguiente es el de Ernesto, quien viajaba con un compañero que ya había migrado hacia Estados Unidos. Es importante destacar que Ernesto estaba obligado de cierta forma a seguir a su compañero pues él no contaba con dinero, era su amigo quien cubrió los gastos del viaje desde Honduras con el fin de no viajar solo. Fue desde la frontera con Guatemala, la Técnica, en Chiapas, hasta Chancalá donde una combi les cobró 800 pesos por transportarlos. Si bien este cobro excesivo ya tiene un referente previo en los casos abordados, es su impacto en el trayecto migratorio lo que toma mayor importancia.
…de ahí para acá la hicimos caminando porque (…) él [su amigo] no me hizo caso y se vino caminando, solo a que lo asaltaran… (Migrante: Ernesto).
Con el fin de evitar el cobro excesivo ellos tomaron una ruta alternativa a pie en la que fueron asaltados, salta a la vista que Ernesto no quería viajar a pie pero debió hacerlo pues no contaba con recursos económicos ni experiencia para seguir por su cuenta.
Por último toma relevancia abordar el caso de Nery, quien con 45 años emprendió por segunda vez su tránsito migratorio hacia los Estados Unidos. El caso de Nery es el único de los presentes en este momento migratorio que hace referencia al norte de México, específicamente a Nuevo León. La estrategia migratoria de Nery fue cuidadosa, mencionó que en varios sitios por los que pasó se quedó trabajando hasta que logró conocer la forma más segura para continuar su tránsito y en diversas ocasiones se escondió “Hasta por los ladrones y todo, yo siempre me escondo…” (Migrante: Nery), es decir que se exponía a la menor cantidad de riesgos posibles. Sin embargo fue en Nuevo Laredo donde, después de
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trabajar una semana acompañado de otro migrante le pidieron ayuda a su empleador para continuar su trayecto:
...le dijimos a él que si por favor podía darnos raite ahí cerca del puente rumbo a Piedras Negras, nos metimos ahí al desvío y se pegó [atascó] el carro y empujándolo estábamos cuando pasa una troca… (Migrante: Nery).
En este caso hubo una eventualidad prácticamente imposible de prevenir, el hecho de que se atascara el automóvil, sin embargo al hablar de esto Nery menciona que su plan era tomar más tiempo y con calma continuar su tránsito pero su compañero se ofreció a pagarle la gasolina al empleador y a llevarlo sin cobrarle nada, “…yo no quería mucho [irse]
porque ya eran las, ya iba a amanecer…” (Migrante: Nery). Él mismo destaca que vio una oportunidad y que cualquiera la hubiera tomado.
Una vez que llega la “troca” a donde el auto de Nery y sus compañeros se había atascado se percatan de que se trata de Zetas, “…en cinco o diez minutos ya estaban unas cuatro trocas más (…) todos armados, con armas en el cuerpo…” (Migrante: Nery).
Después de esto relata cómo confundieron a su empleador con un coyote que estaban buscando por no pagarles cuota y se lo llevaron,
…que lo amarran de las manos pa atrás (…) y lo subieron a la troca, ‘llévalo pa arriba pa darle una calentadita ahí’, que sabe qué, esa fue la última vez que yo lo miré (…) y cuando venía así escuché que ‘no, al señor ya le dieron chicharrón’… (Migrante: Nery).
A Nery y a su compañero los secuestraron por seis días, del 21 al 26 de diciembre, el sexto día solamente había un guardia vigilándolos y se encontraba dormitando tras haber fumado marihuana, lo que facilitó su huida. Mientras escapaban el guardia intentó herirlos con su arma, pero no lo logró. En este caso es posible observar cómo a pesar de contar con diversas herramientas para lidiar con el tránsito como experiencia migratoria, recursos, una estrategia consciente y enfocada a su seguridad personal, existen eventualidades más relacionadas con factores estructurales o indirectamente vinculadas a la omisión de responsabilidades por parte de agentes del Estado que exponen a los migrantes a situaciones de alto riesgo. Esto parece vincularse con aspectos planteados en el capítulo anterior, relacionados con la forma en que el migrante se vuelve más vulnerable a partir del entorno en el que se encuentra, en este caso las estructuras de crimen de la sociedad
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mexicana. Durante el secuestro de Nery se le solicitaron números telefónicos, fue torturado y golpeado:
…un bato me pegó con, así [señala el estómago] y me desmayé, aquí me pegó y tengo una, tóquele aquí [muestra un absceso y un morete] con un tubo me pegó… (Migrante: Nery).
Tras esta experiencia es posible observar claramente un impacto psicológico, Nery menciona,
…cuando yo llegué aquí [Casa del Migrante] yo estuve como cinco días que no podía dormir porque yo sentía, yo sentía que iba corriendo y que me iban disparando, sentía los plomazos y yo brincaba… (Migrante: Nery).
Además desistió de sus planes de viajar hacia Estados Unidos, ahora solo desea arreglar sus papeles en México y trabajar en una ciudad segura. “Yo prefiero, sin mentir, que me digan te voy a dar veinte años preso que te voy a tener dos días secuestrado…” (Migrante: Nery).
Por último otro caso que registró la existencia de mecánicas de explotación de migrantes fue el de Miguel, quien viajó solo y ha realizado cinco eventos migratorios por México. Él no contaba con recursos económicos pero centró su estrategia en pedir dinero,
“…este año solo he venido en buses y charoleando22, en buses de segunda, de primera solo agarré el sur nomás.” (Migrante: Miguel). A pesar de su falta de recursos es bastante claro que a comparación de otros migrantes él toma mayores precauciones y es derivado de una de ellas lo que destacó respecto a este momento migratorio. Al llegar a la terminal de ADO de Cárdenas, Tabasco, uno de los guardias les cobró 100 pesos por permitirles dormir ahí,
“…sí, pa dejarnos quedar afuera en la terminal, ni siquiera adentro…”. Si bien no se dio propiamente en un transporte sí se relaciona con las estructuras de explotación derivadas de la migración y las compañías de transporte.