CAPÍTULO 3. HACIA UN PROYECTO DE EPISTEMOLOGÍA HISTÓRICA CENTRADO EN LAS
3.4. LOS PROBLEMAS DE LA RACIONALIDAD Y EL CAMBIO CIENTÍFICO COMO ESCENARIOS PARA ESTABLECER
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disciplinas47. Vale la pena subrayar que dichas cualidades, en conjunto, coadyuvan a corporizar los estilos o, en otras palabras, esos rasgos permiten comprender que la integración de los estilos es a la vez una articulación de prácticas.
Llegados a este punto es oportuno que recordemos lo que se dijo al inicio del presente capítulo: que las relaciones entre epistemología histórica y ontología histórica son un recurso interesante y prometedor para comprender las interacciones entre estilos y prácticas, pero que esa perspectiva no será desarrollada en la presente tesis (aunque retomaremos esta discusión en el sexto capítulo). En vez de ello, en este trabajo enfatizaremos otra estrategia para establecer las conexiones que nos interesan, específicamente a partir de la indagación acerca de cómo esas categorías contribuyen al replanteamiento de dos problemas filosóficos relevantes: la racionalidad y el cambio en la ciencia. Ése es el tema que desarrollaremos en la última sección de este capítulo.
3.4. LOS PROBLEMAS DE LA RACIONALIDAD Y EL CAMBIO CIENTÍFICO COMO
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científica48. El cambio científico entendido en el segundo sentido es el que le interesa al proyecto de EHCEP que aquí se propone.
Así las cosas, la idea que desarrollaré en esta sección es que las propuestas de estilos y prácticas han hecho frente a los planteamientos tradicionales sobre la racionalidad y el cambio científico, en especial porque han introducido la discusión sobre la importancia de las normas no algorítmicas, corporizadas y contextuales. Además, se ha enfatizado en que esas normas cambian históricamente, lo que nos permite dar cuenta de la historicidad del saber científico. En consecuencia, estos nuevos planteamientos son relevantes para desarrollar un proyecto de epistemología histórica basado en las nociones de estilos de razonamiento y prácticas científicas.
Dicho esto, conviene aludir a un hecho que resulta muy interesante: la forma en que hemos entendido las normas de la racionalidad ha cambiado históricamente, lo cual es coherente con reconocer que esas normas también han de asumirse como heurísticas y no sólo como algorítmicas.
Como vimos en el capítulo previo, la distinción entre contexto de justificación y contexto de descubrimiento ha hecho posible que tradicionalmente se haya asumido a la epistemología como una disciplina normativa, pero a las normas epistémicas se les ha entendido como independientes del contexto, es decir, como reglas de aplicación universal. En especial, autores como Carnap propusieron que la estructura normativa de la ciencia debería coincidir con la estructura de la relación entre evidencia y teoría, en donde la racionalidad se reduce a una serie de criterios que permiten escoger entre diferentes teorías, teniendo en cuenta la manera en que están sustentadas empíricamente. Desde este punto de vista, el cambio científico se limita a un reemplazo de teorías y se asume como totalmente acumulativo.
En cuanto a Popper y sus seguidores, esa distinción entre descubrimiento y justificación se expresó con otros términos: los mundos segundo y tercero49. Recordemos que el segundo mundo es subjetivo, en el sentido de que en él se hallan las opiniones, preferencias, intereses, creencias, etc., de los individuos, por lo que éste sería mejor estudiado por la psicología, la antropología y la sociología, entre otras ciencias. Por su parte, el tercer mundo es el del conocimiento objetivo, en el que “habitan” los productos teóricos de la ciencia que hasta ahora han pasado la prueba de la contrastación empírica, es decir, las teorías que no han sido refutadas.
En síntesis, el tercer mundo es el objeto de estudio de la epistemología sin sujeto cognoscente.
48 Otra forma de ver la imbricación de estos problemas es que el cambio científico está orientado por procesos normativos.
49 El primer mundo, según Popper, es el mundo físico.
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Por otro lado, cabe señalar que el método de conjeturas y refutaciones también se inscribe en la separación de esos contextos, pues las primeras tomarían lugar en el de descubrimiento y las segundas en el de justificación50.
En este momento podemos sintetizar la idea de racionalidad algorítmica a partir del modelo de racionalidad caracterizado (y criticado) por Brown (1998). Dicho modelo asume que las reglas de racionalidad poseen las cualidades de universalidad, necesidad y determinismo.
