3.1 Del diario al libro
4.1.1 Lo que sobra y lo que falta: cañonazos y noticias
El conflicto por la demarcación de las fronteras políticas entre Argentina y Chile movilizó, directa o indirectamente, a Roberto J. Payró en tres ocasiones en el último lustro del siglo XIX. La primera, cuando se enardeció el debate en la prensa local, una vez fracasado el entendimiento entre las comisiones demarcadoras argentinas y chilenas, respecto del sitio donde debían colocarse los mojones provisorios (aquéllas, guiadas por el criterio del encadenamiento andino; éstas, por el del divorcio de aguas). Las crónicas enviadas desde la ciudad de Santiago con el título de “Cartas Chilenas”, publicadas en La Nación entre abril y junio de 1895, excedieron el acotado marco de la cuestión internacional para ofrecer un panorama detallado de las instituciones públicas y costumbres del país vecino, aunque
244 La Nación, 2 de enero de 1899.
182 sesgado en buena medida por aquellas singularidades que pudieran incidir en un hipotético enfrentamiento (la excesiva presencia de símbolos patrios en las calles, la abundante toponimia relativa a hechos de armas o guerreros notables, la estima de la milicia por sobre las artes, el sometimiento del pueblo a sus líderes). En segundo término, puede considerarse a La Australia argentina como una gira periodística vinculada a un ejercicio de soberanía sobre la amenazada región patagónica. Así lo expresó Bartolomé Mitre en su carta prólogo, al afirmar que el libro “importará la toma de posesión, en nombre de la literatura, de un territorio casi ignorado, que forma parte de la soberanía argentina” (Payró, 1898: VI). Por último, el viaje político del presidente Roca a través del Estrecho de Magallanes propició una nueva excursión por los mismos territorios recorridos pocos meses antes por el cronista, para cubrir, esta vez, la cumbre de los presidentes en pos de una resolución directa del conflicto.
La cuestión chilena recibe tratamientos diferenciados en los tres conjuntos de crónicas que ella misma conecta, en el marco de una posición invariable de La Nación por la solución pacífica. Las “Cartas Chilenas” alientan la postura de las “personas sensatas” que no creen en la guerra, no la quieren, no ven en ella ventajas sino pérdidas y confían en el trabajo científico de las comisiones. Pese a esto, no dejan de presentar visiones alternativas, como aquella que entiende que la causa del litigio radica en la hegemonía sudamericana que ambas naciones pretenden para sí, o la opinión personal del cronista: “con un puñado más de probabilidades en su favor, Chile nos declararía la guerra en cuanto no cediéramos a sus pretensiones”.245
De otra índole son las observaciones relativas a la presencia de Chile en la Patagonia que registran las entregas de La Australia argentina. La preponderancia económica de Punta Arenas para proveer de artículos incluso a las poblaciones argentinas de la zona, merced a las franquicias otorgadas por el gobierno de Chile a la colonia de Magallanes, es objeto de reiteradas quejas que derivan en reclamos al gobierno para que ponga en práctica un sistema similar de exención de derechos. También las compras de los mejores campos de Santa Cruz por parte de ciudadanos chilenos o la falta de una adecuada política de tierras para los colonos demuestran, según el texto, la desidia del gobierno nacional para con los territorios del sur.
245 Roberto J. Payró, “De Chile. La cuestión palpitante. Ideas al respecto. No más Andes–lo que sucederá después”, La Nación, 14 de mayo de 1895.
183 Finalmente, el viaje al Estrecho de Magallanes, a bordo del acorazado General Belgrano, junto a la comitiva presidencial, pone un cierre transitorio tanto a los interrogantes abiertos en las “Cartas Chilenas” como a las demandas al gobierno asentadas en La Australia argentina. Por un lado, la significación del encuentro entre los mandatarios, como expresión vehemente del deseo de ambas naciones de conservar la paz y de la voluntad explícita de armonizar los intereses materiales y políticos en pugna, alivian la presión del conflicto latente. Por otro, el contenido más significativo de las crónicas anuncia una serie de medidas del presidente Roca tendientes a la “incorporación definitiva de aquellos territorios a nuestra vida nacional”, que Payró divide en tres grupos de acuerdo a sus objetivos:
establecimiento y facilitación de las comunicaciones; reforma de leyes y disposiciones nacionales, en el sentido de favorecer a los pobladores patagónicos; iniciativas para el fomento de la población y el aprovechamiento de las riquezas materiales.246 Este voto de confianza a las medidas proyectadas en la región (el subtítulo categórico que reiteran las crónicas reza “Lo que se hará”) puede leerse como expresión del apoyo que prestó La Nación al segundo período presidencial del general Roca, en lo que atañe al fomento de los intereses generales y a la situación internacional del país (no así en lo referente al orden político interno, respecto del cual mantuvo fuertes disidencias).
