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Sujetos Intervinientes

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MARCO TEÓRICO

II. MARCO TEÓRICO

2.4. Sujetos Intervinientes

En la investigación se analizarán las características de los padres adoptantes que acuden a las instalaciones del DIF Estatal a solicitar una adopción y también con los niños disponibles en Casa DIF, que son los menores potencialmente sujetos a adopción, sin embargo en este segundo caso únicamente se profundizará sobre las

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particularidades de los niños albergados de 5 a 12 años, que es la edad con la cual se trabajará por los mismos objetivos propios de la investigación, ya que quienes tienen menos de cinco años es más fácil que los deseen adoptar.

Las personas que acuden a la institución para solicitar una adopción no sólo son matrimonios, también hay personas solteras, ya que la propia ley se los permite, sin embargo, el presente trabajo se abocará a las parejas legalmente constituidas como una familia para tratar de sensibilizarlos al momento de que elijan a un niño, a fin de que se abran a la posibilidad de considerar seleccionar a un niño mayor de cinco años.

Los sujetos intervinientes que se examinarán son parejas de diferentes edades, no obstante por la misma naturaleza del problema que presenta la esterilidad o el deseo de tener otro hijo (en el caso de los que sí pudieron tenerlos de manera natural), el grueso de los matrimonios van de los 35 a los 45 años ( un 80 por ciento), y esta edad se explica porque en los primeros años de matrimonio, muchas parejas antes de adoptar se someten a tratamientos de fertilidad, pero al paso del tiempo cuando esto no es posible o fallan, toman la decisión de tener un hijo a través de la adopción.

Los cónyuges que desean tener un hijo se encuentran por su edad entre dos etapas, hay quienes están en la juventud (28 a 39 años) y otras más en la madurez (40 a 50 años), y en esta división se toma como referencia las ocho fases psicosociales de desarrollo que se descubren a lo largo del ciclo vital de acuerdo con la teoría de Érickson (1968, citado en Santrock 2006).

En el desarrollo del ser humano la primera etapa es la de confianza frente a desconfianza (primer año), la segunda etapa es la Autonomía frente a vergüenza y duda (infancia de 1 a 3 años), la tercera es la Iniciativa frente a culpa (niñez temprana, años preescolares de los 3 a los 5 años), la cuarta etapa es la de Productividad frente a inferioridad (niñez intermedia y tardía, los años de la escuela primaria de los 6 años a la pubertad), la quinta es la de la identidad frente a

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confusión de identidad (adolescencia de los 10 a 20 años), la sexta es la de Intimidad frente a aislamiento (juventud de los 20 a 30 años), la séptima es la conocida como Laboriosidad frente a estancamiento (madurez de los 40 a 50 años) y la octava fase es la de Integridad frente a desesperanza (vejez de los 60 en adelante).

Para el caso que nos ocupa iniciaremos con la descripción de la etapa seis y siete, por ser las más recurrentes en la solicitud de niños.

En la sexta fase del desarrollo, el individuo experimenta la construcción de relaciones íntimas con otros, y si el joven adulto crea una relación de amistad saludable y una relación íntima con otro individuo, alcanzará la intimidad; si no lo hace, se enfrentará al aislamiento, y en la séptima fase se presenta la laboriosidad frente al estancamiento, es decir, en la madurez una de las preocupaciones fundamentales es ayudar a la generación más joven en su desarrollo y conducirlos hacia una vida útil, esto es a lo que hace referencia Erickson con laboriosidad, la sensación de no haber hecho nada para ayudar a la siguiente generación es el estancamiento, que es lo que pueden experimentar las parejas que no pueden tener hijos, de ahí la necesidad de buscar un hijo para sentirse realizados en su paternidad y maternidad.

La independencia económica es algo que caracteriza al joven mayor de 25 años, además de que la investigación, es un punto fundamental, ya que para aspirar a adoptar un niño, tiene que tener estabilidad económica que permita garantizar una vida digna al hijo que desea adoptar.

En esta edad las parejas sobresalen por ser más responsables de acuerdo con sus creencias, lo que implica decidir de acuerdo a los valores personales, y están en una etapa en la que la toma de decisiones marcará sus vidas, a esta edad, ya muchos salieron de la universidad, o bien desde antes decidieron dedicarse a un oficio y no estudiar, ya asumieron el compromiso de vivir en pareja, sortear los problemas del matrimonio y se encuentran frente a otra gran decisión, que en el caso particular es decidir adoptar a un niño.

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En el aspecto físico, los adultos jóvenes establecen prioridades que tienen repercusiones en su salud, ellos deciden si beben, cuánto ejercicio hacen, si fuman, si prefieren tener una vida sedentaria, se vuelven autosuficientes económicamente y por lo tanto también tienen el poder de elegir el estilo de vida que desean.