Universalidad dado que todas las personas deben llegar a la misma conclusión (por ejemplo, a tomar la misma decisión o a plantear la misma solución de un problema) si parten de la misma información. Además, en los casos en los que el razonamiento se ha llevado a cabo correctamente, la conclusión a la que se llega es la única posible. Por su parte, hay una necesaria conexión entre la información disponible y la conclusión, es decir, que el modo en que vinculamos evidencias y teorías no ocurre de manera contingente, sino que ello está determinado, debido a la estructura del mundo y de nuestra mente. En síntesis esas reglas son algorítmicas.
Autores como Kuhn, Feyerabend y Toulmin, entre otros, se opusieron a la concepción ahistórica de la ciencia que se postuló desde la tradición filosófica de la primera mitad del siglo XX. Esa corriente, denominada como “historicista”, cuestionó seriamente la idea de que la racionalidad científica era algorítmica. Además, a estos autores no les interesaba entender la estructura lógica de los resultados de la ciencia, sino que sus preocupaciones estaban centradas en comprender su dinámica, esto es, el proceso histórico del saber científico51. Es desde esta perspectiva que Hacking afirma que el trabajo de Kuhn, en particular su libro la Estructura de las revoluciones científicas, generó una “crisis de la racionalidad” en la filosofía de la ciencia.
Cabe decir que Hacking tituló la introducción de su libro Representar e intervenir como
“Racionalidad”, pero advierte que allí tratará temas sobre los que no profundizará. De ahí se puede inferir que él no consideraba relevante el problema de la racionalidad para la filosofía de la ciencia contemporánea. Sin embargo, es muy interesante lo que Hacking afirma de (muchos de) los filósofos de mediados del siglo XX, en particular el hecho de que consideraban a la ciencia como una entidad no histórica o como una momia, pero en la década de 1960 los filósofos historicistas de la ciencia (Kuhn en particular) desenvolvieron el cadáver y pusieron de manifiesto los restos de un proceso histórico, creando así la ya mencionada “crisis”. Fue una
50 Diversos autores han mostrado cómo la perspectiva popperiana da cuenta de las normas ahistóricas de la racionalidad. Véase, por ejemplo, Fuchs (1993) y Faerna (2008)
51 Sin embargo, y de acuerdo con Guillaumin (2005a, p. 179), una de las dificultades que se les presentó a los historicistas era “cómo y en qué medida extraer de la historia de la ciencia tesis filosóficamente normativas”.
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crisis porque se ponía en evidencia que la ciencia no era la cúspide de la razón humana y que esta empresa no era ahistórica.
Para dar cuenta de cómo se llevó a cabo esa crisis, Hacking afirma que los trabajos de Popper y Carnap representan, grosos modo, las ideas tradicionales sobre racionalidad y el cambio científico. Aunque esos autores diferían en muchos aspectos, ambos estaban de acuerdo en cosas fundamentales, como el hecho de que ellos sólo usaban la historia con el propósito de establecer una cronología o para ilustrar sus tesis por medio de anécdotas. Precisamente, este punto fue seriamente criticado por Kuhn en las primeras líneas de la introducción de su libro clásico: “Si se considera a la historia como algo más que un depósito de anécdotas o cronología, puede producir una transformación decisiva en la imagen que tenemos actualmente de la ciencia” (1962, p. 1).
En ese sentido, Kuhn planteó una serie de objeciones a la idea de ciencia de Popper y Carnap (y otros), lo cual generó la crisis, cuyos rasgos centrales se pueden sintetizar de la siguiente manera52:
No hay distinción precisa entre teoría y observación, pues la observación está cargada de teoría.
El conocimiento científico no es acumulativo (hay cambios revolucionarios de paradigmas).
No hay unidad metodológica en la ciencia. Tampoco hay un único lenguaje científico (no hay traducciones perfectas, los paradigmas son inconmensurables).
El contexto de justificación no puede separarse del contexto de descubrimiento.
La ciencia está en el tiempo, y es esencialmente histórica.