La cercanía en el tiempo de las dos giras patagónicas de Payró y el alineamiento con el oficialismo parecen obrar en detrimento del resultado final de la gira, en tanto crónica periodística de viaje. Nada queda por decir de la Patagonia que Payró no haya abordado en sus crónicas del año anterior. Síntoma de esto es que el impulso inicial de la segunda correspondencia, que apela al lector ostentando su capacidad narrativa (“¿Creerá el que esto lea que el cronista se divierte al escribirlo? Pues si lo cree está en lo cierto; salvo una especie de amodorrada holgazanería que se apodera del viajero, todo incita al que sale de la diaria rutina, a contar sus impresiones, buenas o malas”247), se desvanece en el transcurso del viaje ante esta otra evidencia: “Esto ha variado tan poco, que los compañeros leen mis
246 Roberto J. Payró, “El viaje presidencial. Observaciones, ideas y proyectos. Lo que se hará. El General Roca y el sur de la República. Reformas de importancia. Concepto general”, La Nación, 25 y 27 de febrero de 1899.
247 Roberto J. Payró, “A la vista de Madryn. La Sarmiento. Cañonazos. Honores oficiales. Su excelencia en peligro. ¡Fondo!”, La Nación, 7 de febrero de 1899.
184 crónicas anteriores y me aseguran que están frescas todavía. Yo, en cambio, no sé qué decir que no haya dicho, si no es el relato superficial de nuestro viaje.”248
Las expresiones de desaliento ganan al cronista en este tramo del periplo: Cracker Bay
“sigue en las mismas”, en la costa escarpada de Tilly-Road (actual Comodoro Rivadavia) “no hay nada que ver”, “las conversaciones de abordo languidecen”. Extrañamente, Payró se muestra reticente a desplegar sus comprobadas dotes de cronista viajero; algún motivo adicional relacionado con esta gira alimenta su fastidio y descontento. No resulta improbable que se trate de una crítica velada a la reedición de la política del acuerdo entre Mitre y Roca, que el cronista se abstuvo de manifestar abiertamente, si nos atenemos a los incisivos artículos que en los meses inmediatos posteriores comienzan a aparecer en el periódico humorístico ilustrado Arlequín, que dirigía el mismo Payró y cuyas editoriales político-burlescas firmaba con el mismo título del semanario como pseudónimo.249 En este sentido, “El viaje presidencial” señala un límite donde la especificidad de la crónica periodística de viaje se repliega tras la lógica instrumental de la línea política del diario:
No puedo, por más que quisiera, referirme otra vez extensamente a las galas de la naturaleza, a los cuadros variadísimos y sorprendentes que intenté describir tiempo ha: la viva impresión primera se reproduce ahora empalidecida por la costumbre (es la tercera vez que recorro los canales) y no acertaría a reproducirla ahora, sino copiando lo ya escrito.250
No solo ha desaparecido el paisaje de los canales fueguinos, también el impulso crítico y reformista de Payró parece haberse retraído. Así lo demuestra el lacónico tratamiento de las reuniones que los principales empresarios y terratenientes de Punta Arenas mantuvieron con ambos presidentes, y en particular el acuerdo de Roca con los empresarios Braun y Menéndez para liberar el flujo de capitales y mercancías en la frontera austral, extendiendo la primacía económica de esta ciudad y contribuyendo, a su vez, a la consolidación del
248 Roberto J. Payró, “Ecos del viaje. En Gallegos. Excursiones, manifestación, banquete. Rumbo al sur. Al canal del Beagle. Ushuaia”, La Nación, 1 de marzo de 1899.
249 “La madre del borrego está en que hemos querido disfrazar nuestro cansancio después de tanta lucha estéril, con una apariencia de esperanza en tiempos mejores. ¡Esperanza en los mismos hombres que nos trajeron la ruina!... Y lo más curioso es que hemos tratado de engañarnos a nosotros mismos, es que nos hemos dicho que no había por qué hacer oposición, es que hemos querido hasta convencernos de que el general Roca, experimentado en el mando, deseoso de mitrificarse, era el único hombre capaz de producir una reacción y estaba dispuesto a evolucionar en el sentido de las aspiraciones populares…” (Arlequín (pseud.
Roberto J. Payró), “Un poco de… política”, en Arlequín, año 1, nº 7, 1 de julio de 1899).