Poseen una gran energía, y la mayor parte de los individuos alcanza su nivel máximo de rendimiento físico antes de cumplir los 30 años edad, y esto se puede ver reflejado en el deporte, aunque hay algunas disciplinas donde el potencial puede llegar a los 29 años como es el caso del maratón, sin embargo, es en esta fase cuando se goza del mejor estado de salud, son pocos los adultos jóvenes que presentan problemas crónicos de salud, aunque sus hábitos de consumo y estilo de vida estarán marcando su futuro.

El estado físico es bueno, aunque si se descuidan, pueden presentarse algunos problemas de la vida actual como es el caso de la obesidad, con las complicaciones que ello representa para un futuro inmediato, como pueden ser las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y la hipertensión.

La mayor agilidad manual es otra característica de los jóvenes, la cual empieza a decaer después de los 35 años, y lo mismo ocurre con los otros sentidos, están a su máxima capacidad, pero después de los 40 vienen las deficiencias, sobre todo en la agudeza visual (muchos tienen que recurrir a los lentes), la capacidad auditiva, el gusto, olfato y la sensibilidad al dolor.

Los primeros años de esta etapa es ideal para formar una familia porque el desarrollo y el potencial sexual se encuentra en su mejor momento, sin embargo, para la investigación es en esta fase cuando se presenta el impedimento físico y por ello es que tienen que recurrir a otra alternativa para formar la familia que desean.

Las parejas que ya se encuentran en la etapa de la madurez, los que tienen más de 40 años, empiezan a presentar una disminución en sus capacidades físicas y un

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aumento en sus responsabilidades, ya que en este periodo los individuos se muestran más conscientes de la polaridad entre la juventud y vejez y advierten el menor tiempo del que disponen en sus vidas, por tanto es una etapa más dura para quienes no han podido tener hijos, se vuelve una presión contra reloj, porque la vida avanza y no han cumplido su deseo de ser padres.

Los cambios físicos son graduales y varían de un individuo a otro relacionados con su estilo de vida, y las principales señales visibles se dan a partir de los 40 con la aparición de arrugas, la piel se vuelve más flácida, aparecen manchas en la piel, el cabello se vuelve más fino y canoso, y es cuando también se da que muchos quieren detener la edad y buscan irse por una cultura de aparentar menor edad con tintes, se someten a cirugías estéticas, uso de botox, hacen más ejercicio físico que cuando eran jóvenes, consumen elevadas dosis de vitaminas y complementos alimenticios, entre otras características.

La altura se reduce y aumenta el peso, se dice que los adultos pierden 1.25 centímetros de altura cada década a partir de los cuarenta y el sobrepeso puede representar un verdadero problema.

La máxima densidad ósea se tiene a los 35 y 40 años y a partir de esa edad, viene una pérdida paulatina. Asimismo, la madurez constituye una etapa en la que la hipertensión y elevados niveles de colesterol en la sangre aparecen con regularidad;

el estrés es otro factor típico que se presenta en la madurez, y de acuerdo a los índices de mortalidad, las enfermedades crónicas representan la principal causa de muerte para los individuos maduros, principalmente las cardiacas, seguidas por el cáncer y las cerebrovasculares.

En las mujeres, después de los 40 se presenta la menopausia en la que cesan los periodos menstruales, y los hombres también experimentan cambios hormonales que no son tan fuertes como en las mujeres.

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En la madurez los contactos sexuales ocurren menos frecuentemente que en la juventud y la disminución puede deberse a que se presta demasiada atención al aspecto profesional, además de que disminuye la energía y se presenta otro factor que es la rutina.

En el desarrollo cognitivo, refiere Santrock (2006), las parejas jóvenes consideran que la solución adecuada a un problema exige reflexión y puede variar de una situación a otra, además implica aceptar que la búsqueda de la verdad con frecuencia implica un proceso continuo y sin fin.

Por otro lado consideran que las soluciones a los problemas han de ser realistas y de que la emoción y los factores subjetivos pueden influir en la forma de razonar. Los adultos jóvenes pueden razonar más profundamente acera de distintos aspectos de la política, de su trayectoria profesional o laboral, de las relaciones y de otras áreas sobre la vida. Muchos jóvenes se muestran escépticos acerca de la existencia de una única verdad, y reconocen que el pensamiento no puede limitarse a ser abstracto, sino que ha de ser realista y pragmático.

La creatividad alcanza su máximo nivel en la edad adulta de los 40 a los 50, sin embargo, la disminución no suele ser tan pronunciada porque hay mucha gente que entre más grande más creativa es, y las capacidades verbales siguen creciendo, mientras que la capacidad para razonar de manera abstracta comienza a disminuir.

