CONCEPTOS GENERALES
I.5 Verdad Científica
Analizar la historia de la ciencia, como ha de hacerse en el próximo capítulo, insertando deliberadamente una racionalidad ortodoxa, implicaría cierto riesgo, en cuanto a que podría llegar a legitimarse un análisis ad hoc con la misma racionalidad científica tradicionalmente aceptada, y por ello, se posibilitaría establecer una teoría sobre la ciencia. Pero esto no es precisamente el objetivo esencial de la presente tesis, pues como ya se dijo: la pregunta fundamental que habrá de responderse no es: ¿qué es la ciencia?, sino: ¿cómo es la ciencia? Dar respuesta a esta cuestión implica a su vez responder: ¿cómo son la razón y la racionalidad científicas? Por ello, asumir como principio epistemológico el “todo vale” feyerabendiano, corresponde a afirmar que lo importante es que la ciencia avance, sea este avance producto de “algo” completamente racional o no, como lo han dejado ver su historia y su práctica (Capítulo II), las discusiones sobre sus conceptos y/o saberes (Capítulo III), así como ciertos problemas epistemológicos en diversas ciencias (Capítulo IV). Además de que habrá podido verse también que existe una regularidad en la ciencia de carácter dialéctico.
(1) Verdad como correspondencia o relación. De carácter discursivo, fue desarrollada primeramente por los presocráticos. Para Platón todo discurso es verdadero si dice las cosas como son, lo que se entendería como la correspondencia o relación entre los signos. Para Aristóteles la verdad se encuentra en el pensamiento o en el lenguaje, no en la cosa, puesto que la medida de ésta es el ser, no precisamente el pensamiento o el discurso, pues la verdad de la cosa se halla en ella misma. Así, esta concepción de la verdad corresponde a la “que es concebida por el intelecto y formulada, en un juicio, por un sujeto cognoscente.” (Ferrater-Mora, 2001: 3661).
(2) Verdad como revelación, metafísica u ontológica. Posee dos acepciones: la forma empirista y la metafísica. La empirista tiene que ver con aquella primera impresión que inmediatamente se le revela al hombre, es decir, el fenómeno, la intuición que se tiene de éste. La verdad metafísica equivale a la realidad como verdad; la revelación de ésta, a partir de ciertos modos de conocimiento excepcionales, la manifestación del ser o del principio supremo.
(3) Verdad lógica o semántica. Es la adecuación o correspondencia del enunciado con la cosa. Hegel concebía que la verdad es matemática o formal cuando se reduce al principio de contradicción, puesto que, como decía Bradley, lo contradictorio no puede ser real. Por ello la verdad, que expresa la adecuación del enunciado con la cosa, “es coherencia perfecta” (Abbagnano, 1998: 1184).
Kant concibe a la verdad como “verdad trascendental”, puesto que la adecuación entre el entendimiento y la cosa misma depende de la adecuación entre éste y las categorías de la razón, la cosa en sí es inaccesible, y lo único que resta es el conocimiento trascendental de la adecuación. Tal concepción es llamada también “concepción idealista”. Así, “la verdad es la predicación de un contenido tal que, cuando sea predicado, resulte armónico y suprima la inconsistencia y con ella la inquietud” (Ferrater-Mora, 2001: 3665). Muchas veces se entiende esta concepción de la verdad como coherencia, en relación con movimientos idealistas.
(4) Verdad como utilidad. Esta concepción ha suscitado largas polémicas. Fue desarrollada por el pragmatismo y diversas filosofías de la acción. Posee un carácter contextual, pues se liga íntimamente a la investigación, por lo que toda verdad ha de ser verificada. La verdad como utilidad posee un carácter concreto para cada campo, pues, al tener un sentido práctico, toda proposición es verdadera si “es útil para extender el conocimiento mismo o para extender, mediante el conocimiento, el dominio del hombre sobre la naturaleza...”
(Abbagnano, 1998: 1185). En este mismo sentido, Nietzsche entendería que lo verdadero es únicamente aquello apto para la conservación de la especie.
Por lo dicho anteriormente, se observa que el concepto de verdad posee tanto una dimensión formal como una dimensión práctica. Con respecto a la primera, la relación se establece en la coherencia del discurso, y tiene que ver más con las reglas de la lógica y la semántica; aquello que en la imagen mecanicista (después de Galileo y Descartes) resaltaba la diferencia entre lo cuantificable y lo no cuantificable, por lo que matemáticamente la verdad científica ha de ser demostrada. En cuanto a la dimensión práctica, la verdad científica tiene su grado de efectividad en la medida de que exista una correspondencia estrecha entre la razón y la práctica, donde la teoría es legitimada por el experimento, y de ahí que la verdad posea un carácter utilitario para la labor científica, puesto que todo objeto de ciencia ha de ser verificado.
De nuevo, se ve aquí ese carácter transitorio de uno más de los conceptos básicos, pues la verdad en la ciencia ha pasado por diversas concepciones, acumulando ésta un número considerable de caracteres específicos.
Una de las polémicas más influyentes en el siglo XX ha sido la que llevaron a cabo los pragmatistas y los positivistas lógicos. De los primeros ya se ha mencionado algo. En cuanto al Círculo de Viena, un enunciado o proposición tendrá cierto grado de verdad si éste ha de estar apoyado por un conjunto de experiencias que permiten determinar si la sentencia es verdadera o falsa. Aclaramos que verdad científica no es corroboración o verificación en sentido estricto, pues “me parece que identificar el concepto de corroboración con el de verdad distaría mucho de ser útil” (Popper, 1999:
257). Lo importante es hacer notar que la verdad en la ciencia tiene un carácter temporal, y por ende dialéctico, es decir, ha ido ajustándose a la naturaleza propia de la
ciencia de que se trate, sin perder por ello su carácter “primicio”, pero adquiriendo nuevas concepciones a lo largo de la historia. Así pues, la noción de verdad científica guía desarrollos y queda constituida por ellos, de aquí que también sea variable, dinámica, dialéctica, cambia de un periodo histórico a otro, pues los conceptos científicos también llegan a cambiar. Cabe señalar, en atención a la filosofía de Feyerabend, que en ciencia también se recurre a ciertos valores, los que de una u otra forma dan sustento a la verdad científica, pues:
Además, la ciencia misma ha dado con frecuencia una oportunidad a tradiciones extracientíficas, precisamente en el campo de los valores científicos: tienen mejores resultados; los resultados se logran de una forma más simple y producen daños menores en otras partes (métodos de diagnóstico médico, tratamiento del suelo en agricultura, interferencias terapéuticas en medicina y psicoterapia, etc.). (Feyerabend, 1996: 60-61).
La ciencia, al ser una práctica humana que intenta dar una explicación veraz de la realidad, implica cierta objetividad. Sin embargo, esa objetividad adquiere ciertos inconvenientes al ser contrastada con la <<subjetividad>> del científico, la cual aparentemente está condicionada por las reglas de la razón, aunque precisamente en muchos casos no sea del todo así, lo que implica que el conocimiento científico sea temporal y se atenga al problema de la legitimación de la razón y la práctica. Por algo la verdad científica no puede considerarse como tautológica y autárquica, sólo es temporal, dinámica, muchas veces parcial y por tanto: dialéctica, en el sentido del concepto de dialéctica que se ha adoptado aquí.