Héctor Manuel Arce Bobadilla *
Introducción
El 12 de marzo de 2020 se determinó la suspensión de las clases presenciales en la Universidad La Salle con el fin de evitar el au- mento de contagios de covid-19. La Rectoría emitió el comuni- cado por correo electrónico. Desde entonces nada fue igual y el personal administrativo de las escuelas del país tuvo que adaptar sus funciones a una modalidad de trabajo remoto en sus hogares.
Esta modalidad ha sido bastante heterogénea según la ins- titución donde se labora y esto ha provocado diferencias en el quehacer profesional de las personas. Analizar las condiciones laborales a las que se han visto enfrentados en esta contingencia por el trabajo remoto permite entender la tensión de estos acto- res educativos. En este clima político, social y sanitario, el confi- namiento forzoso, el distanciamiento social y la paralización de diversas actividades cotidianas y del sector productivo han agu- dizado aún más la inequidad y la desigualdad. En consecuencia, la desesperanza y la angustia se incrementan en algunos casos, igual que en otros lo hacen la crisis y la inconformidad con la vi- da por perder a alguien en el camino.
Cuando parecía que la palabra cuarentena era un arcaísmo usado más como metáfora y que las ciudades tenían relativa- mente controlados los grandes problemas sanitarios, la huma- nidad entera ha enfrentado una situación desconocida para las actuales generaciones. Para dar sentido y valor a los procesos formativos en un mundo complejo e incierto como el que vivi- mos, se necesitan referencias orientadoras que permitan pro- yectar un futuro deseado para la humanidad. Esas referencias son el punto inicial de este texto. En pandemia, la incertidum- bre y la vulnerabilidad se conocen y se viven.
* Licenciado en Biblioteconomía, por la Escuela Nacional de Biblioteconomía y Ar- chivonomía del ipn; especialidad en Gestión de los Aprendizajes, por la Universidad La Salle. Asistente administrativo de la Facultad de Negocios de la Universidad La Salle, Ciu- dad de México. [email protected]
En un mundo incierto es pretencioso buscar explicaciones y atreverse a pronosticar los futuros posibles. La pandemia, en medio de esta crisis social, viene a remover la estructura socioe- conómica, de la que el sistema educativo forma parte. El cie- rre de las aulas de todos los niveles educativos sitúa a docentes y administrativos en un nuevo escenario, desconocido e incier- to. En él, la enseñanza tomó otros cauces y nuevas prioridades.
Mantener el contacto y la motivación de los administrativos es una preocupación personal y, en ese sentido, este artículo busca contribuir con la propuesta de promover la alegría como un va- lor importante en esta pandemia.
La importancia de la sonrisa en el contacto humano Con el tiempo me he dado cuenta de que la vida tiene su mane- ra de sacudirnos cuando más lo necesitamos. A más de un año de vivir en esta circunstancia, todo indica que hay un antes y un después de vivir una pandemia, y que todo lo que sucede en la vida tiene su razón de ser. A mis 45 años de edad, con 21 años de trabajo con amor y pasión como lasallista en la Facultad de Negocios de la Universidad La Salle, dije: “Esta es una guerra y se necesita fortaleza espiritual, mental y física. Y como es la ley de vida, los más fuertes permanecen y los que mejor se adap- ten a un sistema híbrido sobrevivirán. Creo plenamente en Dios que vive dentro de mí y quien se encarga de ponerme por delan- te exactamente lo que necesito. Todo pasa por algo y para algo”.
En esta época, el cambio es algo que está pasando, no algo que va a pasar o que quizá se dé. Todo el mundo se encuentra en un estado de cambio. Por todos lados hay oportunidades de cambiar las cosas, aunque la gran mayoría de las personas perci- be esto como crisis. En todos lados es notable la crisis financie- ra, moral, de seguridad, ambiental, en la juventud, en la adultez, en la educación; crisis en todo y sobre todo de salud.
Todas estas crisis permiten darnos cuenta de que el mundo ne- cesita despertar del sueño del sufrimiento y empezar a comprender cómo funcionan las cosas. Lo que puedo decir, según mi experien- cia, es que la vida está llena de posibilidades infinitas. Todo de- pende de uno, de nuestra percepción y enfoque. Lo maravilloso es que comprendimos que el cambio es para bien. Deberíamos brincar de alegría por ser parte del cambio y del milagro lasallista.
El destino es algo curioso. No siempre nos lleva por donde queremos ir y muchas veces termina guiándonos hacia un lugar
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Promover la alegría en la pandemia con una sonrisa
inesperado donde nos sentimos confundidos, perdidos, sin sa- ber hacia dónde nos dirigimos. Son momentos dolorosos, com- plicados, que nos hacen sufrir y cuestionar la persona que somos junto con aquello que más deseamos en nuestras vidas.
Pero si realmente hacemos el esfuerzo de ver esos retos co- mo oportunidades para encontrarnos a nosotros mismos, com- prenderemos que eran exactamente lo que necesitábamos para descubrir nuestro lugar en este planeta. Fue esta la visión que se gestó en mí debido a esos momentos y circunstancias, y es así como me enfrento a esta nueva normalidad y a cada reto que me presenta la vida: como una oportunidad.
Vivir con la pandemia ha representado un nuevo modo de vi- da. En una cuarentena que rebasó el año, aún enfrentamos una nueva ola de contagios y nuevas cepas del virus que muta. Res- guardado en casa, tranquilo, cuidándome a mí y mi familia, he tenido que fortalecer mis pensamientos. Es una pausa la que se está viviendo. Antes había más tráfico y estrés en las calles. Las personas atravesaban las avenidas con la mirada fija en el celular y sufrían accidentes por atropellamiento. Las estadísticas indican que disminuyeron los accidentes y los secuestros en esta nueva normalidad. Era necesaria una pausa y esta, a más de un año, me ayudó a detectar que puedo ser solidario y ayudar a las personas de mi comunidad tendiendo puentes como promotor lasallista.