Con relación a lo laboral, después de los 25 años, los individuos suelen aspirar a fijar su nueva trayectoria profesional en un campo concreto, y se esfuerzan para ascender en su profesión y mejorar su situación económica, es cuando empiezan a realizar los grandes compromisos económicos, es cuando determinan financiar su casa, el coche, emprender un negocio, entre otros.

Cuando un individuo encuentra la ocupación que mejor se adecúa a su personalidad, tiene más probabilidades de disfrutar con su trabajo y de permanecer en el mismo

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empleo durante más tiempo que si escogiera una profesión que no resultara adecuada para su personalidad.

Cuando el individuo conoce qué valoran más, pueden elegir una trayectoria profesional de forma más adecuada. La mayoría de los individuos dedican cerca de un tercio de sus vidas al trabajo, y es un factor definitorio para su estilo de vida, su situación económica, la vivienda en la que viven, sus amistades, y también el desempleo, que puede ser una fuente de estrés.

Cuando los dos cónyuges trabajan pueden enfrentarse a ciertas dificultades a la hora de compaginar sus profesiones con su dinámica familiar.

La madurez constituye un punto en el que los individuos alcanzan y mantienen la satisfacción en sus trayectorias profesionales, supone el equilibrio entre el trabajo y las responsabilidades que emanan de las relaciones en medio de una serie de transformaciones físicas y psicológicas relacionadas con el envejecimiento.

Asimismo, en la madurez pueden alcanzar su nivel máximo en el escalafón profesional y en sus ingresos, y es cuando tienen mayores gastos por la reparación en el hogar, pago de hipotecas, gastos médicos, entre otros.

Existe un grado de mayor compromiso en el trabajo y el grado de satisfacción también aumenta porque se ocupan puestos de mayor reconocimiento laboral, se toma el trabajo más en serio.

Aunque es el trabajo una fuente de estabilidad en la madurez, también las personas se enfrentan a nuevos retos que tienen que ver con la globalización, el avance de las tecnologías, la gran competencia y la reducción de puestos laborales.

En lo concerniente al desarrollo socioemocional en las parejas jóvenes, su temperamento, definido como el estilo de comportamiento de un individuo y sus

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respuestas emocionales características, son más estables a la edad de 30 años, sin embargo, en la edad adulta por lo mismo que la personalidad está bien definida, se puede dar que algunas personas sean más abiertas al aspecto social y otras, en cambio, sean introvertidas y presenten mayores problemas emocionales.

En la juventud sucede que la familiaridad es una condición necesaria para que se desarrolle una relación de cercanía, y en esa edad, a las personas les gusta asociarse con individuos similares a ellos, es decir, los amigos y parejas presentan más semejanzas con ellos que diferencias, porque tienen patrones de comportamiento y características personales similares, así como gustos para vestir, personalidad, amigos, valores, estilos de vida y atractivo físico parecido.

En la adultez, según Erikson (1968, citado en Santrock 2006), la intimidad debe surgir una vez que los individuos se encuentran en el proceso adecuado para establecer identidades estables y fructíferas, empero, la intimidad representa una nueva crisis vital, porque si no se desarrolla en la juventud, el individuo puede acabar en lo que el autor denomina aislamiento, por lo tanto, la intimidad frente al aislamiento es un sexto estadio evolutivo. En esta etapa las personas deben establecer relaciones de intimidad con otros individuos, lo que implica el encuentro con uno mismo, al tiempo que nos abandonamos en otra persona, y la intimidad se alcanza si los adultos jóvenes establecen una relación íntima con otro individuo.

Cuando un individuo no puede relacionarse de manera significativa con otros sujetos su personalidad se ve afectada, y de ahí provienen los vacíos de los jóvenes que se traducen en unirse a un líder, y si esto no funciona, tarde o temprano, el individuo emprenderá una búsqueda interior para descubrir el error, lo que conlleva una etapa de frustración y depresión, que puede desencadenar una falta de confianza en los demás.

Después de que se superó la intimidad con otra persona, viene la siguiente etapa de desarrollar un compromiso con otra persona, que ya son las parejas establecidas.

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En esta fase también se presenta el sentimiento de la soledad, que constituye una situación crónica que no sólo resulta lastimosa para el que la padece desde el punto de vista social, sino que además se asocia con problemas de salud física y mental.

La soledad se puede relacionar con la importancia social de la realización y los logros personales, y al importante peso de las relaciones, o bien, aquí es donde entra el sentimiento de frustración y soledad en algunas parejas que no pueden tener hijos, es ese deseo no cumplido que también les afecta.

