CONCEPTOS GENERALES
I.4 Razón y Racionalidad
Es decir, la razón se entendió, en su acepción primicia, como esa facultad que conduce al hombre al conocimiento de la verdad de las cosas,40 lo que tradicionalmente se identifica como la adecuación del pensamiento con la realidad, con lo que la razón corresponde al medio más efectivo para llegar a ello. Pero la verdad, entendida como adecuación entre el nóumeno (la cosa en sí) y el fenómeno (lo representado), no es la misma noción en el terreno de la ciencia;41 ésta conoce el mundo como se le presenta. El científico no se detiene a especular si su descubrimiento corresponde esencialmente a una verdad absoluta;42 su visión de la verdad, más desde las concepciones contemporáneas, tiene un carácter vinculado a una actitud dirigida a comprender y explicar los fenómenos, sin necesidad de justificar los fundamentos del conocimiento que se ha obtenido.
En términos generales, las distintas vertientes en que se concibe a la razón43
1) Como guía autónoma del ser humano (forma de controlar la conducta).
corresponden a las siguientes (Abbagnano, 2000: 979-986):
2) Como fundamento o razón de ser.
3) Como argumento o prueba.
4) Como relación en sentido matemático.
1) Como guía autónoma del ser humano. Esta concepción es la más difundida y clásica; corresponde a la “facultad” propia del hombre, que lo distingue de los demás seres vivos, en el sentido de que es aquella directriz que lo conduce en cualquier campo donde es posible una búsqueda o indagación. Asimismo, el entender a la razón como guía propia del ser humano es concebirla como esa “fuerza” liberadora de prejuicios y que ha de conducirlo por el camino de la verdad (logos). En su carácter histórico, esta noción viene desde Heráclito y Parménides —guía hacia lo universal—, hasta los estoicos, los neoplatónicos y la escolástica; pero sería Bacon y posteriormente Descartes quienes habrían de imprimirle el carácter de entendimiento y facultad común a todos los hombres; dice Descartes:
El buen sentido es la cosa mejor repartida en el mundo... En lo cual no es verosímil
que todos se engañen; más bien esto testimonia que la facultad de juzgar bien y de distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que se nombra buen sentido o razón, es naturalmente igual en todos los hombres, y así, que la diversidad de nuestras opiniones no viene de que unos sean más razonables que otros, sino solamente de que conducimos nuestros pensamientos por diversas vías y no consideramos las mismas cosas. Porque no es bastante tener buena la mente, sino que lo principal es aplicarla bien. (Descartes, 1994: 3)
Con esto vendría una cierta concepción, basada en la clásica, de la razón como principio de crítica radical de la tradición, y de una renovación del mundo (Ilustración).
Incluso Hegel definiría a la razón como “la verdad en sí y por sí” (Hegel, 2002: 305), esa autoconciencia universal y absoluta. Finalmente, si la razón es vista también como un procedimiento específico de conocimiento, habría que apelar a un nivel de cierto discurso, en la medida de que sólo el discurso objetivo y bien conducido da el criterio específico para llegar a la autorrevelación (el cómo se manifiestan fenoménicamente los objetos). “Y porque la función del logos consiste en el simple permitir ver algo, en el permitir percibir los entes, puede el logos significar también percepción racional y razón.” (Heidegger, 1991: 44). Por ello, la razón es lo que le permite al hombre ver más allá de..., y a su vez, se entiende como procedimiento y guía universal.
2) Como fundamento o razón de ser. La razón es sustancia, la esencia o cosa expresada en la definición, porque la razón ha de ser aquella causa de la cual proviene la cosa (fundamento), y que la hace ser lo que es y no otra cosa; así, el fundamento de algo es su esencia puesta como totalidad. Esta concepción tiene una connotación metafísica.
3) Como argumento o prueba. Esto se relaciona un poco con la concepción de la razón como guía, puesto que en el acaecer del diálogo alguien ha de dar sus razones, argumentos o pruebas suficientemente consistentes para estar en posesión de la verdad, porque tener razón en un argumento es convencer “a la mente a asentir cualquier cosa.”
