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país pero más de dos o tres niñas me han comentado, ¡ah! Esto que me pasó no es nada comparado con lo que me pasó en mi país…” (Informante Clave: Albergue para menores migrantes, DIF, Tapachula)
Sin embargo es importante considerar que a pesar de observar todas las situaciones de violencia que enfrentan las menores no existe un flujo de información ni se despliegan estrategias por parte de los directivos para promover la regularización o la protección posterior, lo que parece ser claro al observar que no se ha llevado ni un solo proceso completo de refugio o visa humanitaria. Esta concepción normalizada del uso del cuerpo de una menor como forma de pago en México es especialmente relevante por existir, y ser validada, por representantes del Estado mexicano: validación que se da al no ofrecer ayuda o seguimiento adecuado a las menores agredidas sexualmente y permitir la proliferación de la práctica.
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debidos procesos ya sea no levantando denuncias por los delitos que les sucedieron o no dando seguimiento correcto a los procesos de refugio o visados. Este tipo de situaciones generales se presentan a lo largo del proceso migratorio. La violencia por parte de los agentes del Estado también tiene que ver con la negación de servicios básicos como los de salud. En general, el acoso que existe contra los migrantes irregulares por parte de policías y agentes migratorios provoca situaciones de alta vulnerabilidad, por lo que podemos afirmar que el Estado, a través de sus instituciones, es responsable de diversas formas de violencia estructural.
En el primer momento migratorio, que tiene que ver con el ingreso a México desde Guatemala, se presentan situaciones de fraude por los lancheros o guías, así como agresiones sexuales. Otra situación que cobra especial relevancia es la exposición a riesgos por parte de los migrantes al rodear retenes de migración por zonas selváticas.
El segundo momento migratorio que se relaciona con el uso de transporte público presenta situaciones distintas, lo primero que salta a la vista es que las mujeres entrevistadas no fueron víctimas de cobros excesivos, mientras que los hombres en la mayoría de los casos sí lo fueron. Respecto a los varones a quienes no se les hizo un cobro excesivo, compartían una característica en común, que habían permanecido algún tiempo en México en viajes anteriores y habían adoptado ciertas conductas y prácticas lingüísticas que les permitían aparentar ser mexicanos al menos parcialmente. Otras situaciones que se presentaron en este momento migratorio denotaron relaciones entre bandas del crimen organizado y los choferes del transporte público, así como entre agentes del Estado y los mismos choferes con el fin de explotar al migrante.
El tercer momento migratorio se desarrolla cuando los migrantes se encuentran en el tren, este es uno de lo que presenta más violencia y además de presentar agresiones por parte de garroteros, guardias de ferrocarril, agentes del Estado y miembros del crimen organizado, también se presentan accidentes pues se trata de un momento que en sí ya conlleva peligros. A la par de esto se encontraron ciertas particularidades, por ejemplo que los accidentes parecen ser agravados por estrategias del Estado para desincentivar el tránsito tales como aumentar la velocidad de los trenes e instalar cercos estratégicamente.
Otro aspecto que salta a la luz es que la mayoría de los eventos violentos que se presentan en el tren son colectivos, se asalta, secuestra o golpea a más de un migrante o grupo de
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migrantes lo que impacta en la capacidad de agencia del migrante, es decir, parecen poco capaces de desplegar estrategias o herramientas de negociación. Estas formas de violencia también parecen neutralizar la relevancia de contar o no con experiencia migratoria y con recursos económicos pues quienes no cuentan con ellos, en ocasiones porque ya se les fueron arrebatados previamente, simplemente son enviados a pedir en las calles para pagar una cuota. De igual forma al observar algunos de los casos de mujeres migrantes (y una entrevistada transgénero) se observa que el género no se relaciona a capacidades para lidiar con las agresiones sino que les expone a otras, en particular a violencia sexual.
El cuarto momento migratorio está relacionado con los viajes a pie por caminos, carreteras o vía férreas. Entre la información más relevante obtenida se puede encontrar cómo los patrullajes constantes llevan a los migrantes a salir constantemente de los caminos llevándolos a exponerse a riesgos de traspasar propiedad privada de ejidatarios y rancheros muchas veces armados así como viajar por días caminando sin comida ni suficiente agua.
Entre los actos de violencia se encontraron principalmente robos y secuestros, en los cuales pudo percibirse que tanto la capacidad de interacción social del migrante como su condición física podían tener gran relevancia ya sea para evitar las agresiones o lidiar con ellas. Estas características físicas del migrante también impactaban el resto del momento migratorio, no solo las agresiones, de la misma forma que la experiencia migratoria parecía ayudarlos.
El quinto momento migratorio abordó los eventos de violencia que tuvieron lugar mientras el migrante hondureño descansaba o trabajaba en algún poblado. En este punto del tránsito los eventos violentos varían bastante pero se destacan aspectos como la existencia de aparatos de violencia más estructurados en los poblados y ciudades cercanos a las rutas migratorias. Otro aspecto importante es que parece posible que más factores influyan en la agresión, es decir que el migrante parece tener mayor influencia sobre el momento de la agresión, ya sea utilizando su experiencia migratoria para evitarlo, sus habilidades de interacción social, sus redes de apoyo o su capital económico. Por último, estructuras como los agentes del Estado relacionan al migrante con la explotación y abuso, esto se observa cuando la explotación deviene de un encuentro azaroso entre un migrante y agente, prácticas que a su vez aportan a la normalización de la violencia al migrante por parte del Estado.
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Por otra parte, durante los eventos analizados que se dan a partir de que los migrantes son detenidos y hasta el momento de su deportación, se presentan diversos tipos de violencia que impactan de diversas formas al migrante. Las formas de violencia que parecieron tomar mayor preponderancia se relacionan con las condiciones inhumanas de las estaciones migratorias, violatorias de los derechos humanos, así como los tratos diferenciados por nacionalidad dentro de ellas, que son expresiones de xenofobia, así como la falta de información respecto a procesos de regularización. Si bien durante la detención misma llega a presentarse uso excesivo de la fuerza y tortura, un aspecto importante a considerar es la aparente existencia de una estrategia de desincentivar la solicitud de visados y procesos de refugio tanto en adultos como en el caso de las menores en albergues del DIF. A partir de esto se observó también una normalización, por parte de directivos del albergue del DIF, de la violencia y del uso del cuerpo como medio de pago. Al contraponer esta presunta normalización con las entrevistas de mujeres que se encontraron en situaciones similares parece claro que se trata de una perspectiva inexistente en las mujeres y niñas, lo que situaría dicha normalización solamente en las perspectiva de los representantes del Estado, quienes por ella justifican no dar ayuda a las víctimas. Esto toma una relevancia alarmante al considerar que son autoridades del Estado las que han normalizado el uso del cuerpo de las menores como medio de pago, y evitan darles apoyo o seguimiento a sus casos.
Cada momento migratorio parece implicar distintas formas de violencia así como permitir distintos niveles de agencia o negociación por parte del migrante. Aunado a estos momentos migratorios no debe dejarse de lado la consideración de las consecuencias encadenadas de cada agresión, es decir cómo las consecuencias de alguna agresión en un migrante pueden impactar el siguiente evento de agresión al que se enfrente. También es importante tomar en cuenta que las consideraciones teóricas de violencia abordadas en el primer capítulo, específicamente la referente a violencia indirecta, parece tomar dimensiones especiales: pues aspectos como la omisión de las obligaciones de agentes del Estado, su inacción, o permisividad hacia otros agresores genera un impacto importante en los migrantes y aparece de forma frecuente en el análisis.
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