1. LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DEL ESPACIO URBANO Y SUS
1.2 La visión desde abajo: la apropiación del espacio y la vinculación de las personas con
1.2.3 La planeación, el entorno construido y el sentido de comunidad: algunas
1.2.3 La planeación, el entorno construido y el sentido de comunidad: algunas
las comunidades de menor escala como lo es el contacto social (loc. cit.), fundamentos que fueron retomados en diversos planes y desarrollos en distintas latitudes. Jane Jacobs fue de las principales críticas a modelos de planeación como el de Howard e incluso de Le Corbusier, con lo cual señaló la disparidad entre las nociones de los planeadores y los entornos construidos como utopías que en la práctica destruyen el significado de lo que es la ciudad (Jacobs, 2007). Lo que aquí se resalta es el hecho de que a pesar de que existe un vínculo entre el entorno físico como factor ambiental y el factor humano o social, esto no necesariamente implica que a través del diseño físico se vaya a propiciar la generación de comunidad. Esta es la principal crítica al determinismo físico que no obstante sus detractores, sus principios continúan vigentes.
El problema, de acuerdo a Talen (2000), surge a partir de pensar a la comunidad como un fin y no como un proceso en la planeación. La comunidad como fin se percibe como un artefacto del diseño y la planeación del entorno residencial, es decir que con el ambiente construido se busca obtener ciertos resultados sociales; mientras que la comunidad como un proceso busca fortalecer las capacidades locales y el empoderamiento de vecinos en los procesos de planeación y de resolución de problemas.
Algo que resulta importante tener en cuenta es que el fenómeno de la vecindad y el sentido de la comunidad no necesariamente implican resultados positivos e incluso, puede generar todo lo contrario, como dinámicas de exclusión socioespacial. Harvey ha sido un crítico de la noción de que la comunidad es la panacea a los problemas que enfrentan las ciudades. De acuerdo con este autor, muchos de los proyectos que izan la bandera de la comunidad son, en la práctica, recetas para el aislamiento debido a que aparta a grupos que se constituyen como un “nosotros” a diferencia de los que se consideran “los otros”, separándose de la ciudad como un todo (Harvey, 2007: 230). Las manifestaciones físicas de este tipo de fenómenos son las gated communities o comunidades cerradas, que han sido descritas como una de las manifestaciones contemporáneas de la fragmentación urbana. No obstante la fragmentación también se manifiesta mediante la conformación de grupos identitarios que se vinculan con el territorio, por ejemplo, en el caso de pandillas que tienen como referente identitario el espacio que también pueden limitar la accesibilidad de espacios.
En los últimos años se ha cuestionado la importancia que tienen los lugares en una era de creciente movilidad y de la idea de las comunidades de lugar en un contexto de tecnologías de la información y comunicación (Carmon y Eizenberg, 2012; Giménez, 2000).
Si bien es cierto que la posibilidad de entablar relaciones y ser parte de comunidades diversas se ha ampliado con el acceso a redes sociales a través de nuevas tecnologías de la información y que la movilidad residencial es un componente actual de la vida moderna, esto no aplica necesariamente para toda la población ni para todos los sectores (Carmon y Eizenberg 2012). La proximidad residencial es asociada con la existencia de intereses compartidos lo cual es más claro con grupos minoritarios e inmigrantes que suelen generar enclaves urbanos. En esta línea, en un reporte de The Right to the City Alliance se destaca que para las personas con ingresos bajos la comunidad frecuentemente es el principal recurso en tanto que la familia y amigos proveen un soporte esencial en la vida cotidiana como puede ser el cuidado de niños, acceso a empleos, transporte y cuidado de mayores (Sinha y Kasdan, 2013: 327). En este sentido, Ali Madanipour detalla que en la actualidad, mientras que para unos el mundo pareciera estarse encogiendo, aproximándose a la idea de la aldea global, para otros el mundo es tanto grande como fuera de alcance (Madanipour, 2007: 162). Así apunta Castells cuando detalla que no obstante que la sociedad-red es inherente a la globalización y las tecnologías que históricamente la sociedad desarrolla; al principio del siglo XXI aún excluye a amplias capas de la población, a pesar de que son afectadas por su lógica y por las relaciones de poder que subyacen a las redes globales de organización social, política y económica (Castells y Cardoso, 2005: 5). Este paralelismo entre movilidad y territorio se traduce, a su vez, a la diferencia en las posibilidades de actuar frente a contextos de declive urbano, por ejemplo, mientras que para algunos residentes la opción es mudarse frente a ese panorama; otros se quedarán debido a que no tienen otra opción (Brown et al., 2003).
El sentido de comunidad en un entorno residencial, como ya se ha mencionado, no es exclusivo de grupos minoritarios, también es una característica de colonias o enclaves exclusivos para mantener un estilo de vida y la conservación de un ambiente construido sin las “amenazas” percibidas que puedan provenir del exterior. Aunque, como mencionan Carmon y Eizenberg (2012), las clases medias móviles puedan no tener un interés en generar lazos de vecindad y comunidad, cuando los cambios sociales y del entorno físico de sus
colonias se perciben como riesgos y/o amenazas que afectan sus intereses, su estilo de vida o el valor de su propiedad, también suelen generar estrategias de intervención como comunidad local para contrarrestarlos (óp. Cit. : 10).
Considerando la revisión que se ha hecho en este apartado sobre los avances que ha habido con respecto a la vinculación de las personas con la ciudad y sus entornos residenciales, en esta investigación se rescata en particular las dinámicas de apropiación que incluye la relación de las personas con su entorno residencial de forma física, su percepción en relación a la transformación de los mismos y los lazos y relaciones vecinales que inciden e impactan en la apropiación, transformación y/o conservación de sus entornos. A través del análisis de las dinámicas de apropiación del espacio de residentes de un asentamiento que nació de manera informal y un desarrollo urbano legal característico de la política de vivienda impulsada por el gobierno federal a partir de la década del 2000, se busca conocer la manera en que el espacio físico residencial se convierte en un referente para las personas a través del cual se identifican, se desplazan y dejan su huella, contribuyendo de tal forma al análisis de las ciudades contemporáneas a través de los imaginarios, del habitar y las prácticas cotidianas de sus habitantes (Aguilar, 2000; Duhau y Giglia, 2008; Giglia, 2012;
Hiernaux, 2009). Esto resulta particularmente relevante debido a las propias características del urbanismo contemporáneo y su manifestación particular en América Latina, como se analizará en el siguiente capítulo.