4) Como relación en sentido matemático. Aquí habría que resaltar la naturaleza de las demostraciones matemáticas, donde se realiza un razonamiento dirigido a demostrar la validez de un cierto argumento que está basado en determinadas premisas, y donde
puede surgir una relación directa o indirecta entre las respectivas premisas involucradas, generando una relación sustancial (esencial) entre las premisas y resaltando su naturaleza como entidades reales y/o mentales. Las premisas matemáticas son fundamentalmente de este último carácter.
En lo anterior, cabe señalar que sólo interesa lo concerniente a la razón científica, que como puede verse, ha de estar separada de cualquier sentido metafísico.
Ahora bien: “La razón conoce sólo lo que ha logrado aprender. ¡Y sin embargo, para pensar, en primer lugar habría tantas cosas que desaprender!” (Bachelard, 1998: 9). Es decir, la razón científica adquiere un carácter propio en atención al contexto, “...no debe entenderse como el entendimiento o la facultad de comprender” (Châtelet, 1998: 18); el contexto denota la naturaleza propia de la razón en el sentido de directriz de ésta, que conlleva ya un cierto carácter que está permeado de atributos, llegando a adquirir una noción singular. En este sentido, y en atención a lo que podrá observarse en los próximos capítulos, la ciencia no avanza racionalmente desde todos los ángulos; el contexto en ciencia corresponde a un cierto estadio de conocimiento, y a cómo se apliquen los respectivos “instrumentos” y metodologías con los que cuenta el científico;
en todo esto hay que considerar el momento histórico. Así, la razón, concebida desde su acepción tradicional, la que está vinculada al carácter metafísico, no puede precisamente considerarse como lo que ha hecho avanzar a la ciencia, pues en ésta surge un problema fundamental, a diferencia de los tratados en el terreno de la mera razón especulativa o teórica; tal problema corresponde a la relación entre razón y práctica:44
Lo que denominamos <<razón>> y lo que denominamos <<práctica>> son, por lo tanto, dos tipos distintos de práctica: la diferencia estriba en que aquélla muestra claramente ciertos aspectos formales sencilla y fácilmente reproducibles —que nos hacen olvidar las complejas y difícilmente comprensibles propiedades que garantizan la simplicidad y la reproducibilidad— mientras que ésta ahoga los aspectos formales bajo una gran variedad de propiedades accidentales. Pero una razón compleja e implícita no deja de ser una razón y una práctica con características formales sencillas que planean sobre un penetrante aunque inadvertido trasfondo de hábitos lingüísticos (Feyerabend, 1998: 24-25).
Habrá que recordar que obviamente la ciencia es una práctica humana, y por ello sus “productos” sólo pueden considerarse como no absolutos. Baste mencionar aquí que parte del marco teórico fundamental de la tesis tiene que ver con la filosofía de Feyerabend, según la cual es posible afirmar que la razón no sólo guía la práctica científica, sino también obtiene de ésta parte de su contenido teórico y/o especulativo, pues:
Hacer ciencia no significa resolver problemas sobre la base de condiciones externas previamente conocidas, poner restricciones a la investigación y capacitarnos para anticipar propiedades generales de todas las posibles soluciones (por ejemplo, todas las soluciones son <<racionales>> y conformes a las leyes de la <<lógica>>); significa adaptar cualquier conocimiento que uno tenga y cualquier instrumento (físico, psicológico, etc.) que uno use a las ideas y exigencias de un particular estadio histórico. (Feyerabend, 1996: 21-22).
Es decir, el conocimiento científico tiene un carácter dinámico, dialéctico; los métodos usados por la ciencia también, y los conceptos científicos no son la excepción.
A la vez, no hay una única racionalidad que guíe la actividad científica; la historia de la ciencia muestra cabalmente esto último. En ciencia45 todo concepto es <<móvil>>, asume su opuesto —dialéctica negativa— como condición del proceso de conceptualización. Ningún concepto es absoluto. La razón científica no es la excepción.
