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Al encuentro de Antonio Machado

2.6. Visita a Collioure

Nuestro deseo era repetir el itinerario que hicieron don Antonio y su familia, bajando desde la estación hasta el pueblo.

2.6.1. 1.a Parada: Mercería

Al final de la avenida de la Estación desembocamos en una pla- zoleta con plátanos, la Placette. Allí todos nos esforzamos en ver:

Mercería. Artículos de Punto. Era la tienda de madame Figuéres donde tomaron café y descansaron, mientras Corpus Barga buscaba hotel y un taxi para llegar hasta él.

2.6.2. 2.a Parada: Hotel Bougnol-Quintana

«Cuando ya no hay porvenir por estar cerrado el horizonte a toda esperanza, es la muerte la que llega.»

Sin duda, el Hotel Quintana fue el lugar donde el poeta pasó la mayor parte de sus días en Collioure. Algunos amigos republicanos le comunicaron desde París que se harían cargo de todos sus gastos.

La dueña del hotel, que derrochó cuidados y atenciones hacia la fa- milia Machado, sólo supo muchos días después que estaba acogiendo en su establecimiento a uno de los mayores poetas de España, un hom- bre que compartía con su hermano la única camisa intacta que tenían para bajar decentemente vestidos, uno primero, el otro después.

Machado pasó la mayor parte del tiempo encerrado en la habita- ción frente a la ventana, mirando al mar (hay un detalle trágico, desde la ventana de su habitación se veía también el cementerio) y dando breves paseos del brazo de su hermano.

«Golpe a golpe...» envueltos en su poesía, su vida y su palabra, nos contentamos con ser fotografiados ante la plaza que nos re- cuerda su paso por este lugar, «... alma es distancia y horizonte: au- sencia»

FIGURA 2.9: Hostal Quintana

2.6.3. 3.a Parada: «La mar...»

Partimos emocionados del Hotel Quintana para pasear por la ciu- dad e ir hasta la playa. Recordemos que una de las escasas salidas del poeta fue a ver el mar: «Señor, me cansa la vida, / tengo la garganta ronca / de gritar sobre los mares, / la voz de la mar me asorda / Señor, me cansa la vida, / Señor, me dejaste solo, / Solo, con el mar a solas».

A pesar del viento, el poeta se sentó sobre una roca y pasó más de una hora apoyado en su bastón, con el sombrero sobre sus rodi- llas, contemplando las olas en silencio.

2.6.4. 4.a Parada: «Últimos días del poeta».

Ante el Hotel Quintana

«Antonio se nos moría medio desnudo casi, como los hijos de la mar.»

El 15 de febrero tuvo que guardar cama y no bajó a comer. El sá- bado 18 se agravó, tosía un poco y no sabían exactamente lo que te- nía. Estuvo cuatro días agitado e inquieto, se le veía morir...

El 22 de febrero amaneció mortal. «Eran las cuatro de la tarde cuando se nos fue, dejándonos», al igual que su maestro Giner, «un duelo de labores y esperanzas».

AL ENCUENTRO DE ANTONIO MACHADO [ 93 ]

Su hermano encontró en el bolsillo de su gabán un papel arru- gado con tres anotaciones: «Estos días azules y este sol de la in- fancia».

Yo te d a r é m i canción se canta lo que se pierde con u n papagayo verde que la diga en t u balcón.

Ser o no ser ...

El 23 de febrero, acompañado por un grupo de exiliados repu- blicanos, llegados de todas partes ante la noticia de su muerte, el fé- retro de Antonio Machado fue llevado a hombros hasta el cemente- rio por seis oficiales del Ejército republicano español.

«Palabra en el tiempo» en nuestro tiempo, eso es lo que quere- mos revivir. Pero se hace difícil estar «a la altura de las circunstan- cias» cuando formamos ese cortejo que camina hacia el cementerio mientras alguien nos va recordando:

El entierro se verificó a las 5 de la tarde del jueves 23 de febre- ro [...] Lo más emocionante fue cuando los seis milicianos, envol- viendo el féretro con la bandera de la República española, lo lleva- ron a hombros hasta el cementerio. Y allí reposa su cuerpo frente al mar.

La señora Quintana había cedido provisionalmente su panteón para enterrar al poeta. Sólo algunos años después, una suscripción popular cubierta con donaciones de todo el mundo, permitió cons- truir una tumba para Antonio Machado y su madre.

La ceremonia concluyó con los siguientes versos de Macha- do: «Corazón ayer sonoro / ¿Ya no suena / tu monedilla de oro?».

2.6.5. 5.a Parada: Cementerio

... «un golpe de ataúd en tierra es algo / perfectamente serio»

Nuestro homenaje a don Antonio consistió en un recital poético junto a su tumba. Profesores y alumnos declamamos poemas dedi-

cados a la figura del poeta.

«La mojada tierra de Collioure rompiéndose sobre el ataúd de don Antonio, hace por estas fechas sesenta años, retumbó con un fragor horrísono dentro de las cabezas españolas.»

Un grupo de alumnas representan una escena haciendo alusión a la muerte en la que aparecen cuatro mujeres atormentadas que gritan: «Ser o no ser» [...] «Tú serás rey».

FIGURA 2.10: Cementerio

Ante su tumba, como un día hiciera el violoncelista Pau Casáis cuando interpretó para el poeta El cant deis ocells, hicimos resonar sentidas y lúcidas palabras:

<La halte de Collioure» pour Machado L. Aragón

«Collioure, febrero»

«Oración por Antonio Machado»

«Lectura de Antonio Machado»

«Homenaje en Collioure»

«Escrito en Collioure»

«A un maestro vivo»

«In memoriam»

Francisco Giner de los Ríos Rubén Darío

Dionisio Ridmejo José Agustín Goytisolo Julio Maruri

Jaime Gil de Biedma José Bergamín

AL ENCUENTRO DE ANTONIO MACHADO [ 95 ]

• «Palabras reunidas Blas de Otero para Antonio Machado»

• « Iré otra vez allí. 1989» José Agustín Goytisolo

• «Recuerdo y homenaje Ángel González en un aniversario»

Quisimos acabar con los versos de Angela Figuera:

... Antonio, estoy contigo: soterrada contigo. Muerta no, puesto que vives y cantas y caminas con nosotros.

Antonio, pecho a pecho, boca a boca, contigo estoy para pedir a una amor y paz en toda tierra de hombres.

Poeta, el más español de nuestros poetas, don Antonio, el Bueno

—ha escrito Cela—, no pudo quedarse en la tierra que lo vio nacer.

A los españoles, que no supimos guardarlo, sólo nos resta llorar.

Nos marchamos con el pensamiento de José Agustín Goytisolo:

... alzo m i vaso y brindo por tu claro camino y por que siga tu palabra encendida como una estrella sobre nosotros...

Nos alejamos (ahora buscábamos Ampurias); Carlos, sentidor, me- ditador y emocionado escribe:

La distancia, las carreteras que se estrechan llenas

de silencio, huyendo del vocabulario obsceno de una guerra

Collioure, u n pueblecito galo con barcas mudas a la desesperación y al cansancio. Visitamos

a Machado en su sobrevivir su vaivén, su huida, su tramo último, su b ú s q u e d a y me imagino

que su reencuentro con

algo que se escapa a nuestra comprensión.

Ese día en el lugar donde yace

el poeta honesto, descubrimos, una vez más, al hombre luchador, ya sin sus fuerzas, que se fue solo, sin equipaje

como los hijos de la mar.

Caminante, no hay final...