No obstante, Hacking asume que el aspecto más relevante para dar cuenta de esa crisis de la racionalidad es la idea kuhniana de paradigma, más concretamente la noción de cambio revolucionario de paradigmas, ya que éste sería similar a una conversión religiosa o a un cambio gestáltico, los cuales no involucran razonamiento. Por supuesto que ésa es una forma de entender la propuesta de Kuhn, pero no es la única. De acuerdo con Rouse (2003), Kuhn rechazó la idea de que la filosofía de la ciencia era el análisis del conocimiento como un producto final. Por ello, para Rouse, un aporte importante del proyecto kuhniano es entender a la ciencia como una actividad, es decir como algo que toma lugar en la historia. Esto conlleva que entendamos el conocimiento científico desde otra orilla: lo que para Kuhn es “la investigación de la actividad misma”, para Rouse significa entender la ciencia como una práctica.
En ese sentido, Rouse (1987) llama la atención acerca de que debemos reconocer que en la filosofía de la ciencia han existido dos interpretaciones de Kuhn: una de ellas es la que se ha
52 Elaboro esta síntesis a partir de la introducción al texto de Hacking (1996a).
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difundido tradicionalmente, a partir de la primera edición de la Estructura, a la que Rouse nomina como Kuhn2, la cual hace énfasis en: 1) el carácter teórico de los paradigmas, 2) una comunidad es un grupo de científicos que comparten un paradigma y 3) el cambio científico se caracteriza por el ciclo ciencia normal-crisis-revolución-nueva ciencia normal53.
Pero también hay otra forma de asumir la obra kuhniana, que Rouse bautiza como Kuhn1, para el cual los paradigmas no son sólo teorías, sino que han de asumirse como un conjunto de habilidades que se aprenden, se adquieren y se aplican en la resolución de problemas (rompecabezas). Así, los paradigmas son “maneras ejemplares de conceptualizar e intervenir en contextos empíricos particulares (…) La ciencia Normal es así caracterizada por el uso de los mismos paradigmas (…) La ciencia Normal involucra prácticas compartidas, no creencias compartidas” (Rouse, 1987, pp. 30-31). Desde este punto de vista, continúa Rouse, los científicos usan paradigmas en lugar de creer en ellos, y el problema más elemental planteado por las crisis kuhnianas no es la creencia inconsistente, sino la práctica incoherente54. Como quedó patente en el capítulo anterior, una perspectiva práctica sí tiene mucho que aportar al problema de la racionalidad, pues las prácticas son fundamentalmente normativas. Pero antes de decir más al respecto, es oportuno ver de qué maneras algunos filósofos hicieron frente a los retos de los historicistas y cómo intentaron superar la crisis de la racionalidad.
Dado que con la irrupción del historicismo se cuestionó seriamente la racionalidad como un aspecto esencial de la ciencia, los representantes de la “nueva filosofía de la ciencia” como Giere, Kitcher y Laudan, entre otros, se opusieron a este tipo de presupuestos, aunque coincidieron con los historicistas en que el conocimiento no se acumula, como lo habían sostenido los empiristas lógicos y los popperianos. Así pues, se optó por reconocer que la ciencia sí es el paradigma de racionalidad, pero ésta se entendió como instrumental. De acuerdo con Martínez (2003), los “nuevos” filósofos de la ciencia, defendieron una epistemología naturalizada y normativa como núcleo para enfrentar el historicismo.
Cabe aclarar que no es mi interés abundar aquí sobre las diferentes propuestas que se han planteado acerca de la racionalidad instrumental, sólo me interesa ilustrar brevemente con el
53 No diré más sobre esta perspectiva del trabajo kuhniano. A este respecto véanse, por ejemplo, Estany (1990) y Pérez Ranzans (1999).
54 Hay una frase de Kuhn que ha sido muy criticada, la cual reza que una vez que ocurre un cambio de paradigma ello nos lleva a vivir en otro mundo. En particular, Hacking (1993) y Rouse (2003) han dicho que esto se puede entender desde una perspectiva práctica, por ejemplo si nos tomamos en serio que la intervención en el mundo y la creación de nuevos fenómenos nos posibilita, de hecho, vivir en un mundo diferente.