Por ello la ciencia ha de estar obligada a reflexionar sobre sí misma, a criticarse y pensarse a sí misma. De esto último se puede decir que existen <<momentos dialécticos>> en el seno de la ciencia, como cuando se discuten contraposiciones, cuando una tradición científica se opone a otra, cuando se niega un concepto…
Visto lo anterior, la racionalidad46 ha de entenderse como una manera propia de
“acercarse” a las cosas; así, las ciencias naturales poseen su propia racionalidad, en la medida en que la adopción de ésta les permite constituirse como disciplinas teóricas con una característica singular,47
El término “racionalidad” suele aplicarse a personas, grupos de personas, creencias, acciones, complejos de acciones, preferencias, decisiones, instituciones, estructuras, sistemas políticos, sociedades, valores y a veces hasta a deseos y gustos. (Olivé, 1988:
porque:
9).
Más aún:
La actitud racional es, en su expresión más básica, una alta valoración de la argumentación como herramienta justificatoria o crítica; tal valoración es algo que no puede defenderse o criticarse racionalmente sin asumirse al mismo tiempo.48
Por algo, en este sentido se considera aquí que racionalidad corresponde a ciertas maneras en que determinados grupos suelen pensar y obrar, puesto que “pensar y obrar racionalmente implica reconocer dificultades, conflictos y problemas y solucionarlos dejándose llevar por el poder de los buenos argumentos...” (Pereda, 1988: 325). Por ello, la distinción entre razón y racionalidad implica que: la primera corresponde a una facultad propia del hombre, la segunda se refiere a aquella actitud con que se conduce en la búsqueda de conocimiento.
Finalmente: “La razón es un fenómeno evolutivo que no progresa de manera continua y lineal, como creía el antiguo racionalismo, sino por mutaciones y reorganizaciones profundas.” (Morin, 1988: 304). De aquí que, a la sazón de los nuevos hallazgos, principalmente en el terreno de las ciencias humanas, resulte indispensable hacer una revisión, bastante crítica, de las concepciones implícitamente acuñadas sobre diversos conceptos que, en el seno mismo de la ciencia y la epistemología, juegan un papel preponderante. La razón y la racionalidad científicas no pueden ser la excepción.
El enfoque epistemológico que se ha asumido implica una actitud confrontativa con respecto a cierta ortodoxia, que no hace más que sembrar nociones, a veces anacrónicas, a veces insustanciales, en una empresa como es la ciencia, que necesita reiterativamente una “filosofía abierta”.
De aquí que una creencia en el valor racional de la argumentación posea una naturaleza dogmática, si por dogma entendemos una presuposición carente de una justificación circular no viciosa. (Cíntora, 2005: 7).
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Puede llegar una época en que sea necesario conceder a la razón una preponderancia transitoria y en la que resulte aconsejable defender sus reglas con exclusión de todo lo demás. (Feyerabend, 2000: 6)
Analizar la historia de la ciencia, como ha de hacerse en el próximo capítulo, insertando deliberadamente una racionalidad ortodoxa, implicaría cierto riesgo, en cuanto a que podría llegar a legitimarse un análisis ad hoc con la misma racionalidad científica tradicionalmente aceptada, y por ello, se posibilitaría establecer una teoría sobre la ciencia. Pero esto no es precisamente el objetivo esencial de la presente tesis, pues como ya se dijo: la pregunta fundamental que habrá de responderse no es: ¿qué es la ciencia?, sino: ¿cómo es la ciencia? Dar respuesta a esta cuestión implica a su vez responder: ¿cómo son la razón y la racionalidad científicas? Por ello, asumir como principio epistemológico el “todo vale” feyerabendiano, corresponde a afirmar que lo importante es que la ciencia avance, sea este avance producto de “algo” completamente racional o no, como lo han dejado ver su historia y su práctica (Capítulo II), las discusiones sobre sus conceptos y/o saberes (Capítulo III), así como ciertos problemas epistemológicos en diversas ciencias (Capítulo IV). Además de que habrá podido verse también que existe una regularidad en la ciencia de carácter dialéctico.