Si nos planteamos que el ser humano es lo que guarda en su corazón, tendríamos que entender que lo que tiene ahí, lo mues- tra en la forma como se conduce en la vida, en la forma en que da a los demás “algo” que debemos suponer está en su corazón.
Desde que inicié mi historia como estudiante y como trabaja- dor en la Universidad La Salle, una de las cosas más importantes que me he propuesto realizar es sonreír. Pongo siempre mi me- jor sonrisa de manera amigable y la experiencia me ha enseñado que la persona enfrente de mí también lo hace. En ese momen- to se crea una conexión de luz y entusiasmo; así se crea la magia, se siente el cambio de actitud.
Sonreír es una de las acciones más poderosas que existen.
Puedes hacerlo para que tu vida tenga un empuje extraordina- rio. La sonrisa es una idea espiritual y, sobre todo, práctica. No es posible entenderlo si no se practica. Cuando yo sonrío, todo parece estar mucho mejor, me siento feliz y contento.
La empatía es otro valor positivo que puedes conferir a la vi- da. Y la vida puede regresártelo. Si vamos por la vida dando seña-
les de depresión, angustia y tristeza, entonces la vida responde en directa proporción a esas señales. Eso se refleja en nuestra forma de vivir y en cómo percibimos las cosas y las situaciones.
Si en vez de dar señales negativas hacia la vida, hacemos el sen- cillo pero poderoso gesto de sonreír, entonces todo resulta dife- rente. Las personas son más amigables, el entorno no parece tan agresivo, y nos sentimos mucho mejor y con más energía.
Un espíritu con sonrisa:
la experiencia como promotor lasallista
Un promotor lasallista es un animador, una persona que crea re- des; se caracteriza por ser solidario, alegre, optimista, motivador y no conformista, siempre quiere servir y apoyar. Dentro de la Universidad La Salle, se le concibe como un profesional que de- sarrolla su actividad dentro del campo educativo, concretamen- te dirigido a la formación del aspecto humano.
Este promotor lasallista trabaja con colectividades antes que con individuos, en busca del desarrollo comunitario y la promo- ción cultural. Su tarea se centra en planear, desarrollar y evaluar programas, proyectos y actividades que enriquezcan el espíritu, y con ello se logre el bienestar social y colectivo de la institución.
Frente a esta encomienda, y desde una experiencia personal, estoy convencido de que debemos acompañar a los que forma- mos tocando sus corazones, tender puentes entre lo individual y lo que somos capaces de expresar en colectivo. Necesitamos aprender a experimentar dualismos sentimentales, permitir a nuestro espíritu dibujar sonrisas en nuestro rostro, esforzarnos por establecer vínculos empáticos, lograr una escucha activa, así como ejemplificar con el respeto y la comprensión al prójimo;
todos estos aspectos que cumplen la tarea de vestir al espíritu promotor y que, a su vez, desencadenan virtudes.
A partir de esta experiencia frente a la pandemia, el espíritu de promotor lasallista tuvo que revestirse de paciencia, adapta- ción a lo inesperado, sentido del humor; hallar referencias para guiarse e inspirarse.
Cuando los desafíos no se comprenden, a veces, hay resisten- cia a ellos. Se necesita aprender a abrirse a los retos. Por ello, en vez de resistirme al cambio, he decidido buscarlo, invitarlo y re- cibirlo con los brazos abiertos, pero, sobre todo, con un espíri- tu que sonríe.
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Promover la alegría en la pandemia con una sonrisa
Estoy en la mejor escuela para estudiar y trabajar que es la Universidad La Salle. Me motiva estar aquí y disfruto dar el máximo en mis funciones como promotor lasallista diariamen- te, con excelencia y humildad; siempre hay cosas por mejorar.
Hay que ser diferentes, innovadores y explotar la creatividad con ayuda de la tecnología. Desde la experiencia personal, Face- book puede ser una herramienta que favorezca el acercamiento, la ayuda y la motivación hacia quienes formamos.
Conclusión
Nadie da lo que no tiene. La pandemia y la pospandemia visibi- lizan los desafíos para la formación docente. Tenemos que ser mejores personas, pues si no lo somos ni lo promovemos, corre- mos el riesgo de que nadie lo haga. Ese es el reto: construir nue- vos caminos para transformar vidas con sonrisas.
La pandemia ha abierto la oportunidad de repensar la edu- cación desde nuevos principios y valores, donde las personas se reconozcan con humildad y respeto como seres humanos que requieren la cooperación y el trabajo colectivo. Las institucio- nes de educación superior, especialmente las que forman pro- fesores, tienen el desafío de hacerlo en una situación compleja e incierta, que demanda principios éticos y valores sustanciales del ser humano.
La comprensión de la educación como un bien común, y no como un gasto, permite recuperar y fortalecer valores de solida- ridad y cooperación indispensables para el aprendizaje y para el logro de un consenso social.
Por este medio quisiera expresar mis agradecimientos a nues- tro hermano el doctor Enrique A. González Álvarez por su apo- yo y consejos. También agradezco a cada uno de los académicos que generosamente cedieron su tiempo y conocimiento para re- visar, asesorar y orientar mi ensayo, porque juntos hacemos el milagro lasallista en estos tiempos de pandemia.
¡Viva Jesús en nuestros corazones por siempre!