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proyecto de Laudan55 en qué consiste esta visión de la racionalidad, en particular con lo que él ha denominado naturalismo normativo, el cual propone que es posible extraer tesis normativas en la filosofía de la ciencia a partir de estudios históricos. En síntesis, el proyecto de Laudan es mostrar que si antaño una metodología ha resultado exitosa para alcanzar ciertos fines, entonces debemos tender a utilizar en el presente ese tipo de metodologías, si queremos lograr esa clase de objetivos. Según Nickles (2005, p. 203), la solución que da Laudan con su naturalismo normativo a la pregunta acerca de cómo elegir entre metodologías, es a partir de reglas que se expresan como enunciados “si-entonces”: si quieres alcanzar X, entonces debes hacer Y. Éste es, grosso modo, el núcleo de la visión instrumental de la racionalidad: lo que realmente importa es utilizar los medios adecuados, para alcanzar los fines que se han propuesto, pero vale la pena señalar que esos fines son básicamente la contrastación y la elección de teorías.
En términos generales, hay algunos presupuestos del instrumentalismo que son controversiales: se asume que es posible plantear una teoría de la decisión racional a partir de una teoría subjetivista de la racionalidad; se parte del hecho que las opciones a ser elegidas existen independientemente de la actividad de los agentes; esta propuesta se centra en que la decisión es acerca de teorías, por lo que los métodos (o, en general las prácticas) sólo se asumirían como medios (de ahí la noción de instrumentalismo) para poder elegir entre teorías rivales56; y esos procesos de elección se llevan a cabo con independencia del contexto (normativo, o axiológico, por ejemplo)57.
En contraste con lo anterior, Martínez sostiene que si la racionalidad se corporeiza en prácticas científicas, entonces “los recursos a nuestra disposición influyen en nuestra forma de razonar, y esto explica en parte el sentido en el cual el razonamiento científico es en primer lugar práctico” (2003, p. 172). Desde ese marco de referencia, veamos cómo se replantean los problemas de la racionalidad y el cambio científico desde las perspectivas de estilos y prácticas.
A pesar de que Hacking (en su trabajo de 1996a) parecía no tomar el problema de la racionalidad como uno relevante para la filosofía contemporánea de la ciencia, resulta paradójico
55 Sin embargo, hay que advertir que de acuerdo con Martínez y Huang (2011, p. 43), el proyecto de Laudan no es estrictamente instrumentalista pues no se reduce a las relaciones entre fines y medios, pero en buena medida sí se puede ubicar en esta perspectiva ya que no tiene en cuenta los aspectos contextuales de las prácticas, y limita la noción de racionalidad a una serie de normas que nos permiten escoger entre teorías rivales.
56 Reconozco, como lo han mostrado Martínez y Huang (2011), que el hecho de abogar por una noción más amplia de racionalidad, que no se restrinja a sus perspectivas algorítmica e instrumental y a la elección de teorías, no implica que se asuma que la decisión de aceptar o rechazar teorías no sea un proceso racional, sino que la racionalidad no se limita a este tipo de procesos.
57 Una caracterización detallada y una crítica a fondo a la propuesta instrumentalista se halla en Martínez (1998 y 2003).
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y a la vez reconfortante ver que en su propuesta de estilos de razonamiento él le ha dado un nuevo lugar a la racionalidad científica, la cual entiende como las maneras en que interactuamos científicamente con el mundo, a partir de métodos diversos, con base en capacidades cognitivas humanas y en relación con contextos históricos específicos. En ese sentido, en diferentes partes, Hacking58 dice que la idea de estilos, debido a que históricamente han existido varios de ellos y que son diferentes, invita a asumir una posición relativista. Desde este punto de vista, él plantea una cuestión relativista desde el corazón de la racionalidad: el “anarco-racionalismo”, o sea la postura racionalista que sustenta su propuesta de estilos y que se caracteriza por los siguientes postulados:
1. Hay diferentes estilos de razonamiento. Muchos de éstos son discernibles en nuestra propia historia. Ellos emergen en puntos definidos y tienen diferentes trayectorias de maduración.
Algunos se extinguen, otros aún permanecen fuertes.
2. Proposiciones del tipo que necesariamente requieren razonamiento para ser sustentadas tienen una positividad, ser verdaderas-o-falsas, solamente en relación con los estilos de razonamiento en los cuales ellas ocurren.
3. Por lo tanto, muchas categorías de posibilidad, de lo que puede ser verdadero o falso, son contingentes de acuerdo con los eventos históricos, como el desarrollo de ciertos estilos de razonamiento.