Los problemas maritales pueden darse por diferentes causas, por el trabajo, estrés, la familia política, el dinero, el sexo, las tareas domésticas, los hijos, o la ausencia de éstos, y cuando se da esta última condición, las parejas pasan por un desajuste emocional que puede terminar afectando la relación, o que los une más para buscar alternativas de cómo formar una familia, y son los padres adoptantes quienes ya pasaron por varias etapas y que finalmente decidieron buscar un hijo adoptivo.

En la séptima etapa del ciclo vital de acuerdo con la teoría de Erikson, que es la de la productividad frente al estancamiento, menciona que los adultos maduros se enfrentan a un importante dilema en sus vidas. Engloba los deseos del adulto de legar parte de sí mismo a la siguiente generación, y es aquí cuando surge el problema al no haber hijos a quién dejar esa herencia, surge en ellos una necesidad de formar a alguien, por eso es más crítica la ausencia de hijos en parejas ya maduras que cuando están en etapa de juventud.

Otra característica es el estancamiento, denominado auto-absorción, que es cuando los individuos consideran que no han dejado nada digno a la siguiente generación, sin embargo es en esta fase cuando haciendo uso de su productividad laboral, desarrollan habilidades que luego transmiten a otros, y de igual manera ocurre con su productividad cultural, los adultos crean, renuevan y conservan algún aspecto de la cultura que permanece y sobrevive.

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Los adultos maduros se muestran preocupados por la productividad y por servir de guías a individuos más jóvenes.

Durante la madurez también cambia la relación de las parejas, la atracción física, el romance y la pasión que eran típicos de la juventud, con el paso del tiempo, ese amor se transforma en seguridad, lealtad, y el interés emocional mutuo adquiere importancia en la relación, aunque en muchos casos es también en esta etapa cuando se presenta el divorcio, porque para algunas parejas se acabó el amor, por causas como maltrato, infidelidad, abuso de drogas o por valores y estilos de vida distintos, entre otras características.

En la cuestión moral, la decisión del adulto se basa en la experiencia, en todo lo que ha aprendido a lo largo de su vida, pero no puede rebasar los límites que señala el desarrollo cognoscitivo y los principios morales que asimiló desde la niñez y que analizó durante su adolescencia, los lleva a la práctica con su propia estructura mental en la juventud y posteriormente en la madurez, teniendo claro para él qué es lo bueno y lo malo.

En esencia el desarrollo moral del adulto es una función de la experiencia, y gracias a esta característica, señala Papalia (1997), permite que las personas valoren los criterios para juzgar lo que es correcto y justo, sobre todo porque tienden a revaluar las situaciones anteriores que están impregnadas de emoción y recuerdos positivos o negativos.

Para Kolhberg (1958, citado en Papalia 1997), los principios morales se desarrollan en la adolescencia, y la experiencia está influenciada por un contexto cultural que repercute en las personas de distinta manera de acuerdo al país en que vivan, o también a una subcultura de una misma nación.

Las parejas que acuden al DIF Estatal a adoptar un niño son valoradas a profundidad por el departamento de psicología, esto con la finalidad de determinar si son, o no

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aptos para ejercer la sana crianza de un niño y favorecer su sano desarrollo; la valoración psicológica consta de entrevistas clínicas, aplicación de pruebas psicométricas, análisis e integración de resultados.

Otro de los sujetos intervinientes son los niños que están en Casa DIF y para el caso de la presente investigación, los padres adoptantes deben conocer que los niños mayores de cinco años se encuentran en la segunda infancia (4 a 6 años de edad), y en esta etapa la educación en la obediencia resulta importantísima (aunque se inicia en la infancia previa).

Es en esta etapa cuando el niño puede adquirir buenas costumbres, que más adelante se conviertan en virtudes, y es la edad ideal para educar el orden, la disciplina y sencillas normas de convivencia social con las que el niño aprende paulatinamente a controlar su conducta.

El niño se relaciona con sus padres y con nuevas personas, en esta etapa se recomienda la modelación por parte de los padres del ambiente social en el cual crecerá el hijo, y donde asimilará los valores y conductas que aprenderá por imitación del ambiente.

Alrededor de los cuatro años, indica Livevegoed (1999), el juego del niño sufre un cambio, antes se orientaba hacia lo que estaba en su campo visual, y ahora ha nacido en él un nuevo poder que se confronta con el mundo externo, y que se llama fantasía creadora, al que transforma según sus propias necesidades internas.

Al despertarse esa fantasía, el juego se intensifica, el mundo lo ve a través de un cristal mágico, y es importante aquí el papel de los padres para que sabiendo las características de la edad, la enriquezcan con aportes de nuevos contenidos y nuevas posibilidades de realización, y lo que apoya a esta etapa es el jardín de niños.

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