1. LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DEL ESPACIO URBANO Y SUS
1.3 La visión desde arriba: La organización del espacio urbano contemporáneo
1.3.3 Lo público y lo privado en la construcción de la ciudad
Algunas de las manifestaciones del urbanismo contemporáneo son la privatización del ejercicio de la planeación y de espacios públicos. Las ciudades, como tal, son aglomeraciones de espacios públicos, semipúblicos y privados. Para definirlos, de acuerdo a Ali Madanipour, hay que partir de la relación que existe entre lo público y lo privado, tomando en consideración lo que se puede identificar como el espacio más íntimo de las personas, por ejemplo el ser, hasta su cuerpo, propiedad y casa; y los espacios públicos que conforman la vecindad, la comunidad y los espacios institucionales (Madanipour, 2005). De tal forma se puede concebir al espacio como una multiplicidad de círculos concéntricos que parten del cuerpo de las personas (the self & body), su casa, y de ahí hacia fuera a los espacios de sociabilidad, tránsito y encuentro entre extraños.
Los espacios privados se definen de forma general como aquellos que sirven como refugio a las personas, donde se sienten libres y pueden tener la sensación de control sobre sí mismos y sobre su espacio (Madanipour, 2005: 7); en otras palabras, frente a la dicotomía entre lo público y lo privado, el segundo refiere a lo propio, “a lo mío o nuestro” y lo de otros o lo de todos (Valera, 1999). Por ejemplo las viviendas son estos espacios que no son solo un refugio físico, sino un espacio de convivencia íntima y familiar. No obstante, detalla Madanipour, algunas personas, en contraste, pueden sentirse atrapadas dentro del espacio privado (2005: 7). En este sentido es importante rescatar que los espacios públicos pueden ser una extensión de lo privado, un espacio que se agrega a la vida cotidiana de las personas donde pueden distanciarse del ámbito doméstico, una posibilidad espacial para encontrar la privacidad que no encuentran en casa (Cattell, Dines, Gesler y Curtis, 2008). En este sentido, los espacios públicos pueden llegar a ser apropiados por individuos y grupos sociales que a través del tiempo generan una presencia familiar con el entorno. Como menciona Flanagan con respecto a las contribuciones de Lyn Lofland:
Esta persona, conectada a este espacio público como una cuestión de decisión, habiendo dedicado semanas y meses en establecer una presencia familiar en ese lugar, siendo reconocido en las mentes de otros usuarios, ha colonizado efectivamente el territorio. Se convierte en un hogar lejos del hogar, un campo semiprivatizado en la mente del residente (Flanagan, 2002: 12)10
Tradicionalmente se han identificado como espacios públicos los parques, plazas, espacios deportivos, calles y mercados (como tianguis y sobre ruedas) que se caracterizan por ser de acceso público; y se definen como espacios semipúblicos aquellos que, no obstante de ser de propiedad privada, fungen como plataformas para la interacción social, como pueden ser cafés, centros comerciales, gimnasios y espacios religiosos. Para Setha M. Low y Neil Smith (2006), los espacios públicos se diferencian tradicionalmente de los privados mediante las normas de acceso, reglas de uso y la fuente de control sobre los mismos. Mientras que los espacios privados están regulados por leyes de derechos de propiedad privada; los espacios públicos generalmente se conciben como espacios abiertos a una mayor o menor participación (Low y Smith, 2006: 4), regulados por autoridades del orden público, ya sean locales, estatales o federales.
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10!Traducción propia del inglés.
Al análisis de la constitución de espacios públicos, privados y su función en las ciudades se suma la incorporación de espacios semipúblicos o privados que reemplazan la función que tenían las calles, plazas y parques en la convivencia e interacción social de los habitantes de ciudades. Los centros comerciales, por ejemplo, se han convertido en referentes para diversos segmentos de la población. Ya sea por la ausencia de espacios públicos adecuados o por la percepción de inseguridad, los centros comerciales como lugares con seguridad, vigilancia y con amenidades para consumidores, se han incorporado como espacios de sociabilidad y de ocio. Esta transformación se ha relacionado con la generación/ausencia de comunidad, espacios de participación política y el reemplazo de espacios públicos por espacios privados de consumo (Kirby, 2008).
Las políticas de desarrollo y el incremento de la participación de empresas desarrolladoras han sido parte del proceso de privatización de espacios públicos. Aunado con la percepción de inseguridad que ha influido en el cierre de espacios que anteriormente eran públicos (como el cierre de calles y la proliferación de privadas), se ha generado un ambiente construido en el cual grandes secciones son cerradas y administradas por agentes privados (Madanipour, 2007) -desde desarrolladoras hasta organizaciones de vecinos. En este sentido la fragmentación urbana se manifiesta mediante la fractura de la continuidad de las calles, sesgando con ello las posibilidades de los habitantes de conocer su entorno y de apropiarse de él mediante la práctica de caminar por los mismos. Jane Jacobs ha sido una de las principales defensoras de la importancia de las calles y las banquetas “caminables” en las ciudades como una estrategia para incrementar el bienestar y mantener la seguridad de las calles, así como generar un sentido de comunidad en los vecindarios (Jacobs, 2007). Para Jacobs, el uso de las calles les da seguridad debido a que mantienen “ojos” en las mismas, lo cual genera una vigilancia constante de lo que ocurre en ellas; por el contrario, las calles desoladas y sin transeúntes pueden generar una mayor inseguridad. El miedo hacia lo externo que caracteriza a las ciudades modernas genera un efecto acumulativo que minimiza el uso de las calles y, en palabras de Jacobs: “a manera que las temen, las usan menos, lo cual hace que las calles sean aún más inseguras” (ibídem: 100)11. Por otra parte, retomando de nueva cuenta a de Certeau, las prácticas de caminar por la ciudad y sus lugares son una forma de
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11!Traducción propia del inglés.
apropiarlas y reconocerlas, es una ilustración de la práctica y su rol en la constante (re)producción del lugar (de Certeau, 1984 en Duff, 2010: 883). Al caminar las personas generan pasajes y usos alternativos a los designados por los lugares y la propia planeación; se convierten en elementos discursivos de las relaciones de las personas con su entorno con los cuales se apropian de elementos de la ciudad a través de los cuales se genera una experiencia más peculiar del lugar y una distinción entre lugares.
La privatización de la planeación, por otra parte, puede llegar a generar ambigüedades y vacíos con respecto a los espacios que son administrados por autoridades públicas y aquellos que deben ser resueltos por iniciativas privadas. Ante la falta de claridad que puede generar esta situación, los espacios pueden deteriorarse al tener, en ocasiones, una ausencia de servicios urbanos, sean privados o municipales, cuando éstos no son apropiados de forma colectiva por sus habitantes.
En síntesis, se resaltan cuatro cuestiones: 1) la privatización del espacio público a través del cierre de calles, 2) los espacios públicos como una extensión de los espacios privados, 3) la creciente referencia de espacios semipúblicos y privados como espacios de representación e interacción y 4) el incremento de los privados en la planeación y los posibles problemas que conlleva en la ambigüedad de la administración de los espacios residenciales; por ejemplo las áreas verdes en las cuales –como detallaremos en el análisis de trabajo de campo en el caso de Santa Fe- no queda claro si son de responsabilidad del municipio, de las desarrolladoras o de los vecinos.