250 Roberto J. Payró, “Ecos del viaje”, La Nación, 1 de marzo de 1899.
185 imperio económico de las dos familias. Extraña que este acuerdo clave en lo que hace a la política del Estado argentino hacia la Patagonia escape por completo a la perspicaz mirada del cronista, amplio conocedor de esta cuestión relevante.251
Tampoco aparecen reproducidos los reclamos de los colonos galeses establecidos en el valle del río Chubut, siendo que Payró había prestado abundante espacio en La Australia argentina a las voces discordantes con la política oficial para con el territorio, y que en el transcurso de la nueva gira, La Nación había reproducido en su sección “Telegramas” un suelto del diario The Times, de Londres, informando del arribo a esta ciudad de una representación de la colonia patagónica, con la misión de solicitar el protectorado británico para ese territorio o su independencia, “fundada una u otra resolución en la ocupación de la Patagonia realizada por los ingleses en 1670”.252 Petición que se habría de difundir incluso en las páginas de Caras y Caretas, a través de una caricatura de Cao titulada “The British Chubut”, en la que un grupo de colonos vestidos a la usanza gaucha se entretenía a la entrada de una “Whisky pulpería store limited”.253 Según Payró, en Gaiman se le hizo al general Roca un entusiasta recibimiento, y la única nota curiosa la suministró el hecho de que los antiguos colonos supieran hablar la lengua de los indios e ignorasen por completo el castellano: “no es, pues, mala voluntad hacia el país y sus instituciones lo que hace su ignorancia, sino que ésta es solo fruto de la incuria de nuestros gobiernos que los han dejado en el abandono más completo, falta que el general Roca ha prometido corregir inmediatamente.”254
La tarea periodística se resiente ante esta ausencia de diálogo con los habitantes de la región y así la función indagatoria que debiera cumplir el reporter termina recayendo en la persona de Roca, “inquiriendo por sí mismo de los pobladores, con la actividad y la prolijidad de un reporter, los recursos con que cuentan, las cosas que les faltan, el efecto práctico de las leyes vigentes, etc., etc.”255. Este figurado traspaso de funciones ilustra el modo en que
251 Véase un detallado análisis de este encuentro en Pedro Navarro Floria (2007).
252 “Telegramas. Corresponsales particulares de La Nación. (Vía Madeira). Los ingleses de la colonia galense en la República Argentina piden el protectorado británico o la independencia de ese territorio”, La Nación, 23 de enero de 1899. Cabe la posibilidad de que Payró no haya estado al tanto de esta información, ya que su crónica sobre Gaiman está fechada en Trelew, el 26 de enero de 1899, y solo dos días antes La Nación anunciaba que el vicepresidente de la República había dirigido al presidente en viaje una nota urgente para informarlo sobre el particular. Véase: “La excursión por el sur. Mensaje para el presidente”, La Nación 24 de enero de 1899.
253 Caras y Caretas, 4 de marzo de 1899.
254 Roberto J. Payró, “En Chubut. Madryn, Gaiman, Trelew, Rawson. Fiestas y regocijos. Un día de agitación y de emociones. La incorporación de Patagonia”, La Nación, 7 de febrero de 1899.
255 La Nación, 25 de febrero de 1899. (Énfasis añadido).
186 estas crónicas, dominadas por el protagonismo de la figura presidencial, sacrifican cuestiones relevantes para la información periodística, cuestiones que permanecen ocultas detrás de la escenografía de aplausos, vivas, salvas, himnos, discursos y banquetes.
La imagen del presidente empapándose de los asuntos de la región, mezclándose entre las masas, penetrando sus necesidades y aspiraciones y proyectando soluciones y mejoras de pronta implementación se completa, en estas crónicas, con la construcción de un perfil aventurero y hasta temerario del general Roca. Como el viaje se extendió más allá de las líneas telegráficas, Roca y su comitiva quedaron incomunicados por semanas enteras, como si hubieran salido del mundo, según la expresión de Payró. Si el hecho, por un lado, hacía palpable uno de los problemas centrales de la Patagonia y una cuestión prioritaria para su desarrollo como era la de las comunicaciones, por el otro, ponía en escena el arrojo presidencial y la entrega absoluta de quien no reparaba en riesgos para atender personalmente los problemas del país. En efecto, la travesía no careció de peligros, principalmente por el hecho de emprender una ruta de navegación a través de los canales fueguinos hasta Punta Arenas, por parajes cuyas cartas geográficas estaban aún incompletas o equivocadas, algo que nunca se había realizado con un barco de gran porte como el Belgrano. Con asombro, Payró se detiene en la descripción minuciosa de una rápida y arriesgada maniobra del buque para pasar entre dos grandes piedras, cuya separación no supera los 200 metros, supervisada por el ministro de Marina en persona, comodoro Rivadavia. Como señala Navarro Floria (2007), con estas acciones Roca reforzaba una imagen personalista de audacia e imprevisibilidad con un gesto deliberadamente caudillista de aventura personal más que de gestión pública.