4. Podría inferirse que hay otras categorías de posibilidad que han emergido en nuestra tradición.
5. No podemos razonar como si hubieran sistemas alternativos de razonamiento mejores o peores que los nuestros, porque las proposiciones acerca de las que razonamos toman su sentido solamente del método de razonamiento empleado. Las proposiciones no tienen existencia independiente de los modos de razonar sobre ellas (Hacking, 2002, p. 175).
Cabe subrayar que si bien el anarco-racionalismo hace énfasis en las proposiciones (en si son verdaderas o falsas), en esta tesis nos enfocamos en otra forma de entender los estilos; como un repertorio de estrategias generales y sistemáticas para hacer ciencia, en donde el razonamiento atañe a la interacción entre el pensar y el hacer. Es desde esta perspectiva que podemos decir que los estilos crean sus propias normas de racionalidad, pues qué métodos usar, qué instrumentos emplear (o fabricar) y cómo determinar la verdad-o-falsedad de una proposición son criterios inherentes a un estilo y, además, esas normas de racionalidad han evolucionado59 (Hacking, 2003, p. 539). Y esa evolución de normas se da en el contexto de lo que Hacking denomina la genealogía de los estilos, la cual está marcada por procesos de cristalización. Desde este punto de vista, vale la pena traer nuevamente a colación los esquemas que Hacking retoma de Williams:
58 Especialmente en sus trabajos de 1985 y 2002 (cap. 11).
59 Por lo tanto, para Hacking razonamiento no es sinónimo de lógica, pues ésta preserva la verdad, mientras que el razonamiento de los estilos posibilita determinar la verdad-o-falsedad de cierto tipo de enunciados.
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(*) Un cambio de concepción de eso que es decir la verdad sobre X.
(**) Ese cambio significativo se produce en el siglo Y, y su ícono es Z.
(***) Aquéllos que actúan según el nuevo estilo no son más racionales ni están mejor informados que sus predecesores. Aquéllos que se mantienen en la práctica tradicional no tienen ni las ideas confusas ni las convicciones contrarias con respecto a las de sus sucesores.
Quisiera resaltar el hecho de que el cambio científico entendido desde la propuesta de estilos implica que las normas de racionalidad cambian, pero eso no nos debe llevar al presupuesto de que hay normas mejores o peores, sino que ellas son pertinentes dependiendo del contexto en el cual se desplieguen, en este caso en el contexto de los estilos: he ahí el corazón del anarco-racionalismo. Por otra parte, cabe decir que para Hacking el cambio científico también está marcado por la estabilidad de la ciencia y por la acumulación de saberes, técnicas e instrumentos. Por esto, Hacking (2006j, p. 6) recurre a la noción de ciencia normal de Kuhn, ya que este autor no sólo habló de revoluciones, sino que usó dos conceptos relevantes para el proyecto de estilos de razonamiento: 1) la articulación (más centrada en lo teórico) que da cuenta, entre otras cosas, de la alineación de números o cifras, el acoplamiento de teorías y la modificación matemática de una hipótesis, y 2) la manipulación (más centrada en lo experimental), que se evidencia, por ejemplo, en el hecho de maniobrar un aparato, pero también en la construcción o modificación de un dispositivo tecnológico.
Por lo tanto, debemos ser cautos y evitar confundir la cristalización de un estilo con un cambio revolucionario de paradigmas, sobre todo si éstos se entienden exclusivamente desde un punto de vista teórico. Es así como Hacking (1985, pp. 148-149) establece varias distinciones entre estilos y paradigmas:
La escala temporal: los paradigmas tienen una “vida” muy corta con respecto a los estilos.
Los paradigmas son propios de disciplinas particulares, mientras que los estilos son más generales, pues hacen parte de la ciencia en su conjunto.
Los paradigmas dan cuenta de revoluciones (grandes, como la copernicana que tardó varios siglos, y pequeñas como la lavoiseriana que demoró unas cuantas décadas en establecerse). Por su parte, los estilos dan cuenta de la estabilidad y la acumulación, aunque están “interrumpidos” por episodios de cristalización.
A pesar de que Hacking está de acuerdo con Kuhn en que el conocimiento (teórico) no es acumulativo como se pensaba antes de los años 1960, aclara que hay otros aspectos de la ciencia que sí se acumulan como las técnicas experimentales y la tecnología.
Los estilos, cuando se extinguen, lo hacen lentamente, no de manera abrupta como sí ocurre con los paradigmas.
Los estilos son compatibles y se integran, mientras que los paradigmas son inconmensurables.