Los defensores y defensoras del pueblo, como instituciones que tienen asignada la defensa de los derechos de todas las personas, y en especial por aquellas que muestran una especial vulnerabilidad, vienen desarrollando como objetivo prioritario en sus actuaciones la defensa de los derechos de la infancia.
Los problemas de convivencia en la escuela comienzan a llegar con fre- cuencia también a la institución de la Defensora del Pueblo que cada día se ve más involucrada en complejos dilemas en defensa de los derechos tanto de las víctimas como de los agresores.
Las denuncias y quejas son cada vez más numerosas. Sin embargo, no es fácil asegurar si ello obedece a que realmente haya aumentado la violencia en el ámbito escolar, o a que los menores encuentran un entorno más favo- rable y por ello las denuncien con más frecuencia.
Prueba de la especial preocupación que el problema de la violencia escolar despierta en las defensorías es el hecho de que, desde hace tiempo, viene haciendo acto de presencia en los distintos informes anuales que se vienen presentando desde las distintas defensorías. El tema también fue abordado en las XX Jornadas del Coordinación, celebradas en Alicante en el año 2005, que dieron pie a los excelentes trabajos llevados a cabo en los años siguientes.
En dichos informes, los defensores del pueblo han manifestado una preo- cupación generalizada por esta situación propiciando iniciativas de coordi- nación institucional que vienen centrándose en la educación para la convi- vencia pero que, en definitiva, pretende implicar a la Sociedad en el proceso educativo.1
Varias son las propuestas planteadas por los distintos titulares, y que podríamos sintetizar de la forma siguiente:
1DEFENSOR DEL PUEBLO: “Violencia escolar: el maltrato entre iguales en la Enseñanza Secundaria Obligatoria 1999-2006 (actualización del informe 2000)”- (2006)
ARARTEKO: “Convivencia y conflictos en los centros educativos.” (2006).
SÍNDIC GREUGES CATALUNYA: “Convivencia y conflictos en los centros educativos.” (2006).
SÍNDIC GREUGES VALENCIA: “La escuela, espacio de convivencia y conflictos”. (2007).
A) Recomendaciones dirigidas a la Administración educativa
1. Informar a todos los sectores de la comunidad educativa del problema y como afrontarlo. Incentivar la participación de los centros en progra- mas y planes de mejora de la convivencia, y desarrollar iniciativas para apoyar la labor educativa de los padres y madres.
2. Crear equipos especializados en convivencia escolar (equipos de orien- tación educativa y psicopedagógica), ya que el personal docente de los centros no siempre tiene la formación adecuada para tratar en profun- didad las situaciones de acoso, o no dispone del tiempo necesario, o carece del temple para abordar el problema.
3. Creación de vías indirectas de petición de ayuda, consulta o denuncia (teléfono, correo electrónico,…) que permitan a cualquier padre, alumno o profesor, salvar la dificultad de transmitir lo que ocurre, por miedo o inseguridad, de manera directa y abierta.
4. Reforzar las actividades de formación pedagógica integral del profeso- rado en materia de convivencia. Impulsar la formación de pregrado de los universitarios que vayan a acceder a la función docente, abarcando no solamente conocimientos científicos o técnicos, sino también aspec- tos pedagógicos, psicología evolutiva y dinámica de grupos.
5. Formular estrategias directas e indirectas encaminadas a sensibilizar, moti- var e implicar a los padres y madres en el proceso educativo. Fomentar la existencia de actividades, espacios y tiempos comunes para facilitar la con- vivencia entre el alumnado en los centros educativos.
6. Desarrollar acciones encaminadas a la mejora de la convivencia en los centros educativos, facilitando las relaciones entre los diferentes miem- bros que componen la comunidad educativa. Fomentar a través de las APAS y APYMAS la formación de las familias dirigida a la colaboración con los centros, mejorar la educación que ofrecen en casa y al reconoci- miento de la labor docente. Sólo cuando hay un buen entendimiento entre los valores educativos que propone el centro, los que desarrolla la familia y los que están presentes en la opinión pública, los chicos/as encuentran coherentes y asumibles las normas a que deben someterse.
7. Establecer procedimientos sancionadores más simples. Facilitar la apli- cación de correcciones en corto plazo para conseguir eficacia, tipificar las conductas contrarias a la convivencia del centro, y otorgar a los cen- tros mayor autonomía en materia disciplinar.
8. Disponer de un banco de materiales sobre acoso escolar al que tengan libre acceso los profesores.
9. Establecer un procedimiento o protocolo para la detección e interven- ción ante el acoso escolar que unifique y agilice las actuaciones de los centros, con participación coordinada de centro, familia, inspección educativa y equipo especializado en convivencia escolar.
10. Seguimiento periódico de la evolución problema y eficacia de los pro- gramas y planes de mejora de la convivencia. Realizar un seguimiento anual de la evolución del proceso y de la eficacia de las medidas adoptadas por las distintas organizaciones e instituciones partici- pantes.
B) Recomendaciones dirigidas a los centros educativos
1. Toma de conciencia por parte del claustro y de los padres de la necesi- dad de prevenir o resolver el problema de la violencia. Aunque un Centro no padezca este tipo de problemas debe estar preparado para afrontar- los, y esto no se improvisa.
2. Rechazo de cualquier forma de maltrato (tolerancia cero). Dejar claro el mensaje de que se va a ser inflexible con la violencia, adoptando medi- das preventivas y disuasorias, e interviniendo inmediatamente y afron- tando los problemas siempre en el nivel más próximo, en el propio aula, con la ayuda del profesor, el tutor y el equipo de mediación, antes de remitirlos a las comisiones o tutores de convivencia.
3. Aumentar colaboración, concienciación e implicación del alumnado y las familias. Fomentar la participación democrática de los alumnos en la elaboración de normas de convivencia, pactos de aula, pactos persona- les, etc, para lograr que las asuman como propias, impulsando un modelo integral que incorpore medidas de tipo relacional y no única- mente punitivo en la resolución de conflictos.
4. Implantar medidas educativas de ayuda a los agresores. Intentar com- prender las razones de su violencia (temperamento agresivo, impulsivi- dad no controlada, afán de protagonismo, trastornos de personalidad, etc.). Poner en práctica, con las ayudas necesarias, programas de ayuda.
Fomentar las conductas de colaboración e intentar que recupere un sen- tido de autoestima.
5. Protección y seguridad víctima. Medidas educativas de apoyo a la víc- tima: Esforzarse por garantizarle la protección, y demostrarle que no está solo. Una atención especial para fortalecer sus recursos y aumentar su capacidad de enfrentamiento con los problemas.
6. Reforzar el control y vigilancia en espacios y tiempos no lectivos en los centros docentes. Plantear estrategias de control en las entradas y sali- das del centro, cambios de clase, recreos, etc.
7. Si no queda otro remedio, utilizar todos los medios reglamentarios de que disponen los centros para combatir las conductas contrarias a la convivencia, teniendo en cuenta que también pueden corregirse actua- ciones realizadas fuera del centro, siempre que estén motivadas o direc- tamente relacionadas con la vida escolar, agotando todas las vías de solución antes de la judicialización del problema.
C) Otras recomendaciones
1. Solicitar la implicación activa de los medios de comunicación. Creación de códigos deontológicos para evitar un tratamiento inadecuado de la información que lleve a crear alarmismos innecesarios, y dirigidos a contribuir a la concienciación social sobre el problema. Su colaboración resulta crucial para sensibilizar a la sociedad sobre la responsabilidad de todos en la educación y para transmitir de modo positivo y responsable la compleja realidad del proceso educativo.
2. Concienciar a la sociedad de la trascendencia de los medios audiovisua- les como elementos trasmisores modelos de comportamiento y, por tanto, de la necesidad del uso responsable